Dos años después del lanzamiento del Plan Un Millón de Vehículos, las políticas públicas implementadas por Mauricio Macri desataron una situación de crisis estructural en el complejo automotriz que terminaron boicoteando ese programa: plantas que producen al 15% de su capacidad instalada, cierre de empresas emblemáticas, suspensiones, retiros voluntarios y despidos, caída sostenida en la producción, derrumbe de las exportaciones e invasión de autos importados. Muy lejos de las promesas del 0KM, la situación pone al descubierto uno de los costados más oscuros de la destrucción del trabajo en tiempos de la Alianza Cambiemos.

Por Jorge Cadús

El 15 de marzo del 2017, el presidente Mauricio Macri presentó el plan “Un millón de vehículos”, que planteaba la interacción del Gobierno Nacional, las provincias de Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe y los sectores empresariales y sindicales para llegar a esa cifra de producción en el año 2023.

“Hoy es un día muy especial e histórico para la industria”, enfatizó entonces Macri, remarcando que el plan “gira sobre dos ejes fundamentales que son producir un millón de automóviles y cuidar a la familia de trabajadores de esta industria”.

Aquel acuerdo fijaba como primer objetivo incrementar la producción hasta llegar a 750.000 vehículos en 2019; para luego dar otro salto y alcanzar el millón de unidades en 2023. En forma simultánea, se suponía aumentar la integración de autopartes producidas localmente; y diversificar los mercados de exportación con la idea de vender por lo menos un 35% por ciento de la producción a destinos extra Mercosur.

Dos años después, la situación del complejo automotriz aparece como el costado más oscuro de la destrucción del trabajo en los tiempos de la Alianza Cambiemos: plantas que producen al 15% de su capacidad instalada cuando no deben bajar las persianas, suspensiones, retiros voluntarios y despidos, caída sostenida en la cantidad de unidades producidas, derrumbe de las exportaciones, y una inédita invasión de autos importados.

Dos años después

De acuerdo al “Informe Febrero 2019: Evolución de la Producción, Exportaciones y Ventas a Concesionarios”, de la Asociación de Fabricantes de Automotores (ADEFA), en el primer bimestre del 2019, la producción nacional registró un descenso del 22,1% con relación a igual período del 2018. Mientras tanto, las exportaciones tuvieron, en la comparación interanual del primer bimestre, una baja del 9,5%, un  derrumbe que se da de la mano del crecimiento del mercado de autos en Brasil, destino del 65% de las ventas de 0KM argentinos. Con esos números, ADEFA bajó sus expectativas de venta y producción: de 270.000 unidades con posibilidad de exportación en todo 2019, el volumen proyectado cayó a 230.000 vehículos; mientras que los planes de producción cayeron de 470.000 a 420.000 unidades.

En relación a las ventas a concesionarios, el bimestre enero/febrero de 2019 registra una caída en relación al mismo período del 2018 del 56,3%.

Y no sólo eso: desde la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA) señalan que en el último año se desplomó un 45% el patentamiento de autos 0 KM, debido –principalmente- al aumento del valor de los rodados (un 90% promedio) y la caída del poder adquisitivo. En forma paralela, el 20% de los planes de ahorro se cayeron, frente al aumento de costos y la imposibilidad de afrontar el pago de la cuota por parte de los ahorristas. Los planes de ahorro representan cuatro de cada diez autos nuevos vendidos.

En ese marco, el estudio “El complejo automotriz en los 3 años de gestión de Cambiemos. Cada vez mas lejos del millón”, producido por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), señala que la producción de vehículos cayó 16,5% entre 2015 y 2018, cuando se pasó de fabricar 543.467 unidades a 466.649 unidades. En forma paralela, devela que “se comprueba un fuerte y constante reemplazo de producción local por importada”: en 2018 se vendieron 46,8% autos nacionales menos que en 2015. Es decir que el resultado de los tres años de gestión macrista expone la apertura comercial. Así, “al cabo de tres años de la gestión de Cambiemos, se da un proceso de crecimiento de la participación de los vehículos importados en las ventas de las terminales a los concesionarios, pasando del 52,7% en 2015 al 71% en el año 2018, mostrando una dinámica que pareciera estructural en esos niveles”, concluye el trabajo del CEPA.

La situación es sumamente grave, y estructural: el conjunto de la industria manufacturera sufre una crisis derivada de los tarifazos en servicios básicos, el aumento de insumos, las altas tasas de interés, la apertura de las importaciones y la caída del poder adquisitivo. Puntualmente, el complejo automotriz sufre una caída sostenida de la cantidad de unidades producidas y una baja de las exportaciones, sumado a la invasión de autos importados. El propio Instituto Nacional de Estadísicas y Censos (INDEC) comunicó que durante el mes de enero, según el relevamiento oficial, las automotrices trabajaron al 15% de su capacidad instalada, un marco que termina definiendo suspensiones masivas y planes de retiros voluntarios.

Una semana sin lunes

El cierre de la fábrica de carrocerías Metalpar, a fines de febrero de este año, puso en agenda la situación de crisis profunda que atraviesa el complejo automotriz en la Argentina. La firma –que pertenece a una sociedad integrada por la chilena Metalúrgica Paredes y la brasileña Marcopolo- cerró sus puertas generando 600 despidos directos en la planta de Loma Hermosa, y poniendo en riesgo cerca de 1.000 puestos laborales de proveedoras y autopartistas satélites. Al mismo tiempo, sembró preocupación sobre los trabajadores de la firma Metalsur, que el mismo grupo regentea en la ciudad de Villa Gobernador Gálvez.

Al cierre de Metalpar se suma la suspensión de 2.000 trabajadores en la planta que PSA Peugeot, firma de capitales franceses, administra en El Palomar; los 900 operarios suspendidos por la japonesa Honda en su planta de Campana; y los 2.000 operarios suspendidos en la automotriz Fiat Chrysler Argentina (FCA), en su planta de Córdoba, que trabajará en marzo sólo cuatro jornadas por semana debido al “recorte de actividades”. La firma italiana también comunicó que dejará de producir cajas de cambio, medida que afecta a unos 300 empleados a los que les ofrecerán retiros voluntarios. También en Córdoba, Renault trabaja con recortes horarios que afectan a 1.500 operarios.

En el caso de Iveco, el centro industrial que tiene hace 50 años en la localidad cordobesa de Ferreyra sólo trabajará 10 días durante todo el mes de marzo. Allí, a la pérdida de participación de la marca en el mercado se suma la agresiva política comercial y de financiamiento de la competencia brasileña. Según datos del gremio, no solo hay suspensiones, sino que la firma tiene también en marcha un plan de retiros voluntarios para empezar a reducir la plantilla de personal.

A mediados de marzo, la empresa alemana Volkswagen (que finalizó el año 2018 como el primer fabricante mundial de automotores, y es líder en el mercado nacional) implementó un plan de 400 suspensiones mensuales rotativas para los operarios de su planta de Pacheco, donde había dispuesto no trabajar ni lunes ni viernes, para aminorar el impacto de la caída de las ventas y la sobrecarga de stock. Los operarios suspendidos sólo perciben el 75% de su salario neto, pacto que se replica en la mayoría de las terminales.

La crisis de los trabajadores

La crisis golpea duramente el cuerpo de los trabajadores. De acuerdo a los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), sólo en el año 2018 se registraron 191.000 despidos a lo largo de todo el país. De ese total, 61.000 despidos pertenecen al ámbito industrial.

De la información que brinda el SIPA, dependiente del Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación, surge también que entre noviembre de 2015 y noviembre de 2018 se perdieron 125.000 puestos de trabajo en el conjunto de la industria manufacturera del país.

El complejo automotriz hoy sufre una situación que lo sitúa muy lejos de aquellas promesas del Gobierno de la Alianza Cambiemos, cuando en marzo del 2017 anunció el plan “Un Millón de Vehículos”, que tenía como objetivo llegar a producir 1.000.000 de automóviles en el año 2023; generar 30.000 nuevos puestos de trabajo; y “cuidar a la familia de trabajadores de esta industria”.

De forma trágica y contundente lo define el secretario gremial de SMATA Córdoba, Daniel Miranda, cuando dice: “un trabajador suspendido representa un deterioro de todo el grupo familiar, porque empieza a entrar el miedo en la familia”; sin embargo, “hoy hacer paro significa ahorrarle un día de pago a la empresa”.

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