Cómo cada año, la obra Evidencias, instalada en el Museo de la Memoria se actualiza con las identidades de los nietos recuperados. Este 2015 son tres las piezas que tendrán su nombre y apellido: las de Mario Bravo, Martín Ogando Montesano y Claudia Domínguez Castro. “Es necesario tomar conciencia de la importancia de que las fichas de este rompecabezas pasen de una pared a otra. Sobre todo ante la situación política que está atravesando el país y al gran trabajo que viene haciendo Abuelas. Este esfuerzo tiene que seguir siendo acompañado por todos, no se puede frenar ni terminar”, expresó Norberto Puzzolo, artista creador de esta obra.

Por Carina Toso

Un rompecabezas es un juego de mesa que consiste en componer determinada figura combinando cierto número de piezas o pedacitos en cada uno de los cuales hay una parte de esa figura a conformar. Cada pieza tiene un lugar y no puede ser reemplazada con otra. Si una pieza no está hay un vacío, un hueco, una ausencia. Es un juego en el que se requiere de paciencia y debe soportar serenamente los contratiempos que le provocan múltiples piezas desordenadas.

Se puede decir que quien arma un rompecabezas se dedica a desentramar un enigma, a resolver un problema, a reconstituir algo que está partido en muchas piezas y hay que ordenarlo. “Podemos estar mirando una pieza de un rompecabezas tres días seguidos y creer que lo sabemos todo sobre su configuración y color, sin haber progresado lo más mínimo: sólo cuenta la posibilidad de relacionar esta pieza con otras […]; pero no bien logramos, tras varios minutos de pruebas y errores, o en medio segundo prodigiosamente inspirado, conectarla con una de sus vecinas, desaparece, deja de existir como pieza”, escribió Georges Perec en su libro La vida instrucciones de uso.

Las búsquedas de las Abuelas puede compararse con un gran rompecabezas, donde piezas sueltas comenzaron a encontrarse, a transformar las búsquedas individuales en colectivas, a que los encuentros sean de todos, que los nietos sean de todas. Hoy, con los nietos recuperados a su lado y con muchas familias que todavía necesitan encontrar sus piezas, se transformaron en un grupo de personas que creció, se encastró y sigue adelante con ese arduo trabajo por recuperar la identidad de cada uno de los casi 500 niños apropiados. La lucha ya no es sólo de ellas sino que diferentes espacios de la sociedad comenzaron a acompañarlas, a armar con ellas este rompecabezas que el brazo duro de la dictadura rompió en pedazos.

“Ojalá que el mirar esos rostros jóvenes, llenos de vida, de ilusiones, de futuro, mueva a muchas personas a aportar, como tantas otras, los datos necesarios para completar todos los rompecabezas, para hacer realidad el reencuentro con la sangre de nuestra sangre”, expresaron en uno de los tantos libros en los que se cuenta su historia.

Entre las muestras permanentes del Museo de la Memoria de Rosario se encuentra Evidencias, del artista rosarino Norberto Puzzolo. Evidencias es un rompecabezas. El trabajo de Puzzollo consistió en retomar el contenido del archivo de imágenes de Abuelas de Plaza de Mayo, y plasmar en su obra el incesante trabajo de restitución de la identidad de decenas de niños arrebatados a sus familias biológicas durante la última dictadura cívico-militar.

Así conformaron dos paredes repletas de piezas de rompecabezas, una de estas paredes está dedicada a los niños y jóvenes recuperados, con sus fotos y las de sus padres. En la otra pared hay piezas dedicadas a quienes todavía buscan las Abuelas y sus familiares.

A medida que se van recuperando identidades las piezas van pasando de una pared a la otra, completando los espacios vacíos. En cuanto a los niños fallecidos o que no llegaron a nacer, están representados con piezas negras, mientras que el resto son grises.

Puzzollo relató el por qué de plasmar el contenido de su obra en un rompecabezas: “El concepto de contenido y forma estaba vigente. Había un contenido previo muy importante, había que encontrar una forma que lo reflejara. Me pareció buscar una cuestión lúdica que tiene que ver con la niñez, si bien hoy esos nietos que se recuperan van para los 40 años, en las fotos, en la búsqueda o en la fecha de nacimiento eran niños, por eso me pareció interesante la cuestión del juego. Y me interesa mucho que se lo llame rompecabezas y no puzzle, por la fuerza que tiene esa palabra. Traté de buscar una forma que representase eso, y además, algo que a mí me interesa mucho en este tipo de obras: que la obra tenga una mirada hacia adelante. Reflexionar sobre todo lo que pasó pero también teniendo presente la celebración de estos encuentros de Abuelas, que una ficha cambie de lugar, la cuestión de cierta esperanza de que todas las fichas algún día estén de un solo lado”.

La obra se completa con una banda de sonido, realizada por Lisandro Puzzollo en la que una maestra pasa lista con todos los nombres de los niños apropiados. Voces de niños responde “no vino”, “ausente”, 31 “presente”, según el caso, y cuando se nombra uno de estos chicos que fue asesinado hay un gran trueno.

Desde que se instaló la obra en 2010, cada año, afortunadamente, hubo piezas que fueron pasando a la pared de enfrente, a la de identidades recuperadas. Y este año son tres las piezas que se sumarán a ese muro que mira al futuro. “Es necesario tomar conciencia de la importancia de que las fichas pasen de una pared a otra. Sobre todo ante la situación política que está atravesando el país y al gran trabajo que viene haciendo Abuelas. Este esfuerzo tiene que seguir siendo acompañado por todos, no se puede frenar ni terminar”, expresó Puzzolo.

Tres nuevas piezas para el rompecabezas

Para el autor esta es una “obra viva”, de un año al otro se transforma con este movimiento y con la suma de nuevas piezas. Ya que este año, al igual que el año pasado, se da el caso de un nieto recuperado que no estaba ni en las listas de Abuelas, ni en el rompecabezas: el de Mario Bravo, el nieto 119. Fue uno de los pocos casos en el que pudo reencontrarse con su madre Sara, quien fue detenida en Tucumán y trasladada a la Cárcel de Villa Urquiza en calidad de detenida-desaparecida. Dio a luz entre mayo y junio de 1976. El bebé le fue arrebatado inmediatamente por un enfermero y jamás lo volvió a ver. En noviembre de ese año fue liberada cerca de un cañaveral y desde ese sitio caminó hasta el Hospital del Carmen en donde permaneció internada hasta que pudo volver a su casa.

En el año 2007 se abrió en la CONADI un legajo con su caso y su sangre fue ingresada al Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) con la esperanza de dar con el paradero de su hijo. Mientras tanto, Mario fue haciendo su propia búsqueda. Desde muy chico sospechaba que no era hijo de quienes lo criaron y si bien a él nunca le confirmaron esta duda, personas de su entorno sí conocían su situación. Inscripto como nacido en 1977 en una localidad de la provincia de Santa Fe -donde se crió-, sus dudas fueron creciendo con el tiempo. En febrero de 2015 se animó a presentarse en la filial de Abuelas de Rosario y se lo derivó a la CONADI. En agosto se cursó el pedido al BNDG para que se le efectúe la extracción de sangre y el 19 de noviembre se informó el resultado del entrecruzamiento que confirmó que el joven es el hijo de Sara.

Otras de las fichas que suma el rompecabezas este año es la identificación del nieto 118: Martín Ogando Montesano. Su mamá, Stella Maris nació en La Plata y su papá, Jorge en Tornquist, provincia de Buenos Aires. En 1973 nació su primera hija, Virginia. Ambos militaban en el PRT-ERP. Fueron secuestrados el 16 de octubre de 1976 en su domicilio de La Plata. La joven estaba embarazada de ocho meses. Jorge fue visto en el CCD “Pozo de Banfield”. Según testimonios de sobrevivientes, Stella Maris permaneció detenida en el CCD “Pozo de Banfield” donde dio a luz un niño el 5 de diciembre de 1976 al que llamó Martín. Después del parto fue llevada al CCD “Pozo de Quilmes”. Desde el momento de la desaparición, la abuela Delia Giovanola de Califano emprendió la búsqueda de la pareja. Fue una de estas doce mujeres fundadoras de lo que luego sería la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Años más tarde, Virginia, su nieta, se convertiría en un actor clave en la búsqueda de su hermano. El 30 de marzo de 2015, Martín se acercó a Abuelas con fuertes sospechas de ser hijo de desaparecidos. Como vive desde hace quince años en el exterior, la extracción de sangre se produjo a través del Consulado del país en el que reside y fue enviada a Argentina. El 5 de noviembre de 2015, el Banco informó que el joven era el hijo de Stella Maris y Jorge.

La tercera que será parte de aquí en más de evidencia es la de Claudia Domínguez Castro, hija de Gladys y Walter, quienes fueron secuestrados el 9 de diciembre de 1977 en su casa de Godoy Cruz. Gladys estaba embarazada de seis meses, esperaba su bebé para marzo de 1978. Desde el momento de la desaparición de los jóvenes, las familias Domínguez y Castro emprendieron la búsqueda. Al enterarse de otros casos como el suyo, la abuela María Assof viajó por primera vez en su vida a Buenos Aires y se contactó con las Abuelas de Plaza de Mayo, donde radicó la denuncia sobre la desaparición del matrimonio y se emprendió la búsqueda colectiva del niño o niña. Claudia fue citada por la CONADI a principios de 2009 para informarle que se contaba con información que permitía suponer que ella podía ser hija de desaparecidos. La invitaron a realizarse el estudio de ADN y la joven accedió. El estudio se concretó el 16 de julio. El 27 de agosto de 2015 el BNDG informó a la CONADI que la joven era la hija de Walter y Gladys.

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