Alberto y Alicia siguen buscando los huesos de su hija. Paula Perassi está desaparecida desde hace 10 años. No hubo avances en su intensa búsqueda, y en la causa judicial solo hay dos detenidos. A ninguna mujer se la traga la tierra. La estructura desaparecedora sigue intacta. La impunidad y la lucha de una familia por encontrar a su hija desaparecida. 

Dicen en México que cuando las familias de los desaparecidos caminan un territorio en busca de fosas clandestinas, lo activan. “Las historias de esos territorios, conservadas en la tierra, en los árboles, en los animales y el aire despierta para decirles: aquí. . La tierra guarda cuerpos. Las piedras guardan el fuego, guardan el aire y el agua que las pule”.

A miles de kilómetros, el camino que desde hace diez años recorre Alberto y Alicia conserva las huellas de dolor. Donde sea, la tierra removida denuncia la ausencia. Alberto busca a Paula allí donde un indicio se revela.

El 18 de septiembre de 2011 Paula Perassi desaparecía en la ciudad San Lorenzo, luego de recibir un llamado a las 20.46 hs. “Lo único que se sabe de esa última escena en su domicilio de calle Entre Ríos 799, en pleno centro de la ciudad de San Lorenzo, es lo que declaró su concubino Rodolfo Ortíz de Elguea: que esa noche después de cenar con sus dos hijos, Lucas de 6 años y Agustín de 2, Paula le dijo que iba a buscar la tarea escolar de uno de los chicos a la casa de una mujer llamada Natalia, agarró una cartera pequeña en la que llevaba solo las llaves y se fue. Una hora después, a las 22, Alicia, la madre de Paula la llamó y el celular ya estaba apagado”, escribe la periodista Flavia Campeis.

Desde ese entonces, el largo derrotero de la familia de Paula Perassi por encontrarla ha sido intenso, doloroso. Alberto, su papá, y Alicia, su mamá, son quienes encarnan esta búsqueda por los «huesos» de su hija. La batalla en el recinto de los Tribunales por encontrar justicia tiene sabor amargo. Durante mucho tiempo la causa permaneció paralizada. “Alberto Perassi recibió amenazas, debió usar chaleco antibalas y tener seguridad privada en la puerta de su casa y hubo movilizaciones que cada vez se hicieron más multitudinarias. Recién tres años y medio después hubo novedades, con una hipótesis que decía que a Paula le habían hecho un aborto contra su voluntad y que en esa práctica había muerto, en abril de 2015 quedaron detenidas 9 personas, que son las que llegaron a juicio en 2019”, señala Flavia, una de las periodistas de la región que más conoce la causa.

Quienes llegaron a juicio fueron Gabriel Strumia, principal sospechoso por mantener un vínculo sentimental con Paula; su esposa, Roxana Michl; Mirta Rusñisky, acusada de realizar el aborto; Darío Antonio Díaz, empleado de Strumia; y los cinco policías de la Unidad Regional XVII acusados de entorpecer la investigación: el Jefe de Agrupación Cuerpos, Daniel Puyol; El jefe de Agrupación de Unidades Especiales, Jorge Krenz y los oficiales Gabriel Godoy, Aldo Gómez y María José Galtelli. La causa fue caratulada como «privación ilegítima de la libertad agravada, aborto sin consentimiento seguido de muerte”. A raíz de lo ocurrido durante la investigación policial, se completó la caratula con “falsedad ideológica de instrumento público y encubrimiento agravado”.

El juicio se realizó en el Centro de Justicia Penal de Rosario entre marzo y abril de 2019, y declararon 72 testigos. La sentencia se conoció un jueves 2 de mayo cuando el Tribunal presidido por la jueza Griselda Strólogo dictó, en un fallo unánime, la absolución para todos.  Afuera del recinto, como pudo, Alberto Perassi, el papá de Paula, preguntó ¿Quién se va a hacer cargo de esto? En sus ojos, cargados de bronca y dolor, estaba la respuesta.

Silencio.

Alberto habla de la impunidad. Y su pregunta es la que nos hacemos todxs. Porque no hubo justicia por Paula. Porque no la habrá mientras ella siga desaparecida y exista un Estado incapaz de ofrecer una sola respuesta ante un nuevo caso de desaparición en democracia.

La sentencia fue revisada en noviembre de 2019 por los camaristas Gustavo Salvador, Javier Beltramone y Carolina Hernández, quienes mantuvieron las absoluciones de siete de los acusados y condenaron a dos de ellos: a 17 años de cárcel a Strumia y a 7 a Michl por el delito de privación ilegítima de la libertad coactiva por tratarse de una mujer embarazada. Ambos continuaron en libertad por no estar firme el fallo, hasta que, en 2020, en plena pandemia, se confirmaron las condenas para ambos y ordenaron la prisión inmediata. Desde el 30 de diciembre de 2020 el matrimonio Strumia-Michl está en la cárcel pero los siete imputados restantes, entre ellos cinco policías, quedaron absueltos por el beneficio de la duda. “Se ha llegado a un grado de certeza y responsabilidad de Strumia y su esposa y eso es un alivio, porque para eso trabajamos. Este es un paso para encontrar a Paula, es lo más importante porque la familia va a empezar a cerrar su duelo cuando le puedan explicar a sus hijos, dónde está su madre pero esto no alcanza sobretodo porque todavía no sabemos donde están sus huesos”, señalaron en aquel momento los abogados de la familia Adrián Ruiz y José Ferrara.

Desde la Articulación Feminista -el espacio que se conformó para acompañar a la familia durante todo el proceso judicial- decían: “Paula somos todas. No vamos a dejar de ocupar las calles hasta no saber qué paso con ella. Este fallo deja a dos de los responsables con una condena, pero muchos otros, siguen libres. Alicia y Alberto sostuvieron la lucha, hoy todxs estamos abrazando a la familia.”

Durante el juicio, uno de las declaraciones resonantes y claves fue la que ofreció Juan Nóbile, integrante del prestigioso Equipo de Antropología Forense que durante tantos meses se ocupó de la búsqueda de Paula en una cava de Puerto General San Martín, y en otros lugares señalados. “Una mujer no puede desaparecer del centro de San Lorenzo sin dejar rastros, si no hay una estructura que genere esta condición de desaparecido. Para lograr la desaparición de un cuerpo se requiere de determinado tipo de estructura. Partimos de la hipótesis de que una desaparición requiere de un plan sistemático, de una estructuración, que generalmente tiene que ver con estructuras vinculadas a las fuerzas de seguridad nacionales y provinciales”.

¿Cuánto buscaron a Paula en esos primeros cruciales momentos después de su desaparición? El juez de instrucción que tuvo la causa en una primera instancia, Eduardo Filocco, le dijo a Perassi que su hija “era una loquita que ya iba a regresar”. Así lo señaló Alberto durante el juicio: “El juez Filocco llegó a decirme que mi hija era una puta, que se había calentado y que ya iba a volver”.  De esto habla la justicia patriarcal. Revictimizar, estigmatizar, construir la imagen de una “mala víctima”. “Una estructura desaparecedora lo primero que hace es dudar de la moral o de la familia o decir que se haya ido, se haya fugado. Las estructuras desaparecedoras están vinculadas a poder económico, político, judiciales, policiales. Una persona sola o sin una estructura económica un poco fuerte, no puede hacer desaparecer a nadie. Una estructura requiere de recursos y tiene que ver con los económicos. El discurso de la estructura desaparecedora es ese, decir que se puede haber ido, puede estar acá, allá, eso genera la ventana de tiempo que complejiza las búsquedas. Es el discurso que siguen las estructuras desaparecedoras: que los desaparecidos no tengan entidad, es el principal logro de la estructura de desaparición”, explicaba Nóbile durante la audiencia en la que tuvo que declarar como testigo.

A diez años de la desaparición de Paula, las estructuras cómplices policiales, judiciales y políticas siguen sin decir dónde está. Que las palabras que Alicia, su mamá, le dijo a la periodista Flavia Campeis, resuenen hasta encontrar respuesta, hasta encontrar certeza, hasta encontrar a Paula: “Llega el 18 de septiembre, estamos en el 2021 y estamos como si fuera el primer día, sin saber dónde está ella, qué hicieron con ella. Lo único que me gustaría antes de morirme es saber qué hicieron con mi hija, que me digan, qué hicieron, en qué lugar está, para poderme ir tranquila sabiendo dónde está mi hija”.

 

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