Son seis contadorxs egresadxs de la Universidad Pública que eligieron el camino de la autogestión. Se organizaron y fundaron la cooperativa ECC- Economía y Contabilidad Cooperativa- con un objetivo básico: brindar asesoramiento administrativo, legal e impositivo a organizaciones comunitarias, asociaciones civiles y emprendimientos autogestionados. Así construyen otra forma de hacer economía. El recorrido de los números hacia los territorios. 

“Humanizar los números” es una frase que suelen escuchar más de una vez en boca de quienes son sus clientes aunque, en verdad, se traten de “organizaciones compañeras”. Así al menos lo entienden ellxs: una cooperativa de contadorxs egresadxs de la Universidad Nacional de Rosario que decidieron organizarse para brindar asesoramiento administrativo, legal e impositivo a organizaciones comunitarias, asociaciones civiles y emprendimientos autogestionados.

En el 2014 eran solo cuatro integrantes dedicados fundamentalmente a las “finanzas solidarias”. Pero la demanda fue creciendo a medida que las organizaciones manifestaban la necesidad de contar con contadorxs que entiendan su forma de trabajo, su dinámica, sus realidades. Es que no es común encontrar profesionales de los “números” que además se autoperciban como trabajadorxs autogestionadxs. No es común que en la propia carrera de Ciencias Económicas haya estudiantes cuyas inquietudes estén más orientadas a la economía social que a la actividad agropecuaria o a la función administrativa en empresas. Por eso, la cooperativa ECC – Economía y Contabilidad Cooperativa, es hoy una de las pocas -sino la única- de este tipo que existe en Rosario.

Son seis sus integrantes: Julia, Guillermo, Martín, Carolina, Cintia y Lucrecia. Dos de ellos -Carolina y Martín- están desde los inicios, mientras que el resto se fue sumando a medida que la demanda aumentaba. Actualmente la cooperativa cuenta con un estudio contable en la zona centro de Rosario y asesoran a una gran cantidad de organizaciones y cooperativas, entre ellas, la Biblioteca Popular Pocho Lepratti, la Cooperativa Bar Pichangú, la Aire Libre Radio Comunitaria, la cooperativa de alimentos Pronoar, la cooperativa Pariendo Justicia, la Facultad Libre, entre muchas otras.

¿Es la autogestión un camino posible? Este grupo de contadorxs entienden que sí y por eso no solo asesoran y orientan en proyectos y/o trabajo administrativo a otras experiencias de este tipo o similares, sino que además, ellxs mismxs se autoperciben como una cooperativa aunque, como dice Carolina, entiendan “que las formas jurídicas son solo una herramienta más para el trabajo colectivo”.

Es que todos, o casi todos sus integrantes, realizaron un recorrido militante en organizaciones sociales o incluso, en la militancia estudiantil al interior de la facultad. Lucrecia lo dice con claridad: “Hay una búsqueda individual de darte cuenta en el cursado de la carrera de que no querés terminar laburando en una empresa. Y esa inquietud personal se encuentra con una salida buenísima que es la autogestión, y además, con la posibilidad de brindar un servicio que creemos que es importante”.

Guillermo Rigoni cuenta una anécdota que lo marcó: “Una vez me preguntaron cuál era la vocación de ser contador público y no supe que contestar. Después, en una materia me encontraba con que el rol de un administrador financiero era maximizar la riqueza del dueño del capital”. En ese momento Guillermo se replanteó su vocación y decidió alejarse de la carrera por un tiempo. Empezó a militar, a tener otro recorrido social, y entendió que casi todas las carreras universitarias tiene una orientación “muy liberal en su contenido y que  requiere una búsqueda intentar hacer otra cosa con ese contenido”. Eso hizo Guillermo. Volvió a la facultad de Ciencias Económicas, se sumó a la militancia universitaria, curso la materia optativa de quinto año de la carrera que es Economía Solidaria, realizó una práctica de extensión en una organización social y al poco tiempo, comenzó a integrar la cooperativa de contadorxs. Guillermo encontró qué hacer con su profesión. “Y acá estoy”, dice, con una sonrisa.

Cintia se integro hace apenas seis meses. Al igual que Guillermo, la materia optativa de la cual Martin Vitta es uno de los docentes, fue su puerta de ingreso a la autogestión. “Me pasó lo mismo que a Guillermo, entré en crisis con la carrera. Empecé a militar en la facultad y no tenía idea que podía existir un espacio como éste. No lo podía creer, yo creo que somos una excepción.”

Romper con la norma, o con el camino habitualmente orientado en la facultad, es lo que de una forma u otra hace este grupo de contadorxs que, además, decidió sumarse como cooperativa a un espacio gremial que es el MTA (Movimiento de Trabajadores Autogestionados). Tienen un objetivo primordial, dicen: “acompañar a distintas organizaciones y promover la economía social. El acompañamiento lo hacemos desde lo impositivo, contable, laboral, también hacemos algunas tareas de administración. En algunas organizaciones participamos de una manera más activa y el acompañamiento es más cuerpo a cuerpo. Las asociaciones y cooperativas valoran nuestro trabajo y acordamos siempre un precio justo con las organizaciones en función de lo que ellas pueden”.

Empatizamos mucho con las organizaciones, y creo que en el para quiénes y en el cómo es donde hacemos hincapié a la hora de reflexionar sobre nuestros objetivos, nuestra visión y nuestra misión.

Muchas veces se sienten parte de la organización a la que asesoran y ese “sentirse parte” genera y potencia otra forma de vincularse. Desde abajo, desde el llano, desde la trinchera. No hay un saber “que se transmite” o se ejerce de manera vertical. Los seis integrantes de ECC entienden que el trabajo es colectivo y mancomunado, aunque casi siempre implique un “servicio tradicional profesional”. “Nos encontramos muchas veces haciendo un trabajo contable, técnico que tiene sus especificidades de acuerdo a las características de la organización. Pero reflexionamos, y pensamos en para quiénes hacemos este trabajo, es decir, nos enfocamos en organizaciones sociales con las cuales compartimos principios de la economía solidaria, y queremos fortalecer o favorecer a este tipo de organizaciones”, acota Carolina. Lucrecia suma: “por otro lado, encontramos una diferencia en cómo lo hacemos. Nosotres elegimos la forma en que nos organizamos, la reflexión sobre nuestra tarea, las asambleas, haciendo difusa esta línea entre el adentro y el afuera con las organizaciones. Empatizamos mucho con las organizaciones, y creo que en el para quiénes y en el cómo es donde hacemos hincapié a la hora de reflexionar sobre nuestros objetivos, nuestra visión y nuestra misión”.

Economía disruptiva

Martin Vitta es uno de los fundadores de la cooperativa, y además, es docente de la cátedra de Economía Solidaria de la carrera de Ciencias Económicas. Cuando responde a la pregunta acerca de las “utopías” o sueños que se propone la cooperativa, ensaya una respuesta ambiciosa, y necesaria: “aportar a la construcción de economías disruptivas”, dice. Es decir, pensar otra forma de ejercer y hacer economía. También destaca la importancia de poder sumar al fortalecimiento de organizaciones sociales ya existentes y de otras que están camino a su conformación. “Asesorar en cómo se forma una cooperativa, o en qué tipo de figura jurídica conviene de acuerdo a sus intereses, sus necesidades”, es parte de la tarea cotidiana.

“Nunca el trabajo es rutinario. Es muy heterogéneo”, dice Guillermo, y eso es lo más interesante. La diversidad de organizaciones, asociaciones civiles, cooperativas, con las que se vinculan dan cuenta de esa heterogeneidad que menciona Guillermo. Hacen “de todo un poco”, dicen, y resaltan también, las demandas que van surgiendo. Desde hacer un balance contable hasta colaborar en el armado de un proyecto o gestionar un monotributo. Es que la burocracia administrativa y los requisitos que exigen muchos organismos estatales, representa una de las principales trabas y dificultades con las que muchas experiencias barriales y comunitarias se encuentran al momento de concretar proyectos, o acceder a subsidios o fuentes de financiamiento. Destrabar y colaborar en las gestiones, es el trabajo que hace ECC.

“Tenemos un saber que sirve para algo específico que tienen que cumplimentar las organizaciones para acceder a un montón de cosas. Lo vemos como una herramienta que tenemos que poner en juego al servicio de otres, y decidimos ponerlo al servicio de personas o grupos que hacen de esta sociedad algo un poco más justo”, apunta Carolina.

Caminando juntes

“Gracias a ellos siento que los números son más humanos”, dice la cooperativa Pariendo Justicia que encontró en ECC un acompañamiento fundamental para su trabajo. “Entienden las maneras de actuar y de pensar de las organizaciones sociales y eso genera confianza y mucha comunicación”, señalan desde la Biblioteca Popular Pocho Lepratti que también son asesorados por la cooperativa en tareas administrativas y contables. “Creemos que son un pilar fundamental para pensar nuestra economía desde valores no hegemónicos”, suman desde el bar Pichangú. Y así los testimonios de sus “clientes” dan cuenta del vínculo y la forma de trabajo de ECC.

“Nuestra propuesta, en este recorrido, es la de caminar junto a organizaciones sociales”, dicen los seis contadorxs que avanzan, a pesar de las dificultades que conlleva, por un camino autogestivo. Más allá de la orientación liberal de la teoría económica que atraviesa la formación universitaria, ellxs apostaron al cooperativismo como modo de ejercer la profesión y hoy ECC no es solo  el espacio militante que construyeron, sino también su principal fuente de ingresos.

“Creemos que el aprendizaje está en el hacer y en el compartir”, refuerzan y también sueñan con ser cada vez más: “por más cooperativas de profesionales y por más profesionales cooperatives”, cierran.

 

Contacto: Facebook ECC

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