Feminismos 1

Feminismo villero y poderoso

El feminismo popular crece en las barriadas, en las villas, en los comedores y merenderos. Allí se organizan las mujeres para marchar, participar de los Encuentros Nacionales de Mujeres, y compartir luchas comunes en sus territorios. En Los Pumitas, zona noroeste de Rosario, nació el Frente de Géneros de La Poderosa y quienes lo integran avanzan con un sueño en común: inaugurar la Casa de la Mujer en el barrio. 

Por María Cruz Ciarniello

Belén tiene 26 años, dos hijxs. Nació en Los Pumitas, el barrio de la zona noroeste de Rosario donde hay una canchita de fútbol que no tiene ni luz ni sombra, una plaza con apenas una hamaca para jugar y calles de tierra que se inundan cuando llueve. Belén escribe en sus manos un deseo: es 8 de marzo, la Plaza San Martín, en pleno centro de Rosario, es el epicentro de la concentración. La tarde calurosa abraza un día donde las mujeres harán historia. Belén es parte de esta nueva ola feminista que se siente, que se grita, la construye junto a cientos de compañeras de La Poderosa de todo el país, la organización a la que pertenece desde hace un año.

Belén escribe en sus manos un deseo poderoso: Casa de la Mujer Ya.

Los más de 35 grados de una tarde de jueves, a una semana del Paro Internacional de Mujeres, no impide que se realice la mateada en Los Pumitas. Allí hay una decena de mujeres pintando la bandera que será la que lleven a la marcha: “sobran ovarios pero faltan salarios”, se lee. A un costado, el juego de la memoria habilita a la charla, a las miradas cómplices, al silencio. A recordar experiencias vividas y formas de opresión que nos atraviesan, solo por el hecho de ser mujeres. En la ronda, la palabra circula lentamente. Hay quienes escuchan en silencio. Hay quienes miran, dialogan y sonríen. Están las que se emocionan y no pueden hablar.

A metros de la canchita, sobre calle Ottone, a unas cinco cuadras de Avenida Génova, se encuentra la casa que hoy tiene la Poderosa en el barrio. Allí, todos los martes y jueves funciona el merendero donde asisten cerca de 60 chicxs del barrio. El espacio es sostenido solo por mujeres. Pero ese jueves, esa tarde, los varones se ocuparon de todo el trabajo mientras las compañeras construían un círculo común de escucha feminista. Es que el aire lo presiente: faltan sólo 7 días para parar el mundo, y en la villa las mujeres comienzan a organizarse.

Mary lleva 29 años viviendo en el barrio. Integra el espacio de mujeres desde sus inicios. Al comienzo solo eran cuatro, recuerda. Hoy ya son más de diez las mujeres del barrio que se acercan a las reuniones cada viernes. De a poco, el Frente de Géneros se va haciendo poderoso. “En el barrio hay muchas mujeres que todavía no vienen a sentarse con  nosotras porque está la vergüenza de decir que dirán si cuento mis cosas, o porque todavía cuesta que nos podamos ver como compañeras y pensar que nos podemos ayudar”, dice Mari, y agrega: “Yo me abrí como un pimpollo”. También ríe y esa sonrisa evidencia su pertenencia a un espacio en el que se siente libre. “Capaz que antes estaba encerrada en mi casa, sin decir nada y hoy en día siento que si me llega a pasar lo que me pasó en mi pasado no me voy a callar. Mis compañeras me decían que iba por la calle con mi cara llena de seriedad y lo importante es descubrir que tenía algo mucho mejor para dar, cuando empezás a compartir momentos”.

Mari habla de la sororidad aún sin decirlo. De la empatía con mujeres con las que lucha todos los días, por ejemplo, para sostener el merendero o para cumplir con los proyectos que juntas se proponen, siempre juntas. Porque “estando sola no te sale nada, pero cuando estamos en equipo tenemos miles de ideas y compañeras que te apoyan, y si tenemos que vender 50 docenas de empanadas sé que estoy con compañeras con las que lo vamos a poder hacer”.

Mari ríe. Ríe también cuando recuerda lo que fue su primer Encuentro Nacional de Mujeres en Chaco. “Inolvidable”, describe. Compartió escuela con 600 mujeres de la Poderosa que integran las asambleas de todo el país. 600. Hablaron de todo. Aprendieron de todo. “Lo vivimos a pleno”, dice. Y ríe. Ríe cuando rememora su experiencia en el Taller de Políticas del cuerpo donde, cuenta, aprendió a quererse y aceptarse tal cual es.

Pero Mari deja de reir cuando enumera las carencias que sufre su barrio. Cuando recuerda que un bebé murió de frío en junio del año pasado esperando una ambulancia que nunca pudo entrar como consecuencia del barro acumulado por los días de lluvia.

A Mari se le desdibuja la sonrisa cuando denuncia el abuso de una niña en la canchita hace unos años porque en ese lugar, a la noche, no hay nada de luz, y durante el día no hay nada de sombra para paliar las altas temperaturas del verano. No ríe cuando dice que tiene miedo “como mujer” de poder salir cuando oscurece, y que más teme por su hija. No ríe cuando enumera las promesas incumplidas del Estado que hace tres meses se comprometió a instalar un alumbrado que todavía siguen esperando o cuando observa las plazas del centro llenas de juegos y vé que la suya, la de su barrio, apenas tiene una hamaca y un tobogán para todxs lxs niñxs de Los Pumitas. Mari deja de reir cuando asegura que por esas calles sin asfalto se ven “más chicxs vendiendo su torta asada o su pan casero” para sostener a la familia porque lo que falta es el trabajo.

“El feminismo villero me da orgullo”, dice Belén quien reconoce que ahora, cada vez que la vé a su mamá hacer todas las tareas del hogar mientras espera a su marido, le dice: “Mami, vos no sos su esclava. Él también puede hacerlo”. “Antes quizá yo era igual. Quizá no”, se corrije y remata: “Era”.

Su mirada cambió cuando hoy siente que la crianza de su hijo que tiene 6 años es una crianza feminista. “Fui a una primera reunión en La Toma y cuando llegué mi hijo me pregunta adónde fui. A una reunión de mujeres, le dije. Ver que tu hijo lo llame al padre y le diga ´papi vení que el 8 de marzo mamá y Iara no van a hacer nada porque es el día de ellas´, yo creo que es muy importante”, cuenta.

Y sí. Belén también ríe cuando recuerda su participación en el Encuentro Nacional de Mujeres en Chaco y más aún, cuando rememora todo lo que hicieron para poder viajar. La autogestión feminista consistió en venta de empanadas, pastelitos y canelones. Mucho trabajo durante los meses previos. Así, cerca de 35 mujeres de Rosario costearon el viaje a Chaco. Ella también fue parte, al igual que Mari, del taller de políticas del cuerpo. “Aprendés lo que es el feminismo ahí”. Para Belén, no solo Chaco fue una experiencia de aprendizaje. También lo fue el último foro de la Poderosa, las asambleas barriales y los campamentos que realizan. “Conocés cómo se organizan y luchan otras compañeras en otros barrios”. Asegura que ya se están preparando para llevar dos colectivos al sur, en este nuevo Encuentro Nacional de Mujeres que tendrá lugar en Trelew. “Es una locura”, dice, y ríe porque tal vez sienta que ese ómnibus, más temprano que tarde, recorrerá los cientos de kilómetros que separan a la gran barriada de Los Pumitas de la fría ciudad del sur argentino.

Es 8 de marzo. En el merendero de la Poderosa las tareas las hacen los varones. A las mujeres les sobran motivos para parar. Cerca de las 17, el Frente de Géneros se ubica en el corazón de la Plaza San Martín. Se preparan para marchar y allí se la vé a Belén, entusiasmada, motivada, llena de deseos. Hay uno que desvela a las mujeres del barrio y es el de poder construir la Casa de la Mujer.

En la villa 31 de Retiro la Poderosa acaba de inaugurar la primera en todo el país. “A raíz de los femicidios en el barrio Mugica, como el de Judith González, asesinada por su pareja miembro de la Prefectura; Estela Martínez, mamá de 4 niños; y Daiana Belén Colque, de 18 años, nos vimos ante la urgencia de construir la Casa de las Mujeres Poderosas. Este espacio propone el empoderamiento de todas las vecinas, haciendo foco integralmente en la salud, la educación, la diversidad, el trabajo, la recreación y el acompañamiento a quienes se encuentren en situación de violencia de género”, dicen desde La Poderosa. Hay una particularidad: la coordinación de todas las actividades serán realizadas por las propias mujeres del barrio. “Nadie mejor que nosotras que conocemos nuestra realidad, nuestras vecinas y cómo se debe abordar la cuestión de las mujeres y la diversidad en los barrios populares”, sostiene la enorme organización villera.

“Es un espacio para que las mujeres se puedan sentir contenidas. Que podamos tener abogadas, psicólogas, trabajadoras sociales. Y que sean las propias compañeras del barrio las que puedan dar los talleres y las capacitaciones”. Con sus palabras, Belén cuenta de qué se trata. Sueñan con esa casa en Los Pumitas, un espacio fundamental para las mujeres, las niñas y las jóvenes del barrio. “Acá en la villa, no venimos de una universidad ni tenemos 200 libros leídos pero la realidad la vivimos día a día, saliendo a trabajar, luchando para que a los pibes no les falta nada. Y ahora estamos en la lucha para poder hacer la Casa de la Mujer en el barrio”.

La Poderosa nace en Los Pumitas hace cuatro años. Al comienzo, solo coordinaban talleres de arte para niñxs hasta que empezaron a hacer las asambleas villeras semanales, el órgano fundamental de la organización. “Ahí se decide todo”, señala una de las jóvenes militantes.

El mayor logro, hasta el momento, fue poder urbanizar dos calles que rodean la canchita. La victoria solo se consigue de manera colectiva: cincuenta vecinxs ocuparon el Distrito noroeste para exigir este derecho, básico, necesario. Un derecho que La Poderosa amplifica en cada villa del país: urbanización ya.

Hoy, sostienen un taller de herrería, uno de Educación Sexual Integral, otro de comunicación y un proyecto en el que lentamente avanzan con el objetivo de formar una cooperativa de panificación. En estas asambleas, donde todo se decide y se debate, hay mayoría mujeres. El feminismo villero avanza, se construye desde el barro, desde los merenderos, desde las ollas populares. Y así se plantan las comunicadoras villeras y las mujeres que integran cada espacio de La Poderosa: “Si nuestros pibes no tienen para comer vamos a ir al merendero a hacer la leche y ahí nos encontramos con otras compañeras que están en la misma situación y podemos empezar a entendernos. Eso es, nace de nuestras cooperativas, de esa doble exclusión que tenemos las mujeres villeras, por ser mujeres y por ser pobres. Eso viene a plantar, a decir y a gritar el feminismo villero”.

 

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  • Zule says: 16/03/2018 at 14:06

    Que grande compañeras!!! Las abrazo desde Tandil y vamos por nuestras casas de la mujer poderosa… Sueño que compartimos todas.

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