El fallo fue unánime: absolución y libertad inmediata para todos los acusados en el juicio por la desaparición de Paula Perassi. La querella adelantó que apelará la sentencia. Las preguntas, a siete años y medio, son las mismas: ¿dónde está Paula?, desaparecida en democracia desde el año 2011. Dolor e indignación de su familia y de todo el movimiento feminista y organizaciones sociales que acompañaron en cada audiencia, en cada instancia del proceso judicial. 

Fotos: Juliana Faggi

Espera. Un espacio de sororidad feminista que se construyó en comunidad, en las afueras del Centro de Justicia Penal. Los festivales, las ollas populares. Las fotos colectivas con el cartel aferrado en cada mano. El acompañamiento necesario durante cada audiencia del juicio. “Paula Presente”, se repite una y otra y cada vez que sea necesario.  

Después, el dolor. Abrazos. Llanto. Bronca. Indignación.  

No hubo condenas en el juicio por la desaparición de Paula Perassi, la joven sanlorencina que salió de su casa el 18 de septiembre de 2011 tras recibir un llamado telefónico, y jamás regreso. Tenía dos hijos varones, los nietos de Alicia y Alberto.  Una familia que la buscó, que la sigue buscando.  

El juicio oral y público que se desarrolló durante casi un mes, tuvo a nueve personas sentadas en el banquillo de los acusados. Privación ilegítima de la libertad y aborto no consentido seguido de muerte fue la carátula de la causa. Lo que siempre sostuvo la fiscalía y la querella es que a Paula la secuestraron para someterla a un aborto clandestino y que en dicha práctica, realizada en Timbúes, habría muerto. Cinco personas, todos policías, fueron acusados de encubrimiento por la fiscalía. Las penas solicitadas eran la prisión perpetua para los 4 civiles y 6 a 16 años de prisión para el cuerpo policial. La querella compartió el mismo pedido de condenas, excepto para Daniel Puyol, ex jefe de la Agrupación Cuerpos de San Lorenzo, para quien también había pedido la máxima pena por considerarlo partícipe necesario del hecho.  

Finalmente, este jueves 2 de mayo, el Tribunal presidido por la jueza Griselda Strólogo dictó, en un fallo unánime, la absolución para todos.  Afuera del recinto, como pudo, Alberto Perassi, el papá de Paula, preguntó ¿Quién se va a hacer cargo de esto? En sus ojos, cargados de bronca y dolor, estaba la respuesta.  

Silencio.  

Alberto habla de la impunidad. Y su pregunta es la que nos hacemos todxs. Porque no hubo justicia por Paula. Porque no la habrá mientras ella siga desaparecida, y exista un Estado incapaz de ofrecer una sola respuesta ante un nuevo caso de desaparición en democracia.  

Nos falta Paula y ese es el grito de todo el movimiento de mujeres. Hace 7 años y medio que la desaparecieron. No hay responsables, no hay cuerpo, no hay escena del crimen. Para la justicia, lo que hubo fue un proceso investigativo “deficiente” y un “relato” sobre el que, según lo expresado por el Tribunal, se sostuvo el pedido de penas.  

“Creo que la resolución quemaba, y como quemaba tanto, la jueza hizo esta fundamentación haciendo responsable a la fiscalía por no investigar y a la querella. Osea, la responsabilidad termina siendo de la familia Perassi que no ha traído las pruebas suficientes. Realmente es un absurdo. Pero también es parte de lo que observamos: cargar contra Perassi y quienes estamos con él, es simplemente la forma que tienen estas estructuras, estas agencias, para no hacerse cargo de las resoluciones. Esperemos que esto se pueda revertir en la apelación”, declaró a enREDando uno de los abogados de la familia, Adrián Ruiz, luego de conocer el veredicto.  

El diputado provincial Carlos Del Frade, quien además investigó en calidad de periodista la causa en sus primeros años, señaló a Conclusión TV: “El poder judicial dice el mismo argumento que decían los jueces de la dictadura para rechazar los hábeas corpus. Estos jueces decían que al no haber cuerpo, no había pruebas, entonces todo quedaba en el imaginario que fue lo que dijo perversamente esta jueza. Es una ciénaga el poder judicial en la provincia de Santa Fe y esto lo vuelve a demostrar”. Nichos de corrupción, señaló Del Frade, son los que posibilitan el manto de impunidad: del poder político, del poder judicial, del poder económico.

Alberto todavía debe portar un chaleco antibalas por las amenazas que sufrió en todos estos años. Alberto todavía tiene fuerzas y además de responder las preguntas de los medios, segundos después de la lectura del fallo, como puede, también sale a las calles de San Lorenzo a seguir marchando. Él mismo lo dice: esto no es solo por Paula, es por todas. “Soportamos un nuevo Prunotazzo”, dijo en la noche, cuando una enorme poblada en San Lorenzo lo abrazó en las calles. Se refería a lo que significó, en el año 2015, la decisión del juez Prunotto Laborde de dejar en libertad a todos los imputados en ese entonces. “Pero un tropezón no es caída. Vamos a seguir”, volvió a decir Alberto.  

“Todos escuchamos la versión de los acusadores de lo que supuestamente había ocurrido con Paula, versión de los hechos que no surgió de investigaciones estatales, sino una serie de datos, comentarios, recolectados desde el dolor por su ausencia, armados por el imaginario popular que se fue armando con el tiempo y el clamor social. A la luz de un juicio oral y público fue imposible sostenerlo, argumentarlo y por sobre todas las cosas probarlo”, señaló el Tribunal y agregó: “Si hubo algún tipo de verdad, los acusadores no supieron agruparlos y apoyarlos para que se convirtieran en pruebas sólidas con solvencia jurídica para que logre una condena como la que se solicitó”. 

El fallo, pasadas las 12 del mediodía, fue la absolución y libertad inmediata para los civiles Gabriel Strumia y su esposa Roxana Michl, Antonio Díaz y Mirta Ruñisky y para los policías Daniel Puyol, Jorge Krenz, María José Galtelli, Aldo Gomez y Gabriel Godoy. En diez días se conocerá el fundamento de la sentencia.  

En ese instante, el abrazo para Alberto y Alicia fue inmenso.  

¿Dónde está Paula? ¿Qué le hicieron?. Siete años y medio después, las preguntas son las mismas. El Estado jamás brindó respuestas. El pacto de silencio que impidió hasta ahora saber dónde están los huesos de Paula, permanece intacto. 

El poder judicial nunca tuvo perspectiva de género en este caso, como en tantos otros. El inicio de la investigación contó con una justicia que se encargó de revictimizar a Paula y una estructura policial, la misma que tenía la responsabilidad de llevar adelante la recolección de pruebas, sospechada de encubrimiento.  

Las palabras de la querella fueron claras: “Estamos acostumbrados en esta causa a la ausencia de respuestas del Estado a una petición concreta. Es decir, se habla de una contradicción: no hay pruebas porque faltó investigación, pero eran los propios investigadores los que estaban en el banquillo de los acusados. Esto significa que el mensaje es que, si se corrompe a los investigadores, todo crimen puede ser perfecto. El Dr. Trotta lleva a los policías a juicios porque la mayor parte en los primeros meses de investigación fue la de borrar pruebas”.  

A las mujeres no se las traga la tierra. No desaparecen porque sí. El juez de instrucción que tuvo la causa en una primera instancia, Eduardo Filocco, le dijo a Perassi que su hija “era una loquita que ya iba a regresar”. Así lo señaló Alberto durante el juicio: “El juez Filocco llegó a decirme que mi hija era una puta, que se había calentado y que ya iba a volver”.  

De esto habla la justicia patriarcal. Revictimizar, estigmatizar, construir la imagen de una “mala víctima”. El “algo habrá hecho” que se instala porque Paula tenía un amante. Las sospechas sobre su accionar, sobre lo que hacía o lo que dejaba de hacer. Así se construyó la investigación en los primeros momentos que siempre son claves. Así también apuntó el interrogatorio de algunos abogados defensores que intentaron insinuar que Paula se habría ido por su propia voluntad.  

¿Cuánto buscaron a Paula en esos primeros cruciales momentos después de su desaparición? La propia policía de Santa Fe está acusada de encubrir y falsificar pruebas. Juan Nobile, integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense,  fue claro en varios pasajes de su declaración como testigo en el juicio: “Una mujer no puede desaparecer del centro de San Lorenzo sin dejar rastros, si no hay una estructura que genere esta condición de desaparecido. Para lograr la desaparición de un cuerpo se requiere de determinado tipo de estructura. Partimos de la hipótesis de que una desaparición requiere de un plan sistemático, de una estructuración, que generalmente tiene que ver con estructuras vinculadas a las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales”.

La larga y prestigiosa trayectoria del EAAF permite ahondar aún más: “mientras más tiempo pasa más dificultosa se hace la búsqueda, como en todo manual de criminalística, complejiza los trabajos de búsqueda. El discurso de la estructura desaparecedora es ese, decir que se puede haber ido, puede estar acá, allá, eso genera la ventana de tiempo que complejiza las búsquedas. Es el discurso que siguen las estructuras desaparecedoras: que los desaparecidos no tengan entidad, es el principal logro de la estructura de desaparición”.

¿Cómo funcionan estas estructuras desaparecedoras? Nóbile lo explicó: “una estructura desaparecedora lo primero que hace es dudar de la moral o de la familia o decir que se haya ido, se haya fugado. Las estructuras desaparecedoras están vinculadas a poder económico, político, judiciales, policiales. Una persona sola o sin una estructura económica un poco fuerte, no puede hacer desaparecer a nadie. Una estructura requiere de recursos y tiene que ver con los económicos”.   

El Tribunal consideró que la actividad probatoria durante el juicio fue “desprolija, controvertida, cuestionada e insuficiente”, cargando la responsabilidad en la labor de la fiscalía. En conferencia de prensa, Donato Trotta apuntó contra las deficiencias del sistema conclusional y contra quienes debían llevar adelante la investigación, los jueces de instrucción Eduardo Filocco y Juan Tutau. Para el fiscal Trotta, el fallo fue un acto de injusticia. “Había elementos, lo seguimos considerando, los hechos están probados. Lo difícil de avanzar se debió a una actividad policial que hizo que todos estos años fuese difícil avanzar en la localización del cuerpo que no se logró sino también en investigar. Los hechos están probados. Haremos todas las consideraciones que correspondan cuando tengamos los fundamentos jurídicos y haremos los recursos intentaremos dar vuelta este acto que es una injusticia”.  

El abrazo a la familia Perassi se multiplica en una Articulación Feminista que siempre los acompañó. “A Paula la volvieron a desaparecer”, señalaron. Liliana Leyes, militante de la CTA Autónoma y referente feminista de esta multisectorial, decía horas antes de que se conociera el fallo. “Queda todo lo aprendido hasta ahora, tener la certeza que a la justicia ya la construimos entre todes, en la olla popular, en los abrazos, en las canciones, en las tortas fritas y la alegría como arma, bajo la lluvia, en las manos tibias de Alicia y la tozudez de Alberto, en las rodas con los abogados que ya están en nuestros corazones”. Acá nos falta Paula y esa es una certeza que duele.

El Tribunal se refirió a un “clamor popular”. Ese clamor se agigantará cada vez más, hasta que sepamos qué hicieron y dónde está Paula Perassi. Y si la justicia es patriarcal, ya lo sabemos: la memoria siempre será feminista. 

 

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