Fragmentos de la película de Juan Solanas “Que sea ley” pudieron verse en el marco del Festival de Cine Latinoamericano en Rosario. La película es una herramienta política que pone en pantalla gigante la realidad que de sur a sur atraviesa el país: la clandestinidad del aborto y la lucha de una marea verde que sigue exigiendo su legalización. El estreno será el próximo 3 de octubre.

Fotos: Festival Cine Latinoamericano Rosario / Facebook “Que Sea Ley”

“La película cuenta la realidad de esos abortos” dice una de las productoras de “Que sea ley”, el documental que narra lo que fue el debate por la legalización y despenalización del aborto en Argentina durante el 2018, filmada con mínimos recursos económicos en tan solo ocho meses. La película no solo pone la cámara en el grito y en la mirada de las miles de mujeres -de todas las edades- que durante las jornadas históricas del debate en el Congreso de la Nación colmaron las calles, sino que viaja hacia otras geografías del país para escuchar el testimonio de mujeres que abortaron en la clandestinidad: la Quiaca, Tilcara, Humahuaca, Tucumán, Vera, son solo algunos territorios donde otras voces y otros tonos, cuentan esa realidad que nos atraviesa de sur a sur: el aborto existe, miles de mujeres y personas gestantes deciden interrumpir embarazos no deseados. Garantizar su acceso en las mejores condiciones es una deuda del Estado argentino.

“Es la cruda realidad de lo que pasa en Argentina”, dice su director Juan Solanas quien decidió emprender la producción y realización de este film conmovido por el dinamismo y la potencia del movimiento feminista y de la transversalidad de la lucha por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

Algunos fragmentos del documental, el único film argentino que participó del Festival de Cannes y que el próximo 3 de octubre se estrenará en las salas de cine de todo el país, pudieron verse en el marco del Festival de Cine Latinoamericano que se lleva a cabo en Rosario, con la presencia de Victoria Solanas y Laura Caniggia, sus productoras, de Norma Cuevas, la mamá de Ana María Acevedo, de la diputada nacional Lucila De Ponti, del secretario de Salud Municipal Leonardo Caruana y la diputada provincial Silvia Augsburger. La sala pública del Cine el Cairo se colmó y al final hubo un Pañuelazo, el acto político que acompaña cada una de las actividades que impulsa la Campaña Nacional por el Derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Los fragmentos sueltos y desordenados anticipan lo que podrá verse en poco menos de un mes. La calle, la reflexión de investigadoras, docentes, profesionales de la salud, y voces que son una referencia para el movimiento feminista como la de Dora Barrancos, el activismo, las miles de pibas que, como señaló Augsburger, transformaron su subjetividad a partir del feminismo, el contraste de realidades diferentes que habitan en un mismo país, el grito colectivo hecho cuerpo en las vigilias del 13 y 14 de junio y del 8 de agosto en el Congreso de la Nación, las intervenciones callejeras como la de Las Criadas y las intervenciones dentro del recinto de las cámaras legislativas. Las miradas y la voz de aquellas mujeres criminalizadas, perseguidas, hostigadas por un sistema que penaliza y desampara a quienes abortan como la de Belén en Tucumán, y que solo reciben como única respuesta del Estado la cárcel o el riesgo de muerte a causa de una práctica insalubre. Todo es parte de una película que arranca con una imagen aérea impactante: las calles colmadas alrededor del Congreso de la Nación durante esas jornadas que hicieron historia.

“Esta es una lucha que nunca termina”, señala Laura Caniggia y marca el profundo deseo de que la película sea una herramienta política para visibilizar la realidad y para potenciar esta larga pelea por el derecho al aborto legal. También expresa todo lo que este documental genera: enojo, llanto, la piel de gallina. Volver a pasar por el cuerpo la ebullición de aquellos días históricos de pleno debate en Argentina. Volver a indignarse frente a testimonios de grupos antiderechos que obligan a niñas de 10 años a continuar embarazos frutos de una violación. Volver a creer en que es posible, en que más temprano que tarde, será ley en Argentina.

“Es una herramienta para la disputa política”, dice la diputada Lucila De Ponti y agrega: “Esta película expresa la convergencia intergeneracional y la experiencia inédita de articulación política”, porque más allá de lo que pasó en el Congreso de la Nación, para De Ponti, la lucha se gestó desde la calle. “Cada piba con su pañuelo es un ejemplo vivo de resistencia”.

“Hay equipos que se encuentran todos los días con estas historias”, dice por su parte, Leonardo Caruana, secretario de salud municipal de Rosario quien además destaca el acceso que se logró en la ciudad con políticas públicas que garantizan el derecho a la interrupción legal del embarazo. “Los grandes movimiento que agendaron y cambiaron la agenda del Estado se iniciaron en el movimiento de Madres de plaza de mayo, de ni una menos, de la Campaña Nacional. En Rosario se dieron múltiples compromisos que generaron transformaciones”, apunta y remarca el activismo del movimiento de mujeres local, las políticas de Estado y profesionales que conforman equipos en cada barrio para garantizar el acceso. “Esta pausa nos tiene que permitir seguir transformando las instituciones. La ley sola no alcanza. Lo que pasó en Rosario no es solo una moda, las modas duran tres meses y no se transforman las políticas públicas. Cuando llegamos a los resultados que tenemos es porque hay una continuidad, y fundamentalmente una vigilancia de las organizaciones sociales en nuestros servicios de salud. Como secretario de salud, traigo la voz de muchos equipos que todos los días a través de esas microprácticas construyen políticas que garantizan cuidados. Todos estos equipos transformaron las cosas porque se propusieron cambiar el mundo. Como dijimos en Diputados, nuestro aporte ha sido compartir nuestra experiencia de gestión. Que siga siendo la autonomía un derecho, la maternidad una elección, y el cuerpo y el disfrute sexual que no sea un tabú”.

La voz final fue la de Norma Cuevas, acompañada por su marido y sus nietos. Tres hijos tenía Ana María Acevedo, uno de ellos hoy ya tiene 13 años y escucha a su abuela hablar de una lucha que es colectiva. Dice Norma, cada vez que la invitan a una charla: “esto es por todas y para que nunca más le vuelva a pasar a una mujer lo que pasó a mi hija”. Y recuerda cuando eran apenas unas pocas reclamando justicia. “Hoy somos muchas, millones”, dice emocionada. Norma viajó a Cannes, Norma es un testimonio visceral en la película de Juan Solanas. Norma es la voz de Ana Maria denunciando un crimen de Estado, un derecho, una realidad profundamente injusta y desigual.

“Que sea ley”, es una película que vuelve a demostrar, como tantas otras, la importancia del arte y el cine, en este caso, como herramienta política, de disputa de sentidos, de circulación de ideas, de visibilización de voces negadas y olvidadas. Es un documental que habla de la historia en presente. Y que le habla a las miles de personas que todavía niegan o ignoran lo que ocurre en Argentina: el aborto existe y que una mujer o cualquier persona gestante muera porque decide interrumpir un embarazo no deseado en las peores condiciones, es responsabilidad de un Estado que sigue sin garantizar el derecho y el acceso a la salud. Pero también, el documental es una expresión de deseo, y de compromiso hacia el futuro. Que sea ley es la potencia de un grito y una lucha que continúa.

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