Permanece el conflicto entre carreros y el municipio. Mientras el gobierno vela por el cuidado de los caballos, decenas de familias continúan reclamando estabilidad laboral.  Este lunes cortaron calle Juan José Paso y las vías exigiendo una mesa de diálogo para llegar a un acuerdo.

Por Martín Stoianovich

En el lenguaje diplomático se habla de “recolección informal” o «recuperadores urbanos» y se relaciona al cartoneo de más de tres mil rosarinos con la higiene urbana. “Hay hambre”, dice, mientras tanto, Mónica, que ya supera los cuarenta años y todavía reclama por un trabajo digno. Desde hace años trabaja de carrera, y a bordo de su caballo recolecta las sobras de las que el resto de la sociedad se desprende. En la fría mañana del lunes 11 de mayo se encontró con otros carreros para cortar la calle Juan José Paso a la altura de las vías, y reclamar al gobierno municipal la aplicación de políticas que los integren como trabajadores, pero también como ciudadanos. El programa Andando ya fracasó y la inestabilidad de los carreros continúa en crecida.

El censo del año 2010 dice que 1800 familias viven de la llamada “recolección informal”, aunque hoy por hoy se estima que la cifra supera las tres mil. Muchas de estas familias están agrupadas en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y la cooperativa de trabajo Cartoneros Unidos, organizaciones a través de las cuales formalizan distintas demandas relacionadas a mejoras en sus condiciones laborales. A partir de la necesidad de sobrevivir al día a día, y ante la falta de oportunidades brindadas por el Estado, estas familias encontraron en el cartoneo una alternativa para subsistir a la vez que se fueron transformando en recolectores de residuos. De ahí que hoy solicitan que como mínimo se los reconozca como trabajadores y que como tales puedan tener acceso a sus derechos básicos.

 La intervención del Estado por el contrario se basa en políticas que priorizan en el cuidado de los caballos, herramienta de trabajo fundamental para los carreros. En esta oportunidad, el gobierno municipal  presentó el 19 de febrero pasado el Programa Integral para Recuperadores Urbanos y Eliminación de Tracción Animal “Andando”. Dicho plan está a cargo de las secretarías de Servicios Públicos y Medio Ambiente, de Control y Convivencia Ciudadana, de Promoción Social, y de Producción y Desarrollo Local. Es un proyecto que planteó a los carreros la posibilidad de entregar sus caballos a cambio de distintas propuestas vinculadas a otras alternativas. Los resultados, que rondan los 200 caballos entregados, permiten hablar del fracaso del programa.

“El verdadero centro del problema no es el caballo, es la pobreza, y ante la pobreza no hay ninguna política para avanzar”, dice Mónica. Ahí está el eje de la cuestión que a la vez sitúa las demandas de los trabajadores de un lado, y la respuesta del gobierno del otro. Los carreros piden vivir dignamente, y el gobierno ofrece sobrevivir. ¿Cómo?, arrastrando los carros en triciclos, a pie, o cambiando el caballo por alguna otra herramienta de trabajo sin más recursos para desarrollar otro tipo de actividad. “Algunos trabajadores aceptaron ofertas de reconversión de trabajo pero ya están arrepentidos, porque les dieron máquinas de coser, herramientas de construcción pero después tienen que salir a rebuscárselas solos”, explica Victoria Clerici, referente de CTEP. A su vez, aclara: “La Municipalidad hace oídos sordos a las familias carreras y entonces la gente se vio en la situación de cortar la calle para ser escuchados y que haya una mesa de negociación para que se cumplan los requisitos y exigencias”.

El cartoneo, además de ser una consecuencia de la exclusión social, se conformó como una alternativa propia de los ciudadanos que con el tiempo fue tomando fuerza, y muchos de ellos organizándose encontraron su fuente de trabajo. Por este motivo piden que en caso de que tengan que reemplazar su principal herramienta, sea por una propuesta consistente y sujeta a sus derechos como trabajadores. A principios de marzo pasado, el conflicto llegó a un acuerdo entre los carreros y el municipio cuando fueron recibidos por el secretario de Control y Convivencia Ciudadana, Pablo Seghezzo. En aquel encuentro, el funcionario se comprometió a no retirar los carros y caballos hasta que no existiera una solución efectiva para cada una de las familias que se dedican a esta actividad. Sin embargo, a medida que pasó el tiempo y el programa Andando mostró su estancamiento, las complicaciones comenzaron a hacerse frecuente para los carreros. “Los compañeros están siendo perseguidos. No nos tratan mal pero amablemente nos invitan a volver al barrio, y hay que volverse porque se corre el riesgo de que nos quiten el animal”, explica Mónica. Otros trabajadores cuentan que cuando transitan por las grandes avenidas, los oficiales de la Guardia Urbana Municipal los obligan a retirarse.

Jorge, de 56 años, dice que ya crió once hijos trabajando como carrero y que a su edad ya es difícil encontrar otra fuente laboral. Juan Carlos, de 36, cuenta que es epiléptico y tiene clavos en una de sus piernas producto de un accidente. Intentó conseguir trabajo de albañil pero toda propuesta se estanca en el examen preocupacional cuando son detectados sus problemas de salud. Ya no tiene su carro y ahora sale a pedir plata y comida para que puedan vivir él y su abuela. Otros cuentan que resulta imposible arrastrar un carro con un triciclo por las calles de tierra blanda entre charcos y pozos de barro, haciendo referencia a las consecuencias de la ausencia de políticas públicas relacionadas a la urbanización de las barriadas populares. Ejemplos que demuestran que las propuestas brindadas en el marco del programa “Andando”, por el momento fracasan en las propias contradicciones de la gestión municipal.

 

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