Opinión 1

Hacia un proyecto emancipador con vocación de poder

La organización y las estrategias para avanzar en su consolidación

Por Santiago Bereciartua

Y cuando ya nadie la esperaba… “VACAyendo” mi tercer columna para este gentil medio que me esperó tanto tiempo, casi como mi generación esperó la reunificación de los “Guns”.

A quien no le gusta, agárresela con Mauricio que tiene la culpa. Paso a explicarles: yo me encontraba tranquilo disfrutando en casa de mis vacaciones pequeño burguesas, invitando gente a cenar, generando tertulias de esas que nos hacen sentir más “copados” junto a amigxs con facetas culturales y otrxs intelectuales, como algunxs becarios del CONICET (hoy en vías de extinción). Pero hete aquí, que estxs últimxs invadieron mi cocina, arrebatándome los platos sucios en su afán de lavarlos. “Le hacemos caso a Macri y a Cavallo” me dijeron, y por lo que se avizora parece ser ese su destino. Así que me dije: “Si ellos pueden venir a invadir mi “zona de confort” yo vuelvo a mis columnas”, y aquí me tienen. (A estas alturas no da para volver a escribir los verdaderos motivos por los que escribo, para eso te “mando a estudiar” la primer y segunda columna).

El haber tardado tanto para escribir esta columna -pensada en los primeros meses del nuevo gobierno-, tiene un lado bueno y otro malo (para no decir PRO y contra). Lo malo es que para estas alturas, difícilmente tenga algún viso de originalidad; pero lo bueno es que la coyuntura marca aún más su urgencia y su vigencia.

En apenas un año hemos sido testigos de una aplanadora político empresarial, que busca arrasar con las conquistas sociales, económicas, culturales, de derechos humanos e institucionales logradas durante los Gobiernos “K”.

El fortalecimiento vivido en esta década por la sociedad civil (sindicatos, gremios, ciudadanxs, vecinxs, estudiantes, asociaciones), que rompió con la noche de apatía neoliberal, molestó en demasía los intereses del establishment. No vaya a ser cosa que lxs trabajadorxs asalariados quieran viajar al exterior y tener su aire acondicionado…(Javier González Fraga dixit). Por eso el principal blanco de ataque de este gobierno es ese tejido social que se supo forjar.

El establishment decidió terminar drásticamente con una experiencia histórica conocida como “kirchnerismo”, intentando estigmatizar todos sus logros, demonizando a los ejecutores e ideólogos, con el claro fin de legitimarse en esta tarea de supresión de cualquier vestigio kirchnerista, avanzando así en su camino para construir gobernabilidad para la reestructuración neoliberal. Atrás de la puesta en escena de esta “guerra contra el kirchnerismo”, se busca borrar una experiencia popular sin antecedentes en esta corta vida democrática post dictadura. No quiero decir con ello que el alfonsinimo no tuvo victorias populares, sino que el kirchenerismo contó con una población militante más extensa, politizada y comprometida, sin tomar en cuenta quien “llena más estadios” (en esto, los tres líderes fueron ejemplo de popularidad y elocuencia). En otras palabras, se quiere borrar del mapa el último “proyecto nacional y popular”, tildándolo de retorico, de relato. El dispositivo perfecto para esto fue la acusación de corrupción y abuso de poder durante la última década, parte construido por los medios y parte real de la cual debemos hacernos cargo. Es nuestra labor no permitir que logren su cometido, sin transformarnos en obstinadxs negadorxs de lo insoslayable. Pues entiendo que si no queremos ser reducidos a “casos de corrupción”, debemos reconocerla y actuar en consecuencia, lo que nos permitirá a su vez poder señalar la corruptela de Cambiemos sin perder credibilidad.

Nos guste o no, para gran parte de la población, la frontera de la política (probos contra corruptos) esta puesta en un lugar distinto del que muchxs de nosotrxs la ubicamos, dejando de aludir a las históricas contradicciones generadas por y en el sistema capitalista. Uno de nuestros objetivos es volver a ubicar a la “grieta” a donde se siente más a gusto, diferenciando dichas contradicciones: derecha vs izquierda, democracia vs autoritarismo, intervencionismo vs libre mercado, pueblo vs oligarquía, etc. Ojo que esto no lo hacemos motivados por un afán de dicotomizar sectores “sin discordia” como algunos nos pretenden achacar. Se trata de visibilizar lo que todo régimen invisibiliza en su constitución. El gobierno de los que más tienen en desmedro de los que menos, como otras opresiones, intenta ser invizibilizado en el presente y solo su emergencia en un plano nuevo, en una dicotomización nueva con sectores mejor y más fielmente delimitados, permite poner arriba de la mesa algo eso que molesta y que no puede explicarse políticamente en su invisibilización y su consecuente corrimiento de frontera. En ese polarizar resurge el democratizar.

Habíamos avanzado ya con esto. Como dice Moreau, el bipartidismo en la región “fue mutando hacia el bifrentismo”, en el que identificó a un “nuevo sujeto político que reúne a lo mejor del peronismo, el radicalismo y la izquierda”.

Sader nos propone una clara dicotomización del campo político actual, dividido en “neoliberalismo-antineoliberalismo” y que los sectores populares deben tenerlo en cuenta para no caer en lo que llamó “ultra izquierdismo” que, según Sader, rechaza la “pluralidad en nombre de la pureza” y termina siendo “campeón de los balances de las derrotas y nunca una alternativa real de poder”.

No olvidemos que el “Conflicto” es un elemento fundamental de la política, pero tampoco abusemos porque cansa.

Crisis del capitalismo

No es mi intensión reproducir aquí los debates de intelectuales de izquierda sobre la posibilidad de una crisis –catastrófica- del sistema capitalista vs. crisis cíclicas, la posible implosión o no, etcétera.

Lo que considero menos discutible, y para ello tomo a García Linera, es comprender que “la globalización ya no representa más el paraíso deseado en el cual se depositan las esperanzas populares ni la realización del bienestar familiar anhelado. Los mismos países y bases sociales que la enarbolaron décadas atrás, se han convertido en sus mayores detractores. Nos encontramos ante la muerte de una de las mayores estafas ideológicas de los últimos siglos” (el autor analiza a EEUU con la victoria de Trump y sus promesas proteccionistas, y a Inglaterra post Brexit, para dicha conclusión).

Para Frédéric Lebaron, tras la irrupción de gobiernos de izquierda en latinoamérica y la gran crisis financiera mundial, el neoliberalismo ya no es capaz de imponerse como el portador de la única política posible. “Se enfrenta a una profunda crisis intelectual: la idea de una eficiencia natural del mercado ha perdido gran parte de su fuerza y las promesas de progreso y justicia relacionadas con un crecimiento económico liberalizado se han desdibujado ampliamente.” Pero, al mismo tiempo, las élites económicas y políticas neoliberales siguen estando en posiciones de poder y continúan intentando promover sus políticas.

A esta muerte de la globalización como ilusión colectiva le debemos contraponer “la emergencia de una opción capaz de cautivar y encauzar la voluntad deseante y la esperanza movilizadora de los pueblos golpeados.” (García Linera) Radica aquí nuestro objetivo político. Debemos construir una salida para el imaginario –primero nacional, luego latinoamericano y a posteriori planetario- tras la derrota del socialismo del siglo pasado y el fracaso de la globalización neoliberal.

Es un tiempo de incertidumbre absoluta pero también por ello es un tiempo más fértil, porque no se tienen certezas heredadas a las cuales asirse para ordenar el mundo. Esas certezas hay que construirlas. Para ello, todas las visiones y cosmovisiones situadas en frente del establishment y sus negocios, merecen ser analizadas. El camino puede ser enriquecido por una perspectiva crítica que dialoga, desde lo que Boaventura de Sousa Santos llamó “las epistemologías del sur” que pretenden una apertura a la diversidad.

Quizás algún/a lector/a atentx piense ¿qué de nuevo puede aportar este cuasi “socialista utópico”? -como me reconocí en mi columna anterior-. Pues recuérdese que sólo algunos postulados –ya mencionados- me sirven de faro en este camino sinuoso, mas no tengo ni por asomo las respuestas que entiendo debemos resolver colectivamente en el frente emancipador a construir.

Lo importante es qué proyecto político le ofrecemos a nuestro pueblo, un proyecto que se consolide desde abajo hacia arriba, de manera colectiva.  (Otegi)

Autocrítica

La complejidad del momento impulsado por la restauración conservadora tiene que servirnos para realizar una autocrítica desde el campo popular. Boaventura señala que es necesaria “una reflexión sobre la debilidad de nuestro pensamiento y sobre las propias acciones, hay que ser menos arrogantes”. Y se pregunta por qué fue tan fácil barrer con los proyectos pos neoliberales, que surgieron con apoyos de amplios movimientos populares.

Como puede verse, no podemos escaparle a la autocrítica si queremos mejorar nuestras propuestas, volver a seducir, a fin de retomar el poder. A mi entender, el peronismo o el kirchnerismo orgánico deberá realizarla puertas adentro, pero también es necesario darla de cara a la sociedad, frente a quienes estamos fuera del peronismo pero con cierto compromiso, y frente a sus votantes.

No pretendo hacer aquí una lista de los errores y falencias producidas desde el 2003 al 2015, porque seguramente omitiré muchas, pero más que nada porque tampoco creo que sea el modo de generar crítica constructiva.

Pero indefectiblemente algo pasó durante “la última década” para poder explicar la legitimación oscilante de los diferentes gobiernos y de sus políticas, como así también explicar la alta imagen negativa que supieron cosechar.

Corriendo el eje de la responsabilidad mediática que no menosprecio en absoluto, nuestras gestiones presidenciales equivocaron modos y caminos que fueron tomados por la oposición -aparte de los inventados-, para hacer mella en sus figuras.

Hubo soberbia, necedad, corrupción tolerada y no investigada, hubo debates que no se abrieron, posibles aliados a quienes se ignoró, aliados a quienes se excluyó, etc. Y cabe recordarlo porque es justo y necesario, para poder defender sin titubear las políticas sociales de equidad, la economía sometida a la política, la recuperación de la industria nacional, la soberanía y la autodeterminación, el firme compromiso latinoamericanista, la constante reivindicación pacífica de nuestros derechos sobre las Malvinas, y un largo etcétera más largo que la lista de errores.

Nuestro país no escapa de las debilidades marcadas por García Linera para Latinoamérica. En todos hubo una débil reforma moral. La corrupción es un cáncer que corroe la sociedad hace décadas. La derecha lo hizo de manera institucionalizada, privatizando y haciendo sus fortunas con el Estado. Las privatizaciones han sido el ejemplo más escandaloso, más inmoral, más indecente, más obsceno, de corrupción generalizada Y el boliviano marca lo que para mi es trascendental: “en nuestro comportamiento nunca debemos abandonar la humildad, austeridad y transparencia. Hay que demostrar con la vida cotidiana lo que uno propugna. No podemos separar lo que hacemos de lo que decimos.”. Esto faltó -y mucho- en nuestros representantes políticos.

Uno de los grandes problemas de la última etapa del kirchnerismo era la negación de problemas que para la sociedad eran muy obvios  y el gobierno tendía a negar la existencia.

Como modelo de desarrollo el extractivismo y la soja debieron ser replanteados y más debatidos. Para muchxs ello fue causal para acusar al kirchnerismo de corte “progresista-selectivo” (Maristella Svampa).

Debemos aprender de estas equivocaciones para no volverlas a cometer. Las críticas deberán ser siempre bienvenidas. Los errores de gestión debieron y deberán corregirse –para la próxima- y no sostenerlos para no torcer el brazo ante la oposición (subsidios al consumo energético de las clases altas, la mala administración del comercio exterior que pocas distinciones hacía según el exportador o importador, ni de productos necesarios y no producidos en el país, permisos de exportación, el INDEC, algunas retenciones ilógicas o sin programa que acompañe, etc…); las políticas de emergencia que sean coyunturales, no deberán ser sostenidos en el tiempo; lxs funcionarios procesados con resoluciones confirmadas por la cámara (podría ser la vara) y que sean verosímiles como el caso de Boudou debieron quedar fuera del gobierno hasta que se esclarezca su situación… ¿Cómo no nos dimos cuenta que personajes como Moreno resultan pintorescos para nosotros pero repelentes para tantxs otrxs? ¿Y Berni cual G.I. Joe representando la seguridad que no queremos? ¿No sintieron vergüenza al escuchar que teníamos menos pobres que Alemania? La lista es larga.

Nuestros próximos líderes y representantes tendrán que escuchar más que hablar. Debemos tratar de salirnos de las representaciones personalistas o al menos saberlas acompañar. Es una tarea titánica que Latinoamérica se debe, pero hacia allá tenemos que ir.

Y por último, entiendo que todo movimiento nacional tiene que aguantar a veces a tipxs que son nocivos, no podemos desconocerlo si hacemos política, pero tampoco podemos “exagerar”, diría Galasso. Hay que mejorar el calibrador de sapos porque así perdemos adhesiones, además de coherencia.

Dice Garcia Linera que  “algunos de los gobiernos han adoptado medidas que han afectado al bloque revolucionario, potenciando al bloque conservador. Gobernar para todos no significa entregar los recursos o tomar decisiones que debiliten tu base social, que serán los únicos que saldrán a la calle cuando las cosas se pongan difíciles.” Algo de razón le cabe, ¿no?

Pensando en volver

Estamos en una etapa en donde se están perdiendo las certezas de la clase media, y se abre entonces un abanico de posibilidades donde todo se resignifica.

Nos paramos frente a lo que algunos llaman “situaciones populistas” (populismo en sentido de Laclau), en donde las instituciones no son capaces de dar cauce a las personas que no se sienten representadas, no pueden absorber sus demandas. Por eso nosotros debemos dar representación política a ese descontento, para que emerja una voluntad colectiva.  No partimos de cero como en la España bipartidista con la experiencia de Podemos, aquí nuestra experiencia social reciente generó un empoderamiento difícil de soslayar. Pero aún creo que la lucha por el sentido común no la hemos ganado.

Nuevamente García Linera es muy claro en ello: “Enfrentamos la redistribución de la riqueza sin politización social. Llevamos a cabo una ampliación de sectores medios, pero si esto no se acompaña con politización, no ganamos la lucha de sentido. Esa clase media será portadora del viejo sentido común conservador. No es un tema de discurso sino de nuestros fundamentos íntimos. En este sentido lo ideológico se vuelve decisivo. Es necesaria una profunda revolución cultural de las lógicas con las que organizamos nuestro mundo. Debemos llevar los espasmos democráticos a un nivel más profundo. Ahí estamos atrasados y la derecha ha tomado la iniciativa. Debemos retomar la iniciativa en las universidades, los medios de comunicación, las redes sociales. Es en el trabajo cotidiano en la base donde uno gesta sentido común. Cuando hay un vacío dirigencial, lo llena la derecha. Por eso es tan importante un buen diputado como un buen dirigente barrial o estudiantil, porque ahí también se hace la batalla por el sentido común.”

Le escuché a Iñigo Errejón decir que “la victoria hegemónica fundamental no es cuando tú impones tus tesis, sino cuando incluso el adversario te las tiene que comprar para competir contigo”. Ejemplo de ello lo vimos durante la campaña electoral de Cambiemos, “colgarse de las tetas” del kirchnerismo mintiendo sobre la intocabilidad de los derechos reconocidos, para luego borrar con el codo lo escrito con la mano. Por eso, tan lejos no estamos, aunque tampoco tan cerca.

La utopía conservadora de una democracia sin pueblo parece llevar la delantera y si no hubiera sido por la “última década” habría triunfado. Prepondera una democracia de consumidores y de votantes, pero no hay pueblo -al menos no uno sólo-, no hay gentes que se emocionan juntas, que tienen una visión hacia el futuro y que creen que comparten una historia, no hay comunidad.

Volviendo a Errejón, él como Podemos entendieron que hay mucha gente que necesita algún sentimiento de pertenencia, de estar juntos, de emocionarse juntos, de ser algo en común. El joven intelectual considera que la batalla política fundamental en Europa va a ser quién construye el pueblo, quizás nosotros no estemos tan alejados de ello, pues aquí podemos vislumbrar un pueblo fragmentado –no pueblo-, dos pueblos antagónicos, o un pueblo y fragmentos (si eso llega a ser posible), y ganará la contienda política quien amplíe su campo.

Para ello, debemos implantar en la política y en las relaciones sociales una nueva racionalidad que no se base únicamente en objetivos económicos o de bienestar material, sino también en objetivos éticos. Ésta es una afirmación que debe desplegarse para forjar una ética pública que reivindique el entendimiento de la solidaridad como valor moderno y como condición sustancial para actualizar y dar robustez a la economía entendida como parte íntima de la sociedad y no como algo ajeno a ella o, como ocurre hoy, como entidad hostil, contraria a la idea de la sociedad como forma de convivencia y cooperación. Ésta es también la mejor manera de acercarse, para recuperarla y reivindicarla, a la idea y el concepto del desarrollo (Rolando Cordera Campos).

Hay que ofrecer un imaginario que venga a colmar un deseo, el de ser comunidad, de ser parte de algo que te proteja, que te cuide por el hecho de ser ciudadano o miembro de una comunidad nacional.

Ya terminando resalto un dato fáctico. Nadie por si solo puede cambiar la correlación de fuerzas que hay hoy en la Argentina. Por lo tanto, surge necesaria la confluencia de grupos que hoy se encuentran distantes. “Sin articular diversidades no hay posibilidades reales de confrontar de modo realista y con capacidad de éxito, contra el modelo neoliberal que se impone en la Argentina” (Alejandro Grimson). Por lo tanto, el frente emancipador debe consolidar “sentidos comunes solidarios”, hoy distanciados, a quienes les debemos ofrecer metas políticas realizables en corto plazo, que solucionen los problemas de la gente, en lugar de alternativas revolucionarias, utópicas y a largo plazo. Si no, perderemos nuevamente la batalla.

Mauricio Macri tiene como objetivo la derrota moral de los argentinos, pues no solo vino a quitarnos derechos conquistados o redistribuir la riqueza hacia arriba, sino también borrar de nuestras cabezas la memoria de tener esos derechos, como lo expliqué más arriba. Se viene, nuevamente, un fenómeno masivo de desclasamiento hacia abajo por la precarización y el desempleo. La ofensiva oligárquica tiene que sembrar la resignación para acostumbrar, si eso ocurre se puede consolidar un modelo en Argentina que Zaffaroni menciona como 70% – 30% (excluidos–incluidos). Como dije, hay que saber canalizar ese descontento, proponiendo un proyecto de país más inclusivo, más justo y más democrático, y construir o cimentar la confianza de que eso puede pasar.

En la próxima columna intentaré delimitar con mayor exactitud a quiénes interpelo para la construcción colectiva a la que hago referencia, pero adelanto que quienes nos subamos al nuevo barco, debemos tener una opción preferencial por los trabajadores y humildes. Nuevamente cito a García Linera, para quien “la derecha nunca es leal, no se puede hacer políticas intentando ganar su favor.”

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  • Juan Ignacio Rotundo says: 07/01/2017 at 11:55

    Excelente como siempre. Recomiendo leerlo. Felicitaciones Santiago Bereciartúa espero tu próximo artículo de opinión para antes de la proxima visita de Axl Slash y sus secuaces! 😊

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