Son un grupo de jóvenes rosarinos, que hace tres años se incorporaron desde aquí a la red nacional de Universidad Trashumante. Una experiencia que anda buscando por toda la Argentina la gente que quiere construir un país nuevo.

El grupo surgió a mediados de 2002. Producto de la reunión de estudiantes de comunicación social que habían empezado a organizarse un par de años antes, peleando por el plan de estudios y discusiones en su facultad. En aquellos tiempos, habían conocido la educación popular. Y después del estallido de 2001, cuando se acercaron a la experiencia de la Universidad Trashumante, empezaron a darle mayor continuidad a su práctica de talleres y actividades.

Se reúnen todos los martes en el Centro Cultural La Toma. Aunque siempre van rotando en cantidad, por lo general son unos diez. Organizan talleres de educación popular, presentaciones de libros y otras actividades. “Que siempre armamos de manera no tradicional”, aclaran.

(nombre), que se incorporó recientemente al grupo, es brasilera. Está haciendo un intercambio por unos meses en Rosario, y habla justamente de la experiencia que vivió en el encuentro regional en Rafaela. “Me encontré con una alegría que es política, que me motivó para incorporarme. Aquí hay un contentamiento que me parece necesario, porque se piensa en función de un mundo mejor”, confiesa en una especie portuñol.

Se financian con fiestas o venta de pastelitos. Es que hasta ahora, no han necesitado de demasiados recursos para funcionar. “Cada vez que tuvimos que viajar a encuentros en otra parte del país, fuimos a dedo, y dormimos en casas de familia donde nos invitaban”, explican.

Esos viajes tienen que ver con su pertenencia a la red Trashumante. “Es una red conformada en todo el país. Es un proyecto que surgió en San Luis por iniciativa de Tato Iglesias, y se lo podría definir como un proyecto de educación popular itinerante. Se empezó consiguiendo el Quirquincho, que es un colectivo adaptado para estos fines, en el cual Tato salió con su perro a recorrer la Argentina, para encontrar el nuevo país. La trashumancia es un concepto que remite a viajar en búsqueda del mejor humus, y en este caso, la mejor tierra es la gente, las personas que están fértiles para la reflexión y la transformación”

Algo que destacan todos los que participan del grupo es la solidaridad de los trabajadores del supermercado comunitario, ex Tigre. “Los compañeros siempre nos hicieron el aguante, no solamente prestándonos el lugar. Cuando vino el colectivo Quirquincho a Rosario, que para nosotros es todo un emblema, entró acá al estacionamiento de calle Tucumán y ellos se emocionaron casi más que nosotros”

Hace un tiempo, participaron en Neuquén de un encuentro nacional de grupos trashumantes. “Y la experiencia fue muy fuerte –confiesan–. Conocimos gente que está haciendo cosas por ese país nuevo que buscamos. Ahí en el Alto Valle en la Patagonia, por ejemplo, los HIJOS, o la gente de Zanón”.

Los Malabares –aún antes de llamarse así– estuvieron trabajando tres años en un seminario de formación de la Trashumante. Y en el medio, terminaron teniendo un nombre propio, que surgió medio de casualidad. Tenían que establecer una dirección de correo electrónico para comunicarse con los otros integrantes de la red en el resto del país, y a alguno se le ocurrió que podían poner Malabares. Y ese quedó como nombre, “sin pensarlo mucho previamente, como todo lo que hacemos”, admiten.

En 2004, hicieron una serie de talleres mensuales en La Toma, donde se encontraron con la Coordinadora de estudiantes del área salud de la UNR, o los integrantes de CISE (Cooperativa de Intercambio Socio Económico), que trabajan en Casa de Todos, murgas, la biblioteca Pocho Lepratti, o el centro comunitario La Casita.

Luego agregan: “Con la gente de CISE hicimos un taller en Aimogasta, en La Rioja, con una cooperativa de productores de oliva, que fue una articulación muy piola. Fuimos no solamente gente de Rosario, sino de Córdoba y de la localidad de Ercilia, adonde hay otro grupo con el cual tenemos muy buena relación. Ellos, como nosotros, son otra gente que no se va reuniendo por preconceptos, sino que va caminando y hace el esfuerzo por trashumar”.

Cuando se les consulta sobre el futuro, lo que pase con ellos dependerá de lo que pase en el país. “Lo que suceda con Malabares tendrá que ver con lo que ocurra con los otros, porque nuestro trabajo tiene que ver, justamente, con un hacer colectivo. A nivel nuestro, para ser más precisos, no tenemos nada prefijado”, coinciden. “Y eso es justamente lo mejor”, acota una de las chicas.

Algunos de los integrantes de Malabares hoy ya no están en el grupo. Porque fueron egresando de la facultad, o tuvieron que buscar algún laburo para sobrevivir, y entonces no pueden dedicarle tiempo al grupo. Por eso, aunque no fue la prioridad en los inicios, hoy el tema económico comienza a atravesar las discusiones del grupo. “Y de hecho, la última gira regional por la provincia que hizo el Quirquincho, terminó con un encuentro en Rafaela. Y vimos que muchos de los integrantes de la red Trashumante tenemos el mismo inconveniente, que nuestros grupos se están disgregando por este motivo”, señala alguno de ellos.

Bibi, una de las más nuevas, tiene apenas un par de meses en el grupo. “Y lo que más me gustó fue la forma novedosa de hacer presentaciones. Yo los conocí en San Lorenzo, fui y me encontré con una dinámica corporal. A través del baile, de trabajo en grupo, me di cuenta que podía aprender por ejemplo, a bailar la chacarera. Venimos todo de una estructura escolar donde el aprendizaje es de otra manera, más formal”.

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