Una turba lesbomaricóna, travesti y no binarie copó las calles de Rosario en la edición número 16 de la Marcha del Orgullo. Alrededor de 50 mil personas se expresaron contra los discursos de odio y favor de políticas de reparación para la comunidad trans perseguida en democracia.

Fotos: Mariana Terrile

¿Qué es el orgullo? Una respuesta política dijo Carlos Jauregui alguna vez, es lucha dijeron las generaciones que lo precedieron, y es también una forma colectiva de sobrevivir en un mundo donde los discursos de odio se reproducen de forma espasmódica en redes sociales y se expresan en el ascenso de líderes de la ultraderecha. ¿Pero qué tiene para decir el colectivo LGTBIQ+? El mensaje fue contundente: casi 50 mil personas ganaron las calles de Rosario y expresaron la sensación de hartazgo que recorre los cuerpos y amores disidentes.

Cansancio por la falta de oportunidades reales, por el duelo permanente que vive la comunidad con cada travesticidio, con la dilación de los gobiernos en el cumplimiento efectivo de políticas públicas conquistadas por las diversidades sexuales, con la necesidad de seguir haciendo memoria y con la urgencia de reparar a las travestis y trans mayores de 40 años que aún después de 1983, con el regreso de la democracia, siguieron viviendo bajo un Estado que no solo las desprotegió, sino que también las persiguió hasta el extremo de la crueldad.

Por eso los nombres de Alejandra Ironici y Tehuel de la Torre ayer fueron más que una bandera: fueron la prueba cabal de que nada está terminado en este camino que se inició hace más de cuatro décadas, y que hoy suma entre sus filas nuevas reivindicaciones como la necesidad de respetar a las identidades no binarias, avanzar en una reforma judicial transfeminista, bregar por un deporte inclusivo, y más espacios para una cultura disidente. También hubo consenso en torno al reconocimiento del trabajo sexual y se pidió por la reglamentación inmediata de la nueva ley de VIH que sancionó el congreso.

Siempre presente el reclamo por la aplicación de la Educación Sexual Integral en todas las escuelas, también se puso sobre la mesa la demanda en torno a los preservativos para vulvas, un tema del que poco se habla, y la demora para cubrir todas las vacantes de los cupos laborales trans en el sector público. “Estamos hartes, ¿vos no?”, gritaron desde un escenario colmado de activistas, militantes políticos e independientes que forman parte de la Cordi Orgullo Rosario, el espacio que nuclea a más de 30 organizaciones y que todos los años se pone al hombre la realización del evento.

En el parque, y en cada una de las cuadras donde la caravana se detuvo para recordar las consignas, una marea humana acompañó y replicó los pedidos que retumbaron en las oficinas estatales pero también en los edificios por donde pasaba el tropel lesbomaricón travesti y no binarie. ¿Hay algo más hermoso que alterar la parsimonia sabatina de una ciudad que asediada por la violencia sigue su rutina como si no hubiera un mañana? Las locas lo saben, y se lo hicieron saber al ritmo de “con la harina se hace el pan, como la uva se hace el vino, preguntale al patriarcado como se hace un asesino”.

Mezclado entre las columnas, un jovencito abrigado por la bandera trans, lleva un cartel con la leyenda: “Harry Potter me enseñó que no se puede vivir en un closet”. Se llama Franco, tiene apenas 14 años y me dice que las declaraciones de J.K. Rowling no le importan, que está feliz de ser quien es y de estar en la marcha por primera vez. A su lado, Daniela, Eva y Felipe marchan juntes por segunda vez como familia  “después de muchos años de lucha y de discriminación”.

En el medio, las carrozas le ponen música y sabor a una jornada que otra vez supera las expectativas y que congrega en su entorno a todo un sector de la economía popular que va y viene entre el gentío con sus productos para calmar el hambre y la sed.

Desde los balcones algunes saludan, otros (en masculino) miran indiferentes, pero todos saben que hay una avenida muy ancha que hoy ocupan las disidencias sexuales. Es cierto que brotaron Melonis, Mileis y Bolsonaros en los últimos tiempos, pero también es verdad nunca tendrán la potencia de 50 mil flores que traen la esencia y el perfume de muchas más. Mientras tanto habrá que reparar, abrazar, avanzar y finalmente, siempre resistir.

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