La Escuela Ética, desde adentro

Compartimos la intensa crónica de Cris Martinez, una de las docentes de la primera escuela autónoma de la provincia de Santa Fe, la Escuela Ética de Nuevo Alberdi, impulsada por el Movimiento Giros Rosario. En primera persona, contada desde adentro, una experiencia que conmueve y moviliza. 

Fotos: Movimiento Giros Rosario

Fotos: Movimiento Giros Rosario

Por Cris Martinez

Esta no es solo una crónica periodística sobre una noticia: es un intento de narrar una experiencia intensa, innovadora, fresca, rebelde y militante que tuve la inmensa alegría de compartir y que vale la pena ser contada.

Sé que soy una docente añosa… muchos años yendo a y viniendo de aulas en distintos niveles educativos me otorgan ese honorable título, adicional a cualquier otro adquirido por medios más tradicionales o académicos. A veces sentía, sin el menor atisbo de soberbia, haber visto casi todo lo que podía ocurrir en un salón de clase; violencias, saberes, orgullos, alegrías, muchas penas, éxitos, fracasos, cabezas con piojos, palabras imposibles de recordar, “lagunas”… Cuando entré por primera vez a la E.T.I.C.A, (Escuela del Territorio Insurgente Camino Andado), la escuela creada por el Movimiento Giros en Nuevo Alberdi Oeste,  caí en la cuenta de todo lo que todavía poder ver conjurado en un salón, entendí como pocas veces antes el verdadero sentido del concepto tan paulofreireano de trabajar desde una pedagogía de la esperanza.

Nuevo Alberdi Oeste (se sabe porque los medios nos martillan la cabeza con el dato) es un barrio áspero. No es el único, pero es uno más de esos barrios violentos, oscuros, co-optados por el narcotráfico, tierra de nadie que se disputan los señores de la droga y los otros señores(y tal vez alguna señora por qué no) de la especulación inmobiliaria… O sea, el barrio no es de la gente del barrio, es de quien muestra o intenta mostrar que puede ponerle el pie encima a sus habitantes. Acá, la metáfora hollywoodense del “lejano Oeste” no es tan metafórica: lejano para el estado que no se ocupa, que permite que no lleguen los servicios esenciales, que no construye obras para evitar las inundaciones reiteradas, que no repara las calles y veredas, que supone que allí la educación es un objeto suntuario(para que invertir ahí si ya todo si es un caso perdido). En ese terrible lugar(donde nadie haría un proyecto porque parecería la crónica de una muerte anunciada), un grupo de militantes  del Movimiento Giros, “jóvenes y no tanto”, empezaron a soñar con una escuela posible, una escuela diferente, una escuela que no expulse a sus alumn@s pero que tampoco l@s “contenga” como si fueran basura a reciclar; una escuela donde estudiar no sea memorizar, ni repetir sino que proponga pensar, equivocarse para crecer, acertar para celebrar; una escuela, extrañamente, donde la clave sean el compromiso y el amor. Aquí no hay sueldos aunque haya gastos, no hay ausentismo ni de estudiantes ni de docentes porque todo el mundo quiere estar allí, su lugar en el mundo…para una clase o para unos mates que nunca faltan.

Cuando empecé mis clases en esta escuela el modesto edificio estaba todavía en la zona rural. Las clases empezaron con una asamblea de toda la comunidad educativa ¡toda!: alumn@s, docentes, padres, madres, vecin@s.  Ese es el ámbito de discusión de las decisiones importantes que se relacionan con la escuela: no es para  bajar líneas o imponer consensos, es para construir la educación colectivamente.

Cuando llegué a la escuela, esto ya estaba en marcha: yo no fui parte fundadora, pero me sentí parte enseguida de esta experiencia inédita en la provincia de Santa Fe: primer bachillerato popular, que además ha sido inspirador del segundo, que ya funciona en la zona sur de Rosario… ojalá fueran cientos.

No podría decir que escuché y vi cosas en los pasillos, porque la escuela no tiene, pero si disfruté los recreos, las entradas y salidas, los proyectos solidarios, llenos de vida y energía de es@s jóvenes(y no tanto) que muchas veces el sentido común da por perdid@s, drogad@s, violent@s, por mencionar solo algunos epítetos. Yo vi en esta escuela a l@s pibes prender el celu en un corte de luz para no perder el desarrollo de la clase, yo recibí de Sarita con sus jóvenes 72 años el pedido de aprender inglés porque le parece importante y por que le gusta, yo vi a mis compañeras cruzar el campo con cualquier clima para que Brenda, que depende de su silla de ruedas para trasladarse y algunas veces no podía llegar a la escuela,  no se pierda ni una clase, vi tantas cosas, viví tantas otras, no me caben en esta crónica.

Y estuve también en la fiesta de graduación el sábado  en el D7(el espacio de resistencia cultural de Giros): nuestr@s alumn@s, especialistas en Salud Comunitaria, Comunicación Estratégica y Producción Rururbana presentando sus proyectos finales que darían envidia a más de un/a estudiante universitari@: de redacción impecable, cuidada presentación, técnicamente sólidos. Emoción, lágrimas, abrazos, alegría…como cualquier otra graduación, con la certeza del esfuerzo realizado, no solo individual sino familiarmente, con avances y retrocesos, como tienen que ser todos los aprendizajes inolvidables.

Mónica, una alumna que se graduaba, con lágrimas en los ojos explicaba que ella había elegido la modalidad de comunicación porque está cansada de que los medios sigan diciendo que en su barrio todo es una “mierda” cuando la verdad es que está lleno de gente que trabaja, la pelea, sufre y tiene sueños y proyectos para un vida mejor. La frase más repetida tal vez fue que costaba imaginar que llegara ese día tan feliz: no era un comentario derrotista sino el conocimiento cierto de que, a juzgar por lo que muchas veces sucede en el paso por el sistema educativo, los obstáculos no son solo producto de la vida misma, sino que el sistema mismo funciona como impedimento.

La propuesta de la E.T.I.C.A. hizo que este segundo problema no fuera tal: la escuela acompañó, escuchó, sugirió, empujó, construyó, y sigue: en el horizonte están los dos grupos de alumn@s que siguen yendo a la escuela y que sueñan con su graduación y con la concreción del reconocimiento del certificado otorgado por la E.T.I.C.A. por parte del Ministerio de Educación provincial ya que much@s quieren seguir estudiando.

Difícil cerrar esta nota cuando todo está tan vivo y en verdad no hay cierre, todo está en construcción, continúa. Tal vez la mejor parte sea que esta experiencia es una más de un proyecto político mayor donde no caben dudas de que no se dice lo que hay que hacer sino que, realmente, se hace. Las cosas se cuentan solas, solo hay que saber mirar…

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