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El debate ante la censura sufrida por Nudler en Página/12

Primer acto: la censura de parte del diario Página/12 al periodista Julio Nudler. Segundo acto: un comunicado de la Asociación Periodistas en la que pronuncian que, desde su perspectiva, no se habría tratado de un episodio de censura sino que sería una cuestión encuadrable en la dinámica de las habituales relaciones entre un periodista y su editor. Tercer acto: una carta de Hernán López Echague con fecha del 4 de noviembre en la que destaca lo "equívoco" de dicho mensaje y que está, "por sobre todas las cosas, fundado en la hipocresía". Cuarto acto: otro comunicado emitido el mismo día que el de López Echague firmado por el periodista y secretario general de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires, Daniel das Neves.



El comunicado completo de la Asociación Periodistas

Pronunciamiento

Periodistas realizó una reunión extraordinaria para considerar la situación surgida entre Página/12 y su columnista de temas económicos Julio Nudler. El tema tuvo repercusión en algunos medios de prensa dentro del gremio periodístico. También provocó un reclamo de pronunciamiento de parte de una asamblea del personal de ese matutino en el que nos consideramos aludidos.

Después de un amplio debate, los miembros de esta Asociación, fundada en 1995, acordaron ratificar los lineamientos de su estatuto fundacional, que los compromete a involucrarse en todos los casos en que los poderes públicos, directa o indirectamente, afectan la libertad de expresión de un periodista.

Hubo distintas posiciones con relación al caso de nuestro colega Nudler, primando la opinión de que no constituyó un episodio de censura, sino que se encuadra en la dinámica de las habituales relaciones entre un periodista y su editor. Ello excede el marco de los objetivos que siempre se fijó PERIODISTAS.

Nuestra Asociación ratificó su compromiso de defender el derecho esencial a la labor periodística y su compromiso con los derechos y garantías que constituyen la esencia del sistema democrático.

Buenos aires, 4 de noviembre de 2004


Los Miembros que firman este comunicado son:
María Laura Avignolo, Ana Barón, Santo Biasatti, Nelson Castro, Ariel Delgado, Rosendo Fraga, Rogelio García Lupo, Andrew Graham-Yooll, Martín Granovsky, Mariano Grondona, Roberto Guareschi, Mónica Gutiérrez, Ricardo Kirschbaum, José Ignacio López, Fanny Mandelbaum, Joaquín Morales Solá, Norma Morandini, María Moreno, Daniel Muchnik, Silvia Naishtat, James Neilson, Teresa Pacitti, Magdalena Ruiz Guiñazú, Fernán Saguier, María Seoane, Ernesto Tiffenberg, Horacio Verbitsky.

Oscar Serrat Isidoro Gilbert
Presidente Vicepresidente

 

Carta de Hernán López Echague

4 de noviembre, 2004

Estimados miembros de Periodistas:

Acabo de leer, con sumo desagrado y sorpresa, el comunicado que echaron a rodar acerca de la censura que sufrió Julio Nudler en Página/12. De hecho, y espero no resultar ofensivo, es un comunicado equívoco y, por sobre todas las cosas, fundado en la hipocresía.

Dicen ustedes:

"El tema tuvo repercusión en algunos medios de prensa dentro del gremio periodístico. También provocó un reclamo de pronunciamiento de parte de una asamblea del personal de ese matutino en el que nos consideramos aludidos".

Digo yo:
¿Por qué resolvieron pronunciarse? ¿Porque habían sido "aludidos" o porque la situación les parecía digna de análisis y en el medio había un debate acerca de la ética periodística?

No, resolvieron reunirse, si es que lo hicieron, movidos por el reclamo de los trabajadores del periódico, esos pobres gatos que no comprenden los favores del pertenecer. Y, por sobre todas las cosas, porque deben seguir jugando a ser ecuánimes, independientes, autónomos y francos. Como decía Bertolt Brecht, la verdad es una cosa muy sencilla, aquello de lo que se trata.

Añaden luego:

"Hubo distintas posiciones con relación al caso de nuestro colega Nudler, primando la opinión de que no constituyó un episodio de censura, sino que se encuadra en la dinámica de las habituales relaciones entre un periodista y su editor. Ello excede el marco de los objetivos que siempre se fijó PERIODISTAS".

Cabe la pregunta: ¿qué comporta, a juicio de la Asociación Periodistas, "un episodio de censura"?
Porque el que sufrió Nudler, parece, no lo fue. Claro, "se encuadra en la dinámica de las habituales relaciones entre un periodista y su editor".

¿Puedo tomar como seria y digna de atención esa estupidez? Viene alguien y me dice que le han levantado la nota, toda, todita. Entonces le respondo: "No seas boludo, la censura que acabás de sufrir se encuadra en la dinámica de las habituales relaciones entre un periodista y su editor".

¿Qué es un acto de censura para Periodistas? Para algunos de sus miembros, como Rosendo Fraga, Mariano Grondona, Roberto Guareschi, Ricardo Kirschbaum y Joaquín Morales Solá, que crecieron y cobraron dimensión durante la dictadura militar, seguramente la censura es un avatar, algo que bien puede ocurrirte en cualquier momento, a cualquier hora, pero no es tan terrible, se banca, un hábito, ché, de algo hay que vivir, forma parte de las reglas del juego periodístico, ¿entendés? Además, si te censuran, por algo será.

La presión no constituye un episodio de censura.
El ninguneo no constituye un episodio de censura.
El hecho de levantar una nota por razones políticas o ideológicas o de publicidad oficial, no constituye un episodio de censura.

Me gustaría recibir algún manual de Periodistas donde definan de manera clara y precisa el significado y los alcances de la palabra censura. En tanto, les recomiendo la lectura de "Etica para periodistas", de María Teresa Herrán y Javier Darío Restrepo, Tercer Mundo Editores, Colombia, marzo 1991.

También me encantaría saber para qué existe la Asociación PERIODISTAS y qué intereses representa y defiende. También, les ruego, dejen de mencionar a Walsh en sus escritos o charlas. No sean atrevidos.

Cuando lo consideren necesario, estoy a su disposición para contarles un par de anécdotas. Cuando Tiffenberg, durante una reunión en la que estaban presentes Luis Bruchstein y Martín Granovsky, me ordenó que le mintiera a un juez (cosa que no hice) con el objetivo de demorar una noticia y convertirla en exclusiva de Página/12. También, cuando Tiffenberg y Granovsky, miembros (vaya casualidad) de Periodistas, resolvieron echar a la basura una investigación que realicé con el apoyo del diario acerca de un personaje que ponía en tela de juicio al gobierno de la provincia de Buenos Aires. Badía, el entonces gerente comercial del diario, me rogó comprensión. "Hay mucha publicidad del gobierno de la provincia de Buenos Aires", explicó. Ocurrió en agosto de 1994. Esa misma noche renuncié.


Un saludo, Hernán López Echagüe

 

A continuación, Censura a Julio Nudler, por Daniel das Neves (*)

Buenos Aires, 4 de noviembre

El reciente impacto que provocó el episodio de censura registrado en torno de una nota escrita por Julio Nudler que Página 12 decidió levantar, permite -alejados por un momento de las reacciones que esto generó en el ambiente periodístico- algunas reflexiones. En realidad, obliga más que permite. Es que el inmediato -no en todos los casos, convengamos- y extendido rechazo que surgió, podría ser leído como que es posible hablar de censuras de primera, de segunda y hasta de décima, dada la considerable proyección que tuvo este caso a la luz de otros hechos, incluso recientes, que no alcanzaron a mover el amperímetro de la Opinión Pública. El levantamiento del programa periodístico Visión Siete Edición Especial, cuya reposición siguen reclamando, desde hace dos meses, los periodistas de Canal 7 y la UTPBA, afrontando un vacío informativo grosero; la salida del aire, y posterior vuelta, de dos programas culturales en el mismo canal del Estado; la sorpresiva desaparición del programa de Liliana López Foresi de AM Concepto, disfrazada de litigio contractual; el silencio mafioso perpetrado por la gran mayoría de los medios respecto de la aparición del libro de Manguel-Romero que investiga la vida de uno de los barones de la comunicación local, en este caso Daniel Hadad, son apenas cuatro de los ejemplos más recientes que, a pesar de su gravedad, casi no rompieron la frontera del anonimato. Estos y otros casos permiten demostrar la capacidad para levantar murallas de parte de quienes ejercen el poder, en este caso económico-comunicacional, sean ellos los pulpos mediáticos, los gobiernos o ambos sintonizando intereses comunes Se trata, en todo caso, de cómo una cuestión de fondo -en la que la censura es sólo un aspecto- aparece en medio de circunstancias distintas, por lo que la coherencia, los principios y cierto sentido de la ética profesional y social del periodista deben pujar -la mayoría de las veces en marcada desventaja- contra intereses empresarios que ocultando su condición primaria y fundamental, el negocio, ensucian el debate, al atribuirse ser los depositarios de un derecho -el de la información- que es propiedad de toda la sociedad. Si censura es impedir el acceso de la sociedad a una información necesaria para el reconocimiento, fortalecimiento y desarrollo de sus derechos -sean estos políticos, económicos, sociales, culturales, educativos, incluso recreativos-, es evidente que los medios de comunicación conviven a diario, y con ejemplos a repetición, con ese instrumento, que ellos, apelando a un sofisma, han dado en llamar libertad de prensa, convirtiendo en derecho privado un derecho público. Se trata entonces de un mecanismo que -como en este y otros casos- se utiliza en defensa de un objetivo que es central y que se asienta en la conservación de un conjunto de intereses, fundamentalmente económicos, desde una visión de la vida y desde cierta ideología. Sería un despropósito remitir la figura de la censura a apenas un trayecto que se inicia y concluye con la última dictadura militar: primero, porque los miles de muertos y desaparecidos como parte de un planificado genocidio colocan el hecho repudiable de la censura por debajo de los alcances criminales del terrorismo de estado, y segundo porque la alevosía de aquellos años, en cuanto a la instrumentación de la censura, dio paso a ciertos métodos -a veces ni tan sofisticados- que presentan la acción de censurar de otro modo, argumentando siempre -manipulación mediante- con factores ajenos a los reales, bajo el paraguas protector del espíritu de cuerpo (yo no te toco, vos no me tocás) que domina las relaciones entre los grupos empresarios del sector. Esto último no deja de observar que también existen los cortocircuitos entre ellos, ya sea por disputas de mercado, de pautas publicitarias o, no por raro ausente, por representar expresiones ideológicas y/o alianzas distintas, aunque partan, como fue dicho, de una base estructural empresaria-capitalista similar. En ese marco se inscribe la hipócrita actitud asumida por Noticias frente al episodio de Página 12, una provocación de bajo vuelo de Jorge Fontevecchia que sólo puede convencer a ingenuos y distraídos que ignoren -a esta altura de la historia del periodismo de las últimas décadas- quién es y que representa Fontevecchia, que al "denunciar" a su colega apela a esta figura: tu acto de censura es mi derecho a ejercer la libertad de prensa. En el fragor cotidiano, en la pelea contra la autocensura, en la necesidad de preservar puesto de trabajo y dignidad profesional y humana, incontables episodios de censura se reproducen en la mayoría de las redacciones del país, donde algunos matices de líneas periodísticas y hasta -se puede admitir- diferentes grados de compromiso en la defensa de ciertos derechos esenciales de toda una sociedad por parte de algunos medios, enfrentan -en episodios como los de Nudler, los mencionados y todos los demás- la falla de origen que es la propia naturaleza del sistema en el que se asienta esa empresa. Más allá de que algunos lo padezcan rodeados de contradicciones y otros lo asuman sin ningún complejo como propio. Más allá, incluso, que las ideas de los periodistas puedan coincidir con lo que se expresa desde la línea editorial. Pero este debate se puede tornar estéril, si al transitar el camino de la evidencia de que un sistema impone las condiciones donde la censura es una dócil y funcional herramienta que les garantiza a los dueños de los medios el derecho a la propiedad en el campo del mensaje, no se plantean -preocupación que la UTPBA viene expresando desde hace tiempo- formas de intervención que trasciendan la indignación respecto de un tema tan sentido, que si bien se proyecta desde que el periodismo es periodismo, adquiere ribetes dramáticos como consecuencia de la actual etapa del capitalismo neoliberal globalizado y el rol clave que en ella cumple la comunicación en su sentido mas integral. Los trabajadores de Página 12 acaban de dar un paso con ese rumbo, al discutir en asamblea el caso de la censura a Nudler y emitir un pronunciamiento. La respuesta colectiva y organizada que enfrenta activamente el ataque a una dignidad profesional que, como organización, entendemos más ligada a una responsabilidad social que a un valor corporativo, vuelve a mostrarse como el método más adecuado, aunque todavía no alcance para disputar seriamente frente a semejante apropiación de nuestros derechos registrada en la última y larga década infame. No se trata de que todos los intereses sean ilegítimos, se trata de no perder de vista su existencia y de que algunos expresan los de unos pocos y otros los de la mayoría, y que esto forma parte de una relación en permanente tensión. Lo ilegítimo y repudiable es mentir para justificar lo que se encubre, en nombre de las sagradas escrituras de la libertad de prensa. Si es cierto que la verdad se construye, la primera tarea en ese sentido es impedir que la mentira -elaborada en bien de la gobernabilidad mediática o de lo supuestamente "correcto" en términos políticos-periodísticos- se naturalice.

(*) Periodista. Secretario General de la Utpba.




 

Publicado el: 12/11/2004


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