Brandon Cardozo fue asesinado por un policía de civil que disparó a un grupo de personas en una fiesta de año nuevo. Sus padres se constituyeron como querellantes y comienzan a transitar así el camino a la justicia.

Por Martín Stoianovich

La madrugada del 1 de enero Brandon Cardozo, de 16 años, estaba con familiares y amigos en una fiesta, organizada y convocada por las redes sociales, en la esquina de Centenario y Entre Ríos, en la zona sur de Rosario. Cerca de las 4.30 de la madrugada se desató una pelea entre algunos presentes que del cruce de botellas y piedras pasó a los disparos. Según la investigación, Emiliano Martín G., un policía de 26 años de la Brigada Motorizada de la Unidad Regional II, disparó al menos siete veces. Uno de esos balazos impactó en la cara de Brandon, quien murió minutos después en el Hospital Roque Sáenz Peña. Así, Rosario tuvo en sus primeras horas del año el primer caso de gatillo fácil. El policía está detenido e imputado por homicidio doblemente agravado, por el uso de arma de fuego y por ser parte de la fuerza.  Su mamá y su papá se constituyeron este lunes como querellantes, con la representación del equipo jurídico de la Asamblea por los Derechos de la Niñez y la Juventud. Este viernes 19, Brandon cumpliría 17 años, por lo cual sus familiares y amigos organizan para las ocho de la noche del mismo día un homenaje en la esquina donde lo mataron.

En la audiencia imputativa realizada el 6 de enero, Emiliano G. dijo que es inocente y que le hicieron una cama. Sin embargo, la fiscal Marisol Fabbro consideró que las evidencias recolectadas hasta el momento son suficientes para su detención. El juez Luis María Caterina confirmó la imputación por el homicidio agravado y dictó la prisión preventiva sin plazos.

El testimonio principal hasta el momento lo dio otro policía, que estaba en la fiesta junto a su novia y dice haber reconocido a Emiliano G. por haber sido compañeros de estudio. “Le pedí que deje de tirar pero no me hizo caso”, explicó en la audiencia de enero la fiscal Fabbro en relación a lo que dijo este policía en sus declaraciones. Se presentó voluntariamente en la Fiscalía luego de dar su testimonio en la División Judiciales.

En la audiencia de este lunes, el abogado Nicolás Vallet, ahora representante de la querella, repasó los hechos según las investigaciones. Eran las 4.30 de la madrugada cuando se desató la pelea que empezó con dos grupos que se tiraron petardos y botellas. Luego llegaron los disparos y la gente se dispersó. Brandon y su primo intentaron correr por Centenario desde Entre Ríos a Corrientes. Fue en esos instantes cuando recibió la bala que le quitó la vida.

Hasta el momento el presunto autor de los disparos es Emiliano G. Así lo indican las declaraciones del policía que lo acusó horas después del hecho, pero también otras evidencias. Distintos testimonios de personas que estaban presentes aquella noche describieron al tirador con características similares, todas ajustadas a la apariencia del imputado. También hubo una rueda de reconocimiento, realizada el 11 de enero, en donde dos personas coincidieron al momento de señalarlo. También la pericia balística dio resultados positivos al cotejarse el arma del detenido, secuestrada en el allanamiento a su vivienda, con las vainas encontradas en el lugar del hecho.

“Restan llevar adelante medidas de pruebas, el único objeto es esclarecer los hechos, determinar la verdad y quién es o quiénes son los culpables del homicidio de Brandon”, dijo Vallet antes de ser aceptado como querellante junto a los padres de la víctima.

“No estamos lejos de un caso de gatillo fácil, porque más allá de que la persona estaba de franco, hay fallos y jurisprudencias que dicen que el policía no deja de ser policía, y que por su entrenamiento previo tiene un conocimiento del uso de su arma distinto a cualquier persona normal”, explicó Vallet. En este sentido, indicó que revisarán la posibilidad de solicitar que la figura de la imputación cambie a homicidio calificado por ser funcionario de las fuerzas de seguridad.

Según estableció la fiscal, el  imputado disparó con su arma reglamentaria al menos siete veces en una esquina donde vecinos del barrio festejaban la llegada del año nuevo. No disparó al aire. El relato de los testigos coincide en que apuntó a donde estaba la gente. Brandon iba a la Escuela Técnica 649 General San Martín. Le decían Nano, jugaba a la pelota en la liga de Casilda y era hincha de Newell’s. Su mamá y su papá viven estos días con mucho dolor y ya se encontraron con familiares de otras víctimas de violencia policial que comenzaron a acompañarlos. El homenaje que sus familiares y amigos realizarán este viernes a las 20 en Centenario y Entre Ríos servirá también de impulso para afrontar el camino a la justicia que queda por recorrer. Nano tenía 16, y no lo dejaron cumplir 17. Mientras en Rosario se debate acerca del funcionamiento de las fuerzas de seguridad, la policía – con o sin uniforme -continúa matando pibes.

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