«Florecerán pañuelos» es la convocatoria nacional de Abuelas de Plaza de Mayo en el marco de los 50 años de la última dictadura cívico militar. Actividades de bordado e intervenciones artísticas se multiplican en todo el país de la mano de organizaciones, gremios, estudiantes, espacios culturales y comunitarios. En Rosario, el Taller El Enredo de la ONG Mujeres tras las rejas reunió a más de cuarenta mujeres de distintas edades que se unieron para bordar memoria.
Son alrededor de las cinco de la tarde y sobre una de las mesas del bar Lado Oculto, Julieta borda su pañuelo blanco. La frase que eligió plasmar tiene que ver con la memoria y con las flores. Lo que renace y aquello que perdura. Aprendió a coser, quizá, al ver cómo lo hacía su abuela y su mamá, en esa transmisión generacional femenina que, puntada tras puntada, va hilando historias familiares. Cuenta que se sumó a la actividad a partir de una convocatoria que encontró por Instagram. “Me estoy interesando en el bordado y vi esta propuesta y me gustó para venir con amigas. Elegí bordar “la memoria florece” porque me parece que la memoria tiene que florecer, porque es historia nuestra, que no tiene que olvidarse hoy más que nunca.”, dice. A su lado está Clara, su amiga y Angelina, su hermana melliza cuyo pañuelo lleva la frase “que lo injusto no me sea indiferente”, haciendo alusión, dice ella, al contexto que estamos atravesando.
Julieta, Clara, Angelina tienen 19 años y se preparan para marchar a 50 años del último golpe cívico militar. Pero antes se juntaron a bordar un pañuelo blanco, el que llevarán ese día para recordarnos que la memoria todavía está tan intacta como viva.

Marina Gryciuk es la referente del taller El enredo de la ONG Mujeres tras las rejas, la organizadora de un evento que respondió al llamado de las Abuelas de Plaza de Mayo. Fue una de las tantísimas actividades que se replicaron a lo largo y ancho del país: pañuelos pintados, intervenidos, bordados, dibujados, multiplicados como medio y mensaje. “A los 50 años del golpe, invitamos a que el símbolo de la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia riegue cada rincón de nuestra patria para que florezcan las historias de solidaridad y los proyectos colectivos, de resistencia. Que esos pañuelos que trajeron verdades, restituciones, justicia, que consolidaron y promovieron derechos, que generaron esperanzas, se llenen de sueños e historia para que nos recuerden quiénes somos y que merecemos vivir con dignidad”.
En ese marco es que El Enredo- cuya obra colectiva «Diversidades» fue seleccionada por el Salón Nacional de Artes Visuales 2025- invitó a bordar pañuelos con frases y estampados. Se sumaron mujeres de distintas edades, algunas conocidas de la ONG y muchas otras no, como Angi, Julieta y Clara.
“En el bordado se arma un ritual maravilloso que es muy importante sostener, es un momento que nos atraviesa, donde charlamos, compartimos, reflexionamos. Eso mismo ocurre en los talleres dentro del penal”, explica Verónica, otra de sus integrantes. Aquello que desde hace diez años realizan al interior de la cárcel fue replicado en esta actividad donde 40 mujeres se encontraron para compartir un mismo deseo: que los pañuelos florezcan.
¿Qué potencia el bordado como herramienta de construcción de memoria colectiva?. Dice Marina: “El bordado tiene que ver con poder materializar algo que es simbólico y que nos atraviesa y eso lo vemos con las mujeres en el penal, ellas pueden apropiarse de esa técnica tan íntima y verse reflejadas en su bordado. Es una técnica que surge de los quehaceres familiares y se transforma en una herramienta política” y profundamente femenina.
No es casual, entonces, que los pañuelos que las Madres y Abuelas instauraron como una marca de resistencia colectiva, estén bordados. Lo familiar, lo femenino, el dolor, la denuncia y la memoria se traducen en esa puntada que nombra la ausencia. Pero también es el lenguaje del deseo. Bordamos lo que sentimos y lo que soñamos; bordamos para existir, para que la existencia no se convierta en horror. Eso nos enseña el legado de Madres y Abuelas: que a pesar del negacionismo actual, la memoria florece para seguir buscando a los nietos que faltan, a los cuerpos de nuestros desaparecidos o a las condenas judiciales que reparan tantos años de impunidad.

Bordar es un diálogo entre pasado, presente y futuro. Entre generaciones que se encuentran en ese acto de memoria, de artesanía paciente, de reflexión y acción. “El tiempo del bordado es un tiempo paciente, que contrasta con la inmediatez insomne y voraz del capital. Los bordados del dolor muchas veces son producto del insomnio ante la persistente injusticia. Bordar memoria en las megalópolis es descolonizar el tiempo, des-orientalizarlo. Bordar es una forma delicada, silenciosa y colorida de la resistencia. Es un camino sinuoso, sin pavimento en busca de justicia” plantea la Dra en filosofía de la UNAM Silvana Rabinovich.
Elisabeth es parte desde hace 20 años de la ONG Mujeres tras las rejas. Conoció a la organización mientras estuvo detenida en la cárcel de mujeres. Al salir en libertad, Eli siguió tramando colectivamente. Porque lo colectivo, dice, le salvó la vida. “Acá encontré la puerta a un mundo nuevo” cuenta Eli mientras borda su pañuelo. Mientras sueña y escribe un libro que habla de su propia historia de vida. Porque Eli es una sobreviviente de la violencia machista e incluso, de las huellas que deja el encierro. “El bordado me relaja, me hace sentir útil, me ayuda a conectarme conmigo misma”. Para ella, llevar un pañuelo blanco a la marcha es hacer memoria por tantas mujeres que lucharon. Es permanecer, dice.

El 24 de marzo se cumplirán 50 años de la dictadura genocida que desapareció a 30 mil personas y se apropió de 500 bebés, muchos de ellos nacidos en cautiverio. Las marchas prometen ser multitudinarias. Y en ellas, florecerán los pañuelos de las Madres y Abuelas, cada cuál con sus colores, sus formas, sus letras, sus dibujos, sus pinturas. Estampas de la memoria, de la vida, y de la historia.
