¿Pueden los feminismos y sus discusiones acompañarnos a pensar los problemas económicos y políticos actuales?. En ese meollo se sumerge la investigación de Julia Expósito, politóloga y docente de la cátedra de Análisis Político de la Universidad Nacional de Rosario e investigadora del CONICET. Con ella dialogó enREDando sobre “Feminismos revolucionarios”, su último libro en el que propone habitar las diferencias que nos encuentran a la hora de pensar las particularidades del mundo del trabajo en estos tiempos. 

Ilustraciones: Sofía Valdes

 

“… resulta tentador encajar todos los fenómenos en contextos inteligibles, de manera que podamos mantener la esperanza de que si esas carencias y esos anhelos se vieran satisfechos, nuestras dolencias desaparecerían”

Nina Lykke, Estado de malestar

“En tiempos de urgencias, es tentador tratar el problema imaginando la construcción de un futuro seguro(…) Seguir con el problema no requiere de este tipo de relación con los tiempos llamados futuro.”

Donna Haraway, Seguir con el problema

 

¿Pueden los feminismos y sus discusiones acompañarnos a pensar los problemas económicos y políticos actuales? Resulta tentador parafrasear a cualquiera de los epígrafes de este texto, pensar, por ejemplo, que es posible combatir en una guerra a esa cualidad inflacionaria inagotable de nuestra economía, como si presentando una batalla resolviéramos los mecanismos que nos llevan a detenernos siempre frente al mismo precipicio.

Hay un eje del debate feminista que dialoga con nuestro contexto económico nacional y que se entreteje con el mundo del trabajo. En ese meollo se sumerge la investigación de Julia Expósito, politóloga y docente de la cátedra de Análisis Político de la Universidad Nacional de Rosario e investigadora del CONICET. Con ella dialogó enREDando sobre “Feminismos revolucionarios”, el libro que publicó en diciembre de 2021 junto a Red Editorial y sobre cómo ese texto nos acompaña, como diría Haraway, a seguir con el problema. En esta publicación Julia retoma los cuestionamientos de los feminismos al marxismo y propone habitar las diferencias que nos encuentran a la hora de pensar las particularidades del mundo del trabajo en estos tiempos. 

En el libro hay una escritura que refleja cómo también en el trabajo intelectual se esconde el trabajo doméstico y de cuidado. “Esto viene de un trabajo de investigación que no pretendía ser una tesis, tiene siete años de investigación y miles de borradores de escritura de otras cosas”, dice Julia cuando habla del proceso de escritura a partir de la propuesta de la editorial. “Aprendí que toda escritura es una reescritura que es una verdad de perogrullo pero que hasta que no lo encarnas no hace eco. Eso me gustó porque me puso a jugar no sólo en el contenido, sino que hizo que haya un goce en el proceso de la escritura. Creo que eso me lo habilitó la mixtura de escrituras que tiene el libro entre lo académico, lo personal y lo literario”. 

¿Tiene valor el trabajo reproductivo?

Cuando recupera a Nancy Fraser, Verónica Gago y Silvia Federicci para señalar las referencias de la crítica feminista al marxismo, Julia Expósito se inscribe en una tradición pero, como en su primer libro “El marxismo inquieto” (Prometeo, 2018), no lo hace para afirmar una verdad o para describir un estado armonioso de unidad al interior de los feminismos. En el segundo capítulo del libro “Escuchar en el silencio: contribución a la crítica de la economía política marxista”, Julia encarna las peripecias de la múltiple jornada laboral de una mujer docente que también atraviesa el puerperio, que también trabaja de madre y que quiere “escribir un libro, pero no tengo un cuarto propio. Alquilo y hago colecho”. Al leer flota una pregunta: ¿qué aspectos se siguen silenciando del trabajo reproductivo, aún hoy? “Si la forma del trabajo es sólo la asalariada, todos los otros modos de existencia que no entran en una lógica de relación salarial formal, ¿no son trabajadores? El capital también vive, acumula valor, produce valor con estas otras formas de trabajo que no son necesariamente asalariadas. De hecho son la cara oculta que permiten que el salario exista. Sin ese trabajo no hay salario”, dice Julia, aunque insiste que ése no es el lugar al que hemos llegado, sino que es el mismo problema que todavía habitamos.

Si la forma del trabajo es sólo la asalariada, todos los otros modos de existencia que no entran en una lógica de relación salarial formal, ¿no son trabajadores? El capital también vive, acumula valor, produce valor con estas otras formas de trabajo que no son necesariamente asalariadas.

-¿En qué medida la forma en la que es nombrado el trabajo reproductivo es un acuerdo al interior del movimiento? 

Creo que hemos acordado que estos trabajos son netamente capitalistas y son patriarcales. Ahora, si producen valor o no producen valor, ese es el debate que para mi no está resuelto dentro de los feminismos.

-¿Qué implica la pregunta por el valor?

En el capitalismo, la reproducción del capital con la reproducción de la vida se funden. Ahí viene otro debate interesante en estos feminismos que a mi me interesa trabajar: cuál es la relación entre capitalismo y patriarcado. Porque una línea dice podríamos exterminar el patriarcado si se reparten estos trabajos y sin embargo el capitalismo podría seguir existiendo y otra línea dice no, no hay modo que eso suceda en los términos capitalistas. Ahí hay una clave: no podemos salir de uno sin salir del otro. Es mentira la promesa de que el capitalismo puede desracializarse y despatriarcalizarse. Y si es mentira esa promesa, más allá de que haya determinado reparto más o menos equitativo de tareas, determinada concesión de derechos, etc, el modo de acumulación del capital es directamente patriarcal y colonial. El capital produce valor en esas claves, no en otras. 

-¿Cuánta diferencia soporta la unidad?. ¿De qué forma dialoga este debate de los feminismos en el contexto en que se plantea una “guerra a la inflación”?

Hay una cosa de unidad o feminismo para todo el mundo que aparece en este momento coyunturalmente con el discurso de la grieta hacia dentro del Frente de todos, de interpelación a la unidad. El problema es que esa interpelación a la unidad nos lleva a lugares que nos pide moderación. Hay unidad porque la derecha está siempre del otro lado. Pero hablar de guerra a la inflación en este momento cuando hay una guerra muy compleja, cuando los feminismos venimos hablando de guerra hacia las mujeres hace mucho tiempo, es hasta de mal gusto.

Siento que estamos intentando volver a encontrarnos en la calle, colectivamente y está difícil. Pero hay que repensar mecanismos más generales de la resistencia. Tenemos esta grieta de moderados versus radicales, cuando Alberto Fernandez dijo que le corrijamos el camino si se estaba equivocando y no escuchó. Y esto no viene del debate con el FMI tampoco, esto está arrastrado desde los IFE (Ingreso familiar de emergencia), lo que no fue Vicentín, la derrota en las Paso, viene de toda una serie de desaciertos.

Es mentira la promesa de que el capitalismo puede desracializarse y despatriarcalizarse. Y si es mentira esa promesa, más allá de que haya determinado reparto más o menos equitativo de tareas, determinada concesión de derechos, etc, el modo de acumulación del capital es directamente patriarcal y colonial.

-En el contexto que mencionás, donde se encuentra la complejidad para reoganizarnos en las calles y para sostener nuestros trabajos y nuestras vidas en lo cotidiano ¿por qué es importante preguntarse si los trabajos reproductivos producen valor o no?

La apuesta del libro es que es importante que los feminismos sigamos con el problema, porque el problema no se resolvió y, en nuestra experiencia nacional, no se resuelve con que ganen gobiernos progresistas. Y tenemos historia de eso. Entonces es importante seguir con el problema porque no sólo vale que podamos hacer que en las calles, en todos lados, se empiece a discutir la categoría de trabajo, por ejemplo, sino de cómo eso se articula a un nivel más amplio y cómo no es tan fácil discutir con determinada política pública.

Yo creo que es un momento central para la teoría. Si en los momentos de crisis la teoría revolucionaria, feminista, en resistencia, marxista, ha podido repensarse a sí misma y producir con lo que está pasando, creo que éste no es un momento para decir “compañeras llegamos, es ésto”. No, esto nos abrió todas estas nuevas preguntas. Porque eso también organiza luchas.

El murmullo del encuentro

-¿Qué te parece que necesitan los feminismos hoy? ¿Cómo ves la relación entre teoría y movimiento?

Yo creo que hay algo del arrojarnos al encuentro. A las asambleas, a la lucha, todo lo que viene pasando en el feminismo a nivel nacional desde 2015 y a nivel internacional que es impresionante, que podemos ver el termómetro en las consignas. Las consignas no son sólo consignas. Si llega una consigna es porque hay algo adentro burbujeando y no está resuelto. Todas las consignas muestran una condensación de algo que, por atrás, en el murmullo de los encuentros es mucho más profundo y no hay acuerdos. 

Y no es que la teoría quiere traer algo que no está. Es el mismo intento del libro: no digo que traigamos la discusión del valor porque no la estamos dando, sino porque la tenemos delante de la cara. Que es, para mi, el mismo gesto de esa crítica feminista a Marx. No es que Marx no ve la reproducción social. La tiene delante, se le esconde como un pelo en la nariz, está todo el tiempo nombrándola. Sin embargo hay que hacer esa apuesta teórica. Si la estamos nombrando, si está todo el tiempo sobre nosotras, afinemos porque es el único modo de dar un salto en la lucha. 

Parece que estamos todas de acuerdo y no, hay diferencias, y esas diferencias es importante que las podamos plasmar, teorizar. Teorizar la diferencia.

-Cuando hablas de afinar, ¿te referís también a las diferencias en los feminismos a la hora de pensar si los trabajos producen valor? 

Para mi ahí sí viene una pregunta feminista por la economía. Si los feminismos habitan estas diferencias, la unidad no se va a generar porque digamos que no las tenemos. Es importante mostrar que estos feminismos que parece que van juntos tienen una diferencia en cómo están pensando que el trabajo reproductivo produce valor. Eso lo tenemos que explicitar, hacerlo carne y seguir con el problema. Y no volver al viejo lugar del marxismo de condenar y decir “eso no es feminismo” a quien no piensa igual. Acá hay algo abierto y sobre eso vamos a poder organizar formas de militancia. No sobre clausurar a la otra y decir “esto no” o ni siquiera verlo, que creo que es lo que pasa mucho. Parece que estamos todas de acuerdo y no, hay diferencias, y esas diferencias es importante que las podamos plasmar, teorizar. Teorizar la diferencia.

Ficción y feminismo, el futuro que ya llegó

-De tu primer libro a este hay un salto en tu escritura. Aquél fue tu tesis de doctorado en Ciencias Sociales y éste te permitió ensayar otras escrituras, ¿con qué cosas te encontraste escribiendo en esa mixtura que nombrabas entre lo académico y lo literario?

Creo que poner a jugar todos esos lugares hizo que se me pisaran y eso estuvo buenísimo porque fue poder interpelar al discurso académico que tiene esa pretensión de verdad. Tiene mucho peso que lo digas mal porque traicionas tradiciones y todo eso. En cambio decir “esto es una ficción y también es mi autoficción de ese discurso” hizo que ese mismo relato teórico cambiara con el relato más literario. Se me empezó a mezclar algo de eso en ese proceso.

Y también cuando Dahiana (Belfiori, quien escribió el epílogo del libro) me preguntó “¿por qué escribís en nosotros?” y me sugirió pasar una oración a primera persona me hizo ver que lo que decía era pedante. Yo no sé si quiero decir esto, estaba diciendo algo muy taxativo que en primera persona era brutal. Así fue cómo comenzó el ejercicio de escribir todo el libro en primera persona y ahí se empezaron a mezclar todas estas cosas. Cuando aparece la primera persona, necesariamente hubo que reformular la escritura porque lo que yo quería decir necesitaba unas palabras y no otras. Eso me ayudó mucho a que el texto tenga claridad, que les lectores atraviesen esto y que eso les atraviese también, que no quede en un lugar de erudición o de complejidad que no se entiende.

-El último capítulo del libro “El fondo del aire es violeta” se publicó el pasado 8 de marzo en la revista Ignorantes que forma parte de la Red Editorial, ¿qué lecturas te volvieron de esa publicación?

Es gracioso que muchxs piensan que fui optimista. Para imaginarme un mundo feminista tuve que ir al pasado para reformular algo en el futuro que en realidad está en el presente. Fue un ejercicio muy difícil. Algo que creo que está en los problemas feministas pero no siempre resuelto de la manera más feliz. 

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