Once años dignificando la lucha

El lugar fue tomado por sus propios trabajadores hace más de una década. Alberga a gremios, asociaciones sociales, civiles, de Derechos Humanos, grupos de música y emprendedores. Renovando su apuesta a seguir luchando, los compañeros del ex Tigre utilizaron los festejos para reafirmar que siguen en pie por la conservación de los puestos de trabajo. enREDando habló con Carlos Ghioldi, integrante de la Comisión Gremial, quien hizo un repaso por la historia y los pilares fundamentales del grupo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace exactamente 11 años nacía este nuevo espacio. Desarrollándose junto a la crisis que golpeó al país a principios de siglo. Luego de dos años de despidos de trabajadores, de abusos laborales y del vaciamiento del ex supermercado Tigre, en el 2001 los compañeros mercantiles decidieron tomar el establecimiento como forma de defender los puestos de trabajo, en medio de la crisis que sufría el país.

Así comienzan a organizarse, con un único y simple objetivo, “el de valorizar la lucha colectiva como respuesta efectiva para enfrentar las agresiones que soportaban” los compañeros en todos los ámbitos.

En este largo camino de luchas y organizaciones, de compromisos y de acompañamientos se fue conformando el gran grupo de gente que le da sentido a “La Toma”. Hoy hay entre 70 y 80 emprendedores trabajando en el lugar, además de los gremios, las organizaciones sociales y de derechos humanos que también utilizan las instalaciones.

Pero son parte de una discusión, a la que ellos no califican como semántica, sino conceptual. “Nosotros no nos definimos como una empresa recuperada, nosotros somos un establecimiento puesto en funcionamiento por sus trabajadores. Es una forma conceptual”. Esto es lo que explica Carlos Ghioldi, integrante de la Comisión Gremial de “La Toma”, quien está en esta lucha desde el principio.

“No somos una empresa recuperada porque no queremos recuperar nada de una empresa. Queremos enterrar a la empresa. Queremos construir un establecimiento que es nuestro lugar de trabajo, pero formado por los trabajadores, con criterios solidarios y con criterios de eficiencia, pero a partir de la gestión obrera”. De esta forma Carlos define el concepto sobre el que se emplazan.

“Estamos a muerte por la disciplina laboral, por asumir los compromisos, por tratar de mejorar la eficiencia y por regularnos a partir de un severo código de conducta. Pero eso es a partir de la autogestión de los trabajadores, no a partir de recuperar un criterio de empresario de lucro a cualquier costo. Nosotros tenemos que ser lo más eficientes posibles en la atención acá adentro y que sea lo mejor posible el ingreso que tenga cada uno de los compañeros. El tema está en que si entra en condición buscar la rentabilidad a costillas de sacrificar el contenido social, entonces elegimos el contenido social”, explica Carlos.

Expropiación y desalojo

Desde hace 11 años los trabajadores también deben enfrentarse a los embates judiciales que les presentan grupos opositores que piden que dejen libre el lugar. Luego de varios intentos por desalojarlos, gracias a la resistencia y la lucha de los compañeros, como del apoyo de decenas de organizaciones, mantienen y hacen crecer este espacio.

Hace cerca de dos años se desayunaron con la noticia de que un fallo de la Justicia declaraba inconstitucional la Ley de Expropiación conquistada por los propios trabajadores del ex Tigre hacía muchos años atrás. Carlos explica: “hay dos leyes de expropiación, pero las dos leyes son rechazadas por la justicia, nos dijeron que teníamos que desalojar el lugar. La resolución judicial está ahí. Nadie la anuló, pero tampoco nadie la aplicó”.

A su vez resalta: “nuestra obligación es luchar permanentemente. Por supuesto que lo ideal sería una expropiación definitiva, hecha por el poder ejecutivo nacional, por ejemplo, que termine con esta situación y que ya no tengamos este problema. Nosotros no tenemos ningún problema de que el Estado nacional se haga cargo del lugar”.

Toda una historia

Al cumplir un año más no se puede escapar realizar un balance de todo el tiempo de lucha de los compañeros. Como una forma de repaso, Carlos se atreve a decir que “el balance que hacemos es que es mentira que no se pueden cambiar las cosas. Se pueden cambiar con organización, con la unidad y la lucha”. Y agrega: “es mentira que los trabajadores no podemos definir nuestro destino, por supuesto que no es un camino de rosas, es terrible, complejo y hay que estar siempre en alerta”.

Redobla la apuesta diciendo que “es mentira que no se pueden buscar canales de convivencia entre muchos sectores populares que pensamos distinto. Sin querer terminamos definiendo una cultura política distinta”. Sin titubeos, subraya cual es el sentido del lugar: “Este lugar es público, pero no del público en general, sino público de las organizaciones populares. Las respetamos a todas porque todas han estado acompañándonos. Debemos seguir luchando muchos pero muchos años más”.

Las actividades y festejos

Para celebrar sus 11 años de lucha “La Toma” realizó tres jornadas de festejos, el 23, 24 y 25 de agosto, en los que hubo muestras de arte, orquestas en vivo, presentación de libro y feria de microemprendedores, fortaleciendo el nombre de Centro Cultural y recordando el origen de esta organización.

El primer día estuvo presente la Orquesta infanto juvenil de Barrio Ludueña, Perro Suizo y el Coro. Los compañeritos deleitaron con su música y compartieron la jornada con los chicos de la Facultad de Humanidades y Artes, quienes expusieron sus trabajos en el lugar.

El segundo día fue el turno de la presentación del libro de Victorio Paulón “Una Larga Huelga – Memorias de una lucha”, que relata la historia de lo que pasó en el famoso “Villazo”, una protesta que duró más de 60 días y que llevaron a cabo los trabajadores metalúrgicos de Villa Constitución.

El tercer y último día se realizó una feria comunitaria, a cargo de los emprendedores que tienen su lugar en el Centro Cultural, hubo alimentos, textiles, objetos, artesanías y muchas cosas más.

enREDando estuvo presente en la jornada en que Victorio Paulón, ex metalúrgico y dirigente de la UOM, presentó junto a cuatro compañeros de lucha de aquella época su obra prima “Una larag huelga”, donde relata la historia de lo ocurrido ese 20 de marzo de 1975. “Todos me preguntaban en estos días el porqué de escribir un libro, porque la verdad no es mi oficio, yo no soy escritor, pero bueno, sucedieron cosas en mi vida, donde sentí la necesidad de plasmarlo con un testimonio porque creía que forma parte de una generación q se está yendo y muchas de esas historias van quedando sin contarse realmente”, explica Victorio ante una gran cantidad de personas que escuchan atentos su relato.

Paulón cuenta que el detonante fue haberse presentado como querellante en la causa Díaz Bessone, el primer juicio a genocidas de la ciudad de Rosario, por la desaparición de su hermano: “Mi testimonio tuvo mucho que ver con el tema que hoy está naciendo que es la justicia y la explicación del terrorismo de estado, desde la famosa pata civil, la complicidad empresaria. Y ahí me di cuenta que nosotros estuvimos parados en el centro del escenario. En Acindar, ahí se cocino lo más granado del protagonismo del poder económico del terrorismo de Estado. Lo nuestro, lo de Villa Constitución, si comparamos con otros episodios del movimiento obrero, la dimensión, lo que se pedía y el calibre de la respuesta es absolutamente desproporcionado. Pedíamos el derecho a elegir, es una seccional históricamente intervenida por la burocracia sindical”, recuerda.

A su vez rememora los momentos de aquellos días de marzo del ‘75 y aclara que “fue una huelga donde no hubo una reivindicación económica, ni siquiera reclamábamos los jornales caídos. La libertad de los dirigentes presos y la devolución del sindicato”, eso es lo que pedían.

“Lo bueno es que se sostiene 60 días, donde prácticamente se estaba desabasteciendo el mercado automotriz por falta de autopartes. Había una fuerte presencia del enemigo principal, ahí empezamos a entender que había un salto cualitativo en la represión y que la cosa en Argentina se iba encaminando en otro sentido”.

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