El Federal, club recuperado de la zona oeste de Rosario que lleva diez años de autogestión, realizó una asamblea con los vecinos de La República. La reforma total del Estatuto, los avances y las urgencias edilicias, la necesidad de la intervención del Estado y las amenazas que siguen sufriendo fueron los principales ejes de la asamblea. Un proyecto colectivo que apuesta al encuentro. Un lugar donde practican y cultivan el arte y el deporte ajenos a las lógicas del mercado. Una experiencia de trabajo, militancia y autogestión.

Por Tomás Viú. Fotos: Ana Laura Beroiz

Cuando en marzo de mil novecientos cuarenta y tres, un grupo de obreros se congregaba en asamblea y fundaba el Club Social y Deportivo Federal en el barrio La República, nadie podía imaginar que setenta y cinco años después habría otra asamblea en el mismo lugar, en un contexto muy distinto que sin embargo tiene continuidades y matrices comunes. En su momento, los obreros que habían llegado de distintos países querían construir un espacio social común en el barrio, un lugar de pertenencia, un rincón donde compartir. Hoy El Federal tiene en la espalda diez años de trabajo autogestivo y un proceso de recuperación que empezó en 2008 de la mano de un grupo de vecinos y vecinas que se empezaron a organizar cuando trascendió que al lugar lo iban a rematar a un privado para construir un edificio.

Contra esos intereses pelean en El Federal. Contra el mercado inmobiliario, contra la especulación, contra el boom de unos pocos. Y el escudo con el que luchan lleva el nombre de los vecinos que hoy viven en el barrio, de los obreros del 43 y de los hijos y los nietos que están por venir, a quienes estas luchas les llegarán como relatos orales, como les llegó la historia de la fundación a los vecinos que emprendieron la recuperación en 2008. Los ciclos históricos marcan que cuando un proyecto empieza a crecer también crecen las resistencias. Los obreros del 43 no podían saber que treinta años después una de las dictaduras más feroces se ensañaría, entre otras cosas, con estos espacios populares. No pudieron imaginar la década del noventa ni la crisis del 2001. Pero tampoco imaginaron que el club sería recuperado por los vecinos y que en 2018 habría seiscientos socios activos.

El 19 de febrero pasado hubo en El Federal una Asamblea Extraordinaria con los vecinos del barrio. La asamblea tuvo dos momentos. Al principio se compartió la reforma total del estatuto, que en su preámbulo deja en claro las continuidades con los fundadores. Afirma mantener “incólume el espíritu social, deportivo, artístico, y político que fue pensamiento y acción de los fundadores”; declara que “ha sido, es, y será un club de carácter popular, que busca como espacio de sociabilización contribuir a través del deporte y el arte a la mejora de la calidad de vida de la comunidad”. Además, en sus objetos y finalidades propone “sostener una coherencia entre el proyecto de club y su práctica con la realidad del barrio, no siendo ajeno al contexto macro-económico y político que vive nuestro pueblo”.

Un aspecto interesante que también figura en sus objetivos es que la construcción y organización territorial como entidad deportiva, cultural y social no puede transformarse en Sociedad Comercial de ningún tipo. Este punto es una consolidación en términos institucionales de la resistencia que vienen llevando adelante en los hechos. El artículo de salvaguarda de carácter de asociación civil tiene como objetivo que no se entrometan capitales privados en el gobierno del club. “En muchas instituciones se está disputando para que sean sociedades comerciales o sociedades anónimas”, cuenta Nicolás Rigatuso, vecino del barrio y miembro de Comisión Directiva. “Venimos de un proceso de recuperación. Hay ausencia de papeles. En los últimos diez años recién hemos podido escriturar los terrenos, que era de una de las cosas que se disputaba”, enmarca Nicolás. Dice que ellos querían recuperar la institucionalidad pero bajo los parámetros que vienen construyendo desde hace años. “Por un lado está la forma institucional pero también la que se da todos los días en la calle. En este contexto político y social vienen por las instituciones. Entonces creemos que nuestra forma de contrarrestar eso es organizarnos también institucionalmente”.

Otro artículo que incorpora el nuevo Estatuto es aquel que prohíbe los sectarismos. “Ahí buscamos condenar todo tipo de manifestaciones como la homofobia, la xenofobia, el racismo, la misoginia. Buscamos perfilar culturalmente nuestro barrio y a la vez promover la defensa de los derechos humanos. Existe una pluralidad cultural que debe ser reflejada en las normas internas de la institución y del barrio”, explica Rigatuso.

La nueva comisión directiva va a trabajar en áreas divididas en secretarías donde se pretende particularizar algunas problemáticas concretas. Una es la parte infraestructural. Otra es la socio productiva. En el área de Cultura e Identidad va a haber un espacio de género y otro espacio para las juventudes. Estas áreas se suman a las que ya vienen trabajando como la de Deportes y la de Administración.

El adentro y el afuera

En la segunda parte de la asamblea, con el micrófono abierto, se hablaron cuestiones en relación con la infraestructura, las mejoras que se vienen haciendo, las necesidades edilicias y los límites que generan algunas situaciones precarias. Por un lado, apareció la necesidad de valorar la obra de la tribuna que se hizo con prepotencia de trabajo. Pero a la vez el club tiene una sola canilla y no tiene gas natural. Por eso, surgió el deseo y la propuesta de repensar los espacios, proyectarlos colectivamente, ver la forma de viabilizar esas necesidades y discutir de dónde sacar los recursos. Uno de los ejes que apareció en varios momentos de la asamblea en relación con estos temas es el rol del Estado y la necesidad de que intervenga en el club, siempre bajo la lógica interna que se fue construyendo desde hace diez años. “O abrimos la cancha para el capital privado, que a nosotros no nos parece, o exigimos al Estado que se haga presente donde realmente se practica una inclusión real”, planteó Damián Parolo, otro vecino y miembro de comisión directiva del Federal.

“En los últimos diez años trabajamos mucho para el adentro del barrio. Pensamos que la forma política organizativa se iniciaba por ahí”, relata Nicolás Rigatuso, mientras cuenta que ellos nacieron y crecieron en el barrio. “Siempre estuvimos alejados de algunas cuestiones políticas pero con el tiempo nos fuimos dando cuenta de que no estábamos alejados de esas cuestiones sino que las interpretábamos de otra manera”. Explica que la necesidad en ese proceso era estar con los pares construyendo la política en el barrio. Por eso, dice, lo que hicieron en ese tiempo fue compactar los límites del barrio y construir sus propias lógicas, sus formas, sus sueños y sus anhelos. Eso trajo naturalmente un alejamiento con las políticas del Estado. “Por lo general cuando el Estado interviene lo hace bajo sus lógicas económicas, políticas y sociales. En este último tiempo nos dimos cuenta de que en realidad hay distintas formas de pensar la intervención política en los territorios. Creemos que intervenir con la policía no es la única opción. La mejor forma es intervenir con la gente del barrio”, plantea Nicolás.

Daniela Giménez, vecina e integrante de la comisión directiva, recuerda que cuando el club iba a quedar en el Plan Abre, el Estado decidió no invertir porque “éste no era un barrio de los puntos rojos”. Sin embargo, dice, se invirtió en un montón de otros clubes de la zona. “Eso es una decisión política. Invirtieron todo alrededor nuestro y después nos quieren mandar un tallercito porque nosotros trabajamos bien la inclusión”.

Daniela plantea una ecuación tan concreta como filosófica en relación con lo que es y lo que no. “Hay clubes que necesitan distintas cuestiones para poder ser. El Federal ya es y a la vez no puede seguir siendo”. El límite, dice, es la infraestructura. “Nuestro proyecto deportivo es uno de los pilares más grosos y tenemos una sola cancha que no tiene techo. Si llueve toda la semana no se entrena. Todo va siendo un límite”. En el club aspiran a la excelencia deportiva. No quieren que lo popular sea ´la migaja´. “Creemos que la vulnerabilidad en que se encuentra el club materialmente es una puerta mucho más fácil de golpear”.

El Federal y El Luchador son dos clubes hermanos del barrio La República. Se piensan y se hacen conjuntamente. Entre los dos clubes hay un grupo de trabajo de cuarenta compañeros. A la asamblea también la pensaron entre los dos clubes. El vóley es compartido. El Luchador juega en la cancha de El Federal porque en su cancha no le dan las medidas. Las problemáticas son comunes.

La piedra en el zapato

Cuando afirmamos que las construcciones populares generan resistencias de los poderes instituidos, debemos hacer referencia a los ataques, amenazas y hostigamientos que vienen recibiendo en El Federal desde hace tiempo. Para Nicolás, esos conflictos son propios de la no intervención del Estado. “Por eso tenemos claro que el Estado tiene que estar presente pero bajo nuestra determinación y nuestras lógicas que son las que hemos venido construyendo en estos diez años”.

Cuando se recupera el club, lo primero que se disputa es el territorio. Así lo explica Nicolás. En un segundo momento se disputan las finalidades de la institución. “Para nosotros el objetivo es cultivar el arte y el deporte. Hay ideas distintas. El problema no es la disputa de ideas. El tema es que ni siquiera se atreven a disputar esas ideas”, dice Rigatuso, y plantea que lo ideal sería debatir esos temas en una asamblea. “Los ataques siempre vinieron a oscuras, en momentos donde nadie los veía. Una mañana amanecimos con todos los vidrios rotos. O nos encontramos con cosas rotas en nuestras casas. Hace dos semanas hubo un nuevo intento de volver a meter miedo para ver si se doblega la idea. Si es una cuestión de ideas, los invitamos a debatir. Pero no el debate mentiroso donde nos miramos a la cara y escondemos un montón de cosas, sino el debate profundo con una praxis concreta que demuestre los intereses que tiene cada uno”.

Daniela se pregunta si este tipo de amenazas existirían si no fuese un club pobre. Dice que quizás en otro club la oposición se presenta institucionalmente en una lista, pero que “acá en el barrio no se presentan sino que quieren resolverlo a los tiros”. Para Nicolás, si hablamos de ideas, hay que hablar de políticas nacionales, provinciales y municipales. Plantea que es una red, que esas ideas tienen operadores y que esos operadores se meten en el barrio. Toda idea es política. Eso lo tienen claro y por eso se atreven a volver a una asamblea, a reformar el Estatuto y a encaminar los deseos de cara al futuro para los pibes. “Nos ponen palos en la rueda las personas a las que no le interesa que estos clubes se vuelven espacios populares, que estén abiertos a la comunidad, que se intente trabajar sobre una ideología, una creencia, un sueño, una idea de transformación”, fue una de las intervenciones de Daniela en la asamblea. “Sobre una idea de relación y de vínculo que no existe en otro lugar”. Durante la intervención, recordó que en 2015 les pegaron un tiro en sus casas y que hace un par de semanas los amenazaron con destruir lo que vienen haciendo. “La idea es empezar a ver qué formas encontramos como barrio, qué formas podemos crear para encontrar una salida colectiva a esto”.

En la asamblea se planteó que las situaciones conflictivas tienen que ver con los distintos intereses sobre el mismo espacio. Se recordó que antes de que se cerrara el club el bufet generaba plata para unos pocos. Y que después concesionaron una cancha de fútbol cinco por la cual también ingresaba plata para unos pocos. “Tiene que ver con una cuestión económica y con diferencias ideológicas. No quieren que el club sea lo que es. Frente a eso nosotros nos plantamos”.

Resistir y producir en común-unión

Desde que se abrió el club en 2008 hay mil setecientos asociados inscriptos y hoy los socios activos son cerca de seiscientos. Hay fútbol, vóley y patín. Y también actividades culturales con la Universidad de Artes Populares, un proyecto que se pensó en conjunto con El Luchador y que ya lleva cuatro años funcionando. Hay talleres de canto, guitarra, percusión y artes plásticas. Funciona diariamente en los dos clubes y cada seis meses van rotando los espacios. “La Universidad te forma y te educa. Te enseña a utilizar tu cuerpo y tu instrumento”, dice Damián Parolo. “El año pasado la muestra artística fue muy emocionante. Hay chicos que van aprendiendo a conocerse y a desarrollar su cuerpo”.

Nicolás plantea que el conocimiento debe ser producido por toda la comunidad, y que a ese conocimiento hay que explorarlo y cultivarlo. “Son formas de decir distintas. Las dos disciplinas centrales son el arte y el deporte. Si esa no es la forma de expresión, las únicas que caben son las lógicas del mercado. Pensamos en un arte y en un deporte distinto”.

En la asamblea, cuando se socializaron las situaciones conflictivas, aparecieron los apoyos, las manos que sostienen, las espaldas. “Estas personas que atacan a nuestros compañeros piensan que somos unos pocos. Pero se equivocan. Cuando pase algo no agachemos la cabeza y salgamos a la calle a demostrar que somos muchos y que ni por casualidad vamos a dejar de hacer esto tan lindo que hacemos todos los días”. También surgieron reflexiones que estimulan a avanzar. “Es interesante levantar la vista para ver las cuestiones de infraestructura pero también para ver lo que pasó hace dos semanas en una jornada de trabajo con más de cincuenta personas. Eso, en los tiempos que corren que nos quieren separados y solos, es para parar la oreja”.

El abuelo de Damián fue socio fundador del club. Fue uno de los obreros del 43. El nieto del abuelo hace veinte años que vive en el barrio. Sufrió cuando el club estaba cerrado, cuando tenían que saltar para jugar a la pelota, cuando los sacaban a escopetazos, cuando les pinchaban la pelota, cuando los hacían laburar prometiéndoles una obra de cancha. Ha sufrido en la mala y a partir de eso quiere revertirlo. Para los jóvenes, dice. “Estas cuestiones me movilizan a seguir, a no bajar la cabeza y a hacernos cada día más fuertes. Con nuestros errores y nuestras falencias pero siempre mirando para adelante”.

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