El arte ataca

Crear hasta el nombre

Mudanceras está integrada por cinco mujeres bailarinas y dos músicos que proponen un folklore popular, alejado de los cánones machistas del género. Además de bailar, zapatean y hacen percusión aunque esos sean roles tradicionalmente reservados a los varones. También conjugan el teatro físico en Ombilia, un espectáculo que aborda diferentes fases en las experiencias vitales de las mujeres. Con música en vivo, las Mudanceras hacen del cuerpo y el movimiento, un grito de libertad. 

Por María Cruz Ciarniello

Hace cinco años decidieron conformar un grupo de investigación de la danza folklórica, aunque hace ya 15 años que trabajan y conviven y dialogan juntas.

Bailan, danzan. Zapatean. Investigan. Exploran. Abrazan. Lloran. Descubren. Cantan. Vuelan.

El grupo Mudanceras está integrado por Inés Maguna, Julia Ayarza, Evangelina Jakas, Inés Quinteros y María Laura Legarreta, mujeres que provienen de diferentes disciplinas artísticas, y dos músicos, Martín Reinoso y Diego Zabala. El nombre deviene de las mudanzas dentro del folklore que son, explica María Laura a enREDando, los zapateos desplazados en el espacio. Pero también deriva de todo lo que implica mudarse: cambio, transformación. Es así como entienden la danza y esa búsqueda por ocupar lugares no tradicionales para la mujer en el género folklórico como lo es el zapateo o la percusión, roles tradicionalmente reservado a los varones. “La mujer zarandea desde un lugar más modosito, tiene que ver con los roles de género en otra época. Nosotras empezamos a buscar nuestra propia identidad en el folklore como mujeres de otra generación, con otras luchas, con otras reivindicaciones de derechos y eso aparece en la danza”.

Desde ese lugar se plantan en un escenario. Desde ese lugar, las Mudanceras bailan y también zapatean. Desde ese lugar, escriben y conjugan la voz con el baile y los bombos legüeros que ellas mismas hacen sonar. “Nuestra danza es bastante heterogénea. Venimos de la expresión corporal, la danza contemporánea, el afroperuano. Todos esos elementos confluyen y hace que no todas hagamos lo mismo”.

En el mundo del folklore, Mudanceras introduce otro tiempo y otros modos, con una búsqueda que jamás se aleja de la perspectiva ancestral. Explora y fusiona ritmos y expresiones artísticas. “Nuestra búsqueda es la de un folclore que encuentra en las antiguas tradiciones su raíz, permitiéndose un modo de manifestación articulada con elementos de danzas actuales y la Expresión Corporal”, dicen.

Cuenta María Laura que no pueden identificarse con un solo elemento del floklore. “Somos todo esto”, dice y enumera: “teatro, canto, baile”. “No nos homogeneizamos como suele suceder en los ballets, mantenemos nuestra individualidad. Los cuerpos no van todos parejos porque somos todas muy distintas. Y queremos que eso se sostenga”. Así, las Mudanceras proponen otro vínculo con el folklore tradicional, casi siempre machista. “Como todos los lugares de la tradición, se aferran a lugares machistas. Y nosotras por algo nos apartamos de eso, y empezamos a buscar nuestro propio lugar, sino estaríamos bailando en ballets tradicionales haciendo solo el zarandeo modosito, donde la mujer solo tiene que sonreir, hacer movimientos bellos y agradables. Dentro del folklore tradicional, no encontrábamos esa libertad de expresión”. En esa búsqueda y con esa intención, promoviendo un folklore de encuentro popular, se presentaron tanto teatros como en centros culturales, peñas folclóricas, escuelas y centros comunitarios, en la vía pública, en la cárcel y en hospitales neuropsiquiátricos. Además, realizan talleres de formación intensiva en danzas folklóricas y zapateo, expresión corporal y percusión.

Las Mudanceras se proponen “ser felices” dice Laura, con simpleza. “Poder expresar lo que deseamos”, asegura cuando responde a la pregunta por la intencionalidad o el objetivo del grupo. Perseguir el deseo casi como una búsqueda constante donde nada puede estar desvinculado del propio cuerpo. Deseo y cuerpo. Defenderlo hasta lo imposible.

 

Qué puede un cuerpo

Ombilia es la última producción del grupo Mudancera, aunque no la única. El grupo tiene en su haber dos trabajos de producción escénica con música en vivo: “Entre rondas y malambos”, espectáculo de danza, música y poesía, presentada en diversos espacios, incluyendo el I Congreso de Danza realizado en Rosario en el año 2015; y “Costumbres de libertad”, obra de teatro danza premiada por la Municipalidad de Rosario a través del premio Cosecha

Pero es Ombilia la obra que más explora la danza junto al teatro físico, de una forma mucho más visible y contundente que en las producciones anteriores. Con la dirección del reconocido actor y director Severo Callaci, Mudanceras pone en escena un espectáculo de danza-teatro con música en vivo. Ombilia es una fusión que además aporta una mirada feminista de las diferentes etapas en la vida de una mujer, o de todas, o de muchas, o de algunas. Desde el nacimiento hasta la muerte. Desde el inicio de la sexualidad hasta la menopausia o plenopausia. “El diálogo interdisciplinario entre el movimiento, el canto, la música, el relato y la poesía dio lugar a improvisaciones, composiciones musicales y producciones individuales de textos re trabajados luego grupalmente, dando lugar a lo que hoy conforma el cuerpo de la obra, cuya composición es colectiva”, sostienen en su carpeta de presentación.

Ombilia nace de un trabajo inicial que realizaron con motivo de la inauguración de la Sala de parto respetado del Hospital Roque Saenz Peña. “Armamos un trabajo de 20 minutos, con texto y música en vivo y eso fue como la semilla de Ombilia. El primer acercamiento a la temática de la mujer. Pero sentimos que queríamos ir más allá de la cuestión del parto entonces ampliamos a otras fases en la vida de una mujer: el inicio en la sexualidad, la menstruación, la maternidad, la plenopausia, la muerte. Este es el hilo conductor de Ombilia. Y todo lo abordamos a través del teatro, el canto, la percusión, la danza, el zapateo. Y relatos producidos por nosotras mismas”, dice María Laura.

Esos relatos son los que exploran, a nivel personal y también colectivo, diferentes fases en la vida de las mujeres. “La investigación se desarrolló sobre una temática que fuera propia y significativa para todas. Dichos pasajes,  femeninos y universales, fueron los disparadores para el movimiento y la improvisación, utilizando en ese proceso elementos del teatro físico, técnicas de la danza folclórica argentina, de la danza contemporánea y elementos propios de la expresión corporal; y recobrando, además,  experiencias cercanas, testimonios propios o de otras mujeres, algunas reales, otras ficcionales, como alimento simbólico para la gestación de un contenido profundo y sincero”.

Siempre la pregunta aparece como disparador para repensarse en esos textos escritos desde el cuerpo. Porque el cuerpo, en Ombilia, es el que habla. “El director nos puso en esa tarea de no solamente trabajar desde la danza sino también escribir. Asique todo es artesanal”.

Lo personal es político y Ombilia hace de esa premisa una exploración artística en escena. Y aunque cada escrito sea propio, resulta imposible no reconocerse en esa escritura política y colectiva. Y cuando el relato toca las fibras más íntimas irrumpe el interrogante. “¿Cuándo volveremos a ser nosotras mismas?”, se escucha fuerte en la sala de la Sonrisa de Becket, con los acordes que dibuja la música de Reynoso y Zabala.

El zapateo resuena y el movimiento hilado de los cuerpos se despliega como alas libres, sueltas, deseantes. El cuerpo desea, el cuerpo es aire que hace zamba aunque el relato haga visible otras realidades, opresiones que se naturalizan a lo largo de nuestras experiencias más vitales.

El nombre Ombilia es una creación, tanto como toda la obra. La palabra no existe en el diccionario, pero sí en el imaginario de Mudanceras. “Empezamos a jugar con fonemas y sonidos, y Ombilia nos remitió a esta mujer arquetípica que contenga a todas las mujeres. El deseo más grande nuestro es que esta obra convoque a todas las mujeres, de todos los lugares. La idea de lo universal. Que nos atraviese más allá de la geografía, de la cultura, del sector social”.

El abrazo aparece también como el registro de lo vivido. Luego de la obra, las repercusiones son variadas. Casi todas positivas, en un proceso de creación que, asegura María Laura, está en plena experimentación. “Eso nos permite seguir creciendo. Es una obra en proceso. Y desde lo emotivo es impresionante. Es abrazar a mujeres llorando en casi todas las funciones”. ¿Qué nos moviliza en Ombilia?”. La respuesta es infinita. Una palabra, un gesto. Un movimiento. El acorde o la voz en off. Sentirse referenciada en un momento de la vida, en uno de esos relatos que las bailarinas ponen en escena, textos que hablan en primera persona, aunque podamos ser todas al mismo tiempo. Dice María Laura: “cada una de esas etapas las pensamos como preguntas, para deconstruir estereotipos que se han creado a lo largo de la vida. La intención de Ombilia es plantearnos preguntas de todo aquello que se ha establecido de determinada manera con determinado fin”.

La música en vivo acompaña la escena de una manera rítmica que dialoga constantemente. Ese trabajo está a cargo de Martín Reynoso y Diego Zabala quienes compusieron a partir de los textos producidos por las bailarinas, pero también, es música que se improvisa en cada función. “Si bien hay una estructura, también hay improvisación. Lo mismo ocurre con la danza, nunca es igual”.

Escribir un texto propio, pensar en imágenes, volver a escribir con el cuerpo. Moverse y organizar el movimiento como un diálogo continuo. Hasta la muerte es trabajada desde el dolor por las Mudanceras, un dolor que puede también transformarse. Dice Laura que Ombilia se piensa en capas, en muchas capas. Y cuando esas capas se conjugan, se produce la magia.

Nadie sabe qué puede un cuerpo, pero sí sabemos y sentimos las opresiones que sobre nuestros propios cuerpos deposita el patriarcado. Laura dice que el cuerpo lo puede todo. “Sobre él operan todas las limitaciones pero también pueden surgir todas las liberaciones. Como poder, puede todo” refuerza esta Mudancera que no duda ni un segundo en definir el arte que hacen desde el compromiso social. Y en esta lucha por la defensa de los derechos de las mujeres, las Mudanceras ofrecen sus cuerpos a la danza. Y con ellos dibujan movimientos, libres, autónomos, deseados. Movimientos que son sinónimo de libertad, porque no conciben la danza de otra manera que no sea eso: una metáfora de la libertad. Una forma de sanar, de expresar, de ser libres.

De hacer magia.

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