El arte popular en Ludueña
Usted preguntará porqué cantamos
El arte transforma lo inmutable. Mueve raíces y multiplica los colores de la alegría. No olvida y exige Juicio y Castigo. Le canta a la esperanza, a los que no están, al sol y a la pachamama. Por el carnaval de Ludueña, muchos artistas dejaron su huella y atacaron al sistema, con patadas al aire, repiques de tambores y cantos al viento. enREDando dialogó con la murga La Memoriosa y los músicos populares Joselo Shuap de Misiones, y Anahí, de Buenos Aires.
La fina voz de una mujer. El canto grueso de un Varón. Un redoblante que golpea el alma y resuena el eco, más allá, en otra tierra, en otro mundo. Un pincel teñido de azul y amarillo. Una pintada enérgica sobre un muro. Un Pocho salpicado de otros, muchos. El rostro de un nene dibujando una sonrisa. Las palabras que al vuelo, caen pesadas sobre papeles viejos. Una levita memoriosa. La memoria escrita. El arte se multiplica. Busca simples instantáneas para juntar fuerzas y atacar con su mejor arma: la alegría.
Cada cual busca su expresión y le imprime el sello de la identidad. La búsqueda es la misma: hacer del arte una herramienta que transforme hasta lo inmutable. Algunos de ellos nos muestran cómo, de qué manera y a través de qué forma metaforizan la realidad para, desde allí, hacer un mundo más vivible.
Con la música en todas partes
Joselo Shuap es un músico popular misionero, itinerante, buscador, comprometido con el medio ambiente, con la posibilidad de crear una atmósfera donde el aire sea posible para todos. De gira, con su colectivo Mercedez Benz modelo 62, se detuvo en la Plaza Pocho Lepratti el viernes 26 de febrero.
“La gira H2O continúa, no se detuvo nunca, avanzamos muchos kilómetros, hemos estado en todas las provincias argentinas, en varios países de Sudamérica y Europa, llevando el mismo mensaje, y el mismo formato de llevar en un móvil en donde se come, se duerme, se cocina, se sueña, se escribe y graban cosas... siempre defendiendo el derecho al agua, al aire puro, a la tierra, aquí y allá (Europa) donde la calidad de vida de la gente es superior a la nuestra, basada esencialmente en los sacrificios nuestros, por varios motivos, la culpa es compartida... justo ahora en el escenario están cantando La Maldición de Malinche, y bueno esa Malinche que sigue habitando en el corazón de muchos que nos representan y que nos olvidan”, nos cuenta Joselo.
Acompañado de un grupo de artistas, poetas y artesanos, el colectivo de Jose Shuap respira vida y movimiento a través del arte. “Yo vengo a buscar energías y a cantar chamamé para la gente. Estamos volviendo de un recorrido muy lindo. Pasando el trópico de capricornio, hicimos un recorrido por calles de tierra, visitando comunidades tobas y wichís, de Formosa, Salta y Bolivia, comunidades del río Pilcomayo, pasando también por Chaco (el impenetrable)”.
También nos cuenta sobre el proyecto del nuevo disco que se llamará “El hormiga” y el arte de tapa, tendrá el sello de los muralistas Mono Saavedra y Carlos Nievas. “El hormiga será un prototipo de ser que no puede vivir solo, que desecha completamente el individualismo, y pasa a ser un integrante de un proyecto comunitario que habita en el hormiguero. Es un ser nuevo, el que necesitamos para salir adelante y cambiar esto, que está más relacionado a mantener a la hormiga reina que a llevar a que el resto de las hormigas vivan como se lo merecen”, dice Joselo, entusiasmado por el reencuentro con amigos y compañeros de Rosario, en un lugar, donde la energía se multiplica en nuevas ideas y caminos.
Lo que sucede en Barrio Ludueña es parte de la riqueza cultural de nuestro pueblo, opina este músico misionero que no se cansa de andar y llevar la música a todas partes. “Estoy orgulloso de estar acá”. “Creo que culturalmente nos cambiaron la bocha, nos quitaron la autoestima y nos fueron diciendo de que somos pobres, entonces no podemos hacerlo, somos cabecitas negras, somos del sur. Los países donde hace frío son desarrollados, donde hace calor somos vagos, no queremos laburar... nos fueron metiendo todas esas cosas en la cabeza, y todo el mundo sabe que las riqueza de un pueblo no es lo que tiene en el Banco Central sino su cultura. La riqueza de nuestro pueblo es lo que hoy está pasando acá en el barrio Ludueña”
Una murga justiciera

Una de las tantas murgas que desfilaron por el carnaval de Ludueña fue La Memoriosa. Formada por querellantes de los juicios que se llevan adelante contra los genocidas en Rosario, la murga levanto por el aire, las voces de los sobrevivientes de la última dictadura militar. Hizo presente la memoria de lo que sucedió 33 años atrás y de lo que hoy, nos sucede como pueblo, en esta posibilidad histórica de juzgar a los responsables de los crímenes de lesa humanidad.
En su debut en la plaza Pocho Lepratti, Celeste, una de las integrantes, nos expresa el orgullo de estar presentes en el carnaval de Ludueña. “Es un honor para nosotros estar acá y hacer nuestro debut. Hace 3 o 4 meses que nos empezamos a juntar, a partir de la propuesta de los compañeros del Espacio Juicio y Castigo, con la idea de ver cómo contamos, a partir de un lenguaje artístico urbano (como es la murga) esto que nos pasó, el genocidio de la última dictadura militar. De ver cómo conjuramos tanto dolor y lo transformamos en alegría, en un mensaje esperanzador. Empezamos a juntarnos y cada vez somos más, hoy somos 34. Varios de los compañeros que la integran son ex presos políticos y actuales querellantes de la causa Guerrieri-Amelong.”
Olga Moyano está a su lado. Fue una de las sobrevivientes que brindó un testimonio conmovedor en la causa en la que se juzga a cinco represores que actuaron en la Quinta de Funes, La Calamita, Fábrica Militar de Armas y la Intermedia. Y es también, una de las compañeras que este sábado se calzó la levita, se pinto el rostro y salió a denunciar con patadas al aire. “Somos distintas generaciones que estamos levantando la Voz de los compañeros que no están, con alegría a pesar del dolor, esta dualidad que tenemos siempre en los sentimientos. Nuestra idea era debutar en los Tribunales el día que se formule la sentencia, pero esto no fue posible por distintos trámites, se está demorando. Vamos a hacer la vigilia de la sentencia y allí pensamos actuar junto a otras murgas y quines quieran acompañarnos, calculamos que será en la semana del 15 de marzo. Hoy estamos acompañando esta fiesta y lucha popular, porque la memoria no es solamente por los 30 mil compañeros sino que es la que se arrastra desde el primer genocidio, que son las banderas que levantamos. La wiphala, de los pueblos originarios, la del Pocho, la de las Madres, no nos olvidamos de todos los luchadores populares”.
Para Carlos Novillo, sobreviviente del centro clandestino de detención La Calamita, la murga “es una expresión de rebeldía, de reclamo, una expresión de pedido de justicia, de redistribución de las riquezas. Es una manera de decir que aquí estamos presentes, que seguimos en la lucha, que seguimos en las calles, y que esto recién comienza, es el comienzo del fin de la impunidad”.
Yo vengo a ofrecer mi corazón
Anahí tiene 21 años, vive en Buenos Aires pero viaja a Rosario siempre que puede o la invitan de la Casa de Pocho. Enamorada de Ludueña y de su gente, ella, como cantante popular, viene a ofrecer su corazón. “Nos conocimos con los chicos hace 4 años en La rioja y ahí me contaron quién había sido el Pocho y me contaron del Canraval. Vine una vez y me encontré con toda esta movida, me gustó mucho porque lo hacen desde el barrio. No está Pocho pero hay un montón de Pochos y lo terminás conociendo a través de los chicos. El mismo pibito que antes correteaba y tiraba piedras, hoy está acá, coordinando un taller”.
Anahí se siente una más del Bodegón. Milita y participa de las actividades y del carnaval. Trae su música, su folcklore a estas tierras de Ludueña. “La música es mi medio y es una forma distinta de llegar. Todas las formas del arte te liberan. Canto lo que siento. Lo mismo pasa con todas las expresiones. Así como te sale la voz tiene que ver con tu estado de ánimo, una pincelada es lo mismo. Mi medio fue la música y los pibes se enganchan con los instrumentos al toque. Juegan.”
Cuando le preguntamos por Pocho, inmediatamente dice “Fue un tipo que se la jugó. Tenía mucho afecto por cada chico. A él no le daba lo mismo que el pibe venga o venga al encuentro. Él iba y te despertaba en tu casa. Se calentaba cuando se portaba mal. Él era así. Lo que más me llega es cómo Pocho estuvo con cada uno de los pibes”.
Dijo Bertold Bretch, una vez, que "el arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma". Y ahí están los artistas en Ludueña, martillando suavecito, tratando de que las cosas, en esta tierra, empiecen a cambiar.
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 Anahí y Varón, músicos populares | |
Publicado el: 06/03/2010
Categorías: Redes y Organizaciones Sociales / Documento
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