Viene una marcha numerosa. Muchos jóvenes, mucho ruido, mucha potencia, mucha alegría para amainar la bronca.
Y de repente Norita.
Pequeña gigante hecha de pañuelos. El blanco en la cabeza. El verde en la muñeca izquierda. El barbijo en la boca.
Todo, con ella, se multiplica.
Norita dijo alguna vez que la lucha por los derechos humanos no empieza ni termina en lo que concierne a un golpe de Estado.
Si hay una docente fumigada, la acompañará Norita.
Si hay un pueblo originario resistiendo en su tierra, visitará Norita.
Si hay un activista detenido, reclamará Norita.
A veces es confuso, y difícil, eso de predicar con el ejemplo.
Hasta que, de repente, Norita.
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A los 94 años falleció la imprescindible Nora Cortiñas, Norita, nuestro faro de todas las luchas. Mamá de Gustavo Cortiñas, secuestrado y desaparecido el 15 de abril de 1977. «“Esta es una historia colectiva” le decía Norita a enREDando allá por septiembre de 2013 cuando se estrenó en la ciudad, el documental de Miguel Mirra «Norita. Nora Cortiñas».
“Nora es una de las personalidades más importantes de las luchas sociales y populares, por su historia, por su presente, por su posición consecuente. Para nosotros es un ejemplo a seguir”, nos decía el director de una película imprescindible para conocer parte de la historia de vida de la enorme e incansable Norita Cortiñas.