María Beatriz Jouve, docente y escritora, asegura que ese es el espacio de las instituciones educativas donde se puede ver una radiografía de la sociedad del momento y de lo que se viene. Lo cuenta en su nuevo libro “Días de escuela”, en el que también incluye palabras dedicadas a Carlos Fuentealba y María de los Ángeles Paris. Entre relatos y poemas, transida desde la dulzura de los más chicos hasta el conflicto docente en todo el país.

“Rosario, 27 de abril de 2016. Dejo constancia que el niño Nacho ha perdido su diente en esta institución educativa. El mismo estaba muy flojo por lo que probablemente se ha caído entre las baldosas del patio. Se extiende el siguiente certificado para ser entregado al Sr. Ratón Pérez. Aprovecho la ocasión para manifestar que el Nacho es un buen niño y nuca dice mentiras”.

Y así sus palabras decidieron terminar la huelga que mantenían desde hacía mucho tiempo. Y así María Beatriz Jouve, docente y escritora, volvió a pensar en escribir un nuevo libro que llamó “Días de Escuela”. Con sus seis años y su diente perdido, junto a toda la angustia que eso le provocaba ya que no podía ponerlo bajo la almohada para que el ratón Pérez haga su trabajo, comenzó de nuevo el camino hacia el relato de sus experiencias en las aulas, de plasmar su mirada en el papel convertida en poemas y textos. Con esta carta que le devolvió la tranquilidad a un niño nació el último libro de Betty, como todos la conocen.

Su sonrisa y brillo en los ojos cuando habla de su escuela, de todas las escuelas, de sus alumnos, de todos los alumnos, reflejan el amor que les tiene. Pero también refleja su lucha, su compromiso, su preocupación por el hacer del docente día a día. Lo transita con alegría cuando se trata de las anécdotas de los más chicos. Lo transita con tristeza cuando se trata de realidad de los docentes en el país, de las muertes de sus compañeros en la lucha, del maltrato a la educación pública desde muchos sectores.

— Venía publicando libros más seguidos pero este llega después de un impase, me tomé mi tiempo ya que pasaron unos seis años. Estuve un poco enojada con las palabras, estaba con las palabras en huelga. Me replanteo el hecho de volver a escribir a partir de una anécdota, con la pérdida del diente de Nacho le escribí una carta al Ratón Pérez, puse en cuestión esto y retomé la escritura. Siempre fue la manera que encontré de contar lo que veía, o lo que no se veía pero se naturalizaba, no nos dábamos cuenta o estábamos anestesiados. Encontrar esta manera de decir me permitió desnaturalizar algunas cosas. Poder mirar desde otro lugar. Son tantas las cosas que pasan en las escuelas y no las vemos.

“Días de escuela”, editado por Último Recurso, se suma a la bibliografía escrita por Betty: “Crónicas desde la escuela”, “¿Se nace o se hace? Crónicas de una maestra” y “Guardapolvos y campanas”.

Su última producción está dividida en diferentes partes: entre relatos y poemas recopiló por un lado anécdotas con las que se encuentra cotidianamente por los pasillos de la escuela que a veces son situaciones que la atraviesan desde el dolor, otras desde la alegría. También decidió escribir sobre Carlos Fuentealba, docente asesinado en medio de una protesta en Neuquén, y María de los Ángeles Paris, bibliotecaria rosarina asesinada en una comisaría de la ciudad. A modo de epílogo, les dedicó un texto a sus alumnos y alumnas del profesorado, que se llama “Saldando deudas”. Por último, dejó espacio para una segunda vuelta sobre algunos textos publicados en sus libros anteriores, que están agotados pero que no quería que se pierdan.

—Los chicos nos interpelan todo el tiempo, es sorprendente la forma en que ellos entienden la realidad o como transmiten algún conocimiento o contenido. Nos ponen en cuestión, entonces dejar atravesarse por estas voces y estas miradas, me hizo sentir que no hay que bajar los brazos sino que hay que seguir peleando. Desde ese lugar sumo a los compañeros docentes que ya no están. Sobre Fuentealba intento escribir todos los años, para el aniversario de su muerte, a veces lo logro, otras no. Tiene que ver con que no se corte la memoria histórica, todos tenemos que recordar que mataron a un maestro. Con lo de María de los Ángeles me pasa lo mismo, quiero que se sepa, que nadie se olvide. Que los chicos y las chicas sepan quien fue Fuentealba. Lo digo en desde el micrófono en la escuela, para el Día del Maestro lo nombramos, para el Día de la Bibliotecaria hablamos de María de los Ángeles.

Gira que te gira, la rueda macabra no para.

Seguimos gritando “presente” en las plazas

Porque pesan las muertes en nuestras espaldas

Porque pesan los días cargados de injusticias atroces.

Hoy todos somos Chubut

Difícil es saber quién seremos mañana

Esta es parte de una poesía que Betty escribió sobre el conflicto docente en esa provincia, que todavía sigue vigente y mantiene su crueldad represiva.

—Mueren maestras en Chubut y yo siento la necesidad de escribir. El libro también está atravesado por las luchas y estas situaciones que nos duelen. Yo necesito ponerle palabras aunque a veces me cueste un montón. Lo que pasó en Chubut es la máxima expresión de una política de desguace de la educación pública. No es la primera vez que se cobran vidas docentes. Es desgarrador. Al mismo tiempo el escenario nacional está complicadísimo. Parece que es una política de destrucción de la educación pública desde muchos lugares, desde lo discursivo también. En el libro hay un texto que se llama el “Antídoto” que habla precisamente de cómo fabricamos antídotos para que no nos separen de la comunidad educativa, para la defensa de la escuela pública. Muchos instalan esta visión de que los docentes somos parásitos, que tenemos a los chicos de rehenes ¿Cómo construir vínculos cuando a los padres les están diciendo todo eso? El antídoto es construir de marzo a diciembre a partir del trabajo que hacemos todos los días en las escuelas para afianzar esto, desde el compromiso, el respeto, asumiendo nuestro lugar de docentes.

—En las escuelas todo esto se cruza con las propias historias de los chicos y sus familias, ¿Cómo lo abordan y encastran diariamente?

—Hace 32 años que soy docente, siempre digo que el lugar donde se ve todo esto es en el patio, ahí es donde se expresa la realidad. El futuro se puede ver desde el patio de la escuela. Cómo se vinculan los chicos entre ellos, la manera de relacionarse, con qué se insultan, qué es lo que se dicen cuando se pelean, si una para la oreja tiene una radiografía de la sociedad del momento. Lo importante es poder trabajar con esto que aparece, escuchar lo que los chicos dicen es la mejor manera para poder intervenir. Nosotros no podemos renunciar a nuestro lugar de adultos, a veces hay que intervenir, hay que desarmar algunos sentidos que los chicos traen, ellos están atravesados por la sociedad, la tele, por lo que viven todos los días. Es interpelar esto. No aceptar lo dado como natural y habitual. Por ejemplo, en relación a lo de los insultos en el patio, la palabra soldadito la escuché por primera vez como insulto entre chicos hace muchos años atrás, yo no entendía que se estaban diciendo hasta que me explicaron. Esto de alguna manera llega y llega porque les atraviesa sus vidas como cuestión social.

—¿Qué es lo que más te sorprende de los chicos y chicas?

—Los veo con mucho sentido crítico, con mucha capacidad de tomar la palabra, de agarrar el micrófono y hablar, eso es algo que fomentamos. Nosotros empezamos la jornada con la noticia del día. Entonces el que quiere viene al micrófono y cuenta. A veces tengo una cola interminable, los que más se animan son los más chiquitos. Cuentan que se les cayó un diente, que cumplen años, si les pasa algo a las familias. Se paran frente al micrófono con una naturalidad que a mí me encanta, me maravillo. Por otro lado la situación de las infancias es desgarradora, pero al mismo tiempo me sorprende que aunque sabemos que hay una historia terrible atrás, ellos están de pie, transitan sus días de infancia con una sonrisa.

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