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Buenas Prácticas 0

Su nombre es semilla feminista

Hace dos años nació el colectivo feminista Las Pauluzzi. Son ocho sus integrantes, todas docentes y compañeras de trabajo en los equipos de Educación Sexual Integral de la provincia. Llevan el nombre de una referente feminista histórica, pionera en instalar en la agenda pública la necesidad de impartir contenidos ESI en las escuelas: Liliana Pauluzzi. Defender la educación sexual integral y los derechos de niños y niñas es uno de los objetivos del grupo. Las Pauluzzi también impulsan una investigación sobre el uso del preservativo femenino y la ausencia de políticas públicas para su difusión, distribución y fabricación. 

Por María Cruz Ciarniello

Son docentes, trabajadoras, feministas. Hace dos años empezaron a juntarse para conformar, en principio, un grupo de estudio. Al poco tiempo comenzaron a sentir que necesitaban “intervenir sobre la realidad” de alguna forma: salir a las calles, articular con otras organizaciones, investigar, defender un derecho fundamental: la Educación Sexual Integral en las escuelas y en ese sentido, de niños, niñas y adolescentes a recibir herramientas fundamentales para vivir una vida libre de violencias y de plena autonomía de su sexualidad.

Las ocho integrantes de Las Pauluzzi son compañeras de trabajo: todas integran los equipos ESI de la provincia de Santa Fe. Pero además, desde el 2015 conforman un colectivo feminista que se suma y aporta a la militancia del movimiento de mujeres dinámico y activo que sale a las calles para decir Ni Una Menos; para defender lo conquistado, reclamar por todo lo que hace falta y denunciar cada una de las responsabilidades políticas e institucionales que sostienen el sistema patriarcal.

El nombre del grupo no es azarozo y en él, radica la vitalidad y la importancia de una referente histórica del feminismo en Argentina: Liliana Pauluzzi fue la primera en instalar en la agenda pública, allá por los años 80, la necesidad de contar con educación sexual en la formación de niños, niñas y adolescentes. Es una de las principales feministas en abordar la problemática del abuso sexual infantil, poniendo el cuerpo y su profesión para bregar por los derechos de niños y niñas. Además, es Pauluzzi una de las fundadoras de la histórica organización Casa de la Mujer. Allí, Claudia Mauri –quien hoy integra las Pauluzzi- dio sus primeros pasos en la militancia feminista.

A Claudia se le llenan de lágrimas sus ojos cuando menciona a Liliana y todo lo que aprendió en Casa de la Mujer. ¿Cómo no llevar su nombre y su lucha como bandera?.

“Liliana es una psicóloga iniciadora de muchos temas de sexualidad, ella fue la que impulsó la primera ordenanza del 19 de noviembre, atendiendo casos de abusos sexual terribles, empezó con educación sexual integral y fue la primera que empezó con un proyector y diapositivas de la Aventura de Crecer, yendo escuela por escuela, y pasando esas imágenes con texto para que las docentes empezaran hablar de ESI. Y todo empezó porque sus hijos querían saber del tema, y en diálogo con toda su familia, sus hijos empezaron a construir qué cosas de la ESI querían saber, de qué manera, esos fueron los primeros pasos”, recuerda.

Casa de la Mujer se fundo en 1986. Claudia se integró en el año 92. “Fui a un seminario que ella daba, y ese día, me dije: “de acá no me voy”, encontré todas las respuestas que venía buscando y me quedé trabajando ahí.”

Llevar su apellido como nombre de la agrupación salió espontáneamente de todas las integrantes. “Creemos que los homenajes hay que hacerlos en vida. Les preguntamos a sus hijos y a ellos les pareció muy bien”. Claudia vuelve a emocionarse: “ella siempre decía que nunca iba a ver los cambios porque es un trabajo muy de hormiga. Nosotras ahora vamos viendo esos cambios que ella no alcanzó a ver, cómo, por ejemplo, muchas jóvenes se van sumando al feminismo”.

La conversación se retrae a los años 90. Resulta imposible entender la dinámica del movimiento feminista en Rosario sin referenciar el enorme trabajo de muchas mujeres y de organizaciones que construyeron los cimientos para seguir batallando por Educación Sexual Integral, por la lucha por el aborto legal, y por tantas conquistas en leyes que hubo en el país. “Son las organizaciones que han motorizado como Indeso, Insgenar, Casa de la Mujer, Desde el Pie. Y sin duda la lucha de todas ellas hizo que en el 2006 se efectivizara la Ley Nacional de Educación Sexual Integral. Hubo un movimiento de mujeres inmenso que comienza a plantear una situación en la que Estado debía hacerse garante de derechos que estaban siendo absolutamente vulnerados por su inexistencia, entonces, para nosotras, es una referente enorme”, señala otra de Las Pauluzzi, Raquel Gonzalez.

Preservativo femenino: de eso no se habla

Si bien las ocho “Pauluzzi” trabajan en escuelas dictando los talleres y cursos de la formación en ESI, la necesidad de militar por fuera del ámbito institucional se transformó en un objetivo. “Necesitábamos sumarnos a la militancia en el territorio feminista”, sostienen. Y así lo vienen haciendo desde hace dos años. ¿De qué manera?

Uno de los primeros trabajos que impulsaron fue una investigación, a fines de 2015, sobre el preservativo femenino: un tema poco abordado, silenciado y de escasa importancia para el Estado y las empresas que deberían fabricarlo.  La investigación fue realizada en conjunto con el Centro Tecnológico de Plásticos y Elastómeros del Politécnico. “Ellos aportaban la mirada técnica y nosotras todo el abordaje cultural”, explican. El proyecto de investigación consistía, básicamente, en estudiar la factibilidad de fabricar un preservativo femenino en el país: es decir, si se contaba con la tecnología necesaria y los procesos productivos para poder hacerlo. Otro aspecto de la investigación consistió en trabajar las representaciones sociales en torno a este método de cuidado para las mujeres.

Algunas conclusiones a las que llegaron es que ningún preservativo se fabrica en Argentina aunque existan todas las condiciones para poder llevarlo a cabo. “El problema son las políticas públicas. No hay interés en hacerlo. Copeco fabrica globos porque es más productivo que hacer un preservativo femenino. Ni el Estado ni las mujeres lo demandan porque muchas mujeres desconocen de qué se trata, nunca lo tuvieron en la mano. No hay una demanda individual ni tampoco estatal. Es factible de ser fabricado en Argentina pero no hay voluntad política. Hemos hecho entrevistas a profesionales de la salud y la mayoría dice que no había tenido acceso al producto, por eso tampoco podían contestar preguntas en cuanto al diseño.”

El desconocimiento sobre un método anticonceptivo fundamental y que proporciona a las mujeres, una gran autonomía para un real ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos, es el principal impedimento no solo para su fabricación local, sino además, para su comercialización. En el mercado no se consigue y tampoco el Ministerio de Salud de la Nación se ocupa de distribuirlo.

“No se fabrica y no se importa”, explican. Argentina no es el único país donde cuesta muchísimo acceder a un preservativo femenino. “En España logramos conseguir 3 muestras de casualidad”,  que fueron aportadas a la investigación para conocer su diseño y calidad. El acceso no se dá a nivel mundial. En México, por ejemplo, “solo era utilizado por las mujeres en situación de prostitución, es decir no estaba pensado para todas las mujeres. Las investigaciones que pudimos encontrar tenían que ver claramente con una mácula del uso del preservativo para mujeres, y en realidad es porque esas mujeres deciden autónomamente cómo protegerse. Para nosotras la palabra fundamental de sinónimo de preservativo femenino es autonomía. Se puede poner entre 3 a 5 horas antes de la relación sexual”, destaca Carmiña Sciarratta, como una de sus principales ventajas. “Implica para las mujeres una mejor protección contras las ITS, ya que la vulva está parcialmente cubierta por un aro exterior que mantiene el dispositivo en su lugar”, especifica la investigación.

Para Las Pauluzzi “hay puntas muy interesantes para seguir investigando, no tiene techo esta investigación, es un primer acercamiento a la problemática. Por lo pronto, los resultados fueron muy interesantes.”

No solo la fabricación es un aspecto que poco importa para el mercado y también para el Estado. Los “estigmas” y mitos en cuanto a su diseño, su uso, su aplicación, pesan al momento de hacer una elección autónoma de cómo queremos cuidarnos las mujeres. “Se le empiezan a hacer alguna serie de asociaciones que no son ingenuas, que es incómodo, que hace ruido, el preservativo femenino comienza a tener una “mala prensa”. Después se modifica el tipo de material para que no haga ruido. Con este nuevo plástico tampoco habría alergia al látex. Lo mismo ocurre con la copa menstrual, desde el punto de vista médico nadie la nombra pero muchas mujeres la usan igual, las mujeres tenemos otras necesidades que no son vistas desde el punto de vista institucional y político”.

La investigación exploratoria también incluyó la realización de una serie de encuestas: 475 personas fueron encuestadas dentro del Departamento Rosario y el Departamento Iriondo de la provincia. El 57% de todas las encuestas se llevaron a cabo en la ciudad de Rosario. El 65 % de las mujeres encuestadas aseguró haber escuchado hablar del preservativo femenino pero, sin embargo, el 85 % jamás tuvo acceso a uno: es decir, no lo conoce. El 61% no sabe cómo se utiliza y solo un 1% lo utilizó alguna vez. Lo llamativo es que, a pesar de este enorme desconocimiento, el 80% lo usaría si estuviera disponible.

Otra de las encuestas estuvo dirigida a los y las profesionales de la salud. “Se llevaron a cabo quince entrevistas semiestructuradas, en su mayoría realizadas en los centros de salud municipales y provinciales y en menor medida en instituciones privadas de la ciudad de Rosario. Las especialidades incluidas fueron: ginecología, enfermería, generalista y psicología. Se entrevistaron a trece mujeres y a dos varones.” El 80 % indicó que recomendaría su uso en caso de estar disponible y un 50 % respondió que una de sus principales desventajas es el alto costo del preservativo. Entre las conclusiones, destacan: “El personal de salud ha escuchado hablar del preservativo femenino en su formación académica pero nunca ha tenido acceso al mismo, excepto una médica, por lo tanto consideran que saben muy poco de su utilización y diseño”.

La batalla por la ESI y una lucha histórica

Desde el año 2006 Argentina cuenta con la Ley Nacional de Educación Sexual Integral, un instrumento legal imprescindible para avanzar en la formación con perspectiva de género y diversidad sexual desde la primera infancia. Sin embargo, la lucha por su implementación y real aplicación es una larga batalla que viene dando todo el  feminismo en el país. “Sin ESI no hay Ni Una Menos”, es una de las consignas que levanta el movimiento de mujeres y constituye, más que una consigna en un reclamo contundente para el Estado. Hablar de erradicar la violencia machista que hoy se lleva la vida de una mujer cada 18 o 24 horas implica necesariamente integrar una educación no sexista en todos los niveles educativos y en la formación docente.

“Creemos que la ESI tiene que estar en todas las formaciones porque te cambia la mirada de ver el mundo”, sostienen las Pauluzzi. Defender su aplicación y luchar por que en Santa Fe se sancione una ley provincial que la garantice es también otro de los propósitos del colectivo feminista.

El nombre de Liliana Pauluzzi resuena con fuerza. Fue ella la que sembró las primeras semillas para hablar de sexualidad en las escuelas y derribar estereotipos de género fuertemente arraigados. Autora de numerosos libros sobre el tema, seminarios para docentes y profesionales, Pauluzzi es una referencia ineludible. Una luchadora imprescindible para entender cómo se logra en Argentina, sancionar una ley tan necesaria.

Uno de sus libros “Educación Sexual y Prevención de la Violencia” que fue publicado por Hipólita Ediciones en el año 2006  articula claramente la educación sexual con las problemáticas de género. En el mismo, Pauluzzi comparte el marco teórico, las técnicas y actividades de los seminarios taller de capacitación que desarrolló junto al equipo de Casa de la Mujer con docentes y profesionales de su ciudad natal y de otras ciudades del país. En el año 2010, se presentó una colección de 6 tomos destinado tanto a niñxs como adultxs. “La sexualidad”; “Los cambios de la infancia a la adolescencia”; “Rosa, celeste o todos los colores”; “Las relaciones sexuales y afectivas”; “El nacimiento de una nueva vida”; y “Ser sanas y sanos sexualmente” fueron las 6 unidades que compusieron dicha colección. Las mismas fueron pensadas por la autora como una nueva herramienta de aprendizaje para todos lxs niños y niñas y para abordar los temas que la propia escuela, o el propio seno familiar no hacía.

Muchos avances logrados en materia de salud sexual y reproductiva se deben, sobretodo, a la tenacidad que han tenido mujeres como Liliana Pauluzzi. Basta mencionar la primera ordenanza rosarina en anticoncepción de emergencia sancionada en el año 2002, y cuyo texto fue elaborado por el grupo de Casa de la Mujer o la ordenanza municipal de Prevención y Detección del Abuso Infantil en el año 2000, estableciendo el 19 de noviembre como el Día Mundial para la Prevención del Abuso Sexual Infantil.

Desde Casa de la Mujer, el trabajo de Pauluzzi junto a otras militantes, entre ellas Claudia, fue fundamental: seminarios, talleres, incidencia en políticas públicas, investigaciones, edición de libros y materiales didácticos y diferentes experiencias educativas con alumnxs se suman a una labor que es necesario mencionar. “No se puede trabajar el tema de la violencia si no se toca el tema de la sexualidad, que es mucho más que la genitalidad”, explicaba Liliana. “La familia moderna, surgida de la alianza entre la Iglesia y el capitalismo que establece un correlato entre moral sexual y represión social, introduce jerarquías. Y la violencia se produce cuando hay desequilibrios de poder, cuando se cuestionan esas jerarquías”, le decía la psicóloga feminista a enREDando. Corría el año 2002. En su libro “Educaciòn Sexual y Prevención de la Violencia”. Pauluzzi escribía: “La educación sexual es educación para la vida. Es educación para la salud. Tiene que ver con la información, pero fundamentalmente con el compromiso de un cambio social”.

 2017: La ESI se defiende

La llegada del gobierno de Mauricio Macri en el 2015 significó un grave retroceso en políticas públicas tendientes a proteger los derechos de las mujeres y del amplio colectivo de la diversidad sexual. Quienes integran el Programa Nacional de Educación Sexual Integral han cuestionado seriamente la reducción de presupuesto destinada al área y que, a su vez, afecta notablemente el trabajo que se realiza en las provincias. Santa Fe –sin embargo – es la única que cuenta con un equipo propio de docentes que garantiza su aplicación en las escuelas provinciales.

“El Equipo de Nación no se desmanteló pero no hay recursos. No hay casi presupuesto para el Programa. Ellos realizaban charlas itinerantes en las provincias , iban 10 tutores que trabajaban con 500 personas en un lugar y eso ya no se realiza más. Además, se dejaron de hacer publicaciones muy importantes, no hay material nuevo ni reimpresión de lo anterior. A nosotros nos afecta en los recursos materiales y didácticos”, señalan las docentes que integran Las Pauluzzi.

19141888_1761019897523008_302629110_nEl programa de ESI en Santa Fe incluye capacitaciones virtuales y módulos presenciales con docentes, estudiantes y con ambos al mismo tiempo. El trabajo es intenso, a pesar de todas las dificultades. “Recorremos las instituciones educativas con diferentes dispositivos de formación de acuerdo a los distintos niveles. Hacemos un trabajo que articule los cuatro niveles que hacen a la constitución del sistema educativo. El virtual es de dos meses pero sigue hasta fin de año. Hay mucha intervención docente, es un trabajo teórico y práctico y una participación muy activa que e pedimos que tenga el estudiantado, hacemos mucha hincapié que los estudiantes tengan una participación activa en este proceso de apropiación de contenidos”, señala Carmiña.

Raquel agrega: “La ESI requiere un dispositivo de formación docente a nivel inicial, nivel primario, secundario y la educación superior, uno los logros más importantes es la creación de cátedras de ESI en los profesorados docentes, desde el año 2012 hay cátedras en el profesorado inicial y primario y lo que se logró en estos últimos años es avanzar en una reforma curricular en los otros profesorados para que también tengan de manera obligatorio un seminario de ESI para que ya esté presente en lo que se conoce como la formación inicial de los y las docentes”.

El marco legal con el que cuenta la provincia es una normativa del año 1992. La necesidad de actualizar la legislación y adecuarla a las leyes vigentes a nivel nacional resulta imprescindible y es uno de los reclamos del movimiento de mujeres en Santa Fe.

El proyecto provincial que creaba el Programa provincial de Educación Sexual Integral y derogaba la antigua ley, estuvo a un paso de obtener la media sanción en la Cámara de Diputados de la Legislatura santafesina. Fue presentado en junio de 2016  por el diputado Julio Garibaldi. Pero el lobby y la presión, en este caso de pastores evangelistas, tuvo mucho más peso que la importancia de garantizar una educación no sexista y no estereotipada en las escuelas, de forma obligatoria y entendiendo a la ESI como un derecho esencial de lxs estudiantes.

La Comisión de Asuntos Constitucionales no dio el dictamen para que el proyecto pudiera ser discutido en la cámara baja, a pesar de haber sido aprobado sin dificultad en la Comisión de Educación y Presupuesto. “Nosotras teníamos rumores de que se habían acercado los evangelistas para pedir que la ley no salga, y que el contenido se incluyera en el proyecto de ley de Educación que se está discutiendo. Tenemos la carta que ellos presentaron, con un número de expediente. Este proyecto de ley de ESI venia a tomar toda la legislación nueva que había surgido desde hace dos años, era muy necesario”, explica Claudia. La Ley nacional fue sancionada en el año 2006. Por fuera de ella quedó todo lo incorporado en la leyes que se lograron aprobar años después: Ley de Matrimonio Igualitario y Ley de Identidad de Género. Este proyecto de ley provincial, que estaba en consonancia con la ley nacional, no solo incorporaba de manera clara todo lo referido los derechos del colectivo LGBT sino que además, establecía la conformación de un equipo estable de docentes para impartir los contenidos de la ESI. “Este proyecto viene a institucionalizar un trabajo que ya lleva casi diez años en la provincia, un trabajo muy serio y sistemático que ya se hace”.

Con respecto a las trabas que surgieron, Las Pauluzzi –quienes estuvieron atentas al seguimiento del proyecto junto al Frente por la ESI y otras organizaciones de mujeres – explican: “Sabemos que querían incorporar algunas modificaciones, como por ejemplo, que las familias tuvieran el derecho de definir qué tipo de contenido de educación sexual iban a recibir. También querían agregar la dimensión cultural y espiritual”. Dos reformas que afectaban seriamente el derecho a la educación laica y a la posibilidad de que niños y niñas pudieran adquirir herramientas fundamentales para defender sus derechos.

El movimiento de mujeres fue el que denunció públicamente las presiones de pastores evangelistas para impedir que el proyecto avanzara. “Nos decían que nosotras habíamos mal interpretado la situación. Y claramente no habíamos entendido mal. La ESI es una revolución cultural y sancionar una ley provincial que revolucionaba culturalmente la provincia y hacía realidad una política pública tan interesante como esta, sin duda iba a generar este tipo de resistencias”.

Los que las Pauluzzi no logran entender es cómo se logra frenar un proyecto de esta magnitud cuando, al mismo tiempo, la provincia es pionera en sostener un equipo de docentes que ya imparten contenidos de Educación Sexual Integral desde hace por lo menos, ocho años. Pero “el problema es que no sabemos qué puede suceder de acá a unos años. La ley venía a institucionalizar este trabajo. A respaldarlo”, acuerdan.

Hoy, el proyecto de ley de ESI en Santa Fe está absolutamente frenado. No así la activa militancia de las organizaciones feministas que siguen instalando el debate y accionando para defender la Educación Sexual Integral en todos los niveles educativos. Saben que es un lento proceso y que las transformaciones se dan a lo largo de los años. Pero las semillas que mujeres militantes como Liliana Pauluzzi han desparramado, comienzan a dar frutos:  la inmensa cantidad de mujeres, niñas, adolescentes que se suman a las movilizaciones y que, incluso, potencian las consignas y construyen nuevos modos de relación y de activismo, son algunos de esos logros. Lo es también, el nacimiento de nuevas colectivas y agrupaciones feministas que redoblan los reclamos, incorporan nuevas reivindicaciones y copan las calles en cada una de las marchas. Claudia recuerda aquellos años en que las movilizaciones se hacían prácticamente en soledad y con escasa cobertura mediática. “Estábamos invisibilizadas”.

“La agenda feminista tiene una incidencia en la institución educativa y eso está buenísimo”, sostienen, recordando las grandes resistencias que las misma institución educativa presenta a la hora de incorporar perspectiva de géneros en los contenidos curriculares de manera obligatoria “Las instituciones educativas también tienen una matriz heteronormativa, sexista, entonces también se esta proponiendo modificar la estructura misma de lo que son las instituciones educativas, pensemos por ejemplo en los espacios de educación física. En 4rto grado hay una segregación por género, por ejemplo, y esta práctica la venimos arrastrando desde hace casi un siglo, y cuando se propone repensarla hay muchas resistencias porque los profesores dicen que va a perjudicar a los varones, que tienen otro rendimiento físico, etc. Es muy complejo”, apunta Raquel.

Y Carmiña cierra: “Yo creo que el movimiento de mujeres instaló la importancia de la ESI en las escuelas. Con la Esi venimos a ponerle respuesta a la pregunta de qué hacer para ponerle fin a los femicidios, nada más y nada menos. Ese es el cambio.”

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