quinta de funes (5)
Derechos Humanos

La memoria a puertas abiertas

La Quinta de Funes abrió sus puertas. En el marco del cierre de la Pueblada x la Identidad, que fue organizada por Abuelas de Plaza de Mayo como parte de las actividades por sus 40 años, ese espacio cerrado por décadas y que fue sede del horror instalado en el país por la dictadura cívico-militar, recibió a grandes y chicos, para recordar, para reivindicar y para transformarse.

Fotos: HIJOS Rosario

Querido Quinqui: Ya sé que ahora sos chiquito y no sabés leer, pero algún día aprenderás y mucho tiempo después podrás comprender esta carta. Yo te escribo porque no sé si te voy a volver a ver, mi vida es muy difícil y la muerte se me cruza con frecuencia en mi camino. Cuando puedas comprender, tus abuelos, que te quieren mucho, te contarán esta historia. Te leerán esta carta. Con la responsabilidad de ser quien sos, deberás enfrentar tu propia vida, como tu madre y yo enfrentamos la nuestra”, le escribió Tulio Valenzuela a su hijo Sebastián desde México. Esas palabras escritas en los ´70, estaban sobre una mesa, al lado de la puerta de entrada de la casa conocida como Quinta de Funes, uno de los Centros Clandestinos de Detención (CCD) que funcionó en el Gran Rosario durante la última dictadura cívico-militar. Sobre la mesa también había un viejo teléfono. La puerta estaba cerrada y al inmueble no se podía entrar. Por eso todos los que llegaban hasta allí, veían las copias de las cartas sobre la mesa, leían esas líneas y volvían a deambular por el parque con un nudo en la garganta. Era un gran día para todos los que por un motivo u otro se acercaron a ese predio ubicado en la vecina localidad de Funes: por primera vez después de décadas, se habría al público uno de los espacios más sangrientos en los que actuó el terrorismo de Estado en la zona.

Tulio Tucho Valenzuela, junto a su pareja Raquel Negro, fue uno de los militantes de la agrupación Montoneros que pasó por este CCD. Ella estaba embarazada de siete meses cuando la secuestraron en Mar del Plata en enero del ´78, junto a Tucho. Después de estar en la Quinta de Funes detenida, la llevaron a dar a luz a Paraná donde tuvo mellizos: una nena, que años después sería la nieta 96 recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo: Sabrina Gullino Valenzuela Negro, y un nene que aún lo están buscando.

Mientras estaba en cautiverio, la pareja había fingido colaborar con el Ejército por eso Tulio aceptó viajar a México donde lo llevaban para que delatara a sus compañeros de militancia en Montoneros que estaban refugiados en ese país. Pero una vez allá, logró escaparse y organizar una conferencia de prensa para contar todo lo que estaba pasando en Argentina y en particular, en la Quinta de Funes. Cuando volvió al país fue secuestrado nuevamente.

Con los años, Sabrina fue pegando los pedacitos de su historia, encontrándose con sus hermanos mayores y las familias de sus padres biológicos y hoy forma parte de la agrupación HIJOS. “Es una alegría estar acá, era la única manera posible en que se podía abrir este lugar: de las manos de nuestro compañeros y de la comunidad funense. Realmente la Pueblada x la Identidad trascendió todas las expectativas y el ejemplo de Funes es muy enriquecedor. Nos enseña todo el tiempo que la lucha de las Madres, de las Abuelas, de los compañeros y organismos de derechos humanos, no fueron en vano porque acá están los vecinos de Funes, abriendo esta quinta”, afirmó ese día parada en el césped del patio de aquella casa que lleva el horror en sus cimientos.

Y es que todo esto se terminó logrando gracias a las actividades de la Pueblada x la Identidad que las Abuelas de Plaza de Mayo llevaron por toda la provincia con actividades culturales, educativas y deportivas durante varios meses de 2017 que tuvo su gran cierre con la apertura de la Quinta. Funes fue una de esas localidades y no dudó en hacer valer ese trabajo para ir más allá de las expectativas de todos. Un grupo de estudiantes junto a vecinos funenses habían propuesto intervenir con murales las garitas de colectivo 11 y 12 pero se interpuso la negativa del municipio y de Funescoop, que tiene el uso y mantenimiento de esas paradas. Entonces decidieron directamente pedir las llaves de la quinta, ese lugar que Sabrina definió como “un agujero que se lo chupó todo”. Y obtuvieron esas llaves. “Le pusieron luz, pusieron una lucha terrible y abrieron la puerta. Por eso acá estamos nosotros. Esta es la única manera en que yo iba a venir a este lugar, porque ahora es una mochila de todos”, agregó Sabrina.

El parque estaba repleto con carteles que llevaban el nombre de los detenidos y que formaban un camino hasta el inmueble donde una bandera negra decía 30.000 en blanco. Había también entramados de hilos con fotos de las víctimas y espacios con talleres como por ejemplo de mosaiquismo.

La Quinta funcionó entre septiembre de 1977 y enero de 1978, cuando miembros del Destacamento de Inteligencia 121 del Segundo Cuerpo de Ejército mantuvieron allí secuestrados a hombres y mujeres perseguidos por su militancia política. Los delitos cometidos allí fueron parte del juicio oral que se llevó adelante por la conocida Causa Guerrieri durante el cual se condenaron a los ex oficiales jefe del Ejército Pascual Guerrieri, Juan Daniel Amelong y Jorge Fariña, y los agentes civiles de inteligencia Eduardo Constanzo y Walter Pagano, entre otros. Entre los desaparecidos de la Quinta de Funes se encuentra Jorge Novillo, Stella Hilbrand de Del Rosso, Eduardo José Toniolli, Carlos Laluf, Marta María Benassi, Miguel Angel Tossetti, Oscar Capella, Marta María Forestello, Ana María Gurmendi, Fernando Dante Dussex, Pedro Retamar, María Reyna Lloveras y Teresa Soria de Sklater. El único sobreviviente fue Jaime Dri.

En mención a los responsables de estos crímenes, el subsecretario de Derechos Humanos, Ramón Verón, expresó: “Se están muriendo y no abren la boca sobre dónde están nuestros nietos, dónde están nuestros compañeros enterrados, que es la información que a esta altura estamos esperando los familiares que seguimos buscando a nuestros compañeros y familiares”. En cuanto a la señalización, subrayó que “ha sido un trabajo en conjunto de mucha gente y éste es el fruto”.

La vida en los árboles

“Hace 21 años atrás, con un melenudo Eduardo Toniolli, con Alicia Gutiérrez, con Cecilia Nazábal, hacíamos en este lugar el primer acto plantando un árbol. Creo que ese árbol duró minutos, nos fuimos y lo arrancaron. Volvimos y lo volvieron a arrancar. Pero les ganamos, hoy los pibes y las pibas están trepando a los árboles adentro de la Quinta de Funes”, dijo con la voz quebrada Carlos Del Frade, periodista y diputado provincial.  “Hace 40 años atrás, la familia propietaria de esta casa, la familia Fedele, firmaban en aquel momento con el teniente Daniel Amelong el alquiler de la casa al Comando del Segundo Cuerpo del Ejército que estaba a cargo de Leopoldo Galtieri. La idea era construir un armado político para que Galtieri sea presidente electo por los votos populares, después de recuperar Malvinas. Cuando el 13 de enero de 1978 Tulio Valenzuela, gambeteando todas las trampas que le habían preparado, en una conferencia de prensa en México, revela todo lo que estaba pasando aquí por supuesto llegó la orden de matar a las compañeras y a los compañeros”, agregó.

Este predio de dos hectáreas ubicado sobre la ruta 9 y Diagonal San José fue uno de los cinco CCD que formó el circuito represivo del Batallón de Inteligencia 121 de Rosario, junto con La Intermedia, La Calamita, La Escuela Magnasco y la Fábrica de Armas Domingo Matheu. Hasta 1984, no se había incluido ni siquiera en el informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). Este espacio no sólo fue utilizado como centro clandestino de detención, por el que pasaron unas 16 personas, sino que también era un “foco de contraespionaje” desde el cual se ideó la llamada “Operación México”, a través de la cual se pensaba infiltrar la organización Montoneros y viajar a ese país a asesinar a su cúpula que se había exiliado. El objetivo de esta operación fue truncado por Tulio Valenzuela, quien una vez en una vez llegado a México, hizo público todo el plan de Galtieri y lo responsabilizó por la vida de su mujer y su hijo.

El centro clandestino que funcionaba en la quinta fue desmantelado inmediatamente después de este episodio. Se dice que un periodista mexicano llamó por teléfono al número que Valenzuela había dado y fue atendido por el propio Pascual Guerrieri.

Pasaron los años, muchos, y se logró expropiar el inmueble y convertirlo en un espacio de memoria. Este último paso, el de abrir sus puertas al público fue un nuevo logro en toda la lucha colectiva. “Si de algo estoy consciente es de que hoy podemos estar acá, porque hubo muchísimos organismos de derechos humanos que durante muchos años lucharon y entre todos abrimos las puertas a los juicios por delitos de lesa humanidad, de lo contrario no hubiéramos podido estar acá, quizás tampoco hubiera habido democracia”, afirmó emocionada Alicia Gutiérrez, ex detenida, diputada y autora de la ley de expropiación de la Quinta de Funes. “Este lugar me resulta muy doloroso, hoy cuando pasé por la puerta recordé la primera vez que entré, con mi compañera de lucha Cecilia Nazábal. Yo quiero reivindicar la vida de esos compañeros y compañeras, y decir que los detuvieron y los asesinaron por ser montoneros. Porque lucharon y entregaron sus vidas por un país mejor. Con esto no quiero excluir al resto. Y agregar que hoy que está desvalorizado reivindicar los derechos humanos, las historias de nuestros compañeros y compañeros, todavía tenemos una tarea mucho más profunda que es la de empujar los delitos de lesa humanidad”, sumó.

Mientras los recuerdos, acompañados algunos por risas otros por lágrimas, recorrían el parque junto a grandes y chicos, ese espacio tomado por el terror de los ´70, el silencio de los ´80, el abandono y olvido de los ´90, la reivindicación con la entrada de un nuevo siglo, a partir de este día, abrió sus puertas a nuevos rayos de sol, a la creatividad y a la transformación. Los gritos de chicos invadieron el lugar, subieron y bajaron los árboles, corrieron sobre el verde. Porque como dice el lema de muchos, “el desafío es no perder la alegría”.

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