El transfemicidio de la militante de 43 años deja en evidencia la vulnerabilidad en la que viven las personas trans en Argentina a pesar de los derechos conquistados. Fragmentos de una historia que marcó la lucha LGTBIQ+ en Santa Fe, y un pedido justicia que resuena en toda la provincia.

Fotos: Fer Der Meguerditchian

La noticia nos estalla entre las manos: murió Alejandra Ironici. No murió. La mataron. Y su nombre, el que ella mismo eligió, hoy pasa a engrosar el enorme panteón de travestis y trans que no llegan a viejas. Mientras recibo la noticia pienso que no quiero escribir otro obituario, que no es justo para la comunidad LGTBIQ+ seguir rescatando los fragmentos de vidas que se consumieron en la lucha colectiva y que a cambio recibieron la puñalada feroz de un mundo en llamas que escupe sus miserias sobre los cuerpos disidentes de la norma binaria y heterosexual.

Pero la realidad es como un cuchillo finito en el medio del pecho: el dolor es intenso, y los abrazos mitigan pero no curan la herida. Hoy la ciudad de Santa Fe amaneció ensangrentada, y sus gotas se esparcieron por toda la provincia, desde el norte que la vio nacer, hasta Rosario y más allá. Su historia militante está llena de hitos que asfaltaron el camino para las nuevas generaciones. Por ejemplo, allá por el año 2012 fue la primera persona trans del país que recibió el DNI con su identidad a través de una resolución administrativa de manos del gobernador Antonio Bonfati.

El dolor es intenso, y los abrazos mitigan pero no curan la herida. Hoy la ciudad de Santa Fe amaneció ensangrentada, y sus gotas se esparcieron por toda la provincia, desde el norte que la vio nacer, hasta Rosario y más allá.

También plantó bandera como trabajadora del Hospital Iturraspe, fue la primera santafesina en operarse con la Ley de Identidad de Género, la primera persona trans en presidir una vecinal barrial, y la primera en obtener el título de bachiller con su nombre femenino antes de la ley. Su huella se puede rastrear en la militancia por el cupo laboral de la provincia, sancionado a fines del 2019,  en la ordenanza de cupo trans en la Municipalidad de Santa Fe y en la propia Universidad Nacional del Litoral a donde cursaba la carrera de derecho.

En una entrevista con la periodista Sofía Levin, Alejandra contó que sus padres se enteraron de su identidad a través de un policía que la delató. “Fue un subcomisario el que se los dijo a mis padres. Al principio no lo entendieron y hasta me pegaron. Por entonces no era como ahora que se habla del tema. Siempre tuve claro que debía aceptarme como era y no importaba la opinión de los demás. Iba a la escuela como me decían que tenía que ir. Por supuesto que me hubiese gustado ir de pollera y taco”. Había nacido un 4 de noviembre de 1976 en la ciudad de Tostado, y como una gran mayoría de las personas trans, tuvo que migrar para sobrevivir.

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La tarde está soleada y fría pero parece un día nublado y lluvioso. En Rosario, las disidencias sexuales nos agrupamos frente a los tribunales provinciales casi como una reacción vital de resistencia frente a la muerte. El grito se escucha en una ciudad acostumbrada a las balaceras y a la violencia. Pero ahora estamos casi en soledad, ocupando la calle, proponiendo una asamblea, tratando de que nuestras voces no se pierdan en el silencio que parece rodear cada una de nuestras tragedias. El nombre de Pamela Tabares resuena estrepitoso sobre el mármol del palacio de justicia como evidencia fatal de ese destino.

“¿Hasta cuándo vamos a ser asesinadas por el chongo, el padre, la iglesia, la lengua de los vecinos, el Estado desmemoriado, la yuta habilitada, el pseudocompañero del colectivo que pretende que se no se hable más de travesticidios porque le quita la alegría a la marcha?”. La que habla, la que reza, la que dice es Morena García, la poeta de las travestis que pone memoria y verdad allí donde pretenden el vacío. Allí la apuntala también Karla Ojeda para recordar que el promedio de vida todavía no ha cambiado y que la inclusión no se transforma en realidad efectiva por más veces sea repetida en un discurso. “Las mayores de 40 años necesitamos justicia, reparación, indemnización, trabajo. Nosotras no nos revictimizamos, pedimos lo que es justo. Tienen que escucharnos, no se cansen de luchar compañeras”.

“¿Hasta cuándo vamos a ser asesinadas por el chongo, el padre, la iglesia, la lengua de los vecinos, el Estado desmemoriado, la yuta habilitada, el pseudocompañero del colectivo que pretende que se no se hable más de travesticidios porque le quita la alegría a la marcha?”. La que habla, la que reza, la que dice es Morena García, la poeta de las travestis que pone memoria y verdad allí donde pretenden el vacío.

Silvana Sosa, visiblemente consternada, recordará a Alejandra como una defensora de las infancias y como una militante respetada por todo el arco político santafesino. “Yo soy una enseñada de todo el amor que me tuvo, de toda la paciencia que me tuvo para que siempre hablara, para que dialogara. La siento como si fuera mi mamá trans”. En el medio, cantamos. ‘Ya vas a ver, las travas que vos mataste van a volver’. Desde las escalinatas, una fila de policías, (mujeres y varones), nos observan en silencio. A contraluz, tras los anteojos de sol, veo las lágrimas de algunas compañeras sosteniendo carteles.

Rubí del Mar nos dirá que Alejandra con su militancia nos dejó una provincia mejor, y pedirá que su historia no se convierta en un frío número más. “Hoy nos arrebataron a una compañera, a una hermana. Todo indica que el principal sospechoso sería quien dijo amarla durante el último tiempo. Esa también es otra mala jugada del destino para las personas trans”. Después, Amalia Salum pondrá palabras a eso que volvimos a sentir esta tarde sobre la cantidad de personas que participamos de la convocatoria, y recordará lo que la justicia santafesina dijo sobre el crimen de Pamela Tabares: “Nos pidieron que investiguemos nosotras”.

La asamblea continúa. Las voces de algunes pibis se suman de manera espontánea y en el ambiente sobrevuela una sensación de furia mezclada con tristeza. Alejandra ya no está, y el pedido de justicia será ahora una nueva cruzada que las travestis y trans se pondrán al hombro; en septiembre se planea una marcha, pero todes sabemos que no se trata solo de apresar al asesino, es el Estado en su concepción más amplia el que debe garantizar verdadera justicia social. Mientras tanto, insistimos en construir una memoria urgente sobre Victoria Alejandra Selenia Ironici: que su historia no sea una crónica policial más.

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