“Desde hace años podemos trabajar con los medios tecnológicos que hay. Se puede hacer cine sin la parafernalia industrial y eso hay que aprovecharlo. Yo me encuentro con una realidad y trato de capturarla estéticamente con los medios que tengo…Ahora veremos la película”. De origen iraní, nacionalizado español, colombiano por adopción, Homer Etminani es el director de “Inmortal”, una película colombiana de producción independiente que se estrenó mundialmente en la decimoctava edición del BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente). “Inmortal” ganó el premio como “Mejor película” en la Competencia Latinoamericana pero al momento de hacer esta entrevista su director aún no lo sabe.

Por Tomás Viú

Fotos:  fakefilms.org

Acaba de proyectarse “Inmortal” en una de las funciones programadas por el Festival. Estamos en un bar, a pocos metros de la sala donde hasta hace unos minutos Homer charlaba con el público. De fondo suena una música de jazz que está bastante fuerte. Pero en la cabeza de Homer suenan más fuertes las bombas de su infancia. Nació en Teherán en 1974 bajo la monarquía del Shá: “Hoy en día no tengo ninguna relación con Irán. Cuando pudimos salir del país, me fui con mis padres y mis cuatro hermanos”. La familia Etminani se exilió cuando él tenía trece años y ya había vivido, luego de la monarquía, una Revolución, un Golpe de Estado y varios años de guerra con Irak. Dice que tuvieron una salida de película y la recuerda, casi treinta años después, con lujo de detalles. “El último año, en vez de ir al colegio, venía un bus que nos recogía y nos llevaba a un campo de entrenamiento militar. No sabían cuánto iba a durar la guerra y estaban preparando los soldados del futuro. Cuando mis padres vieron que se iban a quedar sin hijos decidieron dejar todo y salir de ahí”.

Fue con su familia a Barcelona donde tenían un familiar lejano que les hizo de enlace para entrar. “Tenía trece años así que en Barcelona empecé a desarrollarme como persona”. Homer es “cien por ciento ateo”. Ya en el nuevo contexto occidental, estudió Magisterio para ser profesor de inglés y también informática, pero fue un desastre y lo echaron. “Yo iba mucho a la Cinemateca de Barcelona porque siempre me gustó el cine. Crecí viendo westerns y películas bélicas”, recuerda Homer, en cuya infancia las explosiones estaban en relación de continuidad dentro y fuera de la sala de cine. Dice que el régimen islámico procura que en la televisión no aparezcan mujeres y que por eso pasaban ese tipo de películas.

Después de los fracasos universitarios un amigo le aconsejó que estudiara cine. “Yo no tenía ni idea que el cine se podía estudiar”. Se matriculó, empezó a ver dos o tres películas por día y a realizar cortos y documentales. Homer también había incursionado en el boxeo y había entrenado tres o cuatro años, siempre como aficionado. Decidió dejarlo para vivir la vida como cualquier adolescente. Pero algunos aprendizajes conserva: en sus películas no encontramos golpes bajos.

Después de varios años en Barcelona surgió la oportunidad de viajar a Colombia, donde se estableció y continuó la actividad cinematográfica junto a Carmen Viveros Celín, directora de Docs Caribe, un espacio dedicado a la creación, investigación y difusión del cine de no ficción desde el Caribe colombiano. Carmen, que también había estado en España durante 12 años coordinando un master de documental creativo en la Universidad Autónoma de Barcelona, es la productora de la película: “A partir de nuestras visiones en la infancia y en nuestra juventud devenimos en una especie de ´sociedad anestesiada´, consecuencia de tantas décadas de violencia. Eso se refleja en Inmortal”.

Caribe: pescadores y pescados

Cosme Peñate tiene cincuenta años y vive en Puerto Colombia. Trabaja desde los quince rescatando los cuerpos que llegan a la costa producto del conflicto armado. Cosme, el “pescador de cadáveres”, es el motor de “Inmortal”. “Conocí a Cosme leyendo un artículo del periódico. Le habían hecho varios reportajes durante un tiempo. Llegué a Colombia hace tres años y medio y a los pocos meses leí ese artículo. Me llamó mucho la atención: una persona que salía a recoger cadáveres en el mar. Yo venía de Barcelona donde había una imagen idílica del Caribe”.

La playa de Puerto Colombia, donde Cosme trabaja y vive, está a diez minutos de Barranquilla. Homer fue a conocer a Cosme y habló con él. Después empezó a ir cada vez con mayor frecuencia y se hicieron amigos. “Le plantee hacer una película. Pero yo no quería hacer un documental como muchos de los que estamos acostumbrados a ver en televisión, que es nuestro peor enemigo. No quería hacer una película canónica con una estructura determinada”.

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En el largometraje hay una imagen muy impactante: el curso del agua decide el destino de los cuerpos que son arrojados al mar por el conflicto armado. “Te pasan muchas cosas por dentro. Cómo puede ser que haya tantos muertos; cómo puede ser que la gente se acostumbre a eso”. Homer dice que después de la sorpresa vienen los recuerdos de la infancia,  los bombardeos en Teherán y los días siguientes cuando salía a la calle y veía cómo rescataban los cadáveres en los edificios destruidos. Dice que conocer a Cosme le recordó todo eso. “Tengo la deuda pendiente de contar esa historia, de haber nacido bajo una monarquía, después vivir la Revolución, luego la guerra y el exilio. Hay toda una historia para contar pero todavía no he tenido los medios ni los tiempos para hacerlo. La realidad de Cosme me transportó a esos recuerdos que tengo escondidos”.

“Inmortal” es el segundo largometraje de Etminani. El rodaje duró desde fines de marzo hasta septiembre de 2015, pero Homer aclara que filmaban cuando podían y que en total habrán sido diez o doce días de grabación. El equipo técnico está formado por estudiantes de Artes Plásticas, a través del Semillero de Investigación Xperimenta que él mismo dirige.

Este año la película se podrá ver en algunos festivales de cine pero el autor promete que después la colgará en Internet para que todos la puedan ver. “Me gusta trabajar sin tener un presupuesto aprobado donde hay que filmar de tal día a tal otro y entregar la película en tanto tiempo porque está financiada por determinados fondos. No me gusta estar encasillado en las estructuras de la industria. Filmamos con una cámara que costó 500 dólares, un zoom de 200 dólares y un trípode que me prestaron. Los fondos deberían ser más abiertos a este tipo de propuestas”.

 El cine y el trabajo con el tiempo

Cuando le pregunto por la historia de la película, la moza del bar viene a tomar el pedido. Yo pido un cortado en jarrita; Homer un cuarto de vino tinto. Está relajado porque ya hizo la presentación ante el público. “A mí no me interesa narrar historias. Creo que el cine tiene posibilidades increíbles. Siempre se habla del lenguaje cinematográfico pero el cine no tiene una gramática. Las imágenes y los sonidos se pueden organizar de cualquier manera y estás comunicando. Eso no pasa con la literatura”. Homer sienta en la mesa a Peter Greenaway. El director británico plantea que “tenemos un cine basado en el texto y que hasta ahora no hemos visto películas sino libros ilustrados”. Para Homer “es el espectador el que construye el relato, la historia o lo que quiera”.

En “Inmortal” atravesamos el tiempo junto con los personajes. La cámara es un testigo presencial. La película propone un tiempo del relato distinto al que nos tiene acostumbrados el cine industrial. “En Hollywood trabajan poniéndoles imágenes a textos. Yo pienso que el cine no debe ir por ese camino. En el cine hay duración. La materia prima del cine es el tiempo en su dimensión visual. Un cineasta debe trabajar con el tiempo”.

Etminani, que también es profesor y coordinador del Programa de Artes Plásticas de la Universidad del Atlántico, propone un ejercicio de “cine de lo real” al vincular a dos personas que sin conocerse devienen personajes protagonistas del film. “Cuando pensaba cómo filmar la realidad de Cosme me acordé de Hellens, una alumna que había perdido a su novio en el conflicto armado. Lo habían tirado al río  y nunca había aparecido. Hellens buscaba el cuerpo para darle sepultura. Yo le dije que había un señor que buscaba cadáveres. Ellos no se conocían. Todo eso está en la película”.

El relato está organizado en bloques de tiempo. Por un lado, vemos a Cosme en su vida cotidiana. Vive y trabaja en la orilla del mar. Rescata los cuerpos que llegan a la costa. Él es parte del paisaje habitual. Por otro lado, también vemos a Hellens en sus tareas cotidianas, lavando ropa o cocinando. Pero ella tiene otro deseo que excede lo doméstico: quiere encontrar el cuerpo de su novio desaparecido. La propuesta cinematográfica es experimentar –grabando- qué sucede con los personajes a través del tiempo, conectando a una persona que trabaja encontrando cadáveres con otra persona que busca un cuerpo. Hellens se moviliza para encontrarse con Cosme. Camina. Baja la montaña. Camina. Cruza el río. Camina. Sube a un auto. “El recorrido de ella es bastante largo en la película y me parece interesante porque todo ese recorrido es el que hizo el cuerpo del desaparecido. Mi intención era que ella llegara a la playa y que juntos buscaran el cuerpo”.

Para el director, también guionista y editor, no existe la distinción que suele hacerse entre ficción y documental. “Las películas siempre son ficciones porque uno interviene en la realidad. Desde el momento en que decidimos un encuadre ya estamos dejando afuera un montón de cosas. Siempre estamos en una ficción porque hay una persona que decide qué es lo que hay que ver”.

Homer interviene en la vida para que suceda lo que vemos en la película. “Son personajes reales que se interpretan a ellos mismos pero las situaciones sólo son posibles en la película. Recorrimos espacios que Hellens no conocía. Fuimos construyendo bastante sobre la marcha”. La muerte interviene en el rodaje para que suceda lo que vemos en la película. Cosme, el rescatador de los muertos, ahora es uno de ellos. “Cosme murió en la mitad del rodaje. Fue algo muy duro y realmente sacudió a la filmación. Una decisión impulsiva nos llevó a grabar el entierro. Como él realmente se murió en la película yo consideré que eso debía notarse”.

Cuando Homer se encuentra con una realidad que le interesa trata de convertir eso en una película. Dice que es el propio material audiovisual el que impone cómo debe ser y cuánto debe durar. “Después de la muerte de Cosme se transformó en una película de setenta y cinco minutos. Si no yo no sé cuánto hubiese durado”. La muerte de Cosme obligó a recomponer la historia de otra manera. “Se me ocurrió acudir a su familia. Entrevistamos a la madre y a la hermana. Todo fluyó muy bien y quedó como una especie de epílogo”.

 Rezo por vos

“La mayoría de los hombres siempre van boca abajo…el hombre. Y la mujer siempre va boca arriba”. Así comienza la crónica N.N. (http://radioambulante.org/transcripcion/transcripcion-n-n-ningun-nombre), en la cual la periodista Nadja Drost viaja a Puerto Berrío, un pueblo ubicado al norte de Colombia, donde desde hace décadas aparecen cadáveres flotando en el río. Los cuerpos anónimos que llegan a la costa son identificados en el cementerio como N.N. (ningún nombre). Esos muertos muchas veces son adoptados por la gente que perdió a algún familiar y que no tuvo respuestas sobre el destino de ese cuerpo desaparecido. Confían en que alguien haga lo mismo en caso de encontrar a sus seres queridos. “Cuando adoptan un cuerpo le dan un nuevo nombre. Lo bautizan, y rezan por su alma”. Las personas que adoptan les piden a estas almas favores como protección, empleo y reconciliación; a cambio los visitan en el cementerio, les hacen ofrendas y placas de agradecimiento. Por eso las tumbas de los NNs son las más decoradas, con ramos de flores, figuritas y colores alegres.

En la historia de Cosme también se establece una relación entre vivos y muertos. Cosme trabaja rescatando los cadáveres por devoción. Homer cuenta que “algunos familiares le daban una propina como agradecimiento pero él no cobraba nada. Vivía vendiendo cerveza, limpiando la playa o haciendo algún que otro arreglo en el pueblo. Lo de los cadáveres era por pura devoción”. Cosme lleva colgados ochenta y tres collares, uno por cada cuerpo rescatado del mar. Los fabrica personalmente y cree que cuando se rompen es porque el alma ya puede descansar en paz.

Colombia es un país con más de cincuenta mil desaparecidos, producto de seis décadas de conflicto armado. Homer: “La gente se ha acostumbrado a tanta muerte y eso es terrible. En la película vemos que aparecen cadáveres en el mar y las personas se siguen bañando como si nada hubiese pasado”. La productora de la película, Carmen Viveros,  dice que en el caso de Inmortal “la potencia que tiene el personaje, el pueblo y lo que allí pasa es que refleja nuestra sociedad. La violencia está latente, hasta tal punto que un cuerpo sin vida arriba a la orilla como un acontecimiento normalizado, propio de la vida cotidiana”. 13180949_10209362394282805_445984755_n

En la película hay una tensión constante entre lo micro y lo macro, entre la historia de Cosme y Hellens y la realidad de Puerto Colombia y de todo un país signado por la violencia. “En el fondo del río que recorrimos con Hellens debe haber muchos muertos que no han aparecido todavía. No podemos dejar de reflexionar sobre la muerte, está muy presente permanentemente. Fue realmente una experiencia”, dice Homer.

Colombia es un país que todavía está en un momento muy álgido con respecto a la violencia. “Hay mucho paramilitarismo y grupos guerrilleros. El tema del conflicto y de los desaparecidos está muy latente en la película. Se está trabajando el tema de la memoria histórica. Hay todo un movimiento detrás de eso”.

Arderá la memoria

El 9 de abril de 1948 asesinaron en Bogotá a Jorge Eliecer Gaitán, un líder popular del Partido Liberal que iba camino a la presidencia. Esa fecha es clave en relación al inicio del conflicto armado y de la violencia que continúa hasta hoy en Colombia. Desde hace algunos años están apareciendo interesantes trabajos de memoria en el terreno del cine subjetivo. Carmen Viveros está realizando una investigación a partir de los documentales que vienen produciendo las hijas y las nietas de los guerrilleros asesinados. “Son las mujeres las que están haciendo la posmemoria del conflicto. Ellas recuperan la historia y la identidad de sus padres y de sus abuelos. Esto empezó cerca de los noventa. Antes nadie se atrevía a decir nada. Ahora se empieza a trabajar la memoria de las víctimas”.

En el documental “Impunity” (https://www.youtube.com/watch?v=OArXwxsUfDg) podemos ver que la elite política y económica colombiana apoyó la creación y el desarrollo de los grupos paramilitares para despojar de tierras a los campesinos, enriquecerse con proyectos agroindustriales y al mismo tiempo participar del narcotráfico. Carmen dice que en ´Impunity´ “se ve el papel del Estado en los procesos de violencia y se observa cómo se genera terror en territorios que interesan a las multinacionales. Ese es el origen del conflicto y de la violencia en Colombia. Es una lucha constante por el territorio, por la tierra”.

En 2005 se aprobó en Colombia la Ley de Justicia y Paz. El gobierno de Álvaro Uribe les garantizó total impunidad a los paramilitares de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia). El proceso de desmovilización en principio obligaba a los paramilitares a entregar las armas y a confesar los crímenes ante una comisión judicial especial que dictaría penas de prisión de entre cinco y ocho años. Según el testimonio de Gustavo Gallon, miembro de la Comisión Colombiana de Juristas, de los 31.600 paramilitares desmovilizados, el gobierno presentó ante la fiscalía 3.600 personas como responsables de crímenes de lesa humanidad. De esas 3.600 sólo 600 comparecieron ante la Fiscalía. El resto quedó impune. Mientras tanto, el vicepresidente Francisco Santos dice en el documental que “es un proceso ejemplar que será visto en el mundo como el gran modelo de justicia transicional para resolver un problema de violencia”.

“Impunity” tiene un valor documental fundamental porque registra las declaraciones oficiales de los comandantes de las AUC ante la Fiscalía. En esos testimonios se confiesan las mayores atrocidades cometidas por los grupos paramilitares para generar terror en las comunidades. El Comandante Ever Veloza declara que, ante el aumento de los homicidios y dado el acceso que tenían los medios a esos crímenes, los jefes de la policía y del ejército les pidieron que no dejaran tirados los cuerpos de los campesinos asesinados sino que los hicieran desaparecer. “Ellos nos permitían cometer el hecho pero con el compromiso de no dejar los cadáveres abandonados por ahí”. De esa manera empezaron a utilizar métodos como las fosas comunes, a tirarlos al río y hasta a cremar los cuerpos en hornos. Paralelamente, comienzan a registrarse las denuncias y los relatos de los familiares de las víctimas y los desaparecidos.

Carmen dice que ahora es cuando más se está recuperando la memoria en Colombia pero que “el problema es que el conflicto no se termina. Se está haciendo memoria durante el período traumático”. Ella cree que estos relatos contados desde voces individuales, que se conectan con sus historias familiares y locales, “han empezado a dinamitar el silencio y el olvido que hemos guardado durante tanto tiempo, intimidados por la guerra (en la selva, en el mar y en las ciudades). Es un paisaje emocional que se teje en toda nuestra geografía”.

Documentales para recordar:

La historia que no contaron, de Erika Antequera y Ayoze O’Shanahan, 2009:  https://www.youtube.com/watch?v=dutvL53_dVg

Impunity, de Hollman Morris y Juan José Lozano, 2010: https://www.youtube.com/watch?v=OArXwxsUfDg

Pizarro un guerrero de paz, de Maria José Pizarro, 2010: https://vimeo.com/30229132

Carta a una Sombra, de Daniela Abad y Miguel Salazar, 2014: https://www.youtube.com/watch?v=ScKuXDU4jBA

Gaitán sí, de Maria Valencia Gaitán, 1998: https://www.youtube.com/watch?v=iSZnGtMHGCA

Cesó la horrible noche, de Ricardo Restrepo, 2013: https://www.youtube.com/watch?v=UWrcAiLsX9Y

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