En cuarentena los femicidios -como máxima expresión de la violencia patriarcal- no cesan. El duelo y la bronca es colectiva aunque permanezcamos en aislamiento. El asesinato de Camila en Buenos Aires y Priscila en Santiago del Estero, incrementan cifras que alarman: 23 femicidios desde que se decretó la cuarentena en todo el país. 

El 9 de febrero Priscila Martinez había cumplido sus 15 años. Vivía en La Banda, en el humilde barrio Los Lagos, allí donde cada año las calles de tierra se llenan de folcklore en la popular Fiesta de la Abuela Carabajal. El 23 de febrero fue la última vez que su familia la vió con vida. Ese día Raúl Avila, su primo hermano, se la llevó a su casa con la excusa de una promesa laboral, algo que Priscila necesitaba para ayudar en el día a día. Según detalla la nota de la Agencia de Prensa Alternativa de Tucumán, Priscila a veces cuidaba niños, o realizaba tareas domésticas y con eso lograba aportar a la casa donde convivía con un grupo familiar amplio: tíos, hermanos, abuelos.

A la noche, Ávila le dijo a la familia de Priscila que ella había salido a hacer una compra y no había regresado. A la mañana siguiente su mamá fue a la comisaría para denunciar la desaparición de su hija pero como ocurre tantas otras veces, la policía no la escuchó. “Le negaron radicar la denuncia por que «seguro se habría ido con su novio”, le dijeron. “Tampoco se hicieron lugar a los pedidos una vez iniciada la búsqueda, la familia de Priscila pedía se la busque en la casa donde finalmente estaba su cadáver enterrado”, señaló en un comunicado la Coordinadora que acompañó su búsqueda. El 9 de marzo, Rubén Avila fue detenido por denuncias de abuso sexual contra una joven a quién golpeó hasta dejarla inconsciente en una acequia en la misma ciudad santiagueña.

El 16 de marzo su familia se movilizó hasta las puertas de la fiscalía para reclamar respuestas al fiscal Hugo Herrera. Aún en cuarentena tuvieron que salir a la calle porque no había ninguna acción ni del Estado ni de la justicia que pudiera dar cuenta de la búsqueda de Priscila. “Más de 40 días pasaron y una gran campaña de coordinación de las mujeres que luchamos le piso los talones a la policía, la justicia e incluso el gobierno y por medio de la movilización viral, a pesar del bloqueo mediático arrancamos que se indague con fuerza la confesión del femicida”. El cuerpo de Priscila fue encontrado, enterrado en la casa de Rubén Avila,  24 horas después de que lamentáramos otro femicidio, el de Camila en la localidad bonaerense de Moreno.

Camila Tarocco tenía 26 años y se encontraba desaparecida desde el 4 de abril. También su mamá tuvo que insistir para que le tomen la denuncia. La carátula de la causa, a cargo de la fiscal de Moreno y General Rodríguez, Luisa Pontecorvo, era búsqueda de paradero. Tenía dos hijos de 5 y 7 años. Su cuerpo, como el de tantas otras pibas y mujeres, fue descartado en un descampado, envuelto en una bolsa de basura, a doscientos metros de la casa de su ex pareja quien ya tenía denuncias previas por violencia machista y una restricción de acercamiento.  «Ariel González nunca la dejó en paz desde que empezaron a salir hace 7 años, excepto durante los seis meses que estuvo preso por haber violado la perimetral que tenía por las distintas situaciones de violencia contra mi hermana. Hace tres meses, el juez Gabriel Castro, titular del Juzgado de Garantías 2 de Moreno, le concedió la prisión domiciliaria a Ariel, que andaba en moto, sin tobillera «porque no había». Encima a Cami no le dieron un botón antipánico, ni siquiera le avisaron. Se iba a mudar el sábado para estar tranquila y el viernes desapareció; el chabón se dio cuenta que ella no iba a volver y por eso la mató. Tiene que cambiar la ley para quienes tienen una perimetral, denuncias o están siendo juzgados: mínimamente deben advertirles a las víctimas que su agresor está suelto. Camila no tuvo cómo defenderse», escribió su hermana, llena de dolor, en la Garganta Poderosa. También contó en esas breves líneas quien era Camila: «era una piba alegre, siempre muy arriba. Quería estudiar y soñaba con ser feliz y que alguien la quisiera de verdad, pero le arrebataron todos los sueños. Tenemos una foto juntas de hace 5 años con un cartel de Ni una Menos: la veo y aún no caigo. Teníamos 20 años y estábamos conscientes de toda la violencia que sufrimos las mujeres. En los barrios es mayor el desamparo y la invisibilización; yo lloraba cada vez que veía en las noticias que habían encontrado a otra chica asesinada. Esta vez nos tocó a nosotras».

La Campaña Nacional contra las Violencias hacia las Mujeres se movilizó, con barbijos y respetando el metro y medio de distancia, hacia la fiscalía y la comisaría de la mujer para exigir justicia y denunciar la ausencia del Estado. Desde la regional oeste de Buenos Aires señalaron: “decidimos caminar por las calles con nuestra rabia con nuestra tristeza, con nuestra angustia, pero organizadas, exigiendo justicia por Camila, y planteando que el Estado es responsable, un estado que no está, un estado que la revictimizó un estado que no dio respuestas a su pedido”. En el medio local Desalambrar, declararon: “La denuncia de la desaparición comienza a circular el sábado que es el día en que desaparece, pero los primeros rastrillajes se hacen el lunes. Es a lo que estamos acostumbradas: ir a hacer la denuncia, aguantando que te digan “se habrá ido por ahí”, justo tenía para cobrar la plata del bono así que se rumorea eso, juegan con esta cuestión. Cuando pasan un par de horas que no aparece y con presión de las orgas empiezan a activar”.

Las historias se repiten y mientras tanto, las redes feministas siguen compartiendo fotos de  chicas desaparecidas que el Estado a veces ni siquiera se encarga de buscar.  Denuncias previas contra agresores que violan las restricciones perimetrales. Una justicia burocrática y lo mismo de siempre: contar muertas cada 32 horas, a veces más, a veces menos. Solo es cuestión de horas. El caso de Fátima Acevedo es tal vez uno de los más emblemáticos: «Ya estoy podrida de denunciarlo en la policía y que nadie haga nada, ni la policía ni el juzgado ni nadie. Cuando termine muerta por culpa de él puede ser que la policía y el juzgado hagan algo», le había escrito en un mensaje de WhatsApp a una amiga tiempo antes de ser asesinada por su ex pareja en Paraná. Su cuerpo apareció enterrado en un pozo el 8 de marzo pasado.

Y mientras escribimos esta nota, los medios de comunicación dan cuenta de un nuevo femicidio en cuarentena. Se trata de la docente santacruceña Jésica Natalia Minaglia. La encontraron muerta en su casa, con manchas de sangre en la ropa y un fierro con el que la habrían asesinado. “Pablo Alejandro Núñez, su ex pareja, cabo primero de la Policía provincial, de 36 años, informó del hallazgo a la fuerza provincial de la que forma parte. El caso lo investiga la jueza de instrucción Noelia Ursino, de la localidad cercana Puerto Santa Cruz y apunta a un caso de femicidio” se lee en el medio cooperativo lavaca.org. Desde Tribuna Docente de Santa Cruz manifestaron su dolor y repudio en las redes sociales: «exigimos que se investigue hasta el final y no se encubra desde el poder político y desde las fuerzas de seguridad, este femicidio que angustia a todo el pueblo santacruceño y en particular a la docencia».

Desde el Observatorio de las Violencias de Género “*Ahora Que Sí Nos Ven” actualizaron las cifras de femicidios en Argentina durante la primer etapa del período del aislamiento social, preventivo y obligatorio correspondiente al periodo comprendido entre el 20 de marzo y el 12 de abril y contabilizaron 18 crímenes de mujeres por el solo hecho de serlo. Pero entre el día 13 y 16 de abril ya se registraron otros cinco más. Es decir, ya son 23. Un femicidio cada 32 horas en el marco de una cuarentena que agudiza la situación de muchísimas mujeres e identidades feminizadas. En Santa Fe, según el registro elaborado por el IPEC y el Observatorio de Seguridad Pública, en el lapso que va del 20 al 31 de marzo, hubo 1579 denuncias por violencia de género, 502 en la ciudad de Santa Fe y 1077 en Rosario.

Desde el Estado, en sus distintos niveles, reforzaron medidas de acción, incluso el gobierno nacional decretó la excepción para que aquellas mujeres, travestis y trans que sufran violencia puedan romper la cuarentena para radicar la denuncia. En el plano provincial, la Secretaría de Igualdad y Género informó que el poder judicial implementó la posibilidad de que la denuncia se realice de manera electrónica, enviando los datos y el hecho a denunciar por correo al Ministerio Público de la Acusación o a través de WhatsApp. Al mismo tiempo, el poder judicial en diferentes provincias, renovó automáticamente todas las medidas de protección que se encontraban vigentes previamente, es decir: restricciones perimetrales, prohibiciones de acercamiento y contacto, cese de actos de perturbación, exclusiones del hogar y botón antipánico.

Pero nada parece suficiente, al menos, para erradicar prácticas históricamente naturalizadas en las comisarías e incluso en las propias fiscalías donde se revictimiza a las mujeres, una y otra vez. De ahí que se vuelve indispensable la aplicación de la Ley Micaela en todos los ámbitos y contar con un presupuesto acorde para el Ministerio de las Mujeres y Géneros que posibilite accionar con fuerza en un plan de erradicación de la violencia machista.  “La violencia machista no cesa en tiempos de pandemia. Las mujeres que sufren violencia de género en su mayoría conviven con su agresor, y por ello la cuarentena las encuentra más expuestas, el 72% de los femicidios ocurridos tuvo lugar en la vivienda de la víctima”, señalan desde el Observatorio que coordina Mumalá.

Eva Dominguez es una de las integrantes del colectivo Familiares Atravesados por el femicidio. Ella está atravesada por el femicidio de su cuñada, Vanesa Celma, paradigmático en Santa Fe porque básicamente nunca hubo justicia por el crimen de Vanesa quien falleció a causa de las graves quemaduras que le ocasionó su pareja. Eva transformó su vida en un activismo constante. “Lamentablemente las cifras han crecido y estamos entrapadas en esta cuarentena. La fiscalía de género está contando con una urgencia y también tiene un sitio online pero sabemos que en este aislamiento hay muchas mujeres que se están quedando sin crédito porque no pueden salir a trabajar, eso ha recrudecido un montón. Además, los familiares no solo estamos padeciendo que nuestros juicios o audiencias fueran anuladas, y muchos femicidas han pedido las domiciliarias, asique estamos bastante angustiados”, le dice a enREDando. Por estos días su familia también tuvo que soportar el acoso de la ex pareja de Vanesa.

Otra de las problemáticas – y urgencias – que se presentan tienen que ver con la implementación de la Ley Brisa y con la gran cantidad de niñes que quedan huérfanxs como consecuencia de los femicidios. De acuerdo al registro que lleva adelante La Casa del Encuentro, desde el 20 de marzo al 16 de abril, 29 niños y niñas se quedaron sin madre y el 69% son menores de edad. “Se ha paralizado la ley, quienes la cobraban no la están cobrando, y los trámites tampoco están avanzando porque está todo paralizado. Esta cuarentena nos lastima y nos cuestiona permanentemente porque sabemos que debemos cuidarnos, y cuidar a esos niños huérfanos y a esas abuelas que en muchos casos se hacen cargo de esos nietos y sin plata. Es muy dura la realidad pero seguimos luchando”, dice Eva Dominguez. El gremio de Ate Rosario, por ejemplo, le exige al gobierno provincial y municipal la conformación de un Comité de Crisis y subsidios para mujeres y familiares de víctimas, una medida concreta y fundamental y que ya fue implementada por el gobierno de la provincia de Buenos Aires mediante el decreto 178.

Los segundos miércoles de cada mes, Familias Sobrevivientes de Femicidios hacen una ronda en Plaza de Mayo para intercambiar estrategias y abrazos e informar el estado de las causas. Desde el mes de diciembre del año pasado vienen presentando cartas abiertas al presidente de la Nación Alberto Fernández. La última la redactaron en el marco de la cuarentena y la difundieron a través de un video, donde la mamá de Lucía Perez dijo: “No somos una estadística, somos familias que perdemos hijas. Es a nuestras hijas a las que mataron”.

La carta de las familias es contundente. Escucharla se vuelve urgente en este contexto:  “Hoy cómo todos los meses nos dirigimos a usted señor presidente Alberto Fernández; necesitamos que nos escuche y nos reciba para plantear el problema que padecemos las familias que somos sobrevivientes de femicidio. Habilitar un juzgado de turno para tratar a la mujer cuándo llega golpeada, maltratada o violada por el machismo del hombre. O su familia cuando ya está muerta. Que sea a nivel Nacional. Que sea solo para violencia de género, solo de esta manera se puede parar con este flagelo de muertas inocentes. Que se pongan a trabajar jueces y fiscales”.

Atención y asesoramiento en situaciones de violencia machista

LINEA 144. Línea nacional con atención las 24 hs.

App gratuita https://www.argentina.gob.ar/aplicaciones/linea-144-atencion-mujeres

Por mail: linea144@mingeneros.gov.ar

En Rosario: podés comunicarte al 0800 444 0420. Si no podés llamar, escribí a la línea de Whatsapp 341 5781509  con atención las 24 hs.
Las denuncias se pueden realizar de forma electrónica vía  WhastApp o llamadas al 341 156 100 100.

Por mail a fiscaliadedenunciaros@justiciasantafe.gov.ar. O descargando la APP en www.mpa.santafe.gov.ar


Fuentes: lavaca.org / APA Tucumán / Observatorio Ahora que sí nos ven / Enredando / La Casa del Encuentro

 

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