¿Cuánto tiempo necesitamos del cuidado de lxs otrxs cuando venimos al mundo? ¿De cuántas personas hace falta para que la crianza no se transforme de trabajo a explotación? ¿Cómo es el escenario de las xaternidades que decimos desear? ¿Cuál es el límite para que la intimidad en que se gesta y se cría resulte en soledad, en impotencia?

Ilustraciones: Sofía Valdes

 

Para poder trabajar y ser parte del engranaje productivo del mundo laboral en este sistema, también hay que poder dejar de hacerlo. Es decir, parar de trabajar. Los últimos paros internacionales de mujeres cada 8 de marzo desde 2016 a esta parte, pusieron de relieve la tensión que existe entre el trabajo productivo y el trabajo que mantiene al mundo en movimiento, el trabajo reproductivo y doméstico que no se detiene porque está en nuestras casas y nuestras camas, clamando por la energía de nuestros cuerpos cansados. Ahora bien, la regulación del mundo laboral hace rato que no cambia los lentes para reconocer las licencias que son necesarias para continuar con el trabajo reproductivo. Y aunque sepamos que la reproducción involucra una serie de tareas que exceden la gestación, la maternidad y la paternidad, quizás hace falta actualizar algunas preguntas:

¿Cuánto tiempo necesitamos del cuidado de lxs otrxs cuando venimos al mundo? ¿De cuántas personas hace falta para que la crianza no se transforme de trabajo a explotación? ¿Cómo es el escenario de las xaternidades que decimos desear? ¿Cuál es el límite para que la intimidad en que se gesta y se cría resulte en soledad en impotencia?

El colectivo Autoconvocado Mujeres en Tribu presentó el 23 de junio de este año un proyecto al Concejo Municipal de Rosario para equilibrar los días de licencia por nacimiento en 180 días para trabajadorxs municipales. María Petraccaro cuenta que “desde que se conforma el colectivo en 2016 era un tema que nos preocupaba y a fines del año pasado decidimos volver a impulsarlo porque sabíamos que los proyectos que existían no se habían movido hace 5 años o ya habrían perdido estado parlamentario”. En este sentido es que María acentúa la necesidad de acompañar con las normativas vigentes un planteo que desde los feminismos viene siendo recurrente en relación a “cómo vivimos la maternidad, que muchas veces estamos solas. En general, una de las partes de las parejas no está. Nosotras creemos que para criar un hijo hace falta una tribu entera a nivel social. Por eso este es un primer paso para que la equidad deje de ser una palabra hermosa en los discursos. Después, para replicarlo a nivel provincial y nacional, hace falta modificar la ley de contratos de trabajo” que data del año 1976 y desde entonces no ha sido actualizada.

El presente proyecto, de ser aprobado establecería licencias de 180 días por nacimiento (para xadres gestantes y no gestantes, contemplando también los casos de adopción, según la edad de lxs niñxs adoptados) que podrían ampliarse en caso de discapacidad o enfermedad grave a 280 días, o, en caso de nacimiento múltiple, por 30 días por cada hijx. Si el parto fuese prematuro o el/la bebé necesitara una internación superior a cinco días, la licencia podría extenderse por un plazo igual al de la internación. A su vez, el proyecto contempla una licencia por pérdida gestacional o muerte perinatal (desde las 28 semanas de embarazo hasta la primera semana de vida) de 40 días. 

Nosotras creemos que para criar un hijo hace falta una tribu entera a nivel social. Por eso este es un primer paso para que la equidad deje de ser una palabra hermosa en los discursos.

La concejala Luz Olazagoitía destacó que el proyecto “se adecúa a las recomendaciones de la OMS, la Organización Internacional del Trabajo, Unicef, organismos que entienden que hay que avanzar en igualar entre persona gestante y no gestante, en beneficio de lxs niñxs, que suponen una atención especial de todo el núcleo familiar” y en cuanto a las expectativas de cómo puede avanzar, señaló que “no hay muchos argumentos para ponerse en contra, hay provincias como Córdoba, Entre Ríos, que ya han avanzado. Cuando decimos que el Estado tiene que ser punta de lanza en una demanda histórica del movimiento de mujeres, es porque sabemos que en las contrataciones se discrimina según cuánto va a licenciar una persona. En lo que hace a licencias por nacimiento es de un promedio de 14 meses en 30 años de servicio, no es un impacto productivo sino cultural”.

El escenario mundial e incluso el nacional es bastante desparejo en lo que tiene que ver con las reglamentaciones y paritarias respecto a las licencias que afectan a lxs trabajadorxs estatales o privados y, al no actualizarse la ley nacional de Contratos de trabajo (20.744) dejan a un lado a trabajadorxs independientes o al sector informal, como también al reconocimiento de los casos de adopción o de conformación diversa de las familias. 

María Isabel Camejo, delegada de la comisión gremial interna del nuevo banco de Santa Fe (entidad privatizada desde 1998), cuenta el caso de una compañera que se acercó a la comisión a consultar qué licencia le correspondía al ser madre no gestante, siendo que su pareja, quien iba a gestar, recibiría la licencia de 3 meses ya que ambas trabajaban en el banco. “Ella suponía que le iban a dar los 10 días de paternidad. Tomamos el caso y vimos a dónde se podía avanzar. El abogado Domingo Rondina nos elaboró una presentación con alegatos para pedir que a esta compañera, como es madre biológica aunque no gestante, le correspondieran los 3 meses. El banco nos contestó medio lavándose las manos que iban a otorgar la licencia acorde a lo que Anses definiera. A la figura de adopción no podíamos apelar porque no es lo que estababa pasando”. Si bien en el país, la justicia ha fallado en los casos presentados a favor de la madre no gestante otorgando los tres meses de licencia, para eso, como explica María Isabel, había que “judicializar el caso y eso dependía que la compañera quisiera accionar”. Finalmente se otorgaron los diez días, “entonces esperamos a ver cómo lo nombraban en el recibo, si ponían licencia por paternidad podíamos apelar y decir que la estaban discriminando, pero pusieron licencia por nacimiento. En el ámbito privado no había ningún antecedente y ya era una decisión muy personal. Cuando nació la nena su señora estaba con la salud complicada y pudimos solventar la licencia con certificados”.

Buena leche para el cuidado

En lo que hace a las condiciones que establecen un ambiente saludable para el nacimiento y la crianza, los organismos internacionales y los tratados que custodian los derechos humanos de lxs niñxs, de las mujeres y demás identidades de género, están de acuerdo. Y uno de los puntos fundamentales de ese acuerdo tiene que ver con la importancia de la lactancia materna en la salud de lxs recién nacidxs. Según Magalí Rey, puericultora, ese “tiempo primal, es un tiempo crítico en el desarrollo de lxs niñxs, en cómo van a interactuar con el entorno, esas condiciones afectivas de sostén tienen un impacto enorme en el desarrollo y su vínculo con el mundo. La presencia de lxs cuidadores con esas personas es fundamental”. Es en este sentido, que las reglamentaciones con las que contamos se encuentran desactualizadas y generan ambigüedades, “por un lado la OMS,  Unicef, a los cuales se alinea el Ministerio de salud, recomiendan una lactancia exclusiva los primeros seis meses. Pero ese tiempo recomendado de lactancia no encuentra un correlato legal, el discurso es dicotómico y cruel y termina recayendo en los cuerpos más vulnerables de niñxs y mamás”, plantea Magalí. De algún modo, regresar al trabajo fuera del hogar antes de ese tiempo, resulta una contradicción, “si la OMS recomienda lactancia exclusiva de 6 meses no podemos tener licencias menores”, refuerza María Petraccaro, que agrega que el proyecto presentado en el Concejo Municipal “extiende la franquicia por lactancia a dos horas diarias durante los 180 días posteriores a la reincorporación laboral de la mujer, pudiendo extenderse más allá del primer año de vida de su hijx con una franquicia de una hora diaria”.

En el mismo sentido y en el marco de la semana de la Lactancia materna, el pasado 4 de agosto en la reunión de la Comisión de Feminismos del Concejo Municipal, cuando se presentaron un proyecto del Colectivo Lactancia Solidaria Rosario de apertura de un Centro de Lactancia Público y otro que regula la formación pública en puericultura, se replicó la necesidad de que las licencias laborales se correspondan con los tiempos recomendados para la lactancia.

No está de más en esta instancia replicar que, en términos de salud pública, el acceso a leche humana en la etapa primal de vida constituye un factor inmunológico decisivo para la población. El lema de la semana de la lactancia este año “apoyar la lactancia materna contribuye a un planeta más saludable”, se relaciona, como explica Magalí, con el triple impacto en el cruce entre lactancia y medio ambiente, es decir “tiene un impacto ambiental porque no contamina, es orgánico y donde no hay explotación animal, como en la leche de fórmula que son leche de vaca; un impacto social porque es el alimento más adecuado para la especie, con una importancia en la etapa primal del desarrollo del vínculo temprano, como moderador de desarrollo a nivel nutricional e inmunológico, como generador de las condiciones fisiológicas hormonales entre mamá y bebé para conocerse y sobrevivir en situación de placer y aprendizaje, todo favorece el escenario para desarrollo neurofisiológico del cerebro en su máximo potencial; y por último tiene un impacto económico porque es un recurso gratuito y sustentable que puede perdurar en el tiempo sin generar daño o pérdida en el planeta o lo social.”

Pero los cuidados que supone la crianza, como expresa Magalí “no empiezan ni terminan sólo con la lactancia” y pone como ejemplo los “espacios amigos de la lactancia”, como el que existe en las instalaciones del Concejo rosarino desde agosto de 2018, aprobado por un proyecto en el que acompañó a la concejala Fernanda Gigliani. “Los espacios amigos de la lactancia son una iniciativa internacional que ayuda a transicionar a las mujeres y sus familias en la vuelta al trabajo, que tengan un espacio adecuado para dar de mamar, en condiciones adecuadas de intimidad e higiene. En el proyecto espacios amigos no puede pensarse separado de las licencias por maternidad”. 

¿Hay que domesticar al trabajo doméstico?

En este punto es significativo recordar que el trabajo reproductivo, que no cesa puertas adentro, es también más complejo de regular. Analía Aucía es abogada feminista y señala que si bien “en Argentina se han logrado bastantes avances. Tenemos ley de matrimonio igualitario, ley de identidad de género, pero no podemos lograr desarmar la estructura patriarcal que sostiene el binarismo en términos mujer/varón. El tratado de la CEDAW, vigente en nuestro país desde 1985, establece el derecho a repartir las tareas domésticas y familiares entre varones y mujeres. Esto no se traduce en las licencias, esta idea de que el trabajador es EL trabajador y la mujer sigue siendo esa trabajadora residual en términos de que su espacio primigenio es la familia, la casa”. 

Si bien, como menciona María, la igualdad en las licencias por nacimiento  “es necesaria para tener en el ámbito doméstico crianzas involucradas y lactancias exitosas”, el parto y el puerperio son parte de un tiempo en el que, sobre todo la persona que gestó y que probablemente esté amamantando, “es necesario que cuente con sostenes, que se ocupen de las cuestiones materiales, domésticas, emocionales en un momento que es de una crisis vital importantísima”, como explica Magalí, que además agrega que en las dinámicas familiares que aún hoy se sostienen, “los estudios muestran que uno de los principales motivos de destete es el padre. La lactancia es un hecho sexual y la sexualidad de la mujer puérpera atraviesa la lactancia. Se requiere una disposición física importante y muchos varones demandan una necesidad de retornar a la intimidad”. A esto hace alusión Analía también cuando dice que “en situación de pandemia muchas mujeres siguen manifestando que siguen a cargo de las tareas domésticas. Aunque los varones están más tiempo en su casa, el trabajo no se distribuye de manera equitativa”. 

Es muy difícil retroceder una vez que se nos han revelado las cosas de cierta manera. Hay muchos lemas feministas que bien vale revisar, pero también los hay otros que definen la calidad del lente que se antepone a nuestra mirada, como el inagotable “lo personal es político” que acuñó Kate Millet en su “Política sexual”, o la afirmación que nos acerca Silvia Federici y que actualiza la militancia italiana de los años 70, al decir que “eso que llaman amor, es trabajo no pago”.

“en situación de pandemia muchas mujeres siguen manifestando que siguen a cargo de las tareas domésticas. Aunque los varones están más tiempo en su casa, el trabajo no se distribuye de manera equitativa”. 

Como dice también Analía Aucía “el trabajo reproductivo es suficientemente productivo” pero quizás recibir un salario por el trabajo doméstico, como exigían por aquel entonces las italianas, resulta absurdo si pensamos que aún no hemos desmontado la estructura heterosexual y binaria del trabajo dentro y fuera del hogar. La forma en la que conviven o se (des)integran los mundos productivo y reproductivo en nuestras vidas nos hablan no sólo del tipo de prácticas a las que estamos habituadxs en lo laboral, sino de las dinámicas en que se sostiene una distribución desigual de tareas en lo doméstico.

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