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Economía Solidaria

“De acá no nos movemos”

Los trabajadores de la Toma convocan a un gran acto en apoyo al establecimiento sobre el que, una vez más, pesa una amenaza de desalojo. En una masiva asamblea pública se definió un plan de acción. La consiga es clara: “de acá no nos movemos”. Cinco tomas para entender la importancia de este emblemático lugar de lucha en Rosario. 

Por María Cruz Ciarniello

Primera Toma

-Acá nadie nos echa. Si queremos tomar algo, tomamos, y si no queremos tomar nada, no tomamos-, decía un jubilado hace ya cuatro años, mientras compartía un partido de truco con sus compañeros, religiosamente todos los días a la misma hora.

– Me siento como en casa, este es un lugar donde te dejan hacer-. Las palabras de una de las más de 40 micro-emprendedoras que tiene su local dentro de la Toma es una perfecta foto del lugar.

Un cortado caliente en invierno. Cerveza fría en verano. Una charla, alguien que canta retruco. La lectura de un estudiante, los debates de las organizaciones. Un almuerzo a 13 pesos con postre y bebida incluida. Saludos, partidos de fúbtol, reuniones y asambleas.

La Toma lleva 14 años pariendo vida en su interior.

Imaginemos por un instante todo lo que circula en este lugar: un Mercado Popular gestionado por la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular y un centro cultural; un espacio de atención del grupo Psicólogas del Puente y el lugar donde se reúnen las organizaciones del Espacio Juicio y Castigo Rosario. Es la casa de APDH Rosario, Familiares y el Ceprodh, de Las Safinas, Insgenar, Mujeres de Negro y Sin Barreras. El territorio donde se elabora artesanalmente la cerveza Desde el Llano, y el centro de operaciones de los músicos de la Cooperativa Cultural Engranajes. Es el bar y los libros de la Librería Obrera Federico Engels. Es el subsuelo donde se respira el arte, el Teatro del Oprimido y del grupo Las Magdalenas, donde los actores se organizan sindicalmente, así como también lo hacen los guardavidas. Son los Pañuelos en Rebeldía y la Radio popular Che Guevara. Es la Economía Social, con una amplia red de microemprendedoras vendiendo sus productos en cada uno de sus locales: artesanías, dulces caseros, chocolates, objetos de diseño. Es el hogar de la Mesa Coordinadora de Jubilados y Pensionados y de muchas otras organizaciones que aquí tienen sus sede.

Es sobretodo, fuente de trabajo de decenas de familias sobre las que desde hace 14 años, pesa una orden de desalojo constante. Una soga al cuello que ahorca cada vez que a un juez se le ocurre considerarlos “ocupantes”.

Hace tiempo uno de sus trabajadores decía:

-Acá no hay encargados. Tampoco jefes, patrones ni alcahuetes

¿Sabrá el poder judicial lo que significa defender la autogestión?

Segunda Toma

“Queremos trabajar y vamos a morir trabajando”, decía Pedro, uno de los responsables del bar cuando enREDando lo entrevistó tiempo atrás.

– Acá no se usurpó nada, esa es la palabra de los jueces, la palabra de los laburantes es trabajar-, señaló en aquel momento.

En ese entonces, la Toma cumplía 10 años de lucha. Pasaron 4 y las reflexiones son las mismas.

La Toma sigue peleando contra un sistema perverso que no tiene alma, mucho menos dignidad. No entiende lo que implica quedar sin laburo; lo que esa pérdida puede significar para toda una familia.

Pedro, con pocas palabras, supo decirlo todo:

– Nunca tuvimos el signo pesos en la frente, sino el signo lucha.

Y como una instantánea que se empecina en repetirse, aquella vez recordó ese primer día de toma en el que nació el Supermercado Comunitario, tras el vaciamiento empresarial y la pérdida de la fuente de trabajo. 300 personas en bicicleta les “hicieron el aguante”.

– Ese día, la policía llegaba con la orden de desalojar y se tuvieron que ir.

Tercera Toma

Para los síndicos y el poder judicial, los trabajadores organizados en la Cooperativa en Lucha de La Toma son “ocupantes”. De la misma manera que todas las organizaciones y cooperativas que se encuentran y reúnen en este lugar.

“La única manera de resistir el embate implacable del poder judicial que llegó a la instancia de declarar inconstitucionales dos leyes que expropiaron el lugar, es poner este espacio al servicio de todos. Los únicos que tienen prohibida la entrada son los que reivindican el genocidio, la mano dura”. Palabras de Carlos Ghioldi en el año 2011. Abrir las puertas del establecimiento y “acumular fuerzas”. Una gambeta al individualismo.

Esa gambeta sigue siendo tan vital como indispensable. En épocas de avances neoliberales, defender la historia de La Toma es un acto de sobrevivencia.

Una citación del juzgado donde se tramita la quiebra de lo que fue el ex Supermercado Tigre, colmó de preocupación, una vez más, a sus trabajadores.

Fue el pasado 4 de febrero cuando esta citación volvió a poner en jaque todo un proyecto de autogestión, trabajo y solidaridad. Porque La Toma también significa esto, como bien la definió Herminia Severini, Madre de la Plaza: un monumento a la solidaridad.

“El juzgado cita a los ocupantes del inmueble en el marco del expediente de 2001. La citación no dice más que eso, pero dice lo suficiente para dejar en claro que desconoce la ley Nº 12.964. Esa ley que se sancionó unánimemente por la Legislatura y que le dio a los trabajadores el uso del lugar es desconocida olímpicamente por los funcionarios del poder judicial”, expresó el presidente de la Cooperativa de Trabajadores en Lucha, al ser consultado por este medio.

En el 2009, a través de la ley 12.964, se logró la expropiación temporal del inmueble por parte del Estado. En su artículo 2º, esta ley expresa: “Los bienes expropiados serán adjudicados a favor de la Cooperativa de Trabajo “Trabajadores Solidarios en Lucha”, inscripta en el Instituto Provincial de Acción Cooperativa bajo el Expediente nº 4390/02, siempre que sean destinados a la consecución de sus fines cooperativos”.

El concepto de utilidad pública es fundamental. “Si tenemos un espacio administrado por nosotros, no nos transformamos en meros empresarios, sino en trabajadores que luchamos por un puesto de trabajo pero que no nos olvidamos de los compañeros desocupados, del movimiento estudiantil, etc”, explica Ghioldi.

Pero la justicia –como ya lo hizo en otras oportunidades – desconoce lo que dos leyes ya sentenciaron a favor de La Toma y hoy amenaza con un posible desalojo y el remate de sus instalaciones. La citación del Juzgado Civil y Comercial Nº 14 es para el próximo martes 22 de marzo. Los trabajadores, en Asamblea Pública y acompañados por cientos de organizaciones sociales, gremiales, de derechos humanos, ediles de la ciudad, estudiantiles y personas autoconvocadas, decidieron invertir el orden que impuso el poder judicial: ese mismo día realizaran un acto público, a las 18 hs en la puertas de La Toma invitando al juez a que se acerque al establecimiento a realizar un inventario social del lugar. “Venga a ver, señor juez, lo que hicimos en estos 14 años de lucha”, expresó Ghioldi. Ese es el desafío y la apuesta de quienes sostienen que acá, los brazos no se bajan.

– En estos 14 años de lucha nos enseñaron que no hay que quemar los cartuchos en una semana, hay que regularlos. Tenemos que tener un plan de lucha que nos permita 14 años más de resistencia-, señaló Carlos Ghioldi en la Asamblea Pública que se llevó a cabo con el fin de plantear una estrategia de lucha.

Hay un proyecto del diputado Luis Rubeo para pedir una nueva expropiación. Tenemos que movilizarnos mucho más que antes. Proponemos que este lugar sea ocupado de manera militante por todas las organizaciones populares. Que lo utilicen para sus actividades. Y el 22 vamos a hacer un acto popular para decir que acá estamos los trabajadores y que de acá no nos vamos a mover-.

Los aplausos cerrados reforzaron las palabras de Carlos Ghioldi. La Toma, el pasado 14 de marzo, desbordó de apoyos, adhesiones, acompañamiento. En esta asamblea también se decidió conformar un Comité en Defensa de la Toma que acompañe las gestiones legislativas y políticas que impulsen sus trabajadores.. Ya no son solo las 300 bicicletas haciendo el aguante, como hace 14 años atrás. La solidaridad se multiplicó, se parió una y otra vez durante todo este tiempo. Ese fuego se sintió en la última asamblea. Hay fuerzas para enfrentar cualquier embate judicial.

-De acá no nos movemos-, dicen.

Cuarta Toma

– La Toma es un lugar que sentimos como nuestro, no sólo porque la generosidad de los compañeros nos permitió tener un lugar donde funcionar, sino porque esta APDH Rosario la defendió desde el primer momento. Allí pasábamos las horas cuando creíamos que iban a venir a sacar a los compañeros, o corríamos desde nuestras casas, enterados a través de la red de más de 100 teléfonos. Allí pergeñamos la idea de pedirle a nuestro Presidente de APDH Nacional de entonces, Alfredo Bravo, el primer proyecto de expropiación. Allí realizamos una gran fiesta de APDH con más de 1000 personas, o trajimos a Osvaldo Bayer para que los apoyara. Con ellos marchamos y escrachamos-.

El testimonio le pertenece a Norma Ríos, histórica referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, para quien “la Toma es uno de los lugares emblemáticos de lucha y resistencia en Rosario”.

Así también lo sienten Las Safinas, una organización que trabaja por hacer visible los derechos de las mujeres lesbianas, y que desde hace años tiene su espacio en La Toma.

-Todas las organizaciones de diversidad sexual muchas veces elegimos La Toma como un espacio de reunión para organizar la Marcha del Orgullo. Para nosotras significa un espacio donde siempre encontramos compañerismo y solidaridad hacia la diversidad sexual y eso no sucede en muchos lugares-, señala María Eugenia Sarrías.

El tiempo transcurrió pero la sensación de “estar como en casa” sigue siendo la misma:

– Sentimos que este lugar es nuestro y por eso queremos defenderla. En este momento, en la Toma hay muchas organizaciones de mujeres, cada vez somos más. Y esto es muy importante, porque estamos viendo esa necesidad de estar más enredadas, de mostrar un trabajo en red de organizaciones de mujeres en La Toma y que esta sea la forma de defenderla. Queremos mostrar esta presencia en La Toma-.

María Eugenia Sarrías también destaca la importancia de empoderar a las mujeres que hoy integran la Comisión de la Toma. De fortalecer esa militancia con la presencia de organizaciones de mujeres en el establecimiento.

– Nuestra forma de defender el lugar es poner el cuerpo-. Esto dijo una vez Cristian Alvarez, de la Delegación de Actores Rosario que funciona en el subsuelo de La Toma. Y continuó: -Te encontrás con gente de distintos pensamientos, edades, historias que hacen a esto, poder pensar el lugar como un espacio público. Darle corporalidad a este espacio que no tiene que ver con pensar la ideología desde un escritorio, sino desde la acción permanente.-

Quinta Toma

¿Cómo se defiende un espacio de autogestión cuando la justicia tiene en sus manos el poder de avanzar con un desalojo? Con presencia, con acción, con movimiento. Estas son las claves.

Dice Ghioldi: – Nosotros siempre dijimos que no éramos una empresa recuperada, sino un establecimiento en manos de sus trabajadores puesto al servicio de la comunidad. No recuperamos los lucros empresariales sino que pusimos el lugar al servicio de los demás compañeros trabajadores, desocupados, cooperativas, etc-.

La convocatoria es que todas estas organizaciones del campo popular se acerquen el próximo 22 de marzo para acompañar a la Toma, como siempre se hizo, desde aquel 2001 en el que la crisis provocada por gobiernos neoliberales generó despidos y cierre de empresas y fábricas. Los trabajadores impulsaron nuevos modelos de gestión, fundados en el cooperativismo.

La historia pareciera repetirse, en este 2016 y bajo un gobierno con un claro perfil empresarial, de la peor manera. Será la unión, la militancia en las calles y la participación en cada marcha y en cada asamblea, las estrategias esenciales para hacer frente a lo que está aconteciendo. No es casual esta citación, en este contexto.

– Tuvimos ofertas concretas de alquilar a comercios los locales, de que el comedor fuera un convenio con una cadena de restaurant de comida rápido y que el galpón donde funcionan las cooperativas fuera el depósito de un mayorista distribuidor. Sin embargo, en asamblea, los trabajadores decidieron que La Toma “esté al servicio de los sectores populares”, decía Ghioldi hace tiempo, en una nota con enREDando.

La Toma es un ejemplo de esa lucha en Rosario. Y por eso, tanto molesta.

Es la foto que muestra que sí, se puede: sin patrones, sin jefes ni alcahuetes.

Nota relacionada: En defensa de su historia

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