La emergencia sanitaria decretada por el gobierno nacional, con las necesarias y graduales medidas de contención de contagios, frenaron el impulso. El circo quedó montado, con los telones bajos, y una espera que no sabe de fronteras. Payasos, malabaristas, presentadores y acróbatas gastan sus horas en ensayos, y planean la ruta a seguir por las localidades de Santa Fe, su próximo destino.Sueña Alejandra con que «después de todo esto, el regreso va a ser más emotivo que nunca».

 

La intemperie es hoy la geografía cotidiana donde viven, sueñan y sufren hombres y mujeres vinculados a un mercado de trabajo precario, informal. Vendedores ambulantes, servicio doméstico, docentes y asistentes escolares reemplazantes, magos o equilibristas de la legua, hacheros y cartoneros, gastronómicos y hoteleros, personal en salas de fiestas infantiles o espectáculos públicos, taxistas, remiseros, pescadores, peluqueros, entre muchos otros y otras en días de pandemia. «Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos». ¿Quién, sino la palabra, nombrará a los olvidados de los días? ¿Y dónde, sino en la crónica, será que resucite su esperanza?

La historia nos llegó a fines de marzo, de la mano del periodista, docente e incipiente fotógrafo Ariel Palacios: «David y Verónica son los dueños de un parque de diversiones ambulante con el que recorren el país. Hace unos días se instalaron en Alcorta -en un terreno particular ubicado en calle Buenos Aires, entre Arenales y Alvear, en el barrio La Pluma-, pero no pudieron comenzar con las funciones: como a todos, los agarró el parate del coronavirus, y encima después vino la lluvia y ahí nomás quedaron. Entre charco y charco, la quietud de trenes, muñecos, autos y caballos dice de una quietud mayor, tal vez no buscada, aunque sin dudas aprovechable, más que nada por avaros, ventajeros y otros artistas del toque de queda y del quede al que toca», cuenta Ariel.

«Mientras David me cuenta los avatares de estas jornadas que prometen extenderse y Verónica va por algunas mercaderías al supermercado de los chinos, un morochito en cueros y en ojotas se arrima para saber si hay novedades: pregunta cuándo arranca la calesita. David le contesta que hay que esperar y el pibe se va masticando un yuyito», escribe, con extraordinaria sensibilildad, el cronista alcortence.

Y cuenta: «Entre las nubes todavía grises quiere asomar el sol y el amable señor del parque de la orilla se envalentona e invita: ‘Venite y hacé unas fotos cuando pase lo del virus: de noche y todo iluminado esto se ve más lindo’. La esperanza debe ser, de verdad, insobornable. Calculo que la crónica también».

El Parque de David y Verónica no es el único barco varado en mitad de una geografía que no les pertenece. «Nuevo Mundo Park» –otro ejemplo entre tantos- se montó en un descampado justito frente a la Terminal de Ómnibus de Esquel. A las poquitas horas de recibida la habilitación municipal, se decretó la prohibición para todo tipo de espectáculos públicos. Y más tarde el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio que rige todavía.

«Nuevo Mundo» nació hace 25 años en Buenos Aires, un emprendimiento familiar itinerante congelada entre dos ciudades: «somos 6 personas grandes y una nena acá, mientras que la mitad de mi familia quedó varada en otra ciudad. Mi papá fue a tramitar su carnet de conducir en Puerto Madryn y quedó varado con mi hermana con un nene de 4 años. No nos dan permiso para que venga porque no es residente de Esquel, cuando la casa rodante con su mujer está acá, al igual que sus mascotas», relata Gloria, hija del fundador del Parque.

No hay ingresos porque no se trabaja, el alquiler del terreno ya termina, «así que estamos rogando que no nos echen», cuenta Gloria. Y remata: «hace 25 años que mi familia compró el parque y es la primera vez que tenemos que quedarnos sin trabajar 3 ó 4 meses y se nos complica la subsistencia. Todos buscamos aunque sea una changuita o algo, pero es difícil que nos contraten porque la gente de Esquel busca trabajo también».

Precarización

El gobierno de la Alianza Cambiemos selló el destino de un país precarizado: en materia laboral casi un 10% de desempleo, un 86% de precarización y degradación laboral, y 40% de pobreza.

Para el Informe «El Mercado laboral que deja Macri», elaborado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) fundado por Claudio Lozano y que coordina Ana Rameri, el deterioro del mercado laboral argentino se expresa «en el crecimiento del cuentapropismo, el trabajo en negro y la destrucción de empleo asalariado en blanco».

En esa intemperie programada desatada por el macrismo, el 94% de los «nuevos puestos de trabajo» son cuentapropistas que changuean para sobrevivir, o asalariados en negro. Trabajadores que buscan refugio en ocupaciones de subsistencia, y que en la práctica es la desocupación encubierta que existe en la Argentina. Describe el Informe: «La alta precarización del trabajo, el autoempleo y el deterioro de los salarios implican un proceso de degradación de las condiciones de vida al inicio del año en curso, que dificulta la capacidad de los sectores populares de afrontar la supervivencia. Más aún cuando se ve amenazada por una pandemia como la del Covid 19».

La informalidad que escapa a los canales de registración suma historias, rostros y gestos de alrededor de 8.000.000 de trabajadores y trabajadoras: casi 3.000.000 son asalariados y asalariadas no registrados; 2.200.000 son independientes que no están inscriptos en ningún sistema tributario; 920.000 del servicio doméstico que no están registrados; casi 2.000.000 de desocupados y desocupadas.

Los ingresos laborales de ese universo de desprotecciones son escasos: $12.000 en el caso de los y las no registrados, poco más de $6.000 el servicio doméstico en negro, $13.800 los cuentapropistas tradicionales, cero ingreso para los desocupados y desocupadas.

«Este es el conjunto de trabajadores más expuesto. No sólo por el tipo de inserción precaria, informal y de ingresos de subsistencia sino también porque es de difícil acceso en el marco de la institucionalidad vigente», señala el trabajo de Lozano.

La informalidad que escapa a los canales de registración suma historias, rostros y gestos de alrededor de 8.000.000 de trabajadores y trabajadoras: casi 3.000.000 son asalariados y asalariadas no registrados; 2.200.000 son independientes que no están inscriptos en ningún sistema tributario; 920.000 del servicio doméstico que no están registrados; casi 2.000.000 de desocupados y desocupadas.

Leña y carbón

A mediados de 1969, Rodolfo Walsh -entonces corresponsal de la revista Georama- recorría el norte santafesino. Villa Ana, La Gallareta, Colmena, Garabato… Las ciudades fantasmas que produjo La Forestal en ese costado del mundo cosido a injusticias. Escribió Walsh: «…visitó a sus amigos y arregló sus asuntos sin pasar por la fábrica, hasta que una tarde sus pasos lo llevaron, cruzó distraído un puente, atravesó el portón y dice que el silencio lo hizo despertar. Hacía tiempo que el hombre no lloraba». Hoy, Garabato tiene alrededor de 1.900 habitantes, y sobrevive económicamente con la producción de leña y carbón, destinados a surtir fuegos en el sur provincial y el norte bonaerense.

Allí, en Garabato –registra el portal Infovera- el 1 de abril la Comisión Comunal firmó una ordenanza en tiempos de pandemia: «se autoriza realizar corte de leña, producción de carbón, corte de pastos y sacar carnadas. El Comité de Coordinación Distrital (Comuna, Policía y Hospital) se encargará de que los cuidados sanitarios preventivos se cumplan, tanto en el traslado como en el lugar de trabajo».

Cartoneros

El trabajo de los cartoneros, carreros y recicladores de la economía social es un servicio reconocido como esencial, que impide el colapso ambiental de la gestión de residuos. La actividad, sin embargo, continúa muchas veces estigmatizada, sin ser reconocida en ocasiones, y siempre mal remunerada. Una situación de precariedad laboral y económica que se profundizó, obviamente, con las medidas de aislamiento y cuarentena.

Desde la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR – UTEP) alentaron «el acogimiento a las medidas de aislamiento y sugerimos a todos los compañeros y compañeras acompañar las medidas de prevención», pero advirtieron que «en la medida que las políticas del Gobierno Nacional alivien a las familias cartoneras, se podrá continuar con el aislamiento». En ese sentido, reconocieron «la creación del Ingreso Familiar de Emergencia, y solicitamos que el Ministerio de Desarrollo de Nación garantice la asistencia alimentaria y de higiene a nuestros comedores comunitarios para que la necesidad no nos empuje a la calle nuevamente».

La Federación puntualizó también que «si esta crisis nos hubiera encontrado con nuestros compañeros ya formalizados y con las medidas de seguridad básicas garantizadas para realizar tan importante tarea, hoy nos encontraríamos en una mejor situación»; y en relación a los cartoneros, carreros y recicladores que empujados por la necesidad trabajan de manera independiente, en la calle o en basurales, exigió «a los gobiernos municipales que se asegure la provisión de elementos de seguridad para hacer su trabajo dentro de los marcos de la prevención, o la alimentación de las familias para que puedan quedarse en sus casas».

«Existen actualmente en Argentina más de 7.000.000 de trabajadores/as desprotegidos/as, que son más vulnerables a las consecuencias económicas de la pandemia», sostiene el trabajo «Consecuencias del Coronavirus. ¿Cuáles son los/as trabajadores/as más desprotegidos/as?», elaborado por el Centro Atenea, que maneja cifras similares a las registradas por el IPyPP.

El estudio resalta que en el contexto excepcional de pandemia que estamos atravesando resulta indispensable focalizar la atención «en una población que ha crecido cuantitativamente al tiempo que ha profundizado su vulnerabilidad económica y social»: desocupados/as que «estaban buscando activamente trabajo hasta la cuarentena»; trabajadores/as no registrados/as, que reúne a más de 3.000.000 de personas, de las cuales el 40% son jefes o jefas de hogar; situación que se agrava en mayores de 60 años, considerados grupo de riesgo, donde alcanza el 44%; y cuentapropistas, quienes por el tipo de actividades que realizan no pueden continuar desarrollando sus actividades.

«Es importante entonces considerar las condiciones en las que trabaja este amplio sector de la población y disponer de las medidas necesarias para poder hacer frente al contexto actual de pandemia y aislamiento preventivo. Al virus lo frenamos entre todos y todas, con justicia social y acompañando a los/as más desprotegidos/as», finaliza diciendo el trabajo del Centro Atenea.

Los hijos del camino

Hijos directos de una tradición originada en la necesidad del comercio, viajeros incansables, feriantes nómades de novedades y aciertos, itinerantes de legua que solían ganarse la confianza de los vecinos en sus regresos cíclicos, los vendedores ambulantes han visto profundamente golpeada su actividad. Hoy, el Sindicato de Vendedores Ambulantes -fundado en 1973 de la mano de Juan Domingo Salomón, militante peronista de la zona sur de Rosario, secuestrado y desaparecido en enero de 1977- cuenta con 11.600 afiliados en todo el país.

En un comunicado de prensa, el gremio conducido en Rosario por Alberto Ribadero anunció la creación de un banco de alimentos para ayudar a los vendedores de estadios deportivos, ferias ambulantes, vendedores de tortas y demás productos alimenticios, en esta difícil situación: «Desde el gremio apelamos a la solidaridad de toda la comunidad. Solicitamos alimentos no perecederos, productos de primera necesidad, en este difícil momento ya que los trabajadores de dicha actividad viven del día a día y no tienen para darle un plato de comida a sus hijos», señala el comunicado, que también le exige a los empresarios «que respondan y se hagan cargo ya que durante tantos y tantos años jamás le realizaron los aportes, haciéndose cada vez más ricos y los compañeros cada vez más vulnerables».

Bicicletas

A pocos metros de las torres de Puerto Norte, en la primera semana de abril, veinticinco pescadores fueron detenidos por violar la cuarentena obligatoria. Los trabajadores que pescaban en la barranca, llegados desde barrios como Empalme Graneros, Ludueña y Bella Vista, «lo hacían para comer, para llevar a sus familias algo fresco o para venderlo en el barrio en la pascua», cuenta la crónica de Germán de los Santos. Y puntualiza: «las bicicletas de los pescadores detenidos quedaron en forma de montaña en la Seccional 10ª, junto a las cañas. Algunas líneas permanecen en el agua, quizá con un patí enganchado que no puede zafar del anzuelo».

Los detenidos suman sus nombres a una estadística fría que no distingue de urgencias o frivolidades: 15.185 aprehendidos por las fuerzas de seguridad provinciales entre el 20 de marzo y el 14 de abril; 4735 de ellos en el municipio rosarino.

Profundidades

«La actual emergencia sanitaria pone en estado de crisis agravada a un sistema socioeconómico desigual, estructuralmente empobrecido, no desde ahora sino desde hace décadas. El nuevo escenario paraliza aún más la inversión, los consumos y la demanda de empleo en la economía formal, a la vez que diluye toda expectativa de reactivación, afectando especialmente a la pequeña y mediana empresa, profundizando la relación entre informalidad económica, pobreza y exclusión social. Si la situación social ya era ‘delicada’ a finales de 2019, es de esperar que todo se agrave aún más en los próximos meses…», advierte el documento «Desigualdades sociales en tiempos de pandemia», difundido por el Observatorio de la Deuda Social, dependiente de la Universidad Católica Argentina (UCA)

El trabajo puntualiza que a fines del año 2019 «se estimaba que el 8,9% de la población urbana era indigente. Se trataba, al momento, de los valores más altos de la década. Adicionalmente se estimó que el 40,8% de las personas se encontraban por debajo de la línea de pobreza. Este último valor representó un incremento de alrededor de 7 puntos porcentuales con respecto a las tasas verificadas en el mismo período de 2018 y de 12 puntos con respecto al 2017».

En ese momento, la proporción de hogares que declaraban que sus ingresos no alcanzaban para hacer frente a sus consumos habituales alcanzaba al 52,3%. Sin embargo, en los hogares del estrato trabajador marginal, el índice de quienes no cubrían los gastos básicos se estiraba a las tres cuartas partes de los hogares. Casi seis de cada diez personas económicamente activas no tenían un empleo de calidad; y en el universo del trabajo marginal, la cifra trepaba al 88,2%.

Allí, dice el documento de la UCA, golpea más intensamente el contexto de pandemia y aislamiento: en hombres y mujeres vinculados a un mercado de trabajo precario, informal, asociado a la realización de changas, venta ambulante, servicios personales y servicio doméstico, entre otros; en los cuales se vive al día y por supuesto sin actividad laboral en tiempos de pandemia.

Para el Observatorio de la Deuda Social, «es posible superar el dilema actual entre salud versus economía, pero para ello es necesario poner en funcionamiento un marco de gestos y acciones a partir de los cuales se puedan definir políticas de Estado -tanto para la emergencia como para un desarrollo humano, social y ambiental sustentable- a partir de un estratégico pacto redistributivo, para el cual el acuerdo político constituye una condición fundamental, no sólo necesaria».

El sueño inconcluso

Las historias de olvidados y ninguneados del sistema -aquellos a quienes Eduardo Galeano llamaba «los nadies»- encontraron un espacio el último miércoles 15 de abril, en la Comisión de Asuntos Laborales, Gremiales y de Previsión de la Cámara de Diputados de Santa Fe.

Ese día, en la Comisión hubo despacho unánime sobre las cuestiones que están sufriendo las y los trabajadores en distintos lugares de la provincia, en un texto aprobado por Fabián Palo Oliver, María Laura Corgniali, Lionella Cattalini, Silvana Di Stefano y Sergio Basile (FPCS), Cesira Arcando (Juntos por el Cambio), Lucila De Ponti y Paola Bravo (PJ); Betina Florito (Somos vida), Ariel Bermúdez (Creo) y Carlos del Frade (FSyP). El pronunciamiento declara la «profunda preocupación por una serie de sectores de personas trabajadoras que no están siendo alcanzadas por el Ingreso Familiar de Emergencia y que tampoco gozan de otros tipos de retribución por su actividad»; al tiempo que denuncia «el incumplimiento de muchas patronales que decidieron suspender y despedir trabajadoras y trabajadores, a pesar de los decretos nacionales que lo prohíben».

«Nos hacemos eco, entonces, de los reclamos de distintos sectores como ser, de los docentes y asistentes escolares reemplazantes en el sistema educativo, las que llevan adelante los jardines maternales en todo el territorio provincial, empleadas y empleados informales y formales del sector gastronómico y hotelero, sostenedoras y sostenedores de las salas de fiestas infantiles, espectáculos públicos, del turf, taxistas, remiseros y peluquerías que necesitan una activa presencia del Gobierno de Santa Fe de manera inmediata y una articulación con los distintos sectores gremiales, como así también una más decidida intervención del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Provincia», sostiene la resolución, que rescata también «la voluntad de ciertos sectores empresariales que decidieron modificar su objetivo productivo para aportar a la construcción de materiales indispensables para enfrentar la pandemia en curso».

Por último, la Comisión «manifiesta su voluntad de acompañar el necesario debate de las medidas impositivas que puedan ayudar a salir de esta situación».

Geografías

Parques y circos forman parte de la geografía de la niñez. Vidas trashumantes, vagamundos que recogen historias para volcarlas en cada noche. La arena del circo, el tablón del parque, trampolines que agitan los todos los corazones, vueltos gitanos en cada boleto cortado.

El viernes 6 de marzo, el Circo Servian realizó su primera función en Río Cuarto. La emergencia sanitaria decretada por el gobierno nacional, con las necesarias y graduales medidas de contención de contagios, frenaron el impulso. El circo quedó montado, con los telones bajos, y una espera que no sabe de fronteras: entre artistas, técnicos del equipamiento, personal de limpieza, choferes y demás trabajadores, 80 personas quedaron varadas, junto a toda la flota de camiones, casas rodantes e infraestructura. Cristian Servian, director artístico del circo, definió: «Fue un golpe de nocaut».

Alejandra y su marido son la tercera generación del Atlas, que ya tiene 30 años de trayectoria. Seis familias circenses, veinte personas, todos parientes entre sí, que trabajan por un ingreso «similar al salario mínimo, es decir, unos $16.000 que surgen de lo recaudado entre entradas y ventas».

Como el Servian, decenas de circos a lo largo del llamado «interior profundo» recrean una historia detenida en el tiempo. Desde mediados de marzo, el Circo del Ánima comenzó a levantar su estructura en Rosario. Todas las estructuras y ocho trabajadores llegaron para armar todo de cara al estreno, previsto para el 2 de abril, en Puerto Norte, en la zona del parque Scalabrini Ortiz.

Una crónica larga que repite esperas: el Circo Atlas quedó varado en el predio de la Sociedad Rural del Barrio Consolata, en San Francisco, Córdoba. Alejandra y su marido son la tercera generación del Atlas, que ya tiene 30 años de trayectoria. Seis familias circenses, veinte personas, todos parientes entre sí, que trabajan por un ingreso «similar al salario mínimo, es decir, unos $16.000 que surgen de lo recaudado entre entradas y ventas». Payasos, malabaristas, presentadores y acróbatas gastan sus horas en ensayos, y planean la ruta a seguir por las localidades de Santa Fe, su próximo destino.

Sueña Alejandra con que «después de todo esto, el regreso va a ser más emotivo que nunca».

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