Lo que sucedió luego de la feroz represión que realizó la policía Metropolitana de Macri contra empleados, enfermeros, médicos, periodistas y pacientes del Hospital Borda, fue un acto espontáneo de solidaridad y arte. Estaban los pibes, muchos de ellos militantes de agrupaciones políticas, recogiendo los escombros, intentando rescatar algo posible de la desazón, del desamparo, de la brutalidad con la que operó la fuerza represiva del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Allí estuvo enREDando, registrando algunas imágenes del día después. 

Por María Cruz Ciarniello

Es como si te hubiesen demolido la casa, dice una enfermera que mira sin encontrar consuelo, los escombros de lo que era el Taller Protegido Nº 19 del Hospital Borda.

A su lado, dos jóvenes militantes asienten con la cabeza. La tristeza en los ojos lo dice todo. Delante de ellos, la nada misma. Apenas queda el resabio de una jornada dolorosa.

El personal policial de la  Metropolitana en la madrugada del día viernes 26 de abril dio inicio a una cacería en el Hospital Borda. Las crónicas de numerosos medios de comunicación populares dan cuento de ello. El desalojo y la destrucción del Taller Protegido N° 19 del Borda se realizó sin ninguna orden judicial. Se registraron más de 40 heridos , entre ellos, pacientes del hospital quienes fueron testigos de los golpes, los palazos, el gas pimienta, las balas de goma lanzadas a escasos metros, la “saña”, como señaló una enfermera del Borda a enREDando, con la que policías de la Metropolitana golpeaban a quienes intentaban defender un lugar de trabajo, un espacio de recuperación para los internos, largamente olvidados por los gobiernos de turno.

En uno de los terrenos del hospital, el gobierno de Buenos Aires pretende construir lo que para muchos representa un claro negocio inmobiliario. Un centro cívico que fue aprobado por la Legislatura porteña pero que, sin embargo, no contaba con la autorización judicial para que sea emplazado en el Hospital Borda. De hecho, “el 9 de agosto del año pasado, los legisladores Aníbal Ibarra, María Elena Naddeo, Fabio Basteiro, Virginia González Gass, María José Lubertino y María Rachid, presentaron un amparo contra el Gobierno de la Ciudad para proteger los talleres donde los internos se desempeñan en distintas tareas y quehaceres de rehabilitación” (Nota en Cosecha Roja). El juzgado administrativo N° 9 dictó una medida cautelar, frenando la construcción del Centro Cívico. Sin embargo, y pese a ello, más de 300 efectivos policiales reprimieron con el solo objetivo de que las topadoras avancen en la demolición del taller. Mientras lo hacían, la radio La Colifata transmitía en vivo poniéndole palabras a la sinrazón, a la violencia organizada de un operativo policial que necesariamente debe encontrar responsables políticos.

El 83% de los cargos jerárquicos de la Metropolitana lo ocupan ex integrantes de la Policía Federal. Este año, la Metropolitana ya había sido protagonista de dos represiones, como bien detalla la nota de la Revista Mu: la de la concentración que reclamaba contra el enrejamiento de Parque Centenario y el acampe en la plaza seca del Centro Cultural San Martín por jóvenes artistas callejeros que pedían la autogestión de una de sus salas, la Sala Alberdi. Lo que se repite en cada caso, es la falta y ausencia de gestión política en el conflicto.

Defender el Borda es defender la salud pública, por la desmanicomialización, por la defensa de los derechos humanos y el derecho a la salud. Defender el Borda es atacar la indiferencia estatal y la represión policial con la que los gobiernos como el de Macri pretenden imponer negocios e intereses de unos pocos, de un sector minoritario y siempre privilegiado.  Es intentar construir espacios de libertad por fuera de las lógicas manicomiales. Porque de lo que se trata es de generar otras alternativas que no estén sujetas a la mercantilización de la salud ni a la tercerización de los servicios de rehabilitación.

Domingo por la tarde

En el frente de artistas del Borda comienza la asamblea. El sol entibia una tarde que huele a tristeza e impotencia. Ya no está la Metropolitana con sus hombres de boina, encapuchados y portando armas. Apenas quedan los restos de lo que fue el Taller Protegido cuyo nombre encierra una dolorosa ironía. Hierros, carpetas hospitalarias y papeles del hospital. Escombros, chapas y unos cuantos brazos dispuestos a levantarse. A pesar de la desolación, hay movimiento en el Borda. Están los pacientes dando vueltas y un montón de jóvenes y trabajadores intentando generar la resistencia, haciendo arte, pintando murales. Preguntándose  cómo seguir. Organizarse y en lo inmediato, movilizarse.

“El taller era para los pacientes. Allí tenían una salida laboral, de herrería, de carpintería. Ellos trabajaban, aprendían a manejar la madera, los metales, tenían un espacio que se los consideraba personas. Era un espacio para ellos. Macri se adueñó de los terrenos del Hospital Borda. Esto no pertenece al gobierno de la ciudad, esto pertenece a una donación que hicieron hace 150 años para que sea hospital neuropsiquiátrico. La donación fue para que solamente sea eso, no se puede construir otra cosa. Y lo de la represión fue un desalojo a los pacientes”, dice una enfermera quien  minutos antes hablaba con dos jóvenes acerca de lo que había vivido la mañana del viernes. Mira con desconsuelo la pila de escombros mientras recuerda que en unos días tenían planeado celebrar los 150 años del Borda.

El psiquiatra Alfredo Grande dice que “el Hospital Borda se convirtió en un emblema de lucha contra la mercantilización feroz encarnado en la figura de Mauricio Macri” y el Hombre de la Vaca, Hugo López, denuncia desde hace tiempo, el cierre de los servicios de oftalmología, urología, y otorrinolaringología que funcionaban en el hospital.

Es domingo y en el aire se respira la tristeza. Cada vez se suman más jóvenes militantes a seguir levantando escombros; a seguir peleando frente a tanta adversidad.

Fuentes consultadas: Cosecha Roja, Anred, La Vaca

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