Mónica amasa pan casero en una palangana enorme,
mientras el resto de las mujeres comenta que estaban esperando la entrevista. Alguien
les contó que venía un periodista, y se entusiasmaron con mostrar este comedor
que tiene la organización Amas de Casa del País en la zona noroeste de Rosario.
Al final del barrio Rucci, casi donde el 107 termina su recorrido. "Es que no
vienen muy seguido con las cámaras acá al barrio. Nomás cuando se pelea uno o
pasa alguna cosa con la policía", revelan.
Las paredes y el techo son de chapa. Hace calor, y la nota empieza con una jarra
de agua fresca que alguien alcanza para ir charlando. Hoy son siete, aunque
el promedio es de unas diez mujeres, y el número de personas acá se
multiplica hasta por seis cuando vienen a comer sus hijos o nietos. "Para nuestros chicos,
yo deseo que no tengan que estar en la lucha. Que puedan conseguir sus cosas más
fácil, trabajando y listo. Yo Vine del Chaco hace seis años a buscar un empleo
acá. Y no me fue del todo bien. La tierra tira, se extraña. Yo me volvería si
allá tuviera posibilidades, pero que voy a volver si en el Chaco está todo peor
todavía. No hay ni salita para la salud, no hay nada. La gente se muere, se
muere de hambre".
Amas de Casa del País es una organización a nivel nacional
que nace en 1987. "Cuando en la última parte del gobierno de Alfonsín, la
inflación hacía que los suelos no alcanzaran para nada" cuentan hoy "y un grupo
de mujeres empezó con una campaña contra la suba de los precios que fue muy
fuerte. "Los jueves no compre", era la consigna. Las amas de casa iban al super
y salían con la bolsa del mandado vacía, para reclamar".
Un
movimiento de mujeres
Hoy, son
una organización de género que participa de los encuentros anuales de los
movimientos de mujeres, pelean por la salud reproductiva, y sostienen comedores
en barrios humildes para los chicos de las madres que trabajan o changuean. En
la provincia de Santa Fe, Amas de Casa también tiene grupos armados en Gálvez y
San Lorenzo. En Rosario hay comedores en Santa Lucía, en la zona sur, en Villa
Urquiza, también en Cabín 9, y este del barrio Rucci.
Por ser
una organización de mujeres, al principio todas tuvieron que pelear contra los
celos de sus maridos. "A ellos no les gustaba mucho. Nosotras siempre habíamos
estado en la casa, desde que me juntamos o casamos, casi ninguna salíamos,
nunca. Y a la mayoría nos pasó que cuando empezamos a participar, además de que
sea importante para sostener la economía de la familia, cada una se sintió mucho
mejor. Y ellos, con el tiempo se fueron acostumbrando".
Mónica,
que dejó de amasar y se sentó en la ronda a pedido del resto, señala que ella
ingresó en 2001 y ahora es la presidenta provincial de la organización. "Hasta
que me sumé, yo que era una mamá jóven que había criado mis hijos, no había
participado nunca en nada. Pero conocí la organización en un reclamo que hacían
en una plaza en el centro, me interesó y acá estoy. Con la crisis de 2001
armamos una guardería. Muchas mujeres tenían que salir a trabajar, o ir al
médico y no tenían con quién dejar sus hijos".
La que toma la posta es Gladys, que entró poco después en
2002. Cuando trajo sus nietos para que puedan comer en el comedor comunitario, y
enseguida se sumó a la organización: "Yo trabajaba, y para mí fue una ayuda muy
grande. Traía los chicos tempranito, iba a laburar, y después del mediodía los
venía a buscar. Es como un alivio, tenés donde resguardarte frente a la
necesidad que tenemos todas las familias por acá".
El
financiamiento y la economía
Los comedores de Amas de Casa cuentan con el financiamiento del estado nacional,
a través de créditos del Banco Mundial, a través del programa FOPAR, una ayuda
de la entidad financiera que surgió hace unos años para las organizaciones
que tenían comedores. "Nosotros hasta ahí teníamos copa de leche" explica Mónica. "Y
cuando nos enteramos de esa solicitada en el diario, donde decía que se a
implementar el FOPAR, nos presentamos, dimos el listadito de chicos que venían
acá, y quedamos. En un principio era por diez meses, pero se renovó por otros
seis meses y después por cinco más. Dicen que ahora se termina y que el Banco
Mundial ya no va a dar más para comedores, pero nosotros estamos a la
expectativa porque las cosas no cambiaron en este barrio y en muchos otros. Para
estas familias sigue siendo necesario este centro comunitario y si nos quitan
esa ayuda no tendríamos con qué sostener el comedor".
Enseguida,
la ronda de mujeres se larga a opinar sobre la política implementada por el
gobierno nacional. Ninguna tiene un master de economía ni título universitario.
Pero una recorrida diaria por el almacén les alcanza para el análisis: "Se dice
que se recauda mucho, que hay "excesos"
de recaudación, pero no termina de haber una política para la gente. Porque los
precios siguieron subiendo, y ahora encima se le paga por adelantado la deuda al
Fondo Monetario. Y mientras tanto, hace tiempo que venimos pidiendo que rebajen
el IVA a los productos de la canasta básica, y lo siguen cobrando al 21 por
ciento para todo el mundo. Así el que compra el pan sea un desocupado o el dueño
de una empresa. También dicen que Santa Fe es la segunda provincia productora de
alimentos en el mundo. Por eso, si ya es una vergüenza que haya hambre en la
Argentina, en esta provincia ni te digo", señala Mónica
terminante.
Adriana es un poco más tímida pero también se anima. "Así
como sube la economía, también suben los precios. Sí, es cierto que hay cambios,
pero para lo que es nosotros, acá en el barrio, seguimos viviendo de las
changas. Nuestros pibes o maridos, cuando consiguen algo es como peones de
albañil, o trabajitos por un tiempo, y siempre en negro".
Mirando
el futuro
En un
principio, se previó que unos cuarenta chicos menores de cinco años tuvieran
aquí todos los días una ración en el comedor, además de la copa de leche. "Pero
fueron creciendo, y nadie les va a cerrar la puerta porque tengan siete u ocho
años". Así, hoy vienen acá casi sesenta pibes. Algunos dan vuelta y juegan
mientras hacemos la nota. El grabador los intimida un poco, pero con ese poquito
de vergüenza que les da hablar con el periodista "que vino del centro" igual confiesan que
acá la pasan muy bien. "Tenemos un montón de amigos", dice uno de cinco o seis
años con la camiseta del Canalla.
Sobre el
futuro de este comedor, hay diferentes miradas, según cómo uno formule la
pregunta. "No sólo sostenemos este comedor, ya marchamos por el centro varias
veces. Contra la caída de los planes, o pidiendo bolsones como ahora para las
fiestas. Además, en febrero siempre nos juntamos con algunos centros
comunitarios pedimos a la provincia que nos ayude con zapatillas o útiles
escolares para que nuestros pibes puedan empezar las clases. Y cuando se termine
este programa del Banco Mundial saldremos a reclamar, como hemos hecho más de
una vez", promete Gabriela. Por su parte, Mónica explica que Amas de Casa
participa también de un frente de desocupados en la ciudad, con el que se
consiguieron una sidra y un pan dulce para cada familia, como "módica" ayuda navideña del gobierno
municipal.
Aunque claro, el deseo es ir más allá. Ester, que tiene nueve hijos, de los
cuales cuatro vienen todos los días al comedor comunitario, sueña: "Yo coincido con
esto que dicen ellas. Pero lo que de "verdá" quisiera es que "haiga" trabajo. Porque esto que hacemos
está bien, a nuestros chicos les sirve y a nosotros nos alivia. Pero si uno
tuviera un trabajo como la gente, quizás este comedor no estaría más. O
vendríamos solamente para encontrarnos a charlar. Yo tengo nueve chicos, y para
ellos, cuando sean grandes, me gustaría que tengan su calzado, su comida, su
bienestar".
Saliendo del comedor, desde la garita donde se espera el bondi para volver al centro,
más allá de Circunvalación, se pueden ver hacia el norte algunos símbolos del
saqueo que sufrió este país en los últimos treinta años. Claves de este boom
económico al que todavía demasiados no pueden acceder. Se ve un tanque de
Aguas Provinciales y la torre del hipermercado Carrefour. Y un poco más
allá, sobresale la parte más alta del puente Rosario-Victoria. Cuando uno vuelve
la mirada al Rucci, podría dar la impresión que de este lado del mapa, quedaron
los protagonistas de la derrota. Sin embargo, en el medio de este
presente complicado, soportando la malaria, y aguantando el calor de esta época
que siempre es más en el comedor bajo las chapas del techo, estas mujeres y
chicos prefieren hablar del futuro: "Para los que hacemos un trabajo social, el anhelo
es que esta situación cambie de una vez. Que haya empleo, que tengamos un sueldo
digno seamos mujeres u hombres. Y que podamos darle educación y comida a
nuestros hijos".
Amas de
Casa del País
Contacto:
Laura Delmonte
(0341) 155-093860