Postales de tiza

Medicinas de todos los tiempos

En una de las aulas de la Facultad de Medicina de la UNR, una vez al mes, se encuentran lo tradicional y lo moderno, la selva y la farmacia, el chaman y el médico. Con el objetivo de incorporar saberes ancestrales y cosmovisiones indígenas al hacer cotidiano de los profesionales de la salud, se incorporó hace tres años un posgrado de medicina tradicional indoamericana. Está a cargo de miembros de la Fundación Mesa Verde, acompañados de chamanes que comparten el legado que les dejaron sus antepasados con quienes quieren ampliar su horizonte al momento de sanar, tanto el cuerpo como el alma.

Por Carina Toso

Para un chamán o ypayé (en guaraní) el bosque o el monte es su farmacia y la madre tierra una góndola. Ahí es donde encuentran todo lo necesario para aplacar los males del cuerpo y del alma. Con una cosmovisión milenaria sobre sus hombros y saberes ancestrales que hoy quedaron bajo la vorágine del mercado farmacéutico, muchas comunidades indoamericanas continúan utilizando recetas medicinales heredadas generación tras generación. Aguarapire Seacandiru es uno de estos médicos tradicionales. Pertenece a la etnia tupí-guaraní. Su nombre significa “gran pájaro mitológico con poder espiritual y de sanación”. Él se define como sanador espiritual. Cuando su madre cursaba el sexto mes de embarazo, su abuelo anunció que ese bebé que estaba en camino era el elegido para ser su sucesor. Fue educado para curar a través del canto y heredó la sabiduría de conocer las propiedades de las plantas para sanar enfermedades del alma y el cuerpo. Aguarapire vive hoy en la comunidad Yacuy de Tartagal, Salta, que tiene unos 5.000 habitantes. En total son unos 140 mil en todo el Impenetrable. Originarios del Mato Grosso, en el siglo XIII comenzaron a migrar en busca de otras tierras y algunos de ellos llegaron a la frontera boliviana-argentina y al Chaco paraguayo. Dos de sus prácticas más ancestrales son la iniciación chamánica por linaje y la utilización de diversas medicinas tradicionales a través de hierbas y plantas: el tabaco es una de las más sagradas que utilizan para realizar meditaciones. También la ayahuasca y la wachuma o cardón santo que ellos llamaron nancaraguáira (abuelo o abuela poderosa).

Aguarapire fue discípulo de su abuelo, un guerrero y sanador para su comunidad, hasta los 14 años. A esa edad recibió el poder de sanar que sería su misión en la vida. A ese poder lo llama “reliquia heredada”. Su morral y su palo de lluvia lleno de semillas aromáticas son sus herramientas de trabajo. También su canto en lengua guaraní.

“En nuestra cosmovisión no hay cielo y no hay infierno, hay tres niveles: el superior, el medio (vigilia) y el subterráneo, el inframundo. El chamán es el único que interactúa con los tres”.

Este chamán aceptó la propuesta de compartir su cosmovisión y su saber con quienes viven en el cemento. Con una concepción del mundo, la vida, las enfermedades y la muerte muy diferentes a las de los 125 alumnos de la clase, aceptó el desafío de demostrar que hay otras formas de curar. En un auditorio de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) es uno de los médicos tradicionales invitados por el cuerpo docente del Curso de Posgrado sobre Medicina Tradicional Indoamericana que se dictará durante todo el año en la ciudad de Rosario. Ya suma tres ediciones y la cantidad de interesados aumentó considerablemente año a año. En cada encuentro se vivencia una conjunción de cosmovisiones. Las diferencias y las similitudes van entrecruzando los conocimientos y saberes de lo tradicional y lo moderno para construir un nuevo paradigma que permita por ejemplo, a los médicos que trabajan en centros de salud de comunidades indígenas, poder entender la concepción de salud-enfermedad de los pueblos originarios y acoplar su trabajo al de los chamanes.

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Aguarapire se sentó frente a sus oyentes y abrió su morral. Primero les mostró su palo de lluvia, después sacó una maraca hecha de semillas, una pipa y el tabaco, y por último les mostró un jade que colgaba de su cuello. “Esto es para la dolencia del alma. La protege”. Explicó que a los médicos después de mucho tiempo de curar enfermedades a un mismo paciente, éste le puede transmitir su dolencia y les recomendó a todos que tengan su propio jade. Sobre el tabaco dijo que es fundamental para sus meditaciones por su gran poder espiritual. Pero aclaró: “Es un arma de doble filo, se puede usar para el bien como para el mal”. Esos son entonces sus instrumentos para diagnosticar la enfermedad que padece una persona. Si su canto no alcanza para aliviarla, recurre a las plantas y hierbas medicinales.

Para la mayoría de las cosmovisiones indoamericanas, existen diferentes niveles de conciencia y el chamán es quien tiene la llave para acceder a ellos, algunos a través del canto o la música y el baile o través de las plantas. “En nuestra cosmovisión no hay cielo y no hay infierno, hay tres niveles: el superior, el medio (vigilia) y el subterráneo, el inframundo. El chamán es el único que interactúa con los tres”, explicó Aguarapire y agregó que todavía su comunicad conserva “la pureza de interpretar la convivencia con la madre tierra”.

“Yo les hablo del poder espiritual de sanación, que se hace a través de la música, que puede ser a través de la guitarra, el charango, el arpa, el palo de lluvia o las maracas. Son espíritus de liberación vibracional para la sanación de las dolencias del cuerpo humano”, contó Aguarapire sobre sus clases en este posgrado. “Para nosotros el principal lugar por donde pasa el dolor es por lo espiritual, para eso usamos el canto terapéutico, que es como internarse en el yo con poder espiritual. A medida que voy cantando me van apareciendo las plantas que le van a solucionar el problema o la dolencia a la persona que consulta. Por ejemplo muchas plantas curan las dolencias del alma. El alma puede estar dolida porque perdió a sus seres queridos, o porque tiene estrés, o porque alguien está alejado de su familia, entonces se da una dosis de varias plantas. El canto te dice qué planta, la dosis y cuánto tiempo la tiene que tomar”, continuó. Las consultas más repetidas entre quienes llegan a este médico tradicional son por ataques de pánico, temor y dolores del alma, como él los llama.

El encuentro entre la medicina moderna y la tradicional

La Organización Mundial de la Salud (OMS), considera que la Medicina Tradicional (MT) es la suma de conocimientos, técnicas y prácticas fundamentadas en las teorías, creencias y experiencias propias de diferentes culturas, y que se utilizan para mantener la salud, tanto física como mental. Y gracias a que la Facultad de Medicina de la UNR sigue las normativas de esta organización es que por tercer año consecutivo, desde el mes de marzo se está dictando un curso de posgrado sobre Medicina Tradicional Indoamericana, el único de este tipo en todo el país. Está dirigido a profesionales de la salud, de las ciencias sociales y humanísticas, y al público en general. Quienes están al frente de esta iniciativa vienen de un extenso recorrido desde la investigación y la experimentación en relación a estos saberes milenarios. Todos son miembros de la Fundación Mesa Verde: Néstor Berlanda (psiquiátra), Diego Viegas (antropólogo), Ariel Roldán (médico psicoterapeuta) e Iván Turchetti (psicólogo).

La medicina tradicional indoamericana (MTI) se sustenta en un cuerpo de conocimientos existente a lo largo de milenios pero que actualmente está vigente en culturas y regiones. Cuando los profesionales decidieron encarar este proyecto pensaron que los avances más destacados que se podrían lograr como resultados eran, por un lado, facilitar la comprensión de la medicina tradicional indígena por parte de la medicina alopática occidental, revalorizando el legado ancestral y tendiendo puentes entre ambas. Por otro lado, capacitar a profesionales de las distintas áreas para que con responsabilidad ética y respeto se acerquen a este patrimonio cultural de la humanidad con el fin de revalorizar, difundir y estudiar la medicina tradicional de los pueblos originarios. “Esto es un desafío que empezó hace tres años y este año particularmente llegó a su punto máximo en inscripción. En pocas semanas recibimos más de mil mails de distintas partes del país y algunos del exterior. La sorpresa mayúscula es que la mitad de la gente que asiste a las clases son de otras provincias como Mendoza, San Luis, La Plata y también tenemos alumnos de Uruguay”, afirmó el psiquiatra Néstor Berlanda.

El programa que se viene desarrollando desde marzo y se extenderá hasta fin de año incluye temas y bibliografía sobre paradigmas científicos y cosmovisiones; el hombre y la enfermedad; sociedad, cultura, psiquis, cuerpo y salud; medicina y nutrición precolombinas; sistemas tradicionales de sanación integral; el cerebro y la conciencia, entre otros. “Las primeras clases están enfocadas a romper la idea del viejo paradigma para poder interpretar como funciona el proceso salud-enfermedad dentro de la medicina tradicional. Se sabe que sigue otras reglas y otras normas a las que nosotros podemos entender en la medicina moderna, contempla lo espiritual y lo mágico, por eso hay que tratar de tener una visión más ampliada para entender los estados no ordinarios de conciencia o estados ampliados de conciencia”, explicó Berlanda. Algunas clases están dadas por los miembros de la Fundación Mesa Verde y otras por médicos tradicionales de distintas culturas. “Abordamos la medicina tradicional guaraní, con el maestro Aguarapire, la medicina tradicional kallawaya (Bolivia, norte argentino), la medicina Chorote con Héctor Sarmiento que es un cháman de Tartagal y la medicina amazónica representada por la etnia Shipibo-Konibo, del Amazonas peruano con Wilder Antonio Muñóz, que es el hijo de Don Antonio, que fue nuestro informante principal durante muchos años. También hablamos de medicina mapuche, quom y de medicina mesoamericana. Tratamos de hacer un panorama bien abarcativo”, detalló Diego Viegas, antropólogo.

Mesa Verde hace más de 20 años que se dedica como fundación a trabajar con todo lo relacionado a la medicina tradicional y a investigar otras formas de abordar el proceso salud-enfermedad. Pero este curso de posgrado no es el único logro que tuvieron dentro del ámbito académico. También crearon el Centro de Estudios de Antropología de la Conciencia dentro de la Facultad de Humanidades y Artes, donde se está dictando, por primera vez en todo el país, una materia optativa: se trata del seminario que lleva el mismo nombre que el centro. “En esta cátedra se estudia todo lo que tiene que ver con los estados no ordinarios de conciencia que fueron utilizados desde miles de años para el diagnóstico de enfermedades por la medicina tradicional”, afirmó Viegas.

Rosario y su universidad son pioneras en incorporar a la formación académica los saberes más antiguos de las distintas cosmovisiones a la medicina. Mientras, en la provincia de Neuquén se avanza en este sentido para abrir las puertas a este universo de conocimiento ancestral: se inaugurará el primer hospital mixto del país que practicará medicina tradicional mapuche. Será el segundo de Latinoamérica. Estará ubicado en el departamento de Aluminé. Allí funcionará el primer Hospital Intercultural Ranguiñ Kien, que conjuga la medicina pública con la medicina mapuche ejercida por chamanes de las comunidades Aigo y Huenguihuel. El edificio se construirá en tierras de esta última comunidad y tendrá más de 500 metros cuadrados. En él habrá un lugar para hacer fogones, utilizados por los curadores mapuches y un espacio ceremonial para el machi, la máxima figura de la ceremonia curativa de esta etnia.

El tabaco, la madre de todas las plantas

Iván Turchetti es psicólogo y parte del plantel docente del posgrado. Hace un tiempo comenzó a ahondar en el mundo del tabaco y sus propiedades. En un recorrido extenso que todavía no terminó, comenzó a relacionarse con la planta y con su esencia. Su curiosidad y un impulso que no supo explicar de donde surgió, lo llevaron hasta el Centro de Rehabilitación Takiwasi, en la zona de la selva alta de Perú, en una localidad llamada Tarapoto. Allí se integra la medicina moderna con la tradicional para el tratamiento de adicciones. Se combina el saber del chaman y las plantas con todo un equipo terapéutico.
“Siempre tuve un interés particular sobre el tabaco, nunca fui fumador pero me interesaba saber como se trabajaba con el”, explicó Turchetti. Su necesidad de experimentar con esta planta para después llevarlo a su consultorio y a sus pacientes lo llevó también hasta Iquitos, en pleno amazonas peruano, donde conoció a un tabaquero con el que comenzó un aprendizaje sobre los procesos de dietas para utilizar la planta con el objetivo de curar.

“Perece una locura cuando lo decís pero cuando estás en ese momento lo vivencias distinto y terminás teniendo muchas certezas”

“Dentro de lo que es la medicina tradicional amazónica el tabaco es como el rey según el tabaquero que consulté, al que todo lo que sabe se lo enseñó su abuelo. Ese trabajo me permitió entender de primera mano muchas cosas de la medicina tradicional”, relató el psicólogo. Poder aplicar estas técnicas requiere de pacientes con una gran apertura al momento de aceptar una terapia diferente. Aunque para muchos resulta innovadora en realidad es mucho más antigua de lo que se puedan imaginar. “Un paciente que vino una vez con ataques de pánico, tuvo un ataque en el momento que lo estaba atendiendo y no me escuchaba. Estaba cegado. Justo tenía un mapacho y pude aplicar lo que aprendí para tranquilizarlo”. Un mapaco es un cigarrillo de armado artesanal de tabaco de nicotina rústica que es negro y más fuerte que el tabaco comercial.

A través de un proceso de dieta que implica restricciones en las comidas, se da un proceso en el que se prepara el cuerpo para entrar en contacto con la planta. “Perece una locura cuando lo decís pero cuando estás en ese momento lo vivencias distinto y terminás teniendo muchas certezas”, aseguró Turchetti y agregó: “El tabaquero tiene muchas plantas encimas y cuando trabaja las pone a disposición, para que se entienda podemos compararlo con un cirujano que tiene bisturí y otros artefactos y sabe como utilizarlos por el conocimiento incorporado. La gran diferencia es que el cirujano lo hace de manera real y lo ves, al chamán no sino que a un nivel más espiritual”.

Otra de las medicinas ancestrales que es protagonista esencial en las clases del posgrado en medicina tradicional es la ayahuasca, llamada “medicina del alma”. En el 80 por ciento de los pueblos originarios del Amazonas, el uso habitual de la ayahuasca es el que le da el chamán o el médico tradicional de esa etnia para poder curar de una forma espiritual o energética a través de los cantos o bien saber qué tipo de preparado de hierbas o plantas tiene que recomendar a un paciente. Ayahuasca es el nombre del preparado líquido que se hace con dos plantas: una liana que se llama Banisteriopsis Caapi y un arbusto que se llama Psychotria Viridis o Chacruna. Todo se hierve durante horas con agua y de allí sale un líquido marrón.

Desde la Fundación Mesa Verde pudieron comprobar a través de la experimentación y la investigación que su uso tiene efectos psicoterapéutico a través de un estado de introspección muy profundo. Toda la investigación y trabajo de dos décadas fue registrado en un libro que se publicó en 2012: “Ayahuasca, medicina del alma”, en donde los autores expresaron que esta preparación permite alcanzar estados ampliados de conciencia y que “lejos de facilitar alucinaciones, ayuda a percibir la realidad tal cual es, otorga sanidad, fortaleza espiritual y confrontación profunda con los abismos psicológicos, y permite a los chamanes que la emplean hacer diagnósticos, tratar dolencias o formular presagios”.

“Trabajamos para que se pueda dar entidad a todos aquellos médicos tradicionales porque sabemos que en muchos lugares puede servir para la atención primaria de la salud. Uno de los objetivos del curso es despejar los fantasmas y esa tela de ignorancia que hay sobre otras formas de saberes más allá de la medicina moderna, saberes que existían desde antes. Además de este estado de conciencia habitual desde el que todos nos manejamos, existen otros estados ampliados de conciencia que con otra concepción del universo se recibe y se trabaja otro tipo de información, que es lo que han hecho los chamanes a lo largo de la historia”, explicó Berlanda. Transmitir otras formas de ver el mundo muy diferente a las de las sociedades modernas es el trabajo que se lleva a cabo cada clase. “Esa otra forma de ver el mundo tiene una consecuencia práctica, porque si nosotros logramos que los profesionales que asisten al curso empiecen a pensar que el ser humano no es solamente un ente aislado, sino que también está en el marco de una sociedad y de una cultura, insertado en un medio ambiente, y que de pronto si uno altera alguna de esas cosas, también altera a la propia persona. Si logramos transmitir eso y que quede claro, uno hace que los profesionales puedan tener una visión distinta”, concluyó.

Para más información sobre el posgrado: medicinaindoamericana@gmail.com – Facebook:  Medicina Tradicional Indoamericana UNR

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