El aislamiento social en el marco de la pandemia de Covid 19 deja consecuencias en distintos sectores laborales. Trabajadoras y trabajadores del rubro audiovisual cuentan cómo el contexto actual expuso a una situación de precarización histórica. A partir de ahí la organización colectiva.

Foto: Facebook SICAAPMA

Pasan los días, ya son meses. A pesar de las excepciones que se van dando a medida que el aislamiento social preventivo y obligatorio avanza en sus etapas, una infinidad de sectores laborales padecen las consecuencias del cese de actividades. Con el acuerdo de que las precauciones y prevenciones son necesarias: es un contexto de pandemia mundial. Pero también con la incertidumbre que golpea: hasta cuándo, cómo seguimos, qué vamos a hacer. La pandemia del Covid 19 dejó en claro, por la propia dinámica de aislamiento, que la informalidad en el trabajo es tan amplia como grave. Que muchos engranajes del sector laboral funcionaban de cierta manera, tan precarias, que llegada esta ocasión particular propiciaron las consecuencias. El desempleo, la suspensión de trabajos, la caída de ofertas laborales y la imposibilidad de acceder a los beneficios que lanzó el gobierno nacional.

Es el caso, por ejemplo, de las trabajadoras y trabajadores del sector audiovisual. La pandemia puso de manifiesto, por el impacto en el rubro, en qué decanta la precarización y la informalidad cuando se enquista. Y cuando, como consecuencia, se retroalimenta de la necesidad y el apremio que padecen las y los laburantes. Pero la urgencia también habilitó a que se aceitaran formas de organización, y desde distintas entidades y agrupaciones se comenzó a buscar un andar colectivo para sobrellevar la actualidad y pensar en el futuro.

“Hay problemas que son preexistentes al aislamiento y a la cuarentena. De por sí ya había un bajísimo nivel de actividad y en esa baja actividad un altísimo nivel de precarización. Tanto desde la actividad privada como de la estatal. Es un problema previo, endémico en la provincia y en todos los lugares donde no está bien desarrollada la industria audiovisual”, explica en diálogo con Enredando Carlos Welti, representante en el litoral del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina, Animación, Publicidad y Medios Audiovisuales (SICAAPMA). La precarización laboral en el sector ha construido, con los años, su velo con conceptos como emprendedurismo y trabajo independiente. Además de la costumbre de separar al arte del trabajo, o de anteponer lo primero por sobre lo segundo, para eludir derechos laborales. “No son actividades que no están reguladas, están perfectamente reguladas pero hay una sistemática evasión de tomar las cosas como corresponde”, dice Welti.

Así las cosas el aislamiento social preventivo y obligatorio por el Covid 19 encontró un sector que ya venía padeciendo dificultades para su desarrollo. Y todo tendió a complicarse. Desde SICAAPMA estiman que para abril, a un mes de cuarentena, en el país unos 4500 puestos de trabajo del sector se perdieron o se suspendieron. El trabajador o la trabajadora audiovisual que se desempeña bajo contratos, generalmente temporarios, en un contexto de cese de actividades no tiene ingresos. A la vez, el contrato -hecho por un tiempo determinado, con sus aportes- condiciona el acceso a beneficios como a raíz de la pandemia lo es el Ingreso Familiar de Emergencia. Tampoco, por lo mismo, pueden tramitar el seguro de desempleo. A eso se le suma que en este tiempo algunas empresas, que no descuidaron su publicidad, emprendieron nuevas formas de generar contenido: les envían al actor o a la actriz elegida su kit de maquillaje, su guion y su teléfono con buena definición para que realice la publicidad. La precarización de la precarización. “Además de no pagarle al que lo hace como técnico ni como actor, se infringen un sinnúmero de normas porque la actividad está suspendida”, explica Welti.

Como intento de sobrellevar la situación distintas organizaciones y colectivos del sector están en diálogo con el sindicato para aunar reclamos, buscar respuestas y generar propuestas. En Rosario y Santa Fe SICAAPMA, junto a colectivos como Somos Equipo Técnico (SET Rosario), Mujeres Audiovisuales de Rosario (MAR), Trabajadores Audiovisuales Santafesinos (Traus) y la Asociación de Productoras y Productores Audiovisuales de Santa Fe, impulsaron una serie de diálogos y actividades tanto como para formalizar reclamos como para mantener, dentro de las limitaciones, la actividad del sector. “La mayoría de técnicos y técnicas tienen contratos y monotributos, lo cual traba en Anses el trámite por el seguro de desempleo, y en Afip el hecho de haber tenido un contrato traba la posibilidad de cobrar el IFE. A nivel nacional se hicieron tratativas con Afip y Anses para atender eso”, dice Welti.

En el ámbito provincial y local se generó diálogo con legisladores y funcionarios para que estuvieran al tanto de la situación. Así surgió la entrega de un kit alimentario para quienes no están teniendo ingresos económicos desde que comenzó el aislamiento. En tanto, el Ministerio De Cultura de Santa Fe impulsará el Plan de Fomento a las Industrias Creativas. “Un programa adaptado a la situación provocada por la pandemia de Covid 19, que permita reactivar los sectores productivos de la cultura y del arte de la Provincia”, explicaron en un comunicado.

Por su parte las organizaciones y SICAAPMA activaron una serie de iniciativas: un relevamiento de los trabajadores y trabajadoras del sector, y el armado de un protocolo para que se posibilite, dentro de las limitaciones y precauciones, una excepción de la actividad en la provincia.

La salida colectiva

Somos Equipo Técnico surgió en Rosario en 2016. “Con la premisa de intentar mejorar las condiciones del sector. No había ni contratos, ni convenios colectivos de trabajo”, cuenta Lucas Comparetto, integrante del colectivo. Hoy en Rosario son alrededor de 200 las técnicas y técnicos que se referencian con la organización. “Esos nombrecitos chiquititos que aparecen en los créditos de una película somos nosotros, que laburamos de esto e intentamos vivir de esto mientras se pueda”, dice para graficar tanto la importancia del rol técnico en las producciones audiovisuales como la cantidad de personas -puestos de trabajo, por ende- que se necesitan. Lo cierto es que dada la situación de precarización la idea de vivir de ese trabajo se suele convertir en un anhelo, que se persigue pero a veces muy cuesta arriba. “Muchos compañeros y compañeras tienen que buscar otra fuente de ingreso, un trabajo fijo y en relación de dependencia, para poder llevar adelante su actividad audiovisual”, dice Lucas.

La cantidad de producciones en Rosario y la provincia es escasa desde antes del aislamiento. De por sí los puestos de trabajo generados a partir de ellas no alcanzan a cubrir la inmensa demanda de trabajadores del sector. Y, por las características de los contratos, son muy pocos quienes pueden vivir de ese trabajo.

De forma paralela a esa situación se le suma otra problemática: una disparidad de género que es histórica. Eso, principalmente entre otros motivos, llevó a que en 2017 naciera Mujeres Audiovisuales de Rosario. Así se definen: “Es un espacio que convoca a mujeres y disidencias de diferentes disciplinas relacionadas con lo audiovisual y se formó con la intensión de poder reflexionar  sobre el rol de la mujer delante y detrás de la pantalla. Creemos que es necesario empezar a pensar a políticas públicas para lograr la paridad en los espacios de trabajo, ya que particularmente en el medio audiovisual sabemos que hay una fuerte presencia de mujeres en las carreras universitarias relacionadas, sin embargo no es así en los espacios de trabajo, en donde hay roles determinantes que prácticamente pertenecen a los hombres y las mujeres quedan desplazadas, sin espacios para poder perfeccionarse en las áreas que le interesan. El universo audiovisual es un trabajo que se valora con el hacer y en este sentido a las mujeres se nos discrimina en la falta de oportunidades. También entendemos que  muchos de los contenidos que se producen exponen, estigmatizan, estereotipan y discriminan a las mujeres y creemos que es momento de repensar como producir contenido que no estigmatice a las mujeres”.

La disparidad de género no empieza ni termina en Rosario. En la ciudad de Santa Fe, según explica Luz Marina García, integrante de Traus, una vez iniciado el relevamiento sobre el sector audiovisual, y ya organizada la entrega del kit alimentario como respuesta de emergencia en el contexto de pandemia, los tantos quedaron claros. “Hay quienes hace dos meses no trabajan. La mayoría son mujeres, también hay trans. Con el relevamiento pudimos hacer una lectura de la situación de nuestras compañeras que no teníamos antes”, cuenta.

“El movimiento feminista, como movimiento político y social, ha modificado ciertas prácticas dentro de los espacios de trabajo, donde podemos reflexionar y repensar algunas entre compañeros y compañeras, cómo es que funcionan estos espacios. Si bien es cierto que por supuesto hay chicas trabajando y profesionales, que se dedican a lo que es el audiovisual, pero sigue siendo una lucha constante para asumir esos espacios, para poder participar y poder perfeccionarse”, dice Antonela Solier, de Mujeres Audiovisuales Rosario. A ese balance le suma la particularidad del contexto: “El impacto del aislamiento social fue fuerte e inesperado, obviamente nos deja en situación de mucha incertidumbre y también de precarización. Porque los cobros y las formas en las que se realiza una producción audiovisual tienen que ver con tiempos establecidos, que son procesos que se van dando a medida que se avanza en la realización del contenido. Todo eso fue detenido, es una situación desesperante y bastante urgente de resolver”.

Mientras junto al sindicato se elaboran las demandas y se generan diálogos con el gobierno municipal y provincial, cada organización intenta sobrellevar el aislamiento. Desde Mujeres Audiovisuales, cuenta Antonela, hicieron un concurso:“Con varios premios, entre ellos un premio económico como una forma de incentivo. Para la participación de chicas que puedan ser profesionales o no, enviando un cortometraje de un minuto. De esa manera acompañar, tener material, poder empezar a darle oportunidad a la mirada femenina que sabemos que existe y es importante mostrarla”. Desde Traus, junto a SET y APPAS iniciaron en abril un ciclo de entrevistas virtuales sobre temáticas relacionadas al mundo audiovisual.

Lo que va quedando claro para estas organizaciones es que el camino se plantea colectivo. Y que, más allá de las urgencias en el marco de la pandemia, es necesario abordar los problemas preexistentes. Luz Marina García, desde Traus, indica que otro objetivo es que la provincia cuente con una ley de cine: “Nos une y nos hermana con una base para exigir derechos”. Lucas Comparetto, de SET Rosario, agrega: “Hay que poner en común las cosas que suceden en el sector y son una problemática, y empezar a trabajarlas colectivamente para mejorarlas y convertirnos en un interlocutor válido y un actor importante a la hora de tomar decisiones y generar políticas públicas. Apuntamos al reconocimiento del trabajador audiovisual como parte de una industria. Exigir que paguen por laburo no puede implicar que nos quedemos sin trabajo o nos marquen en una lista negra. Es reconocerse como trabajador y que nos paguen por nuestro trabajo”.

 

 

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