JUJUY BAJO EL TERROR DE MORALES

TEXTO : SOLEDAD IPARRAGUIRRE FOTOS: SUSI MARESCA / TIERRA VIVA

Desde hace poco más de un mes, cuando en tierra jujeña se inició el conflicto docente en reclamo de mejoras salariales y recomposición laboral (condiciones dignas de trabajo) la coyuntura política y social tomó ribetes dignos de un período dictatorial. Allanamientos masivos y encarcelaciones, hostigamiento y represión a las marchas convocadas por las comunidades originarias y campesinas, pero también, la existencia de “listas negras” y la arbitraria persecución a docentes.

“Venimos  sufriendo persecución ya desde el 14 de junio que empezamos a apoyar a la marcha docente; en mi persona me han venido a buscar a mi casa en un domicilio que no tengo declarado en Abra Pampa; también nos vienen a detener en las comunas y en los mismos cortes de ruta" cuenta Eva Díaz, referente de la comuna de Abra Laite

A mediados de mes, en lo que se llamó el Tercer Malón de la Paz, comunidades indígenas iniciaron una caminata a la capital provincial, en San Salvador, siendo uno de los ejes claves del conflicto, el rechazo a los proyectos de exploración y explotación del litio en la cuenca de Salinas Grandes. Las comunidades lo expresan claramente: la nueva constitución no respeta ni avala sus derechos y directamente, omiten la existencia de los pueblos originarios.

En una rápida maniobra, un hombre con barbijo y capucha la redujo y la tabicó. Junto a dos mujeres, que le indicaban “tenela, bajala, hasta ahí”, el atacante la torturó y simuló técnicas de ahorcamiento, al menos, tres veces. Cuando estaba por caer desmayada, aflojaba la tensión del cinto o cable con que la sujetó, permitiéndole respirar. En la boca le metieron un trapo sucio, embebido en lo que Camila creyó que sería nafta o aguarrás.

Camila fue golpeada y torturada poco más de media hora. Antes de irse, le advirtieron que “cerrara bien la puerta, que hay mucha gente mala afuera, muchos piqueteros”. Pasó más de doce horas hasta que pudo pedir ayuda.

Camila transita el trauma de la violencia que ejercieron sobre su cuerpo y aún no pudo reincorporarse a su trabajo, el profesorado de yoga que le da sustento, tras haber quedado en la calle apenas Morales asumió la gobernación, junto a cien docentes que conformaban un equipo operativo de trabajo escolar de todas las regiones de la provincia, (Puna, Quebrada, Valle y Yunga), en trabajos situados en las escuelas.