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Cátedra paralela en la Facultad de Psicología de la UNR
“Trabajamos para instalar en la academia un proyecto de profunda raigambre social”

Ante el predominio de un pensamiento ligado a lo empresarial, hace más de diez años comenzó a impulsarse la creación de esta materia alternativa, que enlace el análisis de las instituciones con el movimiento social. El grupo de docentes está dirigido por la psicóloga Marta Bertolino, que denuncia la falta de cargos y el tiempo que la universidad tardó en reconocer el proyecto.

“En lugares como la Facultad de Psicología es difícil encontrar alguien con un discurso ‘estilo Macri’, pero desde el pseudo progresismo también se puede levantar el programa del neoliberalismo. Eso pasaba en esta materia. El análisis de las instituciones había empezado a enfocarse hacia las empresas, sin ningún grado de solidaridad con amplios sectores de nuestra población. Por eso empecé a pelear por este proyecto”. La definición es de Marta Bertolino, actual titular de Estructura Psicológica Social del Sujeto III B, una cátedra paralela que se cursa en el cuarto año de la carrera de psicología de la UNR. Una propuesta que nació hace más de diez años, aunque recién en 2005 consiguió concretarse institucionalmente. “En realidad, pudimos empezar a funcionar hace cinco años, pero hasta no ser reconocidos del todo teníamos que dar clase con el rótulo de programa alternativo, sin una estructura formal desde la cual crear nuevos cargos o comisiones”, agrega.

Los logros de la reforma del ‘18

Puede que muchos estudiantes universitarios no lo sepan. Pero desde 1918, rigen para la universidad pública argentina numerosos derechos. Entre ellos, el de peticionar una “cátedra paralela” cuando en alguna materia se esté produciendo una visión parcial de los conocimientos. Y eso fue lo que pasó hace unos años en la facultad de Psicología de la UNR.

“Yo estoy en esta materia desde 1986, cuando se daban contenidos parecidos a estos que damos nosotros ahora. Pero mucha de esa gente que estaba en la cátedra, quedó fuera de la facultad. Y desde 1989, cuando ingresó como titular por concurso el profesor Carlos Bonantini con una visión teórico práctica y de la política distinta, aparecieron prácticas de análisis institucional de las que requieren los empresarios. Que quizás están mejor rentadas, pero que no se preguntan por la conflictiva social que nosotros interrogamos”, recuerda Bertolino.

A mediados de los ’90, ella empezó a impulsar junto a un gran grupo de estudiantes este proyecto que hoy es una realidad. En el medio, se juntaron muchísimas firmas, se hicieron petitorios al consejo directivo, y se sumaron reclamos gremiales. Así, finalmente, se torció la voluntad del oficialismo de la facultad, que se negaba a abrir la puerta a una cátedra paralela.

Lo que busca la materia es avanzar sobre un programa distinto al tradicional modo de pensar lo académico, ligado al liberalismo de mercado. “Es una propuesta –señala Bertolino– de conexión con la comunidad, un contacto de los estudiantes de psicología con lo que está pasando en nuestro acontecer histórico. Sobre todo, en aquellos intersticios de lo social donde aparece algo del orden de lo que llamamos instituyente”.

En esta Social III se practica, entonces, el análisis institucional. Pero, como explican sus integrantes, se intenta formar a los psicólogos en la capacidad de escuchar “la polifonía de voces” que se generan en una sociedad y en las instituciones. Bertolino describe: “Entre esas voces, por ejemplo, analizamos todo lo que fue sucediendo en los últimos años en nuestro país con las empresas recuperadas por los trabajadores. La realidad de esos grupos, sus modos de vida, sus historias, lo que llamamos modos de subjetivación. Otros sectores con los que se han vinculado los estudiantes a grupos artísticos, a propuestas cuestionadoras del lugar de la clínica en la salud mental, en el campo psi. También con centros barriales o cooperativas”.

Universidad paralela

El gremio que nuclea a los docentes universitarios, suele denunciar la política salarial de la UNR. Pero aunque parezca increíble, no sólo hay profesores que cobran mal, sino que buena parte de las comisiones en las facultades se sostiene con trabajo ad honorem. Y para aquellos que no comulgan con el oficialismo, la situación suele ser de las peores. Eso sucede con la cátedra paralela de Social III. “En la política interna de la UNR, por supuesto estamos en oposición a este modelo de universidad, al que podríamos llamar de tipo milletista (en referencia a un ex rector de la UNR, y luego diputado nacional por el radicalismo, el odontólogo Juan Carlos Millet). La que sí está enclavada en esa línea es la cátedra oficial”, sentencia Marta Bertolino. Social III B cuenta con una renta como profesora titular, y dos más –con la categoría y sueldo menor, llamados “dedicación simple”– para dos de los profesores que están a cargo de comisiones. Los otros cuatro docentes y los adscriptos trabajan gratis.

Esta falta de cargos incide, por ejemplo, a la hora de poder publicar los trabajos que se van realizando. “El dinero –indica Bertolino– sirve para habilitar o para restringir. Y en este caso, como las autoridades no están muy interesadas en modificar la situación, nos vemos absolutamente restringidos. En el equipo de la cátedra son la mayoría muy jóvenes, de 30 años o poco más, gente que no es de mi generación. Y que para poder abrirse paso tienen un montón de trabajos, y se tienen que hacer tiempo para poder sostener las comisiones, corregir los trabajos y formarse, sin ninguna renta”

El análisis institucional

Enseguida, Bertolino hace un distingo entre el acercamiento que puede hacerse a las instituciones desde otros ángulos, como puede ser el periodístico o el del trabajo social, con el de los psicólogos. “Mi interés es poder formar analistas institucionales. Una tradición que fue muy reprimida en años de la dictadura, y que había tenido momentos gloriosos poco antes, con la ruptura de la Asociación Psicoanalítica Argentina, y gente que se ligó a la militancia de compromisos con lo social. Es un planteo que, por un lado, rompe con esa idea que la clínica no se puede hacer más que desde lo individual”.

Angel Oliva, docente a cargo de una de las comisiones sintetiza: “El espacio de la cátedra de social III B es para mí un espacio de militancia político académica, que parte de un diagnóstico crítico de la formación en psicoanálisis, signado principalmente por el dogmatismo, y la disociación entre teoría y practica clínica real. La cátedra se propone constituirse como un polo, entre otros, de generación de una tribuna que discuta la trama institucional de la facultad en relación con la práctica clínica. Y así, el análisis institucional se hace allí donde se cruzan los imaginarios sociales con los malestares culturales contemporáneos”.

Respecto de los objetivos para la cátedra, Bertolino sueña con armar un dispositivo que apoyándose desde lo pedagógico en la universidad, pudiera armarse como una ONG o algún tipo de institución, que pudiera brindar algún tipo de apoyo a las instituciones. “Muchas veces –explica– estos grupos cuando nacen se encuentran con una conflictividad que los ahoga o empobrece. Nosotros, en este punto, no queremos dar recetas sino ofrecer un lugar de escucha de la problemática, y utilizar nuestra experiencia para ayudarlos a encontrar las soluciones a las dificultades que van apareciendo”.

Sobre el recorrido teórico, desde la cátedra explican que en Psicología se instaló una práctica que cayó mucho en un teoricismo repetitivo y empobrecedor. Y que ellos introdujeron autores muy heterogéneos, “pero además invitamos a los alumnos a apropiarse de ese pensamiento, a no repetirlo de memoria”.

Silvana Lagatta, adscripta de la cátedra, resume: “El pasaje de los estudiantes de psicología por Social III B es toda una experiencia. Hay un encuentro con protagonistas del movimiento social que no es tan visible, en un recorrido que intentamos que genere ciertas preguntas. Digo que intentamos porque nuestra responsabilidad –o nuestra ética– es que los estudiantes no queden a la deriva, sino que los invitamos a sostener ese recorrido con una propuesta teórica, que para nosotros también es política. Nuestro proyecto es político y académico, en tanto el desafío es que los estudiantes puedan asumir un lugar signado por la especificidad de sus futuras prácticas, antes que la –necesaria, pero insuficiente– sensibilización con la problemática social”.

El 2001 y la dictadura.

En los últimos tres años, se han dicho mucho sobre “las nuevas subjetividades en la Argentina tras la crisis de 2001”. Seminarios, revistas y sitios web, se han referido al tema. La cátedra Social III B tiene una visión distinta a la tradicional, que enseguida adjudicó nuevos nombres a muchos movimientos sociales de este tiempo. “Soy un poco más grande que muchos de los que a veces discuten esto. Pertenezco a la generación de los ’70, y percibo que a veces hay un grado de idealización muy fuerte. Es cierto que en 2001 hubo un momento de mucha efervescencia, de salida de una especie de letargo, que fue muy rico en participación. Que nos mostró de lo que es capaz nuestro pueblo, o la gente común cuando puede unirse solidariamente. Pero no comparto que haya un antes y un después de 2001. No fue un hecho aislado. En nuestra historia hubo otros momentos de alta participación popular”, comenta Bertolino.

Desde esta mirada, lo que pasó con la sociedad argentina después de la crisis de diciembre de 2001, es producto de lo que ya venía germinando en años previos. “Si uno hoy se pone a buscar, se da cuenta que hay muchísimas más experiencias que las que logran expresarse de manera organizada. Y como no logran hacerse visibles hasta determinado momentos en que emergen, uno tiende a pensar allí que todo eso está conectado únicamente a ese instante”.

Como pasó en otros momentos históricos con picos de movilización, los niveles de participación como los que hubo en 2002 dejaron de ser permanentes. Entonces, la titular de Social III establece: “Lo que quedó es un residuo de experiencias y de organización, como estímulo a la participación. Y creo que es otra de las cosas que nos tiene que llevar a pensar en los daños que causó la última dictadura en nuestro país. Porque entre cosas, nos dejó con una parálisis social importante. Hubo una destrucción de la organización política y social quizás mucho más grande de lo que pudimos dimensionar. Durante esos años, se incidió mucho en producir subjetividades temerosas, descomprometidas y negadas a la solidaridad”.

La docencia como actividad militante.

Mientras pelean por la generación de más cargos, por lograr la publicación de algún ensayo, o se intenta vincular la cátedra a las instituciones del movimiento social que los requieran, gran parte del equipo docente debe seguir trabajando ad honores o mal pagos. Angel Oliva explica entonces lo que implica ser parte de este grupo. “Para nosotros representa un trabajo, tanto en el sentido vocacional como material del término. Porque enlaza cierta vocación por la escucha problematizada de los discursos sociales, con la necesidad de un trabajo para sobrevivir. Pero con seguridad, no es para nosotros una plataforma para una carrera académica personal. Porque la cátedra esta signada por la impronta de la actividad de un colectivo de trabajo y militancia”.

En el equipo docente de la cátedra paralela hay una fuerte consubstanciación con un proyecto político. “Pero político no significa para nosotros una determinada camiseta, sino que tiene un sentido más profundo”, aclara enseguida Bertolino. Entre los docentes que están en la cátedra, explica luego, puede haber diferencias sobre cómo se analiza la gestión del gobierno nacional u otros temas, pero existe “una gran coincidencia en la necesidad de instalar en la academia un proyecto de profunda raigambre social. Por los sectores más castigados de nuestra sociedad, y por aquellos que más pueden mover los tejidos de esta sociedad”.

Y al final de la entrevista, esta sobreviviente de los ’70, dice algo más sobre su recorrido personal: “Milité en la Juventud Peronista, estuve ligada al proyecto Montoneros. Soy parte de una generación que hablaba de revolución, y que para eso aspiraba a la toma del poder y planteaba la construcción de vanguardias. Y digo esto último porque son las cosas que han caído, por suerte, como ideas. En lo personal creo que siempre he sostenido los ideales básicos por los cuales peleaba entonces. Una sociedad más justa, más equitativa, con una distribución del poder distinta, que alguna vez llamamos la “patria socialista”. Entonces, nosotros no teníamos muchas cosas en claro, pero sí sabíamos que la distribución del poder y la toma de decisiones era fundamental. Esa experiencia nos costó muy cara”.

Bertolino estuvo detenida y desaparecida durante la dictadura por muchos años. Incluso antes del golpe, estuvo amenazada por las Tres A. “El gobierno era peronista, y los que éramos del peronismo combativo, sufríamos la persecución de los sectores más reaccionarios del propio peronismo”, describe Marta. Escenas contradictorias de un país difícil de comprender.

“Muchos de mis compañeros están muertos –recuerda con dolor–. Y yo cuando salí de la cárcel tuve la definición de seguir militando siempre, aunque en la forma en que cada momento histórico lo vaya habilitando. Lo primero que en ese momento me entró en crisis fue la identidad. El proyecto al que pertenecía había sido derrotado, y además yo ya había tenido muchas contradicciones desde antes. Que no te quepan dudas que todo mi desempeño en la universidad, y el trabajo en esta cátedra, tienen que ver con esa historia. Con un posicionamiento ético político”.




 

 

Publicado el: 18/11/2005


Categorías:
Buenas Prácticas / Reportaje

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    22 Nov 2005 21:44   JUAN CARLOS SALMAN
BIENVENIDA
 
    22 Nov 2005 21:51   enredando.org.ar
CRITICA
 
    31 Jan 2006 21:18   Carlos Bonantini
Aclaración
 
    02 May 2006 00:20   isabel
marta bertolino
 
    03 Oct 2009 01:54   Prof. SILVIA A. MANSILLA
POR CATEDRA PARALELA
 
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