"La historia comienza en un momento en el cual Chicha cumplía 53 años, tenía
una vida absolutamente normal, disfrutaba de su familia, de su carrera docente,
era maestra de pintura, y tenía una nieta de 3 meses que acababa de nacer.
Estaba festejando su cumpleaños con su familia, sin saber que tres días después
iba a ocurrir una masacre muy fuerte generada por la dictadura militar, en la
casa de sus hijos donde matan a su nuera y secuestran a su nieta Clara Anahí
Mariani".
Estas palabras le pertenecen a Juan Martín Ramos Padilla, escritor,
periodista y un joven comprometido con la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo.
En su libro, recientemente publicado, relata la vida, los sueños y también los
tiempos más duros de Chicha Mariani, fundadora de Abuelas y una militante de
todos los frentes.
El libro de Juan Martín ahonda en lo más profundo de una resistencia: la
búsqueda de los nietos secuestrados durante la última dictadura militar. Y a
través de una historia de vida recorre las miles de historias más anónimas que
encuentran en la esperanza colectiva su lugar común. Porque la búsqueda de
Chicha Mariani por recuperar a su nieta Clara Anahi, secuestrada el 24 de
noviembre de 1976 en La Plata, es el reflejo de muchas otras. Todas, atravesadas
por el dolor, la pérdida de los hijos, la desesperación que provoca la
desaparición y el fruto de la esperanza, que según dicen, es lo último que se
pierde, o al menos, aquello de lo que los militares no han podido apropiarse.
Desde hace 30 años, Chicha Mariani se dedica a buscar a su nieta pero también
"a buscar las nietas de las otras mujeres que convocó para trabajar todas juntas
y con las cuales funda Abuelas de Plaza de Mayo", cuenta Juan Martín en diálogo
con enREDando. Al día de hoy, María Isabel Mariani no ha encontrando a Clara
Anahí, pero su vida se transformó en un símbolo de lucha y entereza para muchas
otras abuelas, algunas de las cuales han recuperado a sus nietos. Durante su
presidencia en Abuelas de Plaza de Mayo se ha logrado encontrar a más de 50
niños que fueron apropiados durante la dictadura, y hoy, como nos cuenta el
autor del libro, "están con sus familias y trabajando muchos de ellos para que
los represores que mataron a sus padres vallan a la cárcel".
En el marco de la presentación del libro, que se llevo a cabo en el Cemar, se
encontraba además el periodista Carlos Del Frade, el Vicepresidente del Comité
de derechos del niño en Naciones Unidas, Norberto Liwski, las abuelas Darwinia
Gallichio y Elsa Pavón y la compositora Alejandra Manzur, cuyo papá está
desaparecido y su relato fue uno de los momentos más emotivos de la tarde.
La idea de escribir este libro surge a partir de una profunda admiración de
Juan Martín hacia Chicha. "La conozco desde que tengo 5 años y desde chiquito la
admiro y la tenia como una especie de abuela postiza. Además de ser una
luchadora tenía la particularidad de ser una persona que siempre se está
preocupando por las cosas pequeñas, cotidianas, sobretodo de la gente joven.
Siempre está para regalarte un caramelito o para ver los dibujitos que hacía"
relata. Pero no solo ese cariño especial, mamado desde la niñez, fue lo que
impulso a Ramos Padilla a realizar una investigación que le llevó más de dos
años, sino también la resistencia y los ideales de una mujer, que como el define
"es una verdadera heroína. Muchas de las libertades que disfrutamos hoy, como la
democracia, como el derecho a la identidad, son consecuencia directa de la pelea
que hizo Chicha Mariani junto a las personas que la acompañaron en su momento".
Un trabajo concretado
"Chicha,
fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo" comenzó a gestarse hace más de dos años.
Es el resultado de una intensa investigación y una dedicación extrema de su
autor. Más de 100 horas de entrevistas con 25 actores de la historia narrada,
lectura de diarios de la época, expedientes judiciales, participación en juicios
orales y un chequeo permanente de fuentes es parte de la tarea realizada y del
material que compone una obra periodística en la que el espejo de Chicha Mariani
nos refleja la historia de un país. Desde los comienzos de la dictadura, su plan
sistemático de desaparición de personas, la política internacional, el rol de
los medios de comunicación y la participación de la sociedad civil hasta lo que
empieza a ser el símbolo de la Plaza de Mayo. La ronda de las madres y las
abuelas, su fundación, sus luchas permanentes, las persecuciones y amenazas que
sufrieron, la búsqueda de los nietos y el avance de la ciencia hasta la vuelta
de la democracia y el signo de una esperanza que se reproduce en cada abuela: la
restitución de los nietos.
Durante este largo trabajo biográfico algunas anécdotas de Juan Martín
demuestran la perseverancia de un periodista comprometido. "Tuve la oportunidad,
en su momento de meterme en la propia casa del represor Etchecolatz, episodio en
el cual apunto a mi padre con una pistola en la cabeza. Pero pasó el mal momento
y a mi me sirvió para escribirlo y poder contar una anécdota que lo pinta tal
cual es a este hombre totalmente cínico, que gracias a Chicha, ahora acaba de
ser metido preso a reclusión perpetua por delitos cometidos en el marco de
genocidio".
Chicha Mariani fue una de las testigos que declaró en el juicio llevado
adelante contra el represor Miguel Angel Etchecolatz. Su testimonio junto con el
hoy desaparecido en democracia, Jorge Julio López, fue fundamental para
condenarlo a cadena perpetua en el marco de un genocidio. Este es solo uno de
los muchos brotes de lucha que describen a Chicha Mariani. Los demás la
encuentran en la defensa permanente de los derechos del niño, en su fuerte
compromiso por la recuperación de los nietos de otras abuelas y su trabajo por
la ciencia para avanzar en la identificación de personas.
A pesar de no
poder encontrar a Clara Anahí, que hoy ya tiene 30 años, Chicha la sigue
buscando y no pierde la esperanza de algún día disfrutar de su abrazo. La
secuestraron las bandas que operaban bajo las órdenes de Ramón Camps, Miguel
Etchecolatz y Suarez Mason. Hasta 1989 fue la Presidenta de Abuelas de Plaza de
Mayo, para luego continuar la lucha desde la Asociación Anahi, que ella misma
fundo en 1996. Esta organización esta orientada a reconstruir y preservar la
memoria, asesorar en Derechos Humanos y a defender la niñez y la adolescencia.
Para eso se trabaja en áreas de búsqueda y apoyo donde se llevan a cabo tareas
de investigación referidas a la búsqueda de la identidad, en un área jurídica
donde la Asociación integra un colectivo de derechos de infancia y adolescencia
que releva y analiza las situaciones a nivel provincial y nacional y eleva
informes al Comité de Ginebra, un área de comunicación y gestión, un área de
archivo e investigación, un área de Museología, y el área Casa Mariani -
Teruggi, cuyas actividades se orientan al mantenimiento de la Casa Museo donde
asesinaron a su nuera Diana Teruggi y a tres compañeros de militancia de la
organización Montoneros. Esta casa, donde funcionaba una imprenta clandestina,
se encuentra en la Plata y hoy es una de las huellas vivas de la memoria y un
testimonio latente del genocidio de los 70. De allí también se llevaron a su
nieta Clara Anahí. Su hijo Daniel fue asesinado 8 meses después.
Palabras, emociones y actos de resistencia
Durante la presentación en el Cemar abundó la emoción, la calidez y el
sentido de las palabras y la compañía necesaria de la música. Es que además de
los invitados y de la presencia de Chicha Mariani, con su fuerte personalidad,
su bastón blanco y sus lentes negros, se encontraba el Dúo Jano, que acompañó
con letras propias sobre la dictadura y temas de Silvio Rodríguez y Baglieto,
entre otros. "Sigue siendo mayo y todos los días son jueves. Vamos con los ojos
a exigir una respuesta, a juntar las manos por encima de las nubes, a matar el
miedo, a quemar la punta del fusil", dice una de las canciones que las cantantes
y músicas del Dúo Jano compusieron en memoria de las madres y abuelas de Plaza
de Mayo.
"Para nosotras, Abuelas cuando estaba Chicha era como un remanso, era poder
conversar entre nosotras todas las cosas que nos pasaban y que no podíamos
contar afuera, cuando encontrábamos un chico poder compartir y pensar que es lo
que hacíamos y que es lo que no hacíamos, como seguir adelante, aprender a
escuchar a los chicos que era muy importante. Era una compañera que siempre
tenia la palabra justa para levantarnos el ánimo, como lo hacía y como lo hace
hasta el día de hoy, solo ella puede". Estas son palabras de Elsa Pavón, una de
las abuelas que compartió parte de la emoción de todos los que dieron testimonio
de la grandeza de Chicha Mariani durante la presentación.
Al igual que Darwinia, Elsa rescato su fuerza, pero sobretodo, su solidaridad
y su ayuda para con las demás compañeras de lucha. Así la recuerdan desde su
militancia en Abuelas y así la definen como Abuelas de Plaza de Mayo. "Yo la
conocí a Chicha en un juzgado de menores de La Plata yendo a preguntar si había
visto a mi nena, y me ofreció unirme a ellas y desde ese momento estoy junto a
las abuelas, hasta el 90. Es difícil no acompañarla, es difícil no seguirle los
pasos", cuenta serenamente Elsa Pavón, quien logro recuperar a su nieta Paula
Nogares, después de vivir durante 8 años con una familia apropiadora.
Las palabras de Darwinia Gallichio también fueron de reconocimiento. "Chicha
entendió la necesidad de unirnos". "Pasamos de ser una viejas locas a
protagonizar la lucha de las Abuelas de plaza de Mayo".
Pero así como estaban las abuelas y compañeras de ruta de María Isabel
Mariani, estaban también los hijos. Los que nacieron en cautiverio, los que
perdieron a sus padres, los que hoy continúan los pasos de la dignidad.
Alejandra Manzur es una de ellas. "Yo naci estando desaparecida", cuenta,
mientras dura un silencio eterno en la sala y a más de uno se nos pone la piel
de gallina. Su relato, entrecortado por el nudo en la garganta, fue mucho más
que emotivo. Significó la voz de una historia entre muchas.
"Sus padres eran militantes revolucionarios y a su mamá esposada a una
camilla del primer piso de la Maternidad Martín la hicieron parir, pero su mamá
que tiene un corazón enorme, hizo que Alejandra naciera, acá nomás, hace 30
años. Después, cuando se la arrancaron de sus brazos la mamá escribió un poema
en uno de los calabozos de la cárcel de Devoto, que a falta de tiza lo hizo con
una aspirina. Y hablaba, que mientras los buitres estaban acechando con sus
fusiles apuntándole a ella, que estaba pariendo, Alejandra nacía. Y que el sol
se coló justo por la ventana de la Maternidad y fue a dar en algo muy parecido a
la primera sonrisa de Alejandra. 30 años después queda claro que no pudieron con
semejante porfiada actitud de amor de Marta, porque más allá del odio, la
violencia y el desprecio ella es artista." Así la presentó el periodista Carlos
Del Frade.
Alejandra es música y compositora y tiene una voz suave, delicada, pero con
una potencia increíble. Como si la garra, el corazón y la sensibilidad se
conjugaran en sus cuerdas vocales para ganarle la pulseada al terror, a la
bronca y al dolor de tener hoy un padre desaparecido.
"Estoy muy emocionada de estar junto a Chicha Mariani, una mujer tan corajuda
y valiente, que con una polenta terrible viene luchando desde hace 30 años por
la recuperación de su nieta Clara y por la recuperación de la identidad de todos
los nietos que quedaron desaparecidos", comienza diciendo Alejandra,
reivindicando la lucha incesante de las abuelas. Y como ella dice, esa lucha es
indispensable para recuperar la sociedad.
Hay una parte del libro que destaca Alejandra como un púnctum que la
conmovió. Dice Chicha " Si Camps está muerto y Etchecolatz esta preso, que hay
detrás de todo esto", "¿por qué no dicen donde esta su nieta? y su idea personal
es que quisieron infundar el miedo y surtió efecto, porque 30 años después sus
vecinos nunca quisieron decir nada con respecto de quienes robaron a su nieta
viva". Y para Alejandra ese miedo aún hoy lo siguen imponiendo a través de la
desaparición de Jorge Julio López. "Quisieron hacer desaparecer mi generación
también. Si Clara Anahí Mariani estuviera aquí con nosotros estaría buscando al
resto de los nietos y sería una luchadora más por una sociedad justa, por una
sociedad digna, que sería el ideal de nuestros padres".
Las palabras de
Alejandra son pausadas, medidas, serenas. Se hilan despacio, pero a la vez son
profundas y certeras, propia de una artista que cuida las letras tanto como la
melodía.
"Que éstas historias se
conozcan son necesarias para la elaboración colectiva", dice, mientras celebra la presencia de
un libro como el de Juan Martín, de casi su misma edad. Después cuenta su
historia y ahí el relato se llena de emoción. "Nacer estando
desaparecida es paralizante, es algo inenarrable. La sensación de haber podido
quedar desaparecida como Clara Anahi o como tantos otros chicos es aún más
horrorosa. La desaparición genera la anulación de la palabra, la anulación de la
persona. En ésta historia estuve cinco años con mis abuelos, mientras mi madre
estaba en Devoto. Fui cuidada y mimada muchísimo, y luego nos reencontramos con
mi mamá 5 años después. Pero mi padre que había sido secuestrado con nosotras,
él quedó desaparecido. Hace un par de años escribí una canción para él".
Senegami es el tema que le compuso Alejandra a su papá. "las estrellas van
muriendo, el tiempo las ve pasar, pero su luz permanece y no se apagará jamás",
dice en una de sus estrofas.
Ya en el final, las felicitaciones fueron para el autor Juan Martín. "Yo
estaba escribiendo un libro en medio de la historia. Chicha Mariani y las
personas que la acompañan seguían trabajando y seguían logrando generar nuevas
libertades de las cuales los jóvenes y todos nos sentimos orgullosos. Yo estaba
sintiendo que terminaba el libro y Chicha Mariani iba al Congreso de la Nación a
explicarle a los diputados que el señor Luis Patti no podía ser un representante
del pueblo. Pasaban los días y yo sentía que estaba terminando de escribir este
libro y Chicha Mariani estaba en Tribunales explicando que Miguel Etchecoltaz no
tenía que estar en su casa sino que tenía que estar detrás de los barrotes, y
logro que se le quitara el arresto domiciliario. Yo sentía que este libro estaba
terminando y Chicha tras una pelea de 30 años logra que Etchecolatz sea
condenado a reclusión perpetua. Y ahora, recién Norberto Liwski comentaba acerca
del logro reciente de Chicha Mariani de conseguir la aprobación de la Convención
Internacional sobre la desaparición forzada de personas, y digo, pucha, que
ganas de haber incluido esto en el libro. Escribí un libro en medio de la
historia porque ellas siguen escribiendo páginas", resume Juan Martín,
rescatando la voluntad permanente de trabajo de una mujer incansable como Chicha
Mariani.
Su libro parece ser esto y mucho más. Y como él dice, las páginas siguen
abiertas, la lucha es continua, la resistencia es tiempo, las voces de los hijos
como la de Alejandra milita a través del arte y la esperanza de las abuelas
encuentra frutos en la mirada recuperada de los nietos y también en la de Juan
Martín, que con sus 25 años, sueña con escribir algún día la historia del
reencuentro entre Chicha Mariani y Clara Anahí.