“La velocidad es mi escuela” (Brumana 2021) es el segundo libro de relatos de la poeta, performer y docente Marianela Luna. Después de “112” (Casagrande, 2017) vuelve con un nuevo libro de relatos de escritura lúcida y punzante. El novelista Julián López dice en el prólogo: “parecen escritos con una navaja entre los dientes, una especie de pedagogía con urgencia de mostrar y una capacidad para construir voces tan, pero tan atractivas”.

Moli, tal como es conocida en las comunidades de agite cultural y feminista, aborda la velocidad como un contexto de aprendizaje. Cree que va de la mano con lo instintivo, la reacción y lo más crudo. Una forma rústica, salvaje y, en ocasiones, violenta de aprender. “No hay tiempo para detenerse a pensar dos veces, no hay lugar para titubeos. Eso no significa que una siempre termine en buen puerto. A veces se gana y otras se aprende”, reflexiona.

Esta impronta toma cuerpo en el cuento “Perro callejero”, que le da el nombre al libro, en una escena en la autopista. Escrito en segunda persona, el relato incrementa la tensión a medida que va exponiendo una serie de micromachismos. La joven protagonista de la historia busca reparar o invertir los roles y transfiere el goce perverso de “meter miedo”. Y lo hace al pisar el acelerador y conducir a alta velocidad. Da vida a personajes que son lanzados, desprejuiciados y se animan: se atreven a la velocidad.

El libro parte de algunos relatos previos y una cantidad de textos que la autora estuvo escribiendo durante la cuarentena que comenzó en marzo de 2020, cuando aún se sabía muy poco del virus, ni había certezas de cuánto iba a durar el confinamiento. “La verdad, que pese a toda la mierda que trajo, en mi escritura fue bastante productivo para disponer del tiempo o pensarlo de otra manera y darle prioridad a las cosas que más me gustaban”, confiesa Luna.

Una feminista que escribe ficción

Moli prefiere no etiquetar lo que escribe dentro de la categoría de literatura feminista. “No siento que yo escriba textos feministas, sino que soy una feminista que escribe. Si aportan a una mirada crítica de situaciones de micromachismos, de escenas de violencia, de abuso o de sometimiento, dos veces bueno”, expresa.

En el momento de escribir, no considera estar priorizando el mensaje feminista, sino que pretende que gane la ficción. Sin embargo, eso que pensamos termina expuesto en aquello de decimos o escribimos y lo resume en una frase: “soy una feminista que escribe ficción”, dice. Reniega de la mercantilización del feminismo y cree que el futuro se juega en sacarse de encima las divisiones del binarismo. “Para mí ahí está la clave, en no poner a las mujeres por encima, sino en desmantelar el binarismo”, reflexiona.

Como muchos proyectos, el libro nació gracias a un “empujoncito”. “Me gusta citar a Luciana Peker. Dice que entre las mujeres se da mucho esto de hacerse pie. De alguna manera, las que están más arriba en algunas cuestiones, ayudan a las otras también a subir y a hacerse escuchar o a llegar a más gente. En este caso fue Laura Rossi la que empujó y la que me dio ese piecito”, cuenta Moli.

“No siento que yo escriba textos feministas, sino que soy una feminista que escribe. Si aportan a una mirada crítica de situaciones de micromachismos, de escenas de violencia, de abuso o de sometimiento, dos veces bueno”

La escritura como refugio

Luna habla rápido, combina humor y gravedad en sus palabras. No le gustan los carteles y evita ser encasillada como artista multifacética. “En todo caso siento que soy una persona inquieta. Me gusta crear todo el tiempo, al menos textos, ideas, cositas que más adelante con suerte terminan siendo algo”, comenta.

Los relatos navegan entre la cachetada y el humor. No hay medias tintas en “La velocidad es mi escuela”. Y el humor es una guía en Moli a la que también recurre en otros espacios de creación. “Creo que los proyectos y el humor son las dos cosas que me sostienen. El humor en el sentido de que cuando siento que me lo estoy tomando muy en serio, tengo una frenada, me reseteo, porque pienso que estoy a media cuadra de comerme el viaje”, aclara.

Da clases de inglés y talleres de escritura y de esa manera logra vivir haciendo lo que más le gusta. “Pienso en la escritura como un refugio. Empecé por ortiva/ortiba, por anti y porque la verdad era lo que más disfrutaba de hacer y hasta autopubliqué libritos que hice yo misma”, cuenta entre risas. “En mi casa no había libros ni licenciados, y en ese sentido, tuvo mucho que ver la escuela y ciertas figuras que tuve en su momento. Siento que es un privilegio total eso que me pasó”, dice Luna.

Abrir el juego

Moli coordinó la revista Femme Fetal, que se transformó en una de las voces feministas de Rosario a partir de la literatura. Es reconocida como “youtuber”, aunque ella no necesariamente se reconozca como tal, y organiza desde hace más de cinco años el Slam de Poesía Oral, un espacio desde el que se busca democratizar el acceso a un escenario.

“El Slam fue una especie de dispositivo que vino un poco a incomodar, a abrir los espacios más cerrados de poesía. Es una competencia ficticia de poesía en la que cada participante tiene tres minutos para leer sobre un escenario un texto propio de pie. Hay un jurado espontáneo que se elige en el momento y es del público. Desde los slam nacen amistades y hasta proyectos”, explica Luna.

También en la experiencia de Femme Fetal, brotaba esa voluntad de abrir espacios para que la palabra circule. “Quería difundir voces locales que de alguna manera no llegaban y quería generar ese espacio. No imaginé que terminaría siendo lo que resultó. Creo que le dio cabida a muchas cosas; haciendo la Femme Fetal terminé produciendo eventos”, explica.

Con las redes se llevó otro aprendizaje inesperado. Nunca nos imaginamos hasta qué punto eso que decimos de manera genuina puede ayudar a transformar la vida de otrxs. En una presentación de Luciana Peker, una madre contó que a su hija la habían salvado el libro de Luciana y una youtuber de Rosario, que resultó ser Moli. La joven que estaba en una relación tóxica, pudo salir gracias al poder de las palabras. “Para mí fue totalmente movilizante. Esa fue una cachetada”. Otra forma de aprender a toda velocidad.

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