14 enfermeras de la Fuerza Aérea Argentina estuvieron en el Hospital Reubicable de Comodoro Rivadavia durante la guerra de Malvinas. Más de 30 años después empezaron a hablar, a romper el silencio. Fueron olvidadas y negadas por las memorias oficiales. Son Veteranas de guerra de Malvinas y  en el 2019 regresaron a Comodoro para filmar un documental. Stella Maris Morales, Ana Massito y Alicia Reynoso cuentan su historia. 

Fotos: Fotogramas del documental

La cámara se sitúa por momentos a la distancia, expectante, tan solo para observarlas. El documental es un viaje en el tiempo y aunque a veces lo parezca, ninguna escena está ficcionada. Tres mujeres vestidas con uniforme militar pisan el mismo suelo en el que durante 74 días atendieron soldados agonizando y escucharon sus gritos pidiendo por la madre. Gritos que no se borran, que no se escuchan en ningún otro lado, dicen. El mismo lugar donde pudieron abrazarse para lidiar contra el miedo: el cielo totalmente oscurecido, el estado de alarma, la orden militar que les impedía mostrarse débiles.  “Fortalecernos era abrazarnos entre nosotras y rezar pero también sentíamos miedo. El miedo a la incertidumbre de no saber que iba a pasar, prácticamente no dormíamos porque sabíamos que en cualquier momento llegaban heridos. Escuchar los gritos de dolor, jóvenes que llegaban de un infierno y pedían estar con su mamá, poder hablar con ellas, poder decirles que estaban vivos. No había otra manera de comunicarse. Que desarraigo tan profundo teníamos”, cuenta hoy Stella Maris Morales, una de las 14 enfermeras con rango militar de la Fuerza Aérea Argentina que fueron enviadas a prestar servicio en el hospital reubicable instalado en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia.

“Nosotras también estuvimos” es el nombre del documental recién estrenado pero es también el nombre que Alicia Reynoso, otra de las enfermeras, colocó a su álbum de fotos de Facebook en el 2011. Allí, en esa red social, Alicia empezaba a dejar constancia de la presencia de mujeres durante la guerra de Malvinas. Recibió agravios e insultos. Pero no se detuvo. Aquel álbum fue apenas la punta de un ovillo que empezó a desentrañarse después de más de 30 años de olvido.

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Mientras recorren el terreno estallan los recuerdos. La memoria se activa. El viento, un apagón en la ciudad, el olor de la tierra, releer una carta. “Estamos vivas, eso es lo importante”, dice una de ellas mientras consuela a la otra quebrada en llanto. Hay un momento clave en el documental: es cuando Alicia Reynoso, Ana Massito y Stella Morales descubren el “refugio”, el sitio donde por aquellos meses de guerra debían esconderse ante la amenaza de un bombardeo aéreo. Para mucha gente ese rincón hoy destruido y lleno de ratas es imperceptible, pero no para ellas. “Ese era un pedacito de nuestra historia que nadie le había dado pelota y que nosotras encontramos, hasta donde calentábamos las cosas estaba todo exactamente igual”, dice Alicia. “Cuando descubrimos el refugio fue muy fuerte porque nos trajo muchísimos recuerdos, teníamos entre 23 y 27 años y sentíamos lo mismo que siente una joven de esa edad”. Olor y dolor. Eso es la guerra, dice Stella Maris. “La herida que nunca va a sanar, sobre todo para los soldados que también fueron maltratados cuando los tildaban como los locos de la guerra. Eso significa el olvido, y el olvido es violencia”.

Un grupo de 14 enfermeras militares pertenecientes a la Fuerza Aérea, la primera en incluir mujeres en 1980, se instaló en Comodoro Rivadavia. Otro grupo de 6 mujeres instrumentistas quirúrgicas estuvieron a bordo del buque Almirante Irizar. Unas 59 eran aspirantes navales de la escuela de enfermería de la Base Naval Puerto Belgrano, algunas de ellas incluso menores de edad. Muy pocas fueron reconocidas oficialmente como Veteranas de Guerra de Malvinas y muchas menos, acceden a una pensión de guerra que, por ley, solo reconoce a quienes pisaron el suelo de las Islas.

Cuenta Alicia: “Eramos recién egresadas. Las enfermeras militares somos 100 por ciento operativas en tiempos de guerra. Teníamos que aplicar lo que sabíamos de nuestra profesión y también defender la Patria como lo habíamos jurado”. Así lo hicieron. Cumplieron un rol trascendente: el de curar y contener emocionalmente a los miles de soldados -muchos con solo 18 años de edad- que llegaban de Malvinas con mutilaciones y heridas.  “Estuvimos ahí para preparar el material, armar el hospital, ponerlo en forma para recibir a los heridos, había un galpón que figura en el documental, ahí recibíamos a los soldados y hacíamos la clasificación de los mismos para ser trasladados y efectuar las evacuaciones aeromédicas”. También para escucharlos: mientras los medios de comunicación instalaban la campaña oficial anunciando una posible victoria, ellas veían la otra historia. Soldados hambrientos, mutilados, con pies de trinchera. «Estamos perdiendo», les decían.

A pesar de su trascendencia, sobre ellas operó un olvido tan selectivo como injusto. La pregunta es por qué. Cuenta Stella: “el ámbito militar donde estábamos es patriarcal, machista y eso influyó muchísimo. Nosotras estamos registradas con horas de vuelo, tenemos las medallas, pero ellos minimizan nuestra labor, la labor de la enfermería es desvalorizada en muchos lugares. Es inexplicable que no se haya valorado durante tantos años esta labor, hasta el día de hoy siempre tenemos algún atropello, siempre recibimos algún tipo de maltrato, en el 2019 en un desfile intentaron sacarnos porque no cobramos pensión de Veterano de guerra, porque no nos consideran, porque la labor de la mujer y la enfermera parece que no tiene un significado.”

Stella solicitó la baja en 1984.

En 1982 tenía 27 años. “No quería saber más nada”, dice.

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El silencio que se instaló alrededor de lo que significó Malvinas dejó profundas secuelas. La vulneración por parte del Estado al derecho a la salud -tanto física como mental- post-guerra se inscribe de manera más visible en los cerca de 450 suicidios de ex combatientes que se registraron durante al menos los últimos 27 años. Pero también en tantísimas mujeres que fueron atravesadas física y emocionalmente por el conflicto de Malvinas. Cada 2 de abril se conmemora el “Día del Veterano de Guerra y Caídos de Malvinas”, y no hay siquiera en el nombre oficial mención a las veteranas que también estuvieron.

Narrar la memoria es poner en palabras ese fragmento de historia lleno de dolor. Alicia Reynoso, por ejemplo, escribió su propio libro: “Crónicas de un olvido”. En diálogo con enREDando habla de la violencia psicológica, de los incontables escritos que realizaba en su cuaderno de guardia. En cómo pudo pasar en limpio esas memorias para transformarlas en una publicación autogestiva relatada en primera persona. Y también habla del reencuentro con sus compañeras. Ocurrió en el 2014 y fue ella quien lo impulsó. Habían estado más de 30 años sin verse y juntarse fue como empezar a recordar todo de nuevo: es que lo que una había “olvidado”, la otra lo traía al presente. Fue una reconstrucción colectiva e histórica la que hicieron juntas. Y juntas viajaron en el 2019 hasta Comodoro Rivadavia para filmar el documental “Nosotras también estuvimos” que acaba de estrenarse, dirigido por Federico Strifezzo.

“No es fácil hablar. Yo no solo tenía que sacarme el fantasma del 82 sino además los miedos que me querían imponer. Fue una orden “no hablar” cuando volvimos. Y ahora ya somos grandes y todavía hay actos soslayados donde se nos impide hablar o poner un nombre en homenaje a las enfermeras de Malvinas. Yo luzco esta medalla que nos otorgó el Congreso y lo hago con orgullo”, dice Alicia. Stella tampoco pudo romper con ese silencio impuesto. Apenas  lograba compartir algún relato con su hija, la testigo de sus fotos. Le llevó tiempo poder hablar. “Guardé todos esos recuerdos y no los podía contar, sentía que nadie me iba a creer”.

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“La guerra en lo personal significó poder decirle sí a la Patria cuando estaba en peligro, en lo general no era necesaria. No estábamos preparados para que nos lleven por el solo hecho de querer perpetuarse en el poder unos pocos dementes que gobernaban el país. Esta democracia hay que cuidarla porque también esta construida sobre la sangre de esos 649 héroes. Pero es muy doloroso que te prohíban hablar como nos pasó a nosotras durante tantos años” dice Alicia Reynoso.

Stella recuerda aquellos primeros años en que empezaron a dar testimonio. “Nos cerraron muchas puertas”, dice. También cuenta que estuvieron solas mucho tiempo, que de a poco fueron contando sus vivencias aunque reconoce en el avance del movimiento feminista un impulso necesario para visibilizar nuestros derechos como mujeres. También cree en el poder de la palabra. Hablar, dice, es una forma de sanar un poco. «La guerra solo trae muerte y destrucción. La soberanía sobre las Islas serán recuperadas por los jóvenes, no con las armas sino con la palabra. La guerra no te da alegría, sino tristeza”, dice mientras celebra y se emociona con el estreno de la película. “Fuimos vapuleadas, maltratadas, dicen que nosotras no estuvimos, pero hay documentos e imágenes que lo demuestran. Volvimos después de 37 años al mismo lugar que fue nuestro hogar: sentimos el mismo olor del mar, el mismo viento”.

“Vos te escapabas de acá y caminabas para allá”, dice Ana mientras recorre el terreno donde estuvieron en el 82. A veces esos “escapes” eran necesarios para alejarse del horror constante. Era la única manera de acercarse al mar, pero enseguida llegaba la orden superior. No podían hacerlo. Ella pudo contarle a su marido que estuvo en la guerra recién 15 años después. “Yo bloqueé todo. Los recuerdos los tenía, pero no quería recordar”.

*Nosotras también estuvimos se estrena el 2 de abril en Canal Encuentro y TVP. Se encuentra disponible en la plataforma Cine.Ar

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