La voz de Belén Lopez Peiró que desde su primer libro acompañó el impulso para que tantas víctimas de violencia sexual y de género decidan denunciar, vuelve ahora, con su libro Donde no hago pie, para mostrar cuán necesario es el acompañamiento de afectos y lenguajes y poder preguntarse por la reparación y el deseo.

Ilustraciones: Sofía Valdes

En Por qué volvías cada verano (Madreselva, 2018), Belén López Peiró narró el abuso que sufrió entre los 13 y los 16 años por parte de su tío, comisario de la provincia de Buenos Aires en Santa Lucía, el pueblo donde vivía su familia. En aquella oportunidad Belén compuso un coro de voces en fragmentos polifónicos. ¿Pueden los añicos, dispersos y en tensión, contar una historia? Sí, claro. ¿Pueden los añicos volver a unirse y elaborar otras narrativas para seguir adelante? También.

En Japón se conoce como kintsugi el arte de rellenar con oro las fisuras y grietas de un objeto que, tras romperse, ha sido reparado. La marca del daño, dicen, tiene valor y cuenta una historia. Es por eso que se busca conservar y lucir las cicatrices cosechadas, que destaquen sus trazos como los de la memoria. Es con esta misma poética que esta vez Belén se propone narrar la crónica del procedimiento judicial después de la denuncia, en su nuevo libro: Donde no hago pie (Lumen, 2021).

En un nuevo 3 de junio, la voz de Belén que desde su primer libro acompañó el impulso para que tantas víctimas de violencia sexual y de género decidan denunciar, vuelve ahora para mostrar cuán necesario es el acompañamiento de afectos y lenguajes y poder preguntarse por la reparación y el deseo.

E: En la presentación del libro para la facultad de Ciencias Sociales de la UBA dijiste que hubo un cambio de rol en la responsabilidad de tu escritura después del impacto social que tuvo Por qué volvías cada verano ¿cómo fue para vos ese viraje en la escritura?

B.L.P: Yo creo que la principal diferencia es el hecho de haber asumido la primera persona. Por qué volvías cada verano era un libro polifónico que por un lado me permitía mostrar todo ese contexto que era parte del hecho, complejizando un poco la cuestión para entender qué hay detrás de una situación de abuso, diciendo que no se trata solamente de víctima-victimario. Yo le di voz a todas las otras personas que formaban parte de ese contexto, pero en este darle voz también había algo en relación a cómo esas voces en mi cabeza pesaban más que la mía. Después hubo algo que se empezó a configurar con el tiempo, una voz que empezó a crecer, pero en el mientras tanto las voces ajenas pesaban más que la propia, sin dudas.

En este segundo libro para mi fue todo un desafío asumir la primera persona por varios motivos. Primero porque la primera persona tiene que ver con asumir un rol un poco más prioritario dentro de lo que es la narración y por otro lado porque la trama central del libro es la crónica policial y eso implicaba de alguna manera reinterpretar, leer, entender y bajar todo ese lenguaje que para mi era muy ajeno y empezar a narrarlo en primera persona, como yo lo entendía, como yo lo vivía. Yo lo llamo “allanarlo” para que también quien lea pueda entenderlo sin necesidad de investigar todo lo que yo investigué y sin necesidad de tener formación en derecho penal. Entonces creo que  era como un doble desafío: era una causa que me tenía no solamente como sujeto sino también como objeto. Donde pasaba de ser protagonista a ser investigadora, así fue como un doble rol.

E: Has dicho que a la hora de escribir te “interesa el cómo”. En la lectura del libro hay palabras con significantes muy fuertes, como la palabra “causa”, ¿Cómo juega esa pregunta “¿cuál es mi causa?” con lo individual y lo colectivo en el marco de la denuncia y el procedimiento judicial?

B.L.P: Yo creo que también hice un ejercicio en lo personal que se traslada a la escritura que tiene que ver con no dar todo por sentado y empezar a hacernos preguntas sin importar el tiempo que haya pasado. Yo denuncié en 2014, pasaron un montón de años y eso no significa que no pueda preguntarme por qué denuncié o si volvería a denunciar. Llevar durante tantos años una causa judicial hace que a veces se confunda la causa de mi vida con la causa judicial. Entonces preguntarme cuál es mi causa, qué buscaba cuando denunciaba, qué es reparación, son preguntas que llegaron en esta segunda parte porque coincide con el fin de un proceso muy fuerte que tuvo que ver con denunciar a mi familia, denunciar ante la justicia. Tiene un peso enorme pero la realidad es que no termina ahí. Ahí empieza.

Después de publicar Por qué volvías cada verano y que se eleve la causa a juicio, que aparezca el juicio por jurados, con todo el camino recorrido, con todo el laburo de escritura y demás cuestiones, aún así me vuelvo a sentir en cero otra vez. Está bueno visibilizar eso: el hecho de denunciar no tiene que ver con que el proceso termine, sino que al contrario, justamente, recién empieza.

el hecho de denunciar no tiene que ver con que el proceso termine, sino que al contrario, justamente, recién empieza.

E: Cuando visibilizás todo el proceso de acompañamiento de la comisión interdisciplinaria contás que en tu investigación las causas que llegaron a juicio las víctimas estaban muertas o eran menores de edad y a su vez hablás de ejercicio. De tener que ejercitar una escucha, una mirada, un modo de plantarse, de escenificar el cuerpo. ¿Cómo aparece el feminismo en este modo de investigar y de estar acompañada?

B.L.P: Yo creo que lo que -en relación a este tema en particular y a este libro en particular- lo que el feminismo me iluminó en relación al “cómo” tiene que ver con el acompañamiento judicial: no pensar que el acompañamiento tenía que ser sí o sí individual, que era posible otro tipo de acompañamiento de forma más colectiva donde yo pudiera elegir una representante legal, como es el caso de Luciana, pero a la vez poder construir una comisión multidisciplinaria de mujeres que pueda acompañarme tanto desde el derecho penal, como desde la comunicación en relación a la causa. En general en el juicio oral, pero más aún en el juicio por jurados hay toda una narrativa detrás que se construye en torno al sentido común de los ciudadanos que participan del juicio.

Y poder encontrar en la escritura por dónde ir acompañada, poder poner sobre la mesa estos lazos afectivos que antes parecía que no estaban. Por ese acompañamiento supe que podía ir a las audiencias acompañada por una amiga y que hay una decisión en la escritura también detrás de que esto aparezca. Yo creo que esa decisión es muy feminista.

E: Vos también contás las repercusiones de cuando Thelma Fardin menciona a tu primer libro en la coyuntura de las movilizaciones masivas del Ni una menos y como este estado público de tu historia hizo que recibieras a diario mensajes de mujeres que quieren contar su historia. ¿Cómo es tu relación con esa exposición? ¿Cuánto de esa exposición se puede elegir?

B.L.P: Sí, creo que es más complejo aún hoy por las cuestiones asociadas a las redes sociales. Yo creo que hay una decisión mía de que parte de lo privado sea público. Es una decisión política, pero que sin embargo trato de limitar a la literatura. A veces me pregunto qué ofrezco yo, qué doy yo, qué puedo decirles. Y la realidad es que lo que puedo decir está en los libros. Creo que mi forma de colaborar en este proyecto colectivo está en la literatura y eso es lo mejor que puedo dar. Entenderlo hace que no necesite estar en todas las cosas que me piden o me preguntan. A veces sucede que me piden acompañamiento o me consultan y me escriben y también está bueno reconocer los propios límites. Ya el hecho de que puedan saber que no están solas, que hay otra persona viviendo esa situación de distintas características pero que nos tiene como protagonistas, yo creo que eso ya a mi me hubiese ayudado mucho en su momento. Y trato de pensarlo de esa manera porque es una forma de poder ayudarme también a mi en este contexto, de no confundir.

Ya el hecho de que puedan saber que no están solas, que hay otra persona viviendo esa situación de distintas características pero que nos tiene como protagonistas, yo creo que eso ya a mi me hubiese ayudado mucho en su momento.

E: El modo en que aparecen tus lecturas en el libro me parece que hace a una nueva polifonía de lo que te acompaña y es visible. En estos términos también aparece la literatura. La cita de Svetlana Alexievich como epígrafe donde se pregunta por la guerra de las mujeres, (cuando nosotras usamos la palabra “lucha”) me parece que dialoga con lo que vos decis de la causa. ¿Qué palabras le pondrías al acompañamiento de la literatura con cuerpos que quizás no están presentes?

B.L.P: Para mi hubo mucha lectura de empuje para este libro. Hubo libros más asociados a lo judicial, pero después hubo otros como este de Svetlana, que fue clave en los dos libros porque en Voces de Chernóbil ella usa la polifonía y después en La guerra no tiene rostro de mujer, encontré esto más asociado a la lucha. Pero también otras autoras que no hablaban de cosas similares y mi lectura no estaba siempre asociada al género sino más bien a poder ver cómo nombrar, cómo se consigue la musicalidad, el tipo de lenguaje, la forma. También hubo mucho acompañamiento de escritorxs locales, de Gabi Cabezón Cámara, Selva Almada, Silvia Molloy, María Moreno.

E: En el libro decís que escribir es escuchar, que escribir es registrar. Se lee como un guiño para que otres puedan utilizar la escritura como registro. En el feminismo hay un subrayado en todo lo que es poner el cuerpo, pero tu escritura parece señalar que quizás hay otras maneras de estar presente. Esa primera persona resulta muy honesta y puede leerse incluso ciertos momentos en los que se pone la palabra y se retira el cuerpo: en la primera marcha del Ni una Menos, cuando estabas en Madrid o cuando escribías sobre la marcha y el paro del 8M desde tu casa porque estabas enferma.

B.L.P: Sí, creo que una de las cosas más difíciles para mi de narrar fue mi cuerpo en este texto. Sin embargo sentí que era necesario que aparezca, ponerlo de manifiesto porque la realidad es que demás señas mostró para que tuviera que aparecer. Si bien no había pensado esto de retirar el cuerpo, sí lo había visto con claridad en que yo mentalmente quería estar en todo, participar de todas las audiencias, estar en todo el proceso, y por ahí sacaba los pasajes para viajar a San Nicolás y un día antes volaba de fiebre.

Sentía una traición propia del cuerpo, de querer seguir avanzando, de que después de tanto tiempo me sienta acompañada y esto de que días antes no pueda. Me sentía en falta con mis compañeres pero el cuerpo es incontrolable.

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