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Géneros y Diversidad Sexual 0

Conocer a la tía trava

El libro Crianzas de Susy Shock es una invitación para ponerse en los zapatos de una tía trans. Es hacer el ejercicio de caminar tropezando con muchas piedras. Andar mientras los otros se codean, se persignan o se ríen con sorna. ¿Cuántas veces miramos al otro con desprecio? Una obra para limpiarse los prejuicios y aprender a mirar.

Por Vanina Cánepa. Fotos: Sole Pellegrini para La Tetera

Susy Shock se mueve frente a su público como si estuviera en su casa. Toma el micrófono y la gracia le sale sin hacer esfuerzo. En un microsegundo pasa de la reflexión política a la humorada, al rato mezcla las dos cosas. Lee sus textos. No. Mucho mejor, los interpreta. Mira a los ojos. Después abre su abanico negro y se refresca.

Susy Shock dice que es Susy Shock porque su mamá y su papá lo abrazaron mucho. Porque le dijeron siempre que era hermoso como era. Susy Shock creció en dictadura militar, pero nació en una familia libre. Esa libertad hoy le permite nombrarse. Se dice trava y sudaca. Artista. Escritora, cantante, docente. El primer hijo de la madre que fue después. Un monstruo. Ni varón ni mujer, ni XXY ni H2O[1]. Susy Shock se nombra porque sabe que el lenguaje construye al mundo. Sabe que nombrarse es existir. Volverse visible. Y cuando alguien se hace visible, es mirado por otras personas. Susy Shock también sabe de eso. Sabe que la mirada del otro puede ser cruel. Puede lastimar infinito, tanto puede lastimar, hasta el punto de preferir no mostrarse, no existir, dejar de ser.

Acaso de toda esa sabiduría nace Crianzas, Historias para crecer en toda la diversidad, el libro que vino a presentar a Rosario invitada por la Revista La tetera. Crianzas es una obra que invita a restregarse los ojos para limpiarse los prejuicios y volver a mirar al otro con la mirada menos contaminada. La nueva producción de Susy Shock, publicada por la editorial autogestiva Muchas nueces, tiene como protagonistas a Susy, la tía trava y a su sobrino Uriel. El texto narra escenas de sus vidas cotidianas que transcurren en el conurbano bonaerense, breves relatos en donde las rutinas diarias como ir al mercado, buscar al nene a la escuela o salir a comprarse zapatillas, son observadas con sospecha cuando las hace una persona trans. Es una invitación para ponerse en los zapatos del otro y hacer el ejercicio de caminar tropezando con muchas piedras. Andar mientras los otros se codean al verte pasar, se persignan o se ríen con sorna. Pero al mismo tiempo Crianzas es un abrazo profundo, es la construcción de un vínculo lleno de amor entre una tía generosa y su sobrino que la ama porque le enseña la magia del juego, le cuenta cuentos, lo invita a ver las hadas voladoras y los payasos coloridos del circo y planifica con él las vacaciones en el mar. Es tan poderosa esa relación como prejuiciosa la mirada de los que miran y al final del juego, la pregunta prevalece: ¿Quién es el que tiene el verdadero problema?

“Lo malo es que te dejen sola no por algo que hiciste, sino por algo que sos”, dice Claudia Acuña en el prólogo de Crianzas. La periodista de la Cooperativa La Vaca, tuvo mucho que ver con la publicación porque, antes de convertirse en libro, Crianzas fue un micro radial realizado por Susy Shock y producido por ese espacio autogestivo. Nació de la necesidad de abrazar a la niñez y regalarles la diversidad del mundo. Y al mismo tiempo de una demanda del colectivo trans. “Estamos necesitando que esta sociedad nos abrace porque sentimos que no estamos en la agenda emocional del país”, dice Susy Shock convencida de que el poder de los abrazos puede sacudir las estructuras del mundo.

Las imágenes que forman parte de Crianzas surgen de historias de la vida real. “Estas infancias crecen con nuestros abrazos y nosotras vamos creciendo con sus abrazos y de repente el mundo te los toma. Entran al jardín de infantes y se encuentran con el rincón de las nenas y el de los nenes, con que el pelo largo no es para los nenes. Y antes estábamos nosotras en su cotidianeidad y empieza esa contradicción que va doliendo en las infancias porque hay un mundo de abrazos como super ideal y después hay un mundo que empieza a disciplinarte afuera y ese disciplinamiento va directamente a esos cuerpecitos”, recuerda Susy Shock al pensar en cómo cambia la negociación que las infancias tienen que hacer con ese mundo, con eso que quieren, en este caso con una tía trava. “Yo creo finalmente que estar mezclados con ellos y con ellas va a ser que sean otras personas en el futuro, indudablemente”.

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Susy Shock lo sabe porque tiene una hija, Anahí Bazán Jara, que además de ser su hija es la ilustradora del libro. En trazos negros, blancos y rosas sus dibujos recrean el mundo de la infancia, un cuaderno de escuela, el gesto amoroso de cuando te atan los cordones, la emoción de recibir una porción de torta, la felicidad sencilla que tenemos al sentarnos con alguien que queremos en el banco de una plaza.

-El libro se llama Crianzas y la bajada es crecer en toda la diversidad. ¿Cuál es el sentido que encierra esa frase?
El mundo es la diversidad, no somos todos iguales, no tenemos que ser todos iguales. Hemos cometido quizás el error como colectivo trans, de pensar en la palabra igualdad a la hora de buscar derechos, pensamos que esa palabra era la que sociedad iba a entender mejor y la verdad es que no es la igualdad lo que queremos. No somos iguales ni vamos a ser iguales y eso es lo rico. Somos diversos y ese es el gran tesoro de esta humanidad, que no nos tengamos que parecer. Después tenemos que tener protecciones concretas, legalidades que nos incluyan y que no nos desamparen. Pero somos todos distintos y eso está buenísimo, eso no nos confronta, al contrario, nos enriquece.

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Susy Shock conoce que la diversidad es difícil en un mundo que aún hoy asesina a las  personas trans por el hecho de ser trans, que condena a pena de muerte a los homosexuales por ser homosexuales. Son crímenes que se producen por la condición del otro, por el desprecio a lo que es el otro. “Esta es una sociedad hiper cínica, que dice no matarás como consigna máxima y lo único que hace sistemáticamente, es matar. Entonces ¿Cómo crecen nuestras infancias adentro de ese cinismo? Creo que hay que reforzar eso de los micromundos sino vamos a tirar a nuestras infancias a una picadora de carne”.

Susy Shock sabe que los orígenes de ese desprecio hay que rastrearlos varios siglos atrás y que la humillación no es gratuita y casi siempre, se relaciona con el poder. “Venimos de un mundo de culturas y milenios de imposición. Yo te impongo eso que sos y siempre hay alguien que lo hace desde una superioridad jerárquica. ‘Soy el conquistador, vos indio no tenés alma, entonces yo puedo abusar de vos, robarte las tierras, abusar de tu familia’. Esto se puede llevar a todos los ámbitos”. Susy Shock habla de los discursos hegemónicos, esos sentidos que se construyen como si fueran comunes o naturales y que no sólo reproducen el orden establecido sino la forma con la que ese orden se estabiliza. Y para ello clasifica, ordena, etiqueta y todo lo que no entra en los compartimentos estancos, hace ruido, genera peligro. “Yo creo que todo lo que no corresponde a lo binario, blanco, occidental, clase media, es amenazante. Sentimos que nos amenaza todo lo que es distinto. Ese es el cuento que compramos. Se tiene miedo a lo que se desconoce. Lo que desconozco me abruma porque amenaza lo que yo soy”, opina.

La tía trava de Crianzas es más buena que Susy Shock o al menos así dice ella. “Aunque tenemos nuevas leyes que me permiten tener en el documento el nombre que siento para mí, todavía la ley no puede hacer mucho para que dejen de cargarlo a mi sobrino con ‘su tío que se disfraza de mujer’. No vengo a retarte; vengo a que me conozcas”, dice la tía trava en el primer relato y convida a la sociedad a dejar atrás la ignorancia para relacionarse a partir del conocimiento del otro y no desde el prejuicio que construimos del otro. “Ella como que da más oportunidades”, bromea Susy Shock: “Se detiene frente a las personas insolentes y les da una oportunidad. Yo ya no pierdo el tiempo en hablar con interlocutores con los que sé que no hay eco. No tengo ganas, hago síntesis. Es tanto lo que hay que abrazar entre pares, tanto desde donde tenemos que reforzarnos, que siento que se gasta mucha energía en tratar de convencer al no convencido”. La tía que escribe en cambio “intenta evangelizar a ese mundo torpe y violento” y siembra la semilla para que los adultos y las nuevas generaciones aprendan de nuevo a nombrar la diversidad del mundo.

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Los relatos de Crianzas son poderosos porque cualquiera que sea tío, tía, madre, abuela, padre, cualquiera que tenga un vínculo de amor con un niño o una niña, se siente identificado y es desde ese amor que se invita a meterse por un rato en la piel de una tía trava. Desde esa experiencia sútil, se convoca a pensar en el otro, a sentir cómo serán sus días, sus luchas, sus esfuerzos cotidianos. Las formas de vivir la alegría quizás sean las mismas, pero las tristezas parecen más dolorosas cuando los dedos que señalan te anuncian a cada paso que no encajas en este mundo.

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El auditorio donde Susy Shock presenta el libro en Rosario está lleno de esas historias. Historias que encuentran ahí un bálsamo, un abrazo de Susy Shock. Una de esas mujeres se anima a hablar y cuenta que de pequeña fue una niña trans. Dice que ahora lo puede decir orgullosa pero que hace 25 años no podía. Cuenta que en la escuela le dolían los golpes de los chicos que le pegaban al grito de puto y marica pero recuerda que lo que más le dolía era orinarse cada día mientras regresaba a su casa. “No podía ir al baño. Si iba al de nenes me pegaban pero al de las nenas no podía ir porque era varón. Llegaba a mi casa meada todos los días”. Eso es la violencia, resume Susy Shock. Si bien Crianzas no habla de las infancias intersex -personas que tienen características físicas de ambos sexos- sí que ayuda a comprenderlas. “Nace una crianza y el mundo recibe a un heterosexual, nena o nene, no recibe otra cosa, no abraza esa aventura que implica lo intersex para que después esa crianza cuando quiera, lo defina. Es la ciencia la que determina y las madres y los padres, obedecen. Hay experiencias muy dolorosas. Una ciencia que abrace debería ser eso: alguien que permita transitar eso otro”.

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Susy Shock dice que le gustaría que el libro llegue a todas aquellas personas que se comprometen con las crianzas. Cree que es un libro que tiene señales antes que respuestas. Una excusa para abrir el diálogo, dice, para ponerse a pensar en el aula, en la familia y ver qué pasa, qué preguntas salen. Además de los relatos, hay textos que repasan las leyes que ampliaron los derechos del colectivo trans y que ayudan a nombrar, una especie de pedagogía travesti que enseña cómo decir.

-¿Cuál es la importancia de que los niños aprendan a nombrar?

Eso, eso es gigante. Porque hay mucha gente con re buenas intenciones que cuando nos nombra, al decir trava baja el volumen en la oración. Siento que eso tiene que ver con que siempre hemos sido nombradas por un otro, porque no está nuestra voz en la cotidianidad diciendo cómo yo necesito que me nombren. Nuestro colectivo siempre ha sido nombrado desde la criminalización, desde el imaginario del chiste burdo.  Estamos quienes te vamos a decir ‘nos sentimos orgullosas de que nos digan trava’, otros ‘yo soy una mujer trans’, ‘yo me siento mujer’ y es super válido el respeto de todas esas autopercepciones, pero eso tiene que salir de la voz propia.

-¿Para qué sirve que los niños crezcan aprendiendo a nombrar?   

-Para un mundo menos violento, para un mundo en donde entren muchos mundos, muy zapatista eso, pero es así. Un universo de muchos universos, gigantes universos distintos y que tengamos el entramado amoroso de saber cómo es esa convivencia. Porque me parece que lo que hemos logrado con estos disciplinamientos es un mundo superviolento, mediocre hasta decir basta, muy gris, muy sin futuro y todo eso se montó a partir de una mirada híper hegemónica que no quiere perder esos privilegios. Yo creo que eso, ya es lo viejo. Capaz nos perdura a nosotras todavía, pero estoy segura de que ya es lo viejo.

Como escribe la activista trans Marlene Wayar en otro de los prólogos del libro, Crianzas “habla de nosotros y nosotras y nuestras formas de relacionarnos con las demás personas y el mundo”. Crianzas es una apuesta al futuro. Es la posibilidad de escribir una historia diferente, en un cuaderno distinto al oficial, como le enseñó la señorita Dolores a Susy Shock cuando ingresaba a la primaria en vísperas de la más sangrienta dictadura cívico militar. Ella recuerda que los primeros días de clase, la señorita Dolores, bajita, pecosa, de lentes, citó a todos los padres para decirles que si sólo daba lo que exigía la currícula les iba a secar la cabeza a los chicos. Entonces, en complicidad con las familias, les propuso tener otro cuaderno para aprender cosas nuevas. “Era un código”, recuerda Susy Shock. Cuando venía alguien ajeno a la clase, los chicos escondían el cuaderno de las aventuras y sacaban el oficial. “La señorita Dolores nos enseñó que hay otro cuaderno para escribir. Yo creo que son esas las señales que tenemos que darle a nuestras infancias”.

[1]“Yo, monstruo mío” poema de Susy Shock, http://susyshock.blogspot.com.ar/2008/03/yo-monstruo-mio.html

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