Santa Fe es la quinta provincia que ya cuenta con una ley de Cupo Laboral Trans, largamente postergada, en un hecho histórico celebrado en la legislatura santafesina. La norma establece el ingreso no inferior del 5% para personas travestis, trans y transgénero a la administración pública provincial. 

Foto: Agencia Presentes

“Furioso ejercicio, el de no pisarnos la memoria”
Hojarasca, Susy Shock, 2017

El 31 de octubre, víspera del ritual cada vez más extendido de llamar a esta “noche de brujas”, la provincia de Santa Fe aprobó la ley de Cupo laboral trans, largamente postergada. Como tantos procesos y rituales que habitan los cuerpos, las leyes y las circunstancias que pretenden regular, existen desde mucho antes, como conjuros. Celebrar la sentencia puede trascender la complacencia del logro y convertir la celebración en un caldero donde las palabras y los actos políticos gestan nuevas preguntas y horizontes.

Esto es urgente. Las palabras se repiten y se agolpan en las solapas de hojarasca, el manifiesto en el que Susy Shock, artivista transudaca, borbotea rabia y sueña brindar al mundo trans un nido de su “pecho trava que les hará la cuna que les fue negada”. ¿Qué nido puede alojar las crianzas y existencias travas, si no es uno en el que ellas tejan los hilos?. En octubre de 2008, Lohana Berkins y Marlene Wayar desbordaban de preguntas una de las aulas de la Universidad de Madres de Plaza de mayo. Recuerdo a Marlene, que en ese entonces estudiaba psicología social, diciendo que, como nunca, no había que dejarse adormecer por la sorpresa de estar en el lado de lo políticamente correcto, había que aprovechar… y estar atentas. Y recuerdo a Lohana, que nunca abandonó la alegría en la lucha, indignarse de estar siempre acompañando la lucha obrera, de los sindicatos, de los feminismos, de lxs docentes, y que cuando había que marchar por las travas, salvo las madres, pocxs estaban.

Poco después, Lohana gestó y cobijó a la cooperativa Nadia Echazú, donde más de 10 mujeres trans se emplearon en la producción textil. Al tiempo, en 2012, el Estado llegó tarde pero con bombos y platillos a reconocer la identidad trans, travesti y transexual que hoy todavía adolece de presupuesto para los tratamientos hormonales, por ejemplo. La búsqueda de otros modos, fuera del trabajo sexual, de habitar el mundo del trabajo llegaron primero al poner el cuerpo pero también al decir, contundente como Susy que “resulta que somos nosotras las que siempre ponemos las muertas”. Nadia Echazú encarnó la lucha travesti por la identidad junto a Lohana y Diana Sacayan levantó el puño y la voz para señalar las vulnerabilidades a las que las exponía no contar con las mismas oportunidades en el plano laboral. Los nombres de las muertas ahora nombran sus logros. Diana fue víctima de travesticidio y no llegó a ver su nombre ungiendo la ley de cupo trans aprobada en septiembre de 2015 en la provincia de Buenos Aires.

¿Cómo se manifiesta la dignidad de los cuerpos: a través del trabajo o por la insistencia misma en existir, en hacerse visibles, en señalar lo que nos falta hasta que no queramos ser más esta humanidad que violenta, discrimina y excluye?

El proyecto de Ley presentado por el Diputado Carlos Del Frade, obtuvo media sanción de Diputados en septiembre de 2018 y durante la sesión de la Comisión de Derechos Humanos del Senado fue acompañada por el movimiento LGBT, que estuvo presente manifestándose en las puertas de la legislatura provincial. Finalmente la ley fue aprobada con la modificación del artículo 3 al reducir de un 10 a un 5 por ciento el cupo efectivo, acordada con el colectivo.

La Diputada por Igualdad y Participación, Silvia Augsburguer, una de las impulsoras del proyecto de ley presentado por del Frade, remarca que “la aprobación del cupo trans en la provincia de Santa Fe marca un hito histórico en la reparación del estado a una población históricamente discriminada. El Estado ha sido cómplice y responsable de esa discriminación impidiéndole el derecho a la identidad y a partir de impedir el derecho a la identidad, impedir el derecho a todo: al trabajo, la educación, la salud. Por eso es indispensable reparar a partir de la incorporación anualmente de un porcentaje de esta población que tiene una expectativa de vida de entre 35 a 40 años”.

¿Cómo se manifiesta la dignidad de los cuerpos: a través del trabajo o por la insistencia misma en existir, en hacerse visibles, en señalar lo que nos falta hasta que no queramos ser más esta humanidad que violenta, discrimina y excluye?

Según la Red Latinoamericana y del Caribe de personas trans (REDLACTRANS) “los promedios de esperanza de vida según los datos que poseen algunas referentes arrojan un mínimo de 35,5 y un máximo de 41,25 años”. La vulnerabilidad concreta es una sumatoria que involucra tanto la falta de acceso a trabajo, salud, educación y demás recursos, como la violencia que según el Observatorio Nacional de crímenes de odio LGBTI, se ejerce bajo pretexto de ser una reacción (heterocispatriarcal) a la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de las víctimas. De acuerdo al informe del año 2018, ocurrieron en Argentina 147 crímenes de odio, de los cuales “el 64% de los casos corresponden a mujeres trans (travestis, transexuales y transgéneros), en segundo lugar con el 28% se encuentran los varones gays cis, en tercer lugar con el 7% de los casos le siguen las lesbianas y por último con el 1% los varones trans”.

Esteban Paulón, Subsecretario de Diversidad Sexual del gobierno de Santa Fe rescata que “la incorporación del cupo sin lugar a dudas es el logro de un colectivo que está de pie, luchando, que quiere tener las mismas oportunidades que el resto de las personas. Esto se ha ido viendo en estos años con la aprobación de ordenanzas de cupo laboral trans en 10 localidades de la provincia, empezando por rosario y terminando por Vera, hace una semana. Y este proceso que se vio en el territorio desde los municipios, con los grupos locales activando fuertemente, hoy se cristaliza con esta ley que seguramente no será la ley que esperábamos, seguramente será un poco amarreta en cuanto a la cantidad de personas trans que el Estado santafesino deberá incorporar pero que es un buen punto de inicio para empezar a dar otros debates en relación al colectivo trans en un ámbito que es sumamente importante, que tiene que ver no sólo con el acceso a un empleo registrado, con derechos laborales, sino también con el acceso a la salud, a la vivienda, al crédito, a las mismas oportunidades que tiene cualquier ciudadano o ciudadana”.

¿Cuántas exclusiones puede reparar el trabajo? En una nota de 2016 publicada en Riberas, revista de la Universidad Nacional de Entre Ríos, la historiadora Gabriela Mitideri asume la tensión que plantea la inclusión de las personas trans en el mundo laboral y que “rápidamente se entrama con aquel conjunto de posibilidades que el sistema niega a las personas trans: aceptación familiar, inclusión escolar, reconocimiento institucional de la propia identidad y posibilidades de ingreso al mundo laboral. Esto vuelve a poner de manifiesto que una vida de exclusión hace necesaria la construcción de redes de afecto, de organización y de disputa por el reconocimiento de derechos, andamiaje para una existencia trans plena”.

Sabrina Crespo ingresó en 2017 con la primer camada de 3 mujeres y un varón trans contratadxs después de la ordenanza de cupo laboral en Rosario y trabaja en el área de diversidad sexual de la municipalidad cumpliendo tareas administrativas. Si bien muchas de las tareas de la secretaría de diversidad tiene que ver con hacer capacitaciones, talleres y charlas de promoción de derecho en colegios, empresas privadas, con educadores, ella cuenta que en su trabajo muchas veces “lo que más hago es acompañar a chiquxs trans, varones o mujeres a hacer trámites, a recorrer el sistema que a veces es muy difícil desenvolverse, incluso para algunxs ir al médico es complicado, cómo le hablás a un médico?”. Las personas que asisten a las capacitaciones, por otro lado, muchas veces “no te pueden desvincular de verte como un objeto sexual, también en entrevistas laborales me ha pasado antes que te miren la entrepierna a ver si se nota, o entrar a la panadería y que dos personas atrás mio cuchicheen sobre mi, pero yo pienso que lo más importante es mostrar, no imponer”.

Cuando Sabrina piensa por qué es importante un cupo habla de resonancia “que se nombre el cupo trans para que resuene a nivel provincial, que tenga un nombre para tener un trabajo”. Y en el orden de los factores entre aquella que fue seleccionada con su título de bachiller y la de hoy, dos años y medio después, habita la sorpresa “a veces, está la carga de que ahora que te dimos un trabajo, mostrá lo que podés hacer. Pero yo creo que la ley va a terminar rompiendo con prejuicios y estereotipos. Yo ahora me veo tratando con proveedores, discutiendo precios o términos de tiempos, exigiendo cosas que antes no sabía y que el tipo me diga “no me di cuenta, disculpame”, esa es la posibilidad que tenemos al estar ahí, que el otro diga “ah, mirá, no era lo que pensaba” son cosas que nos benefician a todxs como sociedad”.

Y también habla de reparación. “Cuando me senté a hablar con mi papá lo primero que me dijo fue “no vas a poder ser feliz”, una no sabe si es el deseo de cuidado porque te quiere o porque es parte de esa sociedad que te castiga. Yo no voy a ser feliz con una identidad masculina”. ¿De qué trabajo estamos hablando ahora con Sabrina, después de ir y volver en el tiempo? Acaso la pedagogía que aplicamos en el amor, en los vínculos no es parte de esa otra jornada laboral que nadie ve, que no tiene límites horarios y que Silvia Federici bien podría señalar como trabajo no pago. Trabajar también, para que el trabajo y el tiempo produzcan y reproduzcan otros modos de vida. Entonces la perspectiva se invierte “hay familias que se niegan la oportunidad de tener unx hijx trans, gente que deja de ser por no poder expresarse. Nadie está exento de la mirada del otrx”.

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