La ciudad de San Nicolás de los Arroyos, al norte de la provincia de Buenos Aires, se vio sacudida por un nuevo femicidio, que viene a engrosar la cifra de mujeres asesinadas sólo por el hecho de ser mujer. A Daiana Almeida la mataron y su cuerpo fue descartado en un descampado. La multisectorial de mujeres de la ciudad y sus compañerxs de trabajo, se movilizaron para exigir justicia.  

Por María Virginia Bertetti

Daiana Almeida trabajaba hacía seis años en el Hospital “San Felipe” como enfermera. Como todas las noches, al terminar el turno, subió a su moto para volver a casa. Pero nunca llegaría. La familia comenzó inmediatamente la búsqueda y las redes sociales se inundaron con su rostro.  

Al día siguiente, casi al atardecer, la noticia de la aparición de su moto en una zona periférica de la ciudad presagiaba malos augurios. Minutos después, el cuerpo de Daiana aparecía en las inmediaciones del Molino Santa Clara, en el norte de la ciudad. La información comenzó a difundirse, y también los detalles. Estaba con el torso desnudo y el cuello cortado.  

Las últimas imágenes con vida provenían de las cámaras de seguridad de un supermercado chino, las cuales, paradójicamente, contaban con mayor nitidez que las tan promocionadas cámaras municipales. Se la veía en su moto, con otro rodado similar a la par. Un rato antes una vecina de la víctima había escuchado una discusión, un intento de robo, y había alertado a la policía. Daiana no quiso entrar a su casa y desde allí salieron con el agresor. Luego nada se sabría de ella, hasta el momento en que encontraron su cuerpo. 

Ni Una Menos en las calles 

Horas antes de su aparición se había realizado una manifestación en la puerta del hospital, donde sus compañeros de trabajo bregaban por su búsqueda. Al día siguiente, ya con el terrible desenlace, realizarían un abrazo al nosocomio, cargados de bronca y lágrimas. Mientras, se iba gestando una marcha en la plaza central de la ciudad.  

En horas de la mañana comenzó a circular el nombre y foto del presunto femicida, y su imagen se desparramó por todos los celulares. La policía implementó un operativo cerrojo en los accesos, buscando a Miguel Ángel Nievas, un albañil con antecedentes penales de homicidio y abuso sexual simple, que en los últimos meses se encontraba trabajando en una obra frente al trabajo de Daiana. Su propia mujer lo había denunciado una vez que él confesó el crimen y en su vivienda encontraron el reloj de la víctima y ropas ensangrentadas que había intentado quemar.  

Mientras, las noticias falsas y los rumores circulaban tanto en las redes sociales como en los medios de comunicación masivos. Hasta entrada la tarde del viernes, el sitio de Todo Noticias afirmaba que Nievas era la ex pareja de Daiana y que había sido apresado a pesar de estar, en el mismo portal de noticias, el video de la conferencia de prensa con el fiscal Dr. Ariel Tempo, a cargo de la investigación, que descartaba ambas afirmaciones e informaba que se había comunicado telefónicamente con Nievas. El apuro por la primicia sumaba confusión y desesperación en una sociedad de por si convulsionada. 

Nos matan a las pibas 

La concentración se llevó a cabo en la Plaza Mitre, con la presencia de cientos de personas. Encabezando la marcha, compañeros de trabajo de Daiana cargaban una bandera que decía “No aparecemos muertas, nos matan”. Salieron de la plaza con destino al hospital, entre autos atorados y en medio de una multitud, ya que la policía no previó el corte de las calles céntricas, tarea que se fue organizando por la propia concurrencia, desprovista de banderas y mostrando la imagen de Daiana. 

Luego de pasar por el hospital, donde más trabajadores de la salud estaban esperando en la entrada de la guardia, se dirigieron a la Municipalidad y a la Comisaría Primera, para seguir con destino a la Fiscalía. La multitud se agolpaba cuando llegó Silvia Gareca, madre de Daiana. Desencajada, abrazada de su hijo, la mujer en su desesperación reclamaba por la muerte de Nievas. Los gritos de “asesino” resonaban en la calle y así la marcha continuó para volver a la plaza. 

Un comisario se acercó a Silvia para informarle personalmente lo que se iba desparramando entre la gente. Nievas había sido capturado, escapando a pie por la ruta 21, a la altura de Theobald, luego del límite de la provincia de Santa Fe. 

“Es inmensa la cantidad de gente que ha venido y les agradezco. Pero a la vez esto sirve para que no haya más Daianas o las que fuere. Hoy la tengo yo a mi hija en un cajón, pero mañana puede ser el hijo, la hija o sobrina de alguna de ustedes. Por eso mismo, pedimos justicia y el tipo ya está preso, y queremos que no vuelva a salir”, declaró Gareca a los medios. Nievas tenía una condena por asesinato de nueve años y a los tres había salido en libertad. 

Una larga lista 

Este no es el primer femicidio en la ciudad, aunque fue el detonante para que cientos de personas salieran a la calle. En un contexto nacional de recrudecimiento de la violencia machista las cifras no mienten. Cada 32 horas una mujer es asesinada y los crímenes de odio no cesan. Hasta el 31 de octubre, el observatorio de femicidios impulsado por el colectivo Mumalá (Mujeres de la Matria Latinoamericana), llevaba el registro de 226 femicidios y 38 casos en proceso de investigación en 2019. Los números hablan por sí solos y el reclamo de una declaración de emergencia nacional no es una consigna vacía. 

En los últimos años, se pueden mencionar solo en la ciudad de San Nicolás, el asesinato de Débora Giselle González, Priscila Schneider, Susana Rosa Ojeda, Jorgelina Soledad Fernández y Ángela Leonela Barrios. Daiana Almeida se suma a la lista en un contexto donde el Estado Nacional destina  $11 a las políticas destinadas a las mujeres y en una ciudad donde hace años se reclama por la instalación de una casa de abrigo para las víctimas de la violencia de género.

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