Mientras se esperan los resultados de los análisis en el marco de una nueva exhumación, los familiares de los policías detenidos buscan poner sobre la mesa sus objeciones y versiones. Dicen que el chico se ahogó. Contrastan con la hipótesis oficial que procesó a 18 policías por desaparición forzada de persona seguida de muerte y otros delitos.

 

Los tiempos del poder judicial son distintos a los tiempos de todas las demás partes que participan en un proceso. A los tiempos del poder judicial no se le interpone la angustia, la ansiedad, la tristeza. Ningún sentimiento.

Por eso es que los familiares de Franco Casco esperan hace más de cuatro años que se esclarezca la causa de la muerte del chico de 20 años y que exista una condena ejemplar para los apuntados como responsables. Al momento tienen la certeza de que Franco estuvo detenido en la Comisaría 7ma de Rosario en octubre de 2014 y que 24 días después apareció muerto en el río.

Por los mismos tiempos particulares del poder judicial es que los familiares de los policías detenidos -acusados de torturar, matar y desaparecer a Franco- esperan que se esclarezcan los hechos, convencidos de la inocencia de los suyos. Al momento tienen la certeza de que hay 18 policías con procesamiento confirmado por la Cámara de Apelaciones y once de ellos en prisión.

De cada lado hay una hipótesis sobre los hechos que deberá debatirse en el juicio. Y en el medio, los tiempos del poder judicial.

Lo cierto es que una de esas versiones tiene más peso. Es la que sostienen desde un primer momento los familiares de Franco Casco, sus abogados querellantes y las organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos que la acompañan desde los primeros días. Es la que propuso como hipótesis la Fiscalía Federal al momento de pedir los procesamientos y es la que utilizó finalmente el juez federal Carlos Vera Barros y el tribunal de la Cámara de Apelaciones para confirmarlos: el 6 de octubre de 2014 a Franco Casco lo detuvieron policías de la Comisaría 7ma, ahí adentro lo torturaron hasta la muerte y luego se deshicieron de su cuerpo sin brindar ningún tipo de información que permitiera dar con su paradero. Hasta 24 días después, cuando el río Paraná hizo lo suyo, devolvió lo que le era ajeno, y acercó a la costa a un cadáver en estado de descomposición avanzada. Así es que actualmente hay 18 policías que esperan el juicio acusados de ser autores de distintos delitos: desaparición forzada seguida de muerte, tres de ellos con agravantes por torturas; partícipes secundarios; y encubrimiento. Además, hay un civil, vecino de la comisaría 7ma, también procesado por encubrimiento.

Entre todos los policías procesados, el nombre de Diego Álvarez es el que ha trascendido. Porque era el jefe de la Comisaría 7ma y porque, según la teoría del caso, fue quien detuvo a Franco Casco acusándolo de desacato. Es uno de los acusados de desaparición forzada seguida de muerte agravada por torturas y está detenido en el penal de Marcos Paz. Y es su hermano, Hugo Álvarez, el que hace meses está encabezando el reclamo de los familiares de los policías implicados en lo que ellos llaman “la causa armada”. Se movilizaron a la puerta de los Tribunales Federales, de la Fiscalía Federal, y él mismo fue quien contactó, uno por uno, a los medios de comunicación de la ciudad pidiendo que lo escuchen porque tiene cosas para decir. Álvarez se refiere a los policías acusados de torturar, asesinar y desaparecer a Franco como “los pibes”. Y dice que en la causa “hay muchas cosas oscuras, pruebas que se van fabricando para incriminar a los pibes”.

 

Una de ellas choca con la teoría de que Franco fue detenido el 6 de octubre en la zona de la Estación Rosario Norte. Sobre ese punto dice: “Estudiando y mirando sale una nota en LT3 del día 6 de octubre, la noche que dicen que Franco estuvo en la Comisaría. Jugaba Central con Lanús y cerca del shopping los hinchas agarran un colectivo y lo hacen verga. La mina del colectivo llama al 911 y el 911 a través de la Comisaría 7ma manda al patrullero 4387, el acusado de haber agarrado a Franco. Ese patrullero nunca se para en la Estación Rosario Norte, se para en Ovidio Lagos y Brown, a atender a la gente que estaba en el colectivo. Queda registrado en el 911 con toda la diligencia específica”.

Otro punto que destaca Álvarez es una serie de videos de cámaras de vigilancia en la cual se le hace seguimiento a un joven con características similares a las de Franco Casco: morocho, flaco, pelo corto. Las imágenes tienen una fecha, 8 de octubre de 2014 a las 2.57, lo que le permite suponer a Álvarez que es Franco, caminando horas después de haber sido liberado de la 7ma (la versión policial dice que lo detuvieron el 7 y no el 6). Sobre esos registros, el padre y la madre de Franco negaron que se tratara de su hijo y los peritos de la Policía Federal y la Gendarmería no llegaron a conclusiones certeras por la mala calidad de las imágenes. “Pero hay más de 25 videos de Franco y se utilizaron esos”, cuestiona Álvarez. “Nosotros como familiares hicimos una rifa, contratamos a un perito de Buenos Aires que intervino en los casos Nisman y Maldonado, y el tipo mejoró las pericias. No solo dice que el corte de pelo, sino la ropa es la misma, sacó los pabellones auriculares, la forma de la nariz, la forma de la boca y todo condice con Franco”, agrega. Pero en esas imágenes se ve a un joven prolijo, con un buzo y el cuello de una remera blanca que se asoma por abajo, lo que contrasta con la única imagen que se conoce de Franco detenido en la 7ma, en la cual se lo ve golpeado, vestido con un buzo estirado y sin ninguna remera abajo.

Por último, el dilema de la pericia odontológica. En la causa hay una pericia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que afirma que en la zona maxilar superior del cadáver hay microfisuras y microfracturas que coinciden con la ausencia de tres dientes. Esa pericia se acopla al testimonio de trece de los detenidos en la comisaría que hablaron de gritos y golpes en distintos momentos de la noche del 6 y la madrugada del 7 de octubre. Con lo cual así se argumenta la golpiza recibida por Franco. Hugo Álvarez menciona una pericia de dos docentes de la cátedra de Odontología Legal de la Facultad de Odontología de la UNR que dice que Franco perdió los dientes de manera no traumática, y que incluso uno de los tres fue retirado por uno de los médicos. Pero esa pericia, que estaba en el Instituto Médico Legal de Rosario, no ingresó en la causa hasta que los médicos la entregaron casi tres años después, cuando la Gendarmería secuestró todo el material del IML relacionado a la investigación. Ahora, con una foto de Facebook tomada con un celular como sustento, aseguran que a Franco le faltaban dos de sus dientes incluso antes de llegar a Rosario.

El retraso en la entrega de esta pericia odontológica valió el pedido de procesamiento por parte de una de las querellas por el delito de encubrimiento y falso testimonio. Aunque sobre fines de 2018 el juez sobreseyó a los dos profesionales indagados, quienes argumentaron que la pericia se traspapeló porque al momento de realizarla no habían identificado al cadáver y se lo había catalogado como N/N. “Marcelo Di Giovanni, el fiscal anterior, para mí se choreó las pruebas, se choreó la pericia odontológica”, dice Hugo Álvarez, buscando responsabilidades por la ausencia tan prolongada de esta pericia. “Nunca las incorporó Di Giovanni, porque eso iba para atrás con lo que él decía de los dientes. Le iba para atrás totalmente”.

Álvarez está convencido de que a Franco Casco lo detuvieron y lo liberaron el mismo 7 de octubre, en un procedimiento policial idílico. Contra todos los pronósticos, evidencias y avances de la investigación, dice: “Franco se ahogó. Franco no tiene ni un golpe en el cuerpo. Encuentran el cuerpo sin zapatillas y sin camiseta, se pudo haber metido al río. Esa temporada hacía un montón de calor”.

Mientras tanto, en la causa

Así resume los hechos la resolución del procesamiento, firmado por el juez Carlos Vera Barros: “Puede inferirse que entre la noche del 6 de octubre y la madrugada del 7 de octubre de 2014, Franco Casco luego de haber sido aprehendido por personal de la Comisaría 7ma de esta ciudad de Rosario, habría sido alojado en calidad de demorado en dicha seccional, en la que habría sido objeto de tormentos y otros tratos inhumanos y degradantes, posiblemente propiciados por funcionarios policiales de la citada dependencia, y a partir de los cuales pudo haberse producido el deceso del nombrado, y perdiéndose además todo rastro de aquella persona a partir de ese momento, en función de un accionar policial que impidió formalizar su búsqueda a través de la instrumentación de un procedimiento que presentaba una versión de los hechos con asiento en constancias documentales alcanzadas por un conjunto de graves irregularidades e inconsistencias que no permitieron constatar la existencia de los acontecimientos que a través de ellas se pretendía probar, al mismo tiempo que sugieren la intencionalidad de esconder u ocultar el verdadero estado de cosas sobre los motivos de la desaparición de Franco Ezequiel Casco, quien finalmente fue hallado sin vida flotando a la ribera del río Paraná, donde habría sido arrojado luego de fallecer, conductas éstas que en consecuencia resultan encuadrables en el delito de desaparición forzada de personas agravado por la muerte”.

Sobre todos los aspectos de la causa cuestionados por los familiares de los policías procesados, recaen pericias, documentos y declaraciones de los detenidos que son las que sirvieron para que la causa avanzara hasta las instancias actuales. Por ejemplo, acerca del argumento que intenta posicionar al vehículo en el que había sido trasladado Franco Casco en otro procedimiento policial vinculado a un disturbio en el marco de un partido de Rosario Central. “¿Por qué no registró eso el comisario en el libro de guardia? No está en el libro de guardia, no tiene ningún sustento. En el libro se registran otras salidas por llamados telefónicos. Se anotan todas las novedades de la guardia y todo lo que sucede pasa por ahí”, cuestiona Salvador Vera, abogado querellante por parte de familiares de Franco Casco.

Lo mismo con los registros de las cámaras de videovigilancia: “Esos videos se peritaron en Córdoba, se sometieron al reconocimiento de Elsa y Ramón y dicen que no. Es una persona muy parecida. Podrá generar alguna duda, sí, pero no podrá conmover todo el resto de las pruebas para el juicio. Además no son hechos nuevos, porque esa evidencia estaba al momento de analizar los procesamientos, al momento de la revisación de la Cámara (de Apelaciones) y nada cambió”

Sobre la versión, basada en una foto de Facebook, de que a Franco le faltaban los dientes antes de llegar a Rosario, Vera indica: “La familia, la tía que lo alojó, dan cuenta de la existencia de todas las piezas dentarias en la boca de Franco. La familia dice que incluso tenía un diente superpuesto en un canino. De hecho las fotos de Facebook son de muy mala calidad, solo se ven sombras y ninguna indica que hay faltante de pieza dentaria. Es absolutamente especulativo y no tiene valor científico contundente. No hay un informe que pueda ser contundente en relación a eso. Eventualmente se discutirá pero va a ser revertido por la evidencia científica con expertos de corte, y abonada por las testimoniales. El informe pericial sobre las pérdidas violentas y en vida de las piezas dentarias se corresponden con los relatos de trece testigos”.

En estos años de investigación, la hipótesis sostenida por la Fiscalía, el procesamiento del juez federal Carlos Vera Barros y la confirmación del tribunal de la Cámara Federal de Apelaciones integrado por los camaristas Fernando Barbará, Aníbal Pineda y José Gallino, no solo dan cuenta de que Franco estuvo detenido en la Comisaría 7ma el 6 de octubre de 2014. Sino también indica que ahí adentro sufrió, y que luego los policías de la 7ma construyeron una versión propia de los hechos, que además de intentar desligar al personal policial obstaculizó la búsqueda de Franco.

Los testimonios de los presos detenidos por aquellos días sirvieron para dar cuenta de cómo fue el tránsito de Franco Casco por la Comisaría 7ma. Pero además, como dijo el juez Vera Barros, “los hechos perpetrados en el caso en concreto respecto de Franco Ezequiel Casco, no eran sino, más que la continuación de prácticas específicas que el personal de la mentada seccional vendría realizando en el marco de un contexto de violencia institucional sobre las personas que allí se encontraban privadas de su libertad, en clara vulneración de sus derechos”.

Algunos de esos testimonios:

– “El cuarto día que yo estaba ahí, traen a un chico…que lo meten en el calabozo identificado con el número tres, fue más o menos después de la comida de la noche. Con él, entran tres personas de la comisaría que empezaron a pegarle, también había una mujer que era la guardia de la comisaría y sostenía la puerta…cuando dejan de pegarle le pregunto al chico porqué estaba ahí, y él me respondió que no había hecho nada. Le pregunté si le habían pegado, me dice que le habían pegado un montón”.

– “Yo me acuerdo que un policía le fue a preguntar los datos y escuché que le decía el apellido, se ve que era para hacerle la averiguación de antecedentes. El chico le dijo Casco. Yo me enteré por la tele que decía que lo habían matado a Franco Casco y que días antes había estado en la séptima por averiguación de antecedentes”.

– “En la semana esa que desapareció ese chico, se escuchó a un pibe que entró que gritaba por demás. No era normal el pedido de auxilio que pedía, se notaba que no era un pibe del ambiente, porqué un pibe del ambiente no grita tanto”.

– “Entre ellos (los policías) había un guardia que decía: ‘¿qué? ¿Nosotros vamos a tener que pagar la culpa de los demás?’ Desde ese momento que había salido en la tele, empezamos a escuchar discusiones entre los policías de la 7ma…Yo escuchaba las discusiones que tenían entre ellos. Se escuchaban que golpeaban la mesa que ‘cómo podía ser lo que había pasado’”.

Una nueva exhumación en espera del juicio

La causa presenta un obstáculo. En todo este tiempo, en dos oportunidades, las muestras genéticas extraídas a Franco Casco no fueron compatibles con la de sus padres. Una fue apenas hallado el cuerpo, cuando le extrajeron sangre en el Instituto Médico Legal, y la otra fue mediante una exhumación del cadáver, en la morgue de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que también dio negativa. Entonces surgieron las especulaciones, entre las cuales resaltaba la idea de un cambio de cuerpo, teniendo en cuenta que, ante el avanzado estado de descomposición del cadáver cuando fue hallado en el río, se lo reconoció a partir de dos tatuajes: una línea de estrellas en el cuelo y el nombre de su hijo Thiago en un antebrazo. En este marco es que, por orden del fiscal federal Guillermo Lega, el jueves pasado se realizó una segunda exhumación a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Se esperaran los resultados para determinar cómo continúa el curso de la causa.

“Lo que sucede es que la Cámara Federal cuando confirmó los procesamientos ordenó que se concluyan las medidas de instrucción tendientes a la identificación científica de Franco. Nosotros decimos científica porque ya está la identificación jurídica, el reconocimiento producido a partir de los dos tatuajes que tenía Franco, y del jean que reconoció Elsa, que le había regalado ella al momento de viajar de Florencio Varela a Rosario”, explica Salvador Vera. En ese sentido agrega: “El reconocimiento jurídico es equiparable completamente al reconocimiento por métodos identitarios. Tiene tal validez que ameritó el procesamiento por parte del juez de primera instancia y la confirmación por parte del Tribunal de la Cámara de Apelaciones, del procesamiento con la figura agravada de la desaparición forzada seguida de muerte. Si no consideraran válido ese reconocimiento no hubieran podido procesarlo con la figura agravada y solamente lo hubieran hecho por la figura principal que es la desaparición forzada”.

Además, asegura que el cuerpo enterrado actualmente es el de Franco: “La identidad odontológica es la misma, hay coincidencia en la pérdida de las tres piezas dentarias y en las características en cuanto a una superposición dentaria. Creemos que se trata del mismo y la tarea es producir una identificación general y a través de múltiples criterios”.

 

 

 

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