«Sólo este fin de semana, contamos 12 muertos», nos dice José, militante barrial que sabe que en Ledesma, la muerte se olfatea en cada esquina. Para algunos, no es una metáfora: en redes sociales, habitantes del lugar denuncian que sus vecinos se mueren en sus casas, y nadie viene a retirar los cadáveres. Los descubren por el olor.

Por Juan Pablo Alba / Foto: Revista ZOOM

«Sólo este fin de semana, contamos 12 muertos», nos dice José, militante barrial que sabe que en Ledesma, la muerte se olfatea en cada esquina. Para algunos, no es una metáfora: en redes sociales, habitantes del lugar denuncian que sus vecinos se mueren en sus casas, y nadie viene a retirar los cadáveres. Los descubren por el olor. «No me atienden nunca los del COE, estoy sola con mi hija, a ella le dió positivo y a mí no, ni gas tenemos, y no podemos salir», palabras más palabras menos, relata una joven madre soltera de la zona.

Son innumerables los testimonios que relatan historias de familias enteras abandonadas a su suerte: «tomen paracetamol y no salgan de casa», es la receta universal, porque el hospital de la zona está al 110% de su capacidad, y hasta sus directivos y personal sanitario hacen colectas, debido a que no les llegan los materiales mínimos de protección que debería garantizar el gobierno: nadie sabe en qué se invirtieron los millones de pesos que envío Nación.

La sensación general de quienes se enferman, es de abandono total por parte del Estado: en este rincón del mundo, la salud no es un Derecho Humano. El nivel de desatención es tan grande, que la historia de un joven «ledesmense» llegó hasta los principales diarios locales, cuando haciendo pasar a su papá por muerto, logró que lo atendieran en el hospital, ingresando con un coche fúnebre.

«No es una tragedia, es una masacre», afirma el profesor de Economía Enrique Mosquera, en un comunicado que hizo público por Facebook: «lo cierto es que el foco de contagios apareció después del inicio de la zafra», nos cuenta, a pesar de que el gobernador Gerardo Morales, insiste en que todo se disparó a raíz de un viajante que venía de Buenos Aires.

Está claro que las estadísticas no son la especialidad del Comité Operativo de Emergencia: periodistas se quejan de que la información es confusa, poco clara, se presenta sin sistematizar y en algunos casos, es notablemente manipulada. Sólo se puede tener indicios a través de quienes, presos de la desesperación, se animan a publicar, a contar algo, en un feudo caracterizado por el silencio y el miedo, porque los fantasmas de las muertes de «las Noches del Apagón», siguen presentes en la memoria popular.

Ledesma mata, y el gobierno también

«Como venimos denunciando desde hace tiempo, el Complejo Industrial Ledesma se ha convertido en un foco de contagio y propagación del virus», indicaron los trabajadores del SOEAIL en un comunicado, explicando las razones del paro que llevan adelante por 24 horas. Y es que las y los compañeros se contagiaron precisamente trabajando y ante la falta del cumplimiento de los protocolos de seguridad e higiene, por las condiciones inhumanas que el sindicato venía denunciando desde hace tiempo. «La soberbia y la codicia fueron mayores que la necesidad de cuidar a los trabajadores», denunció el sindicato conducido por Rafael Vargas.

La conducción del sindicato reclama la realización masiva de testeos a las y los trabajadores, cambios en el departamento de medicina laboral, la ralentización del movimiento de personas, el respeto de los tiempos de recuperación, el seguimiento y evolución de los trabajadores, la eliminación de sanciones ilegales, el control estricto de los protocolos, el licenciamiento de mayores de 60 años y el respeto del salario de todas y todos.

Pero lo real es que, aún en cuarentena, la empresa Ledesma no destinó ni un centavo de sus ganancias a preservar la vida de sus trabajadores ni la de sus familias: el gremio tuvo que llamar a un paro de 24 horas como medida de protesta, luego de que murieran cuatro obreros y al menos tres de sus familiares, por Covid. Mientras se escribía está crónica, moría un obrero más, que para el COE pasa a integrar la fría cifra de un dato anecdótico, por el que la empresa invitará nuevamente a «hacer un minuto de silencio», como suele ser su única respuesta ante la desidia que genera.

Si sos trabajador de Ledesma, no importa si sufrís enfermedades previas, o familiares a cargo, o lo que sea: tenés que ir a trabajar igual, y te pasan a buscar a tu domicilio en esos camioncitos especiales que ellos tienen, para transportar, todos apretados y sin respetar protocolos, a SUS obreros. Sí, así con mayúscula, porque los Blaquier y sus herederos se creen dueños, amos y señores de la vida y la muerte en sus tierras, convenientemente apropiadas mediante sangre durante la conquista, y gracias a pactos espurios con Martínez de Hoz, años más adelante.

En la actualidad, la complicidad entre la empresa, Gerardo Morales y los Ministerios de Trabajo y Salud, parece prefigurar un acuerdo macabro: dejar la vida del pueblo librada a la suerte, como si fueran a alcanzar «la inmunidad del rebaño» y así, no parar ni un minuto la producción de ganancias. Lo mismo se observa en la actividad de la minera Héxar, un caso muy similar y otro paradigma de la muerte puesta al servicio de la extracción de plusvalía, con beneplácito del Estado.

«En Ledesma hay una especie de estado de sitio de facto», había asegurado Morales semanas atrás, en su show televisivo como vocero del COE provincial. «Las calles hoy están militarizadas, pero no controlan nada, es todo para la foto. La gente misma está pidiendo que haya más control. Con esta idea de la responsabilidad individual, logran ocultar su responsabilidad, y crean un escenario ideal para que cuando quieran entrar a los barrios a cagarnos a palos a quienes nos quejamos de lo que está pasando, haya consenso social», sospecha José, esgrimiendo lo que parecería ser una teoría «conspiranoica», pero que dado el contexto, de paranoia tiene muy poco.

La provincia, atraviesa una profunda y grave crisis sanitaria, social y económica, dónde los trabajadores y trabajadoras de la salud no dejan de luchar y hacer medidas de protesta, mientras junto a los comedores barriales de las organizaciones sociales, forman parte de la única primera línea que hoy enfrenta, cara a cara, las pandemias del Coronavirus y la del hambre.

Jujuy es una provincia al borde del abismo, donde el pueblo lucha por su vida y por sus derechos, a pesar de constituir un verdadero feudo en pleno siglo XXI, en el que Ledesma mata, y el gobierno también.

* Secretario de Comunicación y Difusión de CTA-A Jujuy

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