Algodonera Avellaneda es Vicentín, y es –también- La Forestal revivida. Desde el 12 de junio de este año, trabajadoras y trabajadores de la firma Algodonera Avellaneda SA –núcleo central del Grupo Vicentín- llevan adelante una pelea descomunal en reclamo de sus condiciones laborales. Ese reclamo, esa pelea, no se da sólo contra una empresa, sino contra un complejo entramado que incluye a parte del Poder Judicial y político santafesino. A mediados del 2001, Osvaldo Bayer recorrió el norte santafesino, siguiendo las huellas de La Forestal. Escribió entonces: «salimos a buscar el año ‘21 en sus recuerdos, y lo encontramos en su realidad».

 

En la madrugada del último martes 18 de agosto, una docena y media de personas, con fuerte acompañamiento policial, irrumpió en el acampe que trabajadores y trabajadoras de Algodonera Avellaneda mantienen en el ingreso del Parque Industrial de Reconquista. Allí, dos hombres embistieron a dos trabajadoras: la delegada Sonia Zanel, y Lucía Calderón. Las mujeres debieron ser hospitalizadas, y por la tarde  pudieron retornar a sus hogares.

Al mando del grupo se encontraba Héctor Vizcay, uno de los abogados de la firma Vicentín.

«El Ministerio Público de la Acusación (MPA) no intervino, a pesar que llamé a todos los fiscales durante la madrugada. Ninguno estuvo presente cuando atropellaron a dos mujeres, y tanto el doctor Vizcay como quienes embistieron se encuentran en libertad», señaló la abogada Luciana González.

Diez días después, en la madrugada del viernes 28 de agosto, un escuadrón conformado por 200 policías apoyados por 15 móviles de la fuerza desalojó el campe de los trabajadores y trabajadoras, en un operativo ordenado por el juez penal Santiago Banegas.

«A partir de la 6 proceda a garantizar el acceso irrestricto a los parques Industriales de Reconquista y Avellaneda, así como a todas las industrias que la componen, permitiendo el ingreso y egreso sin entorpecimiento alguno» consigna el primer párrafo de la resolución del juez. Y ordena «proceder al desalojo pacífico y actuando de acuerdo a los protocolos pertinentes de toda persona que se encuentre de forma ilegítima o no permitida dentro de la propiedad privada de cualquier empresa».

La decisión fue el corolario de un hostigamiento sistemático a la movilización obrera iniciada el viernes 12 de junio, y que incluyó una denuncia en los tribunales provinciales por una supuesta agresión y hasta la intimidación de integrantes de la policía santafesina que acusó a los trabajadores y trabajadoras de «generar contaminación ambiental» por la quema de neumáticos. Esos hechos ponen de manifiesto la virulencia de la empresa, y los lazos de impunidad que se tejen a su alrededor en el marco de una lucha de más de dos meses de trabajadores y trabajadoras de la firma, con cese de actividades y movilización, en reclamo de un aumento salarial urgente.

El acampe que paralizó el Parque Industrial fue protagonizado por empleadas y empleados de Algodonera Avellaneda SA, que reclaman «un aumento de salario acorde a la canasta básica, el incentivo de $20.000 que no se descuente con aportes para el Trabajo y la Producción, que se paguen los salarios caídos y que no se tomen represalias con ningún trabajador de la empresa».

Son 436 operarios y operarias que cobran $121 la hora de trabajo, con sueldos promedios de $22.000 mensuales. Los directivos de la firma negaron en la mesa de discusión esos montos, sin embargo, los recibos de sueldo muestran que un operario de 7 años y 9 meses de antigüedad gana $116 por hora y el salario quincenal es de $10.700. Ese salario llega a $126 la hora para quienes llevan 33 años de trabajo. En la reunión convocada el miércoles 22 de julio en el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, la abogada Luciana González denunció que la firma paga parte de los sueldos «con vales para que los obreros compren carne en el frigorífico Friar, o aceite en Aceitera Vicentín, que pertenecen al mismo grupo económico. Parte del sueldo se completa con estos canjes por víveres, como en tiempos de La Forestal».

El desamparo de trabajadores y trabajadoras en un conflicto que acarrea once semanas los llevó a abandonar el gremio que los representaba -la Asociación de Obreros Texiles- y pasarse al Sindicato de Aceiteros y Desmotadores de Reconquista.

A las pocas horas de producido el desalojo del acampe, un documento firmado por los diputados santafesinos Carlos del Frade, Lucila De Ponti, Lionella Cattalini, María Laura Corgniali, Paola Bravo, Silvana Di Stefano, Sergio Basile, Ariel Bermúdez, Palo Oliver y Betina Florito marcó que «el desalojo de trabajadoras y trabajadores en pleno ejercicio del derecho constitucional de reclamar por sus derechos no tiene nada que ver con la repetida frase de cuidar la paz social».

«Rechazamos la medida e instamos a retomar el diálogo con las personas afectadas por la intransigencia de una patronal que jamás quiso solucionar el problema», sostiene el comunicado de los legisladores integrantes de la Comisión de Asuntos Laborales de la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe. Allí puntualizan que «es imprescindible ubicar el conflicto como lo que es: laboral, no penal. Por lo tanto también pedimos que todos los actores institucionales hagamos los necesarios esfuerzos para garantizar el derecho a la protesta y exigirle al Ministerio de Trabajo que utilice todas las herramientas legales con las que dispone para que la empresa, los sindicatos y las trabajadoras y los trabajadores recuperen la ya mencionada paz social en Reconquista y Avellaneda».

«Llama la atención que integrantes del Poder Judicial hayan modificado su manera de comprender el conflicto. Rechazamos cualquier intento de violencia institucional y pedimos, urgentemente, retomar el diálogo en Algodonera Avellaneda», termina diciendo el comunicado de los legisladores provinciales.

La firma

«Algodonera Avellaneda S.A. es hoy el participante número uno en la industria desmotadora de algodón nacional y uno de los principales exportadores de fibra de algodón», sostiene la información que brinda la propia empresa en su página web.

Sigue diciendo que «a través del desarrollo de sus actividades integra verticalmente la totalidad del proceso algodonero: acopio y desmotado; hilado y tejido; confección de prendas de vestir y fabricación de algodón hidrófilo, productos derivados y específicos. El proceso industrial de esta oleaginosa comienza en cuatro plantas desmotadoras de algodón localizadas en centros neurálgicos en las provincias de Chaco, Formosa y Santiago del Estero, que desmotan 2.100 toneladas por día».

La empresa «posee dos hilanderías localizadas en Argentina y Brasil, que cuentan con los máximos niveles de tecnología aplicada en la hilatura convencional y open end. Cuenta con una moderna planta productora de algodón hidrófilo y productos específicos, equipamiento de última generación, siendo uno de los de mayor producción del mundo. El especial interés que la empresa y su personal tienen por el cuidado ambiental se aprecia en la construcción de una planta de tratamiento de efluentes que genera la planta industrial», describe también la página oficial de Vicentín.

El último eslabón de esta cadena productiva «se completa con otro emprendimiento relacionado, es el moderno Taller de Confecciones (Red Proactiva Textil) ubicado en Avellaneda y dedicado a la producción de prendas de primera calidad para reconocidas marcas. Las prendas producidas en Re.Pro.Tex son realizadas con telas que se fabrican en Algodonera Avellaneda», consigna.

La Algodonera Avellaneda integra todos los pasos del proceso productivo: desmotadora de algodón; hilandería de algodón, mezclas y retorcidos; tejeduría de punto; fábrica de algodón hidrófilo; y confección de prendas de vestir. Sus productos finales van desde el hilado (de algodón 100%, peinados, cardados y open end) y tejidos de punto (jersey, piqué, frisa, elastizados, plush) hasta algodón hidrófilo en paquetes, paños de limpieza, pompones y pañalin. Su marca registrada más reconocida es Algodón Estrella.

Desde la Asamblea General Ordinaria celebrada el 12 de marzo de 2019, la nómina de autoridades de la sociedad está integrada por Héctor Francisco Vicentín (presidente), Héctor Abel Goldaraz (vicepresidente), y los directores titulares Diego Ceferino Boschi, Dionisio Amado Luis Moschen y Alejandro Gonzalo Rodríguez.

Esa integración vertical del proceso productivo -que incluye el cultivo y la cosecha del algodón, el procesamiento de las fibras (desmote), la fabricación de hilados y tejidos, la confección y su comercialización- posicionó a Algodonera Avellaneda, junto con otras firmas como Alpargatas y Grafa, en un lugar de privilegio. De la mano, claro está, de los distintos negociados con el poder político y la banca pública.

De acuerdo a la información publicada por la Revista Mercado en junio 2020, «Las mil que más venden en el año de la pandemia», la Algodonera Avellaneda ocupa el lugar 701 del ránking, con una facturación de 2.800 millones de pesos durante el año 2019.

El periodista y diputado provincial Carlos del Frade sostiene que esa cifra representa «a razón de 7,6 millones de pesos diarios, 319.634 pesos por hora y 5.327 pesos por minuto. Es la firma del grupo Vicentín que solamente les paga menos de 130 pesos por hora a sus trabajadoras y trabajadores que desde meses vienen reclamando un incremento salarial y que ahora reciben como respuesta notificaciones de fiscalía para acreditar sus identidades porque están cortando el acceso al Parque Industrial de Reconquista. La permanente impunidad del gran capital».

Foto: Reconquista Revista Cultural

Algodonera Avellaneda es Vicentín

De acuerdo a los Estados Contables de Vicentín Saic del año 2018, la información aportada por la sociedad en el Concurso, los datos parciales suministrados por el Síndico de la firma y la presentación de la Inspección General de Justicia de Santa fe en la causa del concurso, Vicentín Saic tiene un pequeño porcentaje sobre Algodonera Avellaneda SA: apenas el 2,99% de participación accionaria. El 97% de las acciones restantes están en poder de VFG Inversiones y Actividades Especiales. Una firma controlada 100% por Vicentín Family Group SA, con sede en Uruguay. Sin embargo, todas esas firmas son múltiples caras de una misma moneda.

El 4 de agosto último, Luciano Zarich presentó, en su carácter de sub-interventor en la causa Vicentín Saic S/Concurso Preventivo, ante el Juez de Primer Instancia Civil y Comercial 2º Nominación de la Ciudad de Reconquista, el «Informe Final de la Intervención».

El documento aclara que el trabajo de la intervención sólo pudo desarrollarse durante cinco días, pero que –sin embargo- pudo recoger valiosa información sobre el funcionamiento de Vicentín, y de Algodonera Avellaneda.
Dice la presentación: «dejamos manifiesta la necesidad de extender el desapoderamiento atenuado dispuesto en autos a la totalidad del patrimonio de Vicentín Saic, aún cuando éste fuera administrado o dispuesto bajo actos jurídicos rubricados a nombre de Buyanor SA, Algodonera Avellaneda SA, Oleaginosa San Lorenzo SA, Renopack, Sir Cotton SA, Emulagrain SA, Sottano SA, Servicios Fluviales SRL, Río del Norte SA, Vicentín Desarrollos SA, Sedestes Textiles SA y Diferol SA, todas con domicilio legal en la misma sede social de la concursada. Fundamos lo que antecede en que ha quedado acreditado en autos que todas las sociedades mencionadas integra un mismo grupo económico, con confusión patrimonial inescindible…»

La afirmación de esa superposición de patrimonios va de la mano con las conclusiones de la Auditoría que elaborara la Sigen en junio del 2020. El pedido de desapoderamiento atenuado intenta proteger los bienes: supone la limitación en la disposición del patrimonio por parte de la empresa, que sigue bajo la administración del directorio, pero con sus bienes bajo vigilancia judicial.

La advertencia es oportuna. La Inspección General de Personas Jurídicas (IGPJ) de la provincia aportó el 22 de junio a la Justicia una información clave: dio a conocer las maniobras de vaciamiento patrimonial a través de donaciones y venta de activos de un grupo de accionistas de Vicentín, llevadas adelante apenas iniciado el concurso preventivo. Daniel Buyatti, Roberto Vicentín, Martin Colombo y Bettina Padoan «comenzaron con febriles movimientos tendientes a la disminución de sus patrimonios personales», señaló María Victoria Stratta, titular del organismo.

Hoy, Vicentín Saic «aprovecha en desmedro de sus acreedores –denuncia el Informe de Zarich- el nombre de las otras sociedades del grupo no concursadas para realizar actos que no podría realizar». El peligro es claro: «cuando llegue una eventual extensión de la quiebra hacia las sociedades controladas, el verdadero patrimonio de la concursada ya se habrá difuminado».

Entre ellos, Algodonera Avellaneda SA. El corazón duro del Grupo Vicentín

El informe de la intervención

El Informe final de la Intervención señala, entre otras conclusiones:

– «Tanto del Directorio como las principales posiciones gerenciales están ocupados por accionistas y familiares (88 personas), mostrando un sistema de management de tipo familiar y con escasa profesionalización».
– «Fue imposible determinar la situación patrimonial y los resultados de la firma a la fecha de la intervención debido, en primer lugar, a que la firma no había presentado y aprobado los últimos estados Contables cerrados al 31/10/19, a pesar de estar vencida la fecha para hacerlo…»

– «Los accionistas de Vicentín Saic serían propietarios también de Vicentín Family Group, una firma holding basada en Uruguay, que controla o participa en un grupo de empresas con vínculos importantes, tanto en lo que respecta a participaciones como a la administración, con Vicentín Saic y su grupo».

– «Vicentín Saic tiene una oficina corporativa en Reconquista que presta servicios administrativos a diversas empresas de ambos grupos societarios…»

– «…las prácticas de pagos y cobranzas que se aplican en la oficina corporativa conllevan un alto riesgo de que los pagos sean realizados o imputados a una empresa diferente de la que lo realiza».

– «Se debería investigar si la deuda impaga declarada a la fecha del concurso corresponde a la firma Vicentín Saic o a otras empresas del grupo».

– «Todo el área de recursos humanos se encuentra en el predio de la empresa Algodonera Avellaneda SA, lo cual no sólo ha representado un obstáculo para la gestión de esta intervención, sino que revela en la práctica que las empresas Vicentín Saic y Vicentín Family Group son un único grupo económico».

– «En el sistema informático se registran las operaciones de 32 empresas, incluida Vicentín Saic…»

Casi al mismo tiempo que se registraba la secuencia de atropellos y desalojos contra el acampe de trabajadores y trabajadoras avalada por el poder judicial de Reconquista, el juez federal Julián Ercolini ordenaba la inhibición de bienes de Algodonera Avellaneda, dando curso al pedido del fiscal Gerardo Pollicita en la causa donde se investiga el otorgamiento de créditos irregulares a Vicentín durante el gobierno de la Alianza Cambiemos.

«La propia complejidad del supuesto entramado denunciado y la primigenia acreditación de la intervención de la empresa en una maniobra de contenido patrimonial supone la necesidad de adoptar de manera urgente medidas para resguardar» los bienes de Algodonera Avellaneda, alegó el juez para dictar la inhibición.

Para Ercolini, está acreditado que existió una mecánica «a través de la cual se habría perjudicado al Estado nacional a través del otorgamiento presuntamente irregular de financiaciones por parte del BNA a las compañías antes mencionadas -Vicentín y Algodonera Avellaneda- y la falta de ejecución de las garantías previstas para ese endeudamiento, por el monto aproximado de $18.500.000.000. En esa línea, la relación que aparentemente existiría entre el patrimonio de las firmas y el beneficio presumiblemente ilícito del mecanismo denunciado exhibe fuertes lazos, en tanto fueron beneficiarias de la asistencia crediticia que generó la deuda impaga con el BNA».

La huella de la Forestal

En 1965, Gastón Gori publicó su libro «La Forestal. La tragedia del quebracho colorado».

Aquel indispensable trabajo del escritor y ensayista nacido en Esperanza inicia con un prólogo titulado «Abriendo picada». Allí, Gori sostiene que los problemas legados por aquella compañía, que «tanto hizo para sí misma y tanto dejó de hacer para el país», exigen «afrontar, con legislación primero y con hechos después, soluciones que vienen reclamándose desde hace muchos años».

«Estamos ante una compañía que si contra ella se levantaron ardientes palabras, ello obedecía a que hería o hiere, con su presencia todopoderosa, el sentimiento de patria. En el fondo, se trataba de defender la riqueza del pueblo argentino de la voracidad de capitalistas (…) la opulencia de cuyas ganancias es ofensiva», describe el historiador poeta.

Y advierte: cuando «ni el trabajo sea un sacrificio estéril para la felicidad de las masas laboriosas, ni el capital sea un vehículo de explotación, de injusticias y de opresión», La Forestal «será una especie de mito difícil de comprender».

La Forestal, escribe Gastón Gori.

Vicentín, podemos pronunciar nosotros.

Una empresa que hizo sus negocios en un tiempo «donde aún se opone a un nuevo concepto de la función social de los bienes territoriales la avidez todavía no saciada de la empresa que ha hecho historia con su fabulosa riqueza y con la pobreza de generaciones de argentinos que la sirvieron».

 

 

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