En Rosario se desarrolló el primer ventilador de transición del país para pacientes con coronavirus. El proyecto fue financiado por la UNR y desarrollado por profesionales que cayeron en la pública. ¿Cómo se concreta una idea? El prototipo, su funcionamiento y las pruebas en el pulmón más real del país. La educación pública como puente necesario hacia el desarrollo tecnológico aplicado.

La emergencia sanitaria desatada por la pandemia del COVID-19 golpea las estructuras tal como las conocemos y obliga a reinventar las formas de ser y de estar en sociedad. Necesariamente debe cambiar la forma de vincularnos. La herida provocada por el aislamiento social preventivo y obligatorio es proporcional a las desigualdades económicas y sociales previas a la pandemia. En el mejor de los casos, hay estudiantes universitarios que se reciben rindiendo instancias finales de manera virtual, un calendario académico que se ve obligado a mutar y a adaptarse a las condiciones de distanciamiento, clases por streaming en diferentes plataformas. En este marco indagamos el rol de la Universidad Nacional de Rosario en tiempos de coronavirus.

Desde el inicio de la emergencia sanitaria, la UNR produce y entrega más de mil viandas alimentarias por día para personas en situación de calle. Los comedores universitarios funcionan como centros de producción, mientras que el Área de Extensión se encarga de la distribución y la logística en coordinación con el municipio y algunas organizaciones sociales. Al mismo tiempo, desde la Facultad de Ciencias Agrarias donaron diez mil litros de leche producidos por el tambo que funciona en Zavalla. Por otro lado, ni bien iniciada la cuarentena la Secretaría de Relaciones Institucionales de la Facultad de Ciencia Política y la Unión de Almaceneros de Rosario armó un mapa virtual interactivo con los almacenes que hay en los distintos barrios de la ciudad. También la Facultad de Ciencias Bioquímicas realizó un convenio con la Provincia para la fabricación de alcohol en los laboratorios de la UNR.

En el sistema productivista en el que vivimos una frase harto escuchada es que el tiempo es dinero. Pero en este contexto de pandemia el tiempo es sobre todo salud. Por eso se viene diciendo desde las fuentes oficiales que la intención es ganar tiempo para aplanar la curva. Los contagios y las muertes van definiendo esa famosa curva. Detrás de esas líneas que suben en mayor o en menor medida, y que en los mejores casos permanecen rectas paralelas al eje horizontal, hay personas y detrás de esas personas hay historias. Ganar tiempo para planchar la curva. Y para equipar el sistema sanitario, hacer aparecer hospitales, activar protocolos, capacitar equipos de trabajo, aumentar el número de camas. En este contexto, la Universidad Nacional de Rosario financió un proyecto de desarrollo de un ventilador de transición para asistir a pacientes con COVID-19. El prototipo, que es el primero en el país y que fue superando las etapas de prueba, fue pensado, proyectado y desarrollado por graduados y estudiantes de la universidad pública.

Mariano Saez es ingeniero mecánico y trabaja, junto a estudiantes y graduados de la UNR, en Inventu, la empresa que llevó adelante el desarrollo del prototipo de ventilador para asistir a pacientes con coronavirus. Normalmente la empresa se dedica a hacer máquinas especiales a medida, sea para la industria alimenticia, para los trenes o para el trolebús de Rosario que hicieron el año pasado. En el equipo hay variedad de ingenieros: mecánicos, electrónicos, eléctricos, industriales. También hay diseñadores industriales y técnicos mecatrónicos. Pero nadie estudió bioingeniería, disciplina que se encarga de los aspectos tecnológicos relacionados a la medicina y la biología. Nunca habían hecho nada en relación con la salud pero el contexto de pandemia los obligó a empaparse en el tema médico. Mariano fue aprendiendo algunas cosas por trabajar en este proceso con profesionales de la salud. Explica que lo que se conoce comúnmente como respirador en realidad se llama ventilador: “Quien respira es la persona, lo que hace el aparato es ventilarlo”.

A partir de la inquietud que surgió al interior del equipo de trabajo mirando las noticias sobre coronavirus, pensaron que podían intentar desarrollar un ventilador. En la semana que se anunció la cuarentena le presentaron un proyecto (denominado Un Respiro) a la UNR que decidió financiarlo. A partir de ese vínculo con la Universidad empezaron a trabajar en lo que sería el primer ventilador de transición para asistir a pacientes con COVID-19 del país. Mariano explica que el ventilador es de transición porque no tiene las mismas prestaciones que un ventilador normal que está en el mercado y en los hospitales. “Está pensado según regulaciones de otros países en las que nos basamos para que se use solamente en el contexto de pandemia”. Hay muchas normas que habitualmente se deben cumplir en relación con la fabricación y los componentes, por ejemplo, el ventilador debería estar dos meses conectado y andando antes de que se apruebe su fabricación masiva. Pero el contexto actual no permite semejante cosa. Hoy no hay tiempo. Por eso este ventilador fue pensado para atender exclusivamente los casos de la emergencia y después se retiraría del mercado.

El aparato –que está hecho para intubar- tiene un modo de control (volumen) que es el que utiliza el sistema médico para el tratamiento de COVID-19. Ese control permite ir variando la cantidad de oxígeno presente en el aire. En distintos lugares circula un ventilador manual (una bolsita que se va apretando) que sirve sólo para las primeras horas de emergencia y que no permite variar la cantidad de oxígeno ni deja ver otros parámetros. A diferencia de ese ventilador manual, explica Mariano, éste se puede dejar conectado a un paciente durante tres o cuatro días con la posibilidad de hacerle distintos tratamientos. La programación está apuntada a satisfacer las necesidades médicas para atender específicamente esta enfermedad.

Mariano destaca la versatilidad y aclara que aunque tenga menos funciones se parece bastante a aquellos con los que están acostumbrados a trabajar los médicos de altas prestaciones. Entre otras variables, permite controlar la presión inspiratoria pico, el tiempo meseta (es una pausa inspiratoria opcional que se realiza al finalizar la insuflación del gas y que finaliza al acabar el tiempo inspiratorio), y la presión plateu (es la presión medida al final de la fase inspiratoria tras la realización de un tiempo de pausa). El ventilador permite fijar el volumen que se necesita que llegue al pulmón mientras se van variando los rangos de presión.

Lo primero fue hacer un boceto y dibujar los croquis. Después había que calcular lo que se iba a usar. Para esa instancia tuvieron la ayuda del Doctor en ingeniería Mauro Carignano, quien fuera profesor en la UNR y que ahora vive en Holanda. A la distancia y en cuarentena, les ayudó a hacer los cálculos iniciales. Después llegó el momento del diseño en 3D. Avanzaron con tres prototipos distintos hasta que se quedaron con uno por la sencillez que tenía y porque evaluaron que era el más escalable. “Fue todo muy rápido, mientras algunos estaban diseñando otros iban dibujando en la computadora”, cuenta Mariano.

La UNR invirtió tres millones de pesos en el financiamiento y también puso a disposición a sus docentes expertxs. Fue un trabajo en conjunto con médicxs, con quienes terminaron de ajustar y calibrar el ventilador. “Con los profesionales de la salud siempre hubo una disposición espectacular”, resume Mariano. El diseño avanzaba paralelamente con la validación. Con las pruebas fueron corrigiendo hasta llegar al resultado final. Al principio les costó conseguir los insumos porque toda la actividad productiva estaba parada. Por eso empezaron a validar las ideas que tenían y los cálculos que habían hecho con los componentes disponibles. Unos días después Mariano recuerda que “gente de distintas industrias que están paradas llamaron para ofrecer de todo. Incluso hay insumos para los prototipos que no se los cobraron. Mucha buena voluntad”, dice.

Herramienta transformadora

El primer lugar al que fueron a probar el aparto fue la Asociación Rosarina de Anestesiología (ARA). Como todavía no habían armado el gabinete, llevaron la máquina desarmada. Por eso, cuando les abrieron la puerta el primer día y vieron que llegaban con un chapón y válvulas no entendieron mucho qué era eso. Desde ARA les fueron dando devoluciones y aportes a medida que fueron haciendo las pruebas. Mariano dice que ahí fueron afinando muchos detalles de la usabilidad, que vendría a ser la interfaz entre la máquina y el usuario. ´Esto lo usamos así´, ´aquello va de esta manera´, ´fíjate que tenés muy alto esto´. El proceso de calibración y puesta a punto fue un trabajo conjunto. De hecho el Jefe de Terapia del HECA fue todos los días al laboratorio para probar la máquina.

Las pruebas los llevaron hasta Buenos Aires (Fabricaciones Militares se está encargando del traslado del equipo durante el tiempo que dura la investigación y el desarrollo). El destino fue el Centro de Simulación de la Asociación de Anestesia Analgesia y Reanimación de Buenos Aires (AAARBA), donde hay un simulador con el ´pulmón más real´ del país. Ahí pudieron regular exactamente el ventilador y compararlo con un simulador que permite saber si el flujo y la presión que está entregando la máquina es correcta. Una vez que hicieron la respectiva calibración, fueron a probarlo al Hospital El cruce, uno de los mejores hospitales del país. Esa fue la última etapa antes de la presentación en sociedad que se hizo en Rosario.

Para que el ventilador se pueda empezar a fabricar masivamente debe llegar una certificación de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Mariano cuenta que en Argentina no hay una regulación de emergencia como hay en otros países para el uso de ventiladores. Dice que en condiciones normales las certificaciones duran dos años o más antes de empezar a producir. Pero de vuelta el tiempo que apremia. “Nosotros tenemos en cuenta todas las cosas que hay que hacer, lo que tiene que ver con la gestión de riesgo, la biocompatibilidad entre los elementos que estamos usando”. Entre los ensayos de prueba está el de inmunidad electromagnética, el de compatibilidad electromagnética y otros ensayos de aislación. Algunos ensayos son destructivos, por ejemplo, el de aislación eléctrica en el cual van subiendo el voltaje hasta que se rompe la aislación y entra en cortocircuito. De esa manera se identifica hasta cuánto aguanta. Por eso están preparando cuatro réplicas más del prototipo para que se le hagan los ensayos correspondientes.

Las normas internacionales establecen regulaciones hasta para los decibeles o el color que deben tener las alarmas de los aparatos. Por eso Mariano explica que la intención es basarse en la regulación que hicieron países como Estados Unidos o Reino Unido en donde se piden los requisitos mínimos que tienen que tener los ventiladores entendiendo la urgencia del contexto pandémico. “Queremos que el AMMAT apunte a eso pero no hemos tenido respuesta. Ya entregamos una gestión de riesgo, que era lo que en un principio nos pedían. En base a eso veremos qué responden”.

Salvo las pantallas, los demás componentes son todos nacionales. Según estimaciones se podrían producir mil unidades por semana. Inventu no se encargaría de la fabricación masiva porque es un laboratorio de desarrollo y no de producción en serie. Una posibilidad es que sea Fabricaciones Militares la encargada de la producción.

Con el macrismo timoneando el Gobierno Nacional el Ministerio de Ciencia y Tecnología se achicó a Secretaría. Lo mismo pasó con el Ministerio de Salud en aquellos días en los que todo lo público se encogió a expresiones mínimas. La educación es un terreno en disputa permanente. Todas las personas que participaron del desarrollo del ventilador cayeron en la pública. La educación adquiere aquel sentido de la herramienta transformadora. En este caso la formación profesional se valida con desarrollo tecnológico aplicado.

La idea con el ventilador es replicarlo en distintos puntos del país, socializando el conocimiento al abrir los planos del prototipo. Mariano deja en claro que lo ideal sería que el uso del ventilador no sea necesario de forma masiva. “Ojalá no se tenga que usar. Eso significaría que nos pase lo que está pasando en otros países que tienen colapsados sus sistemas sanitarios”.

Hasta el momento en que se pusieron a trabajar con el proyecto del ventilador, el equipo de trabajo estaba disperso en diversas tareas. Si bien ya habían tenido algunas experiencias trabajando en conjunto, ahora la grupalidad era condición necesaria. “No somos los mejores haciendo ventiladores pero somos un buen equipo”, sintetiza Mariano. Desde que arrancaron a desarrollar el proyecto, para Mariano el trabajo se convirtió en el lugar más habitual llegando a estar más de doce horas por día. “Prácticamente estoy viviendo con los chicos acá. Llegué a estar desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la mañana del día siguiente. Así todos los días, todavía no descansamos nunca”. Un gran día eterno que vienen durando largas semanas. “Tengo que estar trabajando todo el tiempo y no paré a descansar, pero si me preguntás creo que prefiero estar en actividad. Debe ser difícil quedarse en tu casa”.

A Mariano le pasó los primeros días de trabajo de volver en bicicleta a la casa de noche, coincidiendo con el horario en que un sector de la población aplaude a lxs trabajadorxs de la salud. Él no recibió aplausos sino gritos para que se quedara en la casa cumpliendo la cuarentena. Muchas veces el desconocimiento apura al juicio. En los tiempos de cuidado colectivo, para algunxs será momento de actuar desde la sombra. “Cada uno tiene que aportar lo que pueda. Esto es lo que yo sé hacer. Al mismo tiempo están las personas que todos los días se levantan para abrir el almacén, para juntar la basura y así cada quien”.

 

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