A fines de mayo, comediantes de Rosario protagonizaron “Tres Mujeres hablan poco”, un show de monólogos humorísticos, desde la sala Plataforma Lavardén, transmitido en vivo por tv y redes sociales. Dos días después, la crítica publicada en un diario local describió a uno de los monólogos como una “apología del lesbianismo”. A raíz de esto, junto a voces militantes del feminismo e integrantes del colectivo LGBTIQ+, reflexionamos sobre el uso del término y qué respuestas sociales todavía parecen legítimas cuando las identidades disidentes son visibilizadas.

Alejandra Gómez, Adriana Jaworsky y Jua Jua Juarez realizaron la primera obra teatral que se transmitió en vivo en el ciclo  #LaSeguimosEnVivo, organizado por el Ministerio de Cultura de la provincia de Santa Fe. Un espacio multipantalla donde disfrutar shows musicales, humorísticos y teatrales de Rosario, para ver desde casa. En clave de stand up, las tres humoristas desplegaron su magia con el enorme desafío de hacer humor sin público que ría o aplauda y transmitidas en directo por el canal de la provincia 5RTV y su canal de YouTube. Podemos decir que, hasta acá, todo bien. Emojis de aplausos para todas.

Entre las críticas y reseñas de los días posteriores en los medios locales hubo una que se destacó especialmente y circuló entre grupos de Whatsapp de amigues, colegas y militantes acompañada con algunas frases de preocupación, indignación y hasta – haciendo hincapié en el medio donde está publicada-  resignación. En la nota, se describió el monólogo de Jaworsky como una “apología del lesbianismo” y se acompaña esta expresión con la aclaración – de confundidas intenciones progresistas- de que es algo que “en pleno 2020 resulta por lo menos innecesario.” Ante este balde de agua fría y confusión, enREDando dialogó con Loreley Flores, Morena Pardo, Valeria Rosso Ponce y la mismísima Adriana Jaworsky. Todas mujeres, lesbianas y militantes feministas, que desde sus distintas profesiones y miradas aportan a la visibilización de las identidades disidentes y el derecho a una vida libre de violencias. 

Hablemos de apología

Comencemos revisando la palabra en cuestión que, en su definición, no connota nada negativo. Como no nos gusta tener como primera fuente a la institución más rancia de la lengua como es la Real Academia Española (RAE) – esa que hasta diciembre del 2017 definía “sexo débil” como al «conjunto de las mujeres» – nos fuimos a lo básico, el viejo y querido: el Pequeño Larousse Ilustrado, que nos dice: “Apología: discurso o escrito que defiende o justifica a alguien o algo.” Para tranquilidad de todes, en varios sitios de internet – y también en la RAE, tranquilizaos- la definición es similar. Bien, la academia entera está de acuerdo.

Sin embargo, como no creemos en la ingenuidad del uso de los términos – y menos aún si viene desde el teclado de cualquier profesional de la comunicación – no podemos desconocer que culturalmente – por usos y costumbres si se quiere-, la utilización de la palabra “apología” está siempre ligada a situaciones o acciones fuera de la ley o negativas. Por ejemplo: “apología del delito”, “apología de las drogas”, etc.  ¿Entonces, qué lectura podemos hacer si alguien es acusada de hacer humor desde una “apología del lesbianismo” y – tal como se aclara – en pleno 2020?

“Hacer apología de algo es hablar excesivamente bien de algo y todas las personas estamos haciendo apología de distintas cosas durante la vida, casi todo el tiempo. Lo que pasa es que a la palabra apología se la relaciona directamente con apología del delito: hablar bien de algo que está mal”, aclara Loreley Flores, periodista, locutora y diplomada en Promoción de Derechos y Políticas Antidiscriminatorias. Y continúa: “Se plantea la apología del lesbianismo, o de una orientación sexual, como si hubiera orientaciones sexuales que estuvieran bien o que estuvieran mal, como si hubiera algo que fuera correcto o incorrecto. Yo me pregunto por qué a alguien le molesta que una persona que vive como lesbiana, hable bien de su vida.”

En la misma línea la abogada feminista Valeria Rosso Ponce agrega que “desde un lugar de machismo patriarcal utiliza el término apología al referirse al lesbianismo como un modo de cuestionarlo ya que, más allá del uso jurídico del término apología, que siempre se encuentra ligado a actos o situaciones ilícitos, uno de sus significados es justificación o defensa. Como si fuera necesario justificar o defender una sexualidad disidente. En cuanto a la cuestión lésbica por supuesto que no es inocente la utilización del término apología, el cual necesariamente lleva a pensar en «la propaganda de algo cuestionable» al menos y es ahí donde el autor de la nota se coloca en calidad de juzgador desde un machismo patriarcal que no disimula.”

Morena Pardo, Licenciada en Comunicación Social, escritora y guionista de la serie web feminista lésbica y bisexual  “Quién Pudiera”, dice que “más allá de que la palabra significa defensa de una opinión, de una postura, igual estamos hablando de algo que tiene que ser defendido. Y creo que un poco sí: aún hoy hay que defender o respaldar el lesbianismo como identidad política o como orientación sexual frente a la norma heterosexual que todavía sigue siendo abrumadora y que está tan metida en todas las personas. No hay otra manera de que alguien use la palabra “apología” si no es porque, no solamente es heterosexual, sino que está tan heteronormado que no puede pensar en la posibilidad de que una persona hable de su orientación sexual o su identidad política lesbiana sin verla de ese modo”.

En cambio, “la heterosexualidad – agrega Loreley-  no necesita apología porque ya tiene una prensa hecha de dos mil años, incluso tiene una moral que la respalda, un castigo divino si no se cumple. De las lesbianas se ha hablado mal durante mucho tiempo. Se ha dicho que éramos enfermas, hasta que la Organización Mundial de la Salud sacó a la homosexualidad del listado de enfermedades mentales, y no fue hace tanto: en 1990. Por eso, el 17 de mayo es un dia especial para la comunidad LGBTIQ+. Entonces, por qué no hablar bien de algo que nos hace feliz, de algo que es constitutivo de nuestra personalidad, de algo que nos gusta.”

Adriana Jaworsky fue una de las comediantes de la noche y la señalada por hacer esta “apología” en su monólogo. Ella también conversó con Enredando y contó lo que pensó cuando leyó la nota: “Lo primero que sentí fue sorpresa e inmediatamente indignación. En el contexto y de la forma en que esto estaba dicho, no parecía que yo, incitando al lesbianismo, estuviera haciendo nada bueno. Lo que intento hacer a través de mi monólogo es una visibilización. Creo que podríamos haber utilizado esa palabra: visibilización, en todo caso, del lesbianismo.”

Me gusta cuando callas porque estás como ausente

Visibilizar, sabemos, no bastó con el reconocimiento de la OMS, la ley de identidad de género, la ley de matrimonio igualitario y las leyes contra la discriminación logradas en los años posteriores al comienzo de la democracia en Argentina. Parece que aún hace falta más. ¿Qué pasa con la discriminación presente en los comportamientos sociales?

En relación a esto, Loreley nos dice que “en las personas adultas, por lo menos en la ciudad donde vivimos, está políticamente correcto decir que está todo bien con todas las orientaciones sexuales. A mí me pasó que una amiga un día me dijo “mirá el día en que mi hijo me presente a su novia” y yo le dije: “bueno, también te puede presentar un novio” y me respondió: “no, mi hijo no. Todo bien con vos, pero mi hijo no”. Años de amistad y yo no me habia dado cuenta de que había una discriminación encubierta hacia la homosexualidad. Después está la gente que queda cómoda y la que queda incómoda. ¿Qué pasa cuando una lesbiana tiene una expresión de género más masculina, cuando es más liberal en su forma de actuar, cuando no tiene deseos de tener hijos o hijas? Entonces ahí empiezan a activarse otras violencias u otras discriminaciones que tienen que ver con lo que no queda cómodo. Volvemos a silenciar y siempre que se trata de silenciar es porque se quiere ocultar, que no se sepa, porque, de alguna manera, jode, quita lugares de privilegio o hace sentir una amenaza: a ver si esto se expande, si la gente se contagia.”

“Creo que como conjunto – opina Jaworsky – no estamos educades para aceptar diversidades en general y mucho menos en relación a la sexualidad. El trabajo de visibilización ayuda mucho, y de esta forma vamos logrando que, de a poco, se vayan reconociendo algunos aspectos. El trabajo desde el humor posibilita franquear muchas de estas barreras, es una herramienta de comunicación muy valiosa porque ayuda a contar, a decir mucho de lo que nos pasa, de una manera distinta y con eso se logra que quien está del otro lado escuche cosas que, de otra manera, no podría escuchar.”

Lesbianas en las pantallas

Adriana Jaworsky profundiza sobre la cuestión de la discriminación y las reacciones que puede generar, por ejemplo, su monólogo en el escenario: “No sólo molesta que seas homosexual, sino que hay una diferencia en que seas mujer homosexual. Porque hay mucho varón haciendo monólogos, haciendo humor, diciendo públicamente que es gay, se juega mucho con eso, de alguna manera se acepta, y la gente se ríe. Pero una mujer que salga a decir, bien posicionada, que es lesbiana, molesta.”

Esto da pie para preguntarse qué pasa con las lesbianas en los productos culturales argentinos. Cómo están representadas o cómo son mostradas. Las lesbianas que vemos en novelas prime time, ¿molestan o no tanto?¿Qué imaginarios y estereotipos consumimos en las ficciones sobre las identidades disidentes?

“Antes de pensar si son buenas o malas diría que son muy pocas – define sin dudar Morena Pardo y continúa – Ese es el problema principal a resolver. Esto genera que la representación sea muy limitada, que termine generando imágenes muy acotadas de un colectivo que contiene infinidad de expresiones subjetivas e infinidad de identidades. Entonces, si hablamos de lesbianismo en particular, que ante todo es una identidad que está representada, teniendo en cuenta todas las que no lo están para nada,  es un identidad que está muy poco, pero alguien ya se tomó el trabajo de decir: “existen las lesbianas, vamos a incluirlas en las ficciones y producciones culturales”. En general, estas ficciones están pensadas o escritas por personas heterosexuales y heteronormadas. Esto genera que haya representaciones en base a prejuicios, como lo que una persona heterosexual piensa que puede ser un problema de una lesbiana o cómo una persona heterosexual piensa que tienen sexo las lesbianas. Han proliferado los personajes de lesbianas, mujeres que gustan de mujeres o que se vinculan con mujeres, por ejemplo, en las ficciones de las productoras hegemónicas que ponen estos personajes en tiras diarias o en ficciones en horario central y, en general, ya no hay opiniones o reseñas en los medios principales del país diciendo que Celeste Cid y Julieta Zylberberg o  (la productora) Pol-Ka hacen apología del lesbianismo.”

“El trasfondo termina siendo el de siempre: cuando la heteronorma crea personajes disidentes terminan siendo personajes heteronormados y, en general, representados por personas hegemónicas, y heterosexuales en su vida real, que no molestan a la vista. Pero si una lesbiana de verdad habla de su lesbianismo en un show de comedia, eso es problemático. Entonces, lo que molesta es el lesbianismo, que exista. Que esté entre nosotres y, que sea visible, a la heteronorma le molesta y lo señala. Lo que tiene que empezar a pasar es que cada vez haya más disidencia contando sus propias historias para que se multipliquen las expresiones y representaciones de la diversidad en las ficciones.”

Una realidad con justicia social, feminismo, derechos garantizados, inclusión, disidencias visibles, libres; y sin violencias machistas, debe ser acompañada indudablemente por una cultura – en todas sus expresiones posibles- con las mismas características. Un abanico de historias contadas por todas aquellas personas a las que jamás escuchamos ni vimos , porque no tenían voz: el privilegio de hacerlo siempre fue por y desde la mirada del varón, blanco, heterosexual; y esa historia repetida ya no queremos escucharla más. Lo que sí queremos son más Adrianas en los escenarios locales, más visibilidad de las orientaciones sexuales disidentes contando sus propios relatos.

Tener una práctica comunicacional cotidiana con perspectiva de género es tarea ineludible del periodismo: formarse al respecto, cambiar la mirada, abandonar las viejas fórmulas ya caducas, violentas y discriminatorias, hacer un acercamiento a los temas de género desde la perspectiva de los derechos humanos y, sobre todo, tener una mirada crítica sobre la sociedad patriarcal. Pedir esto, repetirlo una y otra vez, es lo que en pleno 2020 debería ser por lo menos innecesario.

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