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Bibliotecas populares en riesgo: la cultura retrocede

  • 08/08/2025
  • Facundo Petrocelli
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El decreto 345 desarma la Conabip, un organismo pionero para el sostenimiento y promoción de las bibliotecas en todo el país. Un golpe al corazón de una red histórica de espacios de lectura y construcción comunitaria. En Rosario, son 26 gestionadas por los vecinos en todos los barrios. La banda Mamita Peyote lleva adelante “Territorio Peyote” un novedoso proyecto para poner en valor el trabajo de estos centros culturales.  

Foto portada: Biblioteca Alfosina Storni

“Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca” dicen que dijo alguna vez Jorge Luis Borges y hoy, esta frase, al menos para el gobierno nacional, pareciera no tener el más mínimo sentido. 

Es que con la entrada en vigencia del Decreto 345 dictado por el Poder Ejecutivo en mayo de este año se pone en riesgo la subsistencia de las bibliotecas populares por el vaciamiento del organismo estatal que las protege: la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip). Esta entidad fundada por Domingo Faustino Sarmiento en 1870 es modelo en América Latina por sus políticas públicas de acceso libre y democrático a la información y la lectura con un enfoque comunitario y federal. 

En concreto, el decreto avanza sobre ejes claves en el funcionamiento del organismo que conducen a un virtual desmantelamiento. En primer lugar, le quita autonomía funcional y financiera, por lo que degrada su jerarquía y pasa a ser una unidad organizativa absorbida bajo la órbita de la Secretaría de Cultura. Y además deshace el carácter federal de su integración por lo que disuelve su composición (presidente, secretario, vocales y delegados con representación sectorial y provincial), se crea un director nacional y se suma un Consejo Asesor formado por cinco miembros elegidos a dedo por el Secretario de Cultura. De esta manera, el presupuesto, como toda otra decisión y asignación específica de fondos, que sustentan programas, planes y proyectos queda en manos de la discrecionalidad de la Secretaría.

Las bibliotecas populares no solo son lugares donde se almacenan y prestan libros, son centros culturales y faros sociales emplazados en diferentes rincones de la ciudad. Se dictan talleres de todo tipo y personas de diversas edades concurren a estudiar, sociabilizar, aprender, participar. A diferencia de las bibliotecas públicas que son financiadas íntegramente por el Estado, las llamadas “populares” se sostienen con el esfuerzo de los vecinos de cada barrio. En Rosario, hay solo dos bibliotecas municipales (la Argentina, frente a la plaza Pringles y la Estrada, en Echesortu), mientras que las bibliotecas populares ascienden a 26 distribuidas en diversos enclaves barriales alejados del macrocentro. Cada espacio cultural funciona bajo la figura de asociación civil sin fines de lucro, requisito para recibir su reconocimiento institucional, así como los recursos que provee la Conabip, necesarios para el sustento económico. Entre estos beneficios, se reporta un subsidio anual, la posibilidad de acceder a la compra de libros en la Feria del Libro con el 50% de descuento, la conexión a internet, capacitaciones como así también una serie de programas y proyectos que reciben financiamiento por parte del organismo.

Con la disolución de la Conabip toda una red de más de 1500 bibliotecas populares distribuidas a lo largo y ancho del país quedan a la deriva y con un futuro incierto.

Refugio comunitario en zona norte

En una casa pintada de amarillo pastel en Mina Clavero 885 está alojada la Biblioteca Popular La Florida, cuyo nombre se anuncia con grandes letras negras sobre la fachada. Una señora sale con un libro en sus brazos y cruza la calle rumbo a su hogar. Lleva una novela de Claudia Piñeiro con la letra “N” pegada en el lomo del ejemplar. “Los libros se prestan por 14 días y si no está pedido por otro usuario, se pueden renovar. Salvo, los nuevos que tienen lista de espera. A esos le ponemos una “N” de novedad”, cuenta María Luisa Carletti, quien además de socia y tesorera de la biblioteca, preside la Asociación de Bibliotecas Populares de Rosario desde el 2009. Esta entidad nuclea a 26 instituciones de la ciudad, de las cuales 24 están reconocidas por la Conabip y 2 aún están gestionando su inclusión. Carletti considera que las bibliotecas populares peligran por la eliminación de dicho ente, de la que “solo queda el nombre”. “El decreto significa la pérdida de autonomía de la Conabip, la reducción del financiamiento y borra la representación federal, además de atentar contra 150 años de historia y cultura”, puntualiza sobre la entrada en vigor de la medida.

A su vez, Carletti explica que no resulta sencillo para los espacios culturales acceder al reconocimiento de la Conabip y obtener el subsidio, para lo cual “es necesario tener la personería jurídica al día”. “El problema es que algunas bibliotecas no la pueden tener porque a veces no cuentan con dinero suficiente para pagar un contador y hacer el balance. Porque nosotros, como asociaciones civiles sin fines de lucro, tenemos que cumplir los mismos requisitos que un club como Newell`s o Rosario Central”, indica. 

En la biblioteca La Florida la cuota asciende a dos mil quinientos pesos y cuenta aproximadamente con 250 socios. Carletti trabaja como voluntaria, además de ejercer sus funciones de tesorera. Junto a Natalia, Roxana y Abril, cumplen turnos en la atención al público y se dedican al catálogo de libros. En total, la biblioteca atesora alrededor de 30.000 volúmenes. Carletti recuerda que se hizo socia en 1992 cuando la maestra de sexto grado de su hijo le pidió que se asociara. Hoy Ana María Molina, la docente de entonces, es la presidenta de la Comisión Directiva. 

«Nuestras actividades ya no pasan sólo por los libros. Hoy somos centros culturales que cumplimos con un rol social», precisa Carletti. La biblioteca La Florida, además de prestar libros, ofrece una amplia variedad de servicios y actividades: ajedrez para niños, diferentes niveles de italiano, presentaciones de libros, taller literario, de arte y de tejido.  Fue fundada en 1976 y el próximo año anhela cumplir 50 años de puertas abiertas al barrio.

«Nuestras actividades ya no pasan sólo por los libros. Hoy somos centros culturales que cumplimos con un rol social»

Carletti agrega que el colectivo de bibliotecas populares de la ciudad, a través de la Asociación que conduce, motoriza la resistencia contra el decreto a través de una campaña de firmas. Además, están trabajando en la redacción de una cláusula protectoria para incluir a la Constitución de la Provincia de Santa Fe cuya reforma se encuentra actualmente en debate. El proyecto normativo lleva el título de «Cláusula constitucional sobre bibliotecas populares» para su incorporación al actual Artículo 22 y reza: “La provincia garantiza la protección, promoción y fortalecimiento de las Bibliotecas Populares para el acceso democrático a la información, cultura y educación. Reconoce su carácter autónomo y comunitario. Dispone mecanismos eficaces que aseguren su funcionamiento, financiamiento e integración en la vida cultural comunitaria”.

Red de afectos en Pichincha

Algunos rayos de sol se filtran por las persianas de los ventanales que dan a la calle Ovidio Lagos. Rebotan en estanterías tapizadas de libros y quedan suspendidos en breves partículas luminosas dentro de la sala de lectura. Afuera, en la vereda, un pizarrón anuncia los talleres con letra de tiza: arte infantil, teatro, dibujo, yoga, memoria, guitarra, danza litoral, biodanza. Al costado, un mueble ofrece libros que cualquier paseante puede llevar gratuitamente. Un gesto poético que pinta el perfil de la biblioteca y rinde culto al nombre que lleva. Es la Biblioteca Popular “Alfonsina Storni” ubicada en Ovidio Lagos 367. 

En una mesa redonda, Pablo Serr junto a Lilian, Wanda, Virginia, Agustina y Pedro toman mate mientras comparten un budín de banana y nuez que hizo Virginia para la ocasión, entre otras delicias dulces. Es la reunión de los martes: donde debaten, proponen y organizan la agenda cotidiana de “la Alfonsina”, como la llaman familiarmente. Todos son jóvenes miembros de la comisión directiva, salvo Pedro que trabaja como voluntario y maneja las redes sociales de la biblioteca. Serr es escritor y se acercó como lector en el 2004. Tras ocupar diversos roles (como tesorero, vocal, vicepresidente) desde el 2019 preside la comisión directiva. La institución cuenta con la colaboración de una bibliotecaria que se encarga de la catalogación. La atención diaria –abren de lunes a viernes de 16 a 20 hs– y la organización de todas las actividades que brinda el espacio son gestionadas por la labor incansable del elenco de personas que componen la comisión directiva. 

“Tenemos funcionando actualmente entre 12 y 13 talleres que abarcan desde niños hasta adultos mayores. Danzas folclóricas, yoga, teatro para niños, para adultos, clases de guitarra. Y a partir de esta semana, habrá un encuentro mensual de club de lectura, que es una actividad gratuita y abierta”, informa Virginia que además de voluntaria, es la tesorera y hace diez años coordina en la biblioteca un taller dirigido a adultos mayores para estimulación de la memoria y las funciones cognitivas. 

El patrimonio bibliográfico asciende a unos 17.000 libros, entre los que se destaca narrativa, poesía, ensayo, filosofía, literatura local y un nutrido sector de títulos destinado a las infancias. También se organizan ciclos de cine, funciones de teatro, un laboratorio de escritura y presentaciones de libros. Virginia asegura que la biblioteca es “un lugar donde no solo se puede venir a consultar por un libro, sino a socializar, a compartir con otros, a participar de alguna actividad, involucrarse con la cultura regional. Es un ámbito que contiene y permite tejer redes”. 

“Si tuviéramos que hacer un número, en todo el año, si recibimos 2 millones y medio de pesos entre los tres subsidios, es mucho. O sea, este lugar se mantiene gracias al trabajo voluntario de todos nosotros mediante la organización de eventos donde se cobran entradas y se arma un buffet, el alquiler del espacio para talleres, la cuota societaria. Por eso para algunas bibliotecas es tan difícil subsistir hoy porque no tienen gente para llevar a cabo actividades y poder sostenerla”. 

En la charla el mate sigue girando. Todos lamentan la embestida del decreto 345/25 contra la Conabip y se preguntan qué pasará a partir de ahora con el sostenimiento de la actividad. Serr señala que la Conabip es un ejemplo de gestión pública articulado con la sociedad y que en modo alguno representa un gasto para el Estado porque las bibliotecas populares son espacios sostenidos por la comunidad. “En Rosario hay solo dos bibliotecas municipales, el resto son populares”, afirma. 

Además del aporte de la Conabip, esta biblioteca popular, como las demás reconocidas por dicho ente, recibe subsidios de la Municipalidad y de la Provincia de Santa Fe, cuyos fondos son insuficientes para solventar las entidades y cuentan con barreras burocráticas que, muchas veces, obstaculizan su otorgamiento. Serr advierte sobre la necesidad de flexibilizar el trámite legal frente al organismo provincial para acceder o renovar la personería jurídica “porque lo que cuesta tener todos los papeles al día es demencial”. Virginia hace cuentas y dice: “Si tuviéramos que hacer un número, en todo el año, si recibimos 2 millones y medio de pesos entre los tres subsidios, es mucho. O sea, este lugar se mantiene gracias al trabajo voluntario de todos nosotros mediante la organización de eventos donde se cobran entradas y se arma un buffet, el alquiler del espacio para talleres, la cuota societaria. Por eso para algunas bibliotecas es tan difícil subsistir hoy porque no tienen gente para llevar a cabo actividades y poder sostenerla”. 

La Alfonsina sigue de pie en Pichincha con la fachada pintada de rosa como una declaración de amor.

Música, arte urbano y comunidad

Una tarde de domingo con sol radiante y cielo azul hace olvidar el invierno de principios de agosto. La calle Zelaya entre Superí y Freyre está cortada. En la esquina, hay montado un escenario. A ambos lados se extienden puestos de feriantes que venden mermeladas caseras, sahumerios, libros con encuadernación artesanal, discos, plantas, almohadones, grabados, stickers. Hay un buffet que ofrece choripanes, empanadas y bebidas. La gente está sentada en los cordones de las veredas y en sillas de plástico sobre la calle. Niños y niñas corren detrás de una pelota. Los abuelos toman mate en reposeras. Padres y madres llevan alzados y a cococho a los más chiquitos. Una docente lee un cuento en el micrófono. 

Todos entran y salen de la casa que oficia de anfitriona de la kermesse peyotera: la Biblioteca Pública Juan Bautista Alberdi. El barrio está de fiesta. Y, de ahora en adelante, se ha convertido en una estación más de la caravana artística que emprende Mamita Peyote para la presentación de su tercer disco: “Territorio Peyote”. El trabajo discográfico consta de diez canciones, de las cuales, ocho son presentadas en una biblioteca pública de un barrio diferente de Rosario junto a un mural encargado a un artista plástico. “Este evento será una verdadera festividad para potenciar el impacto social, en articulación con las bibliotecas populares de cada barrio, se cerrará la calle y artistas locales, músicos, bailarines y actores ofrecerán espectáculos en vivo, sumado a feriantes que participarán en actividades culturales y gastronómicas. Se contará también con servicio de buffet para recaudar fondos para clubes y centros vecinales. En cada kermesse se realizará una colecta solidaria para reunir libros, útiles escolares, alimentos no perecederos o juguetes, según las necesidades de cada institución.”, anuncia el parte de prensa difundido por el grupo musical.

Eugenia Craviotto Caraffa, cantante, compositora y creadora de la banda, comenta sobre la idea de la iniciativa: “Teniendo en cuenta la coyuntura y los tiempos hostiles que estamos viviendo, nos parece muy importante dar la batalla desde el compromiso social y cultural. Así nace el proyecto Territorio Peyote: articular el territorio con lo colectivo y lo comunitario. Elegimos las biblios populares para el lanzamiento del disco justamente para visibilizar el trabajo maravilloso que hacen de contención, educación y formación en cada barrio. Y por eso las invitamos a participar”. 

Antes de subir a cantar, Eugenia junto a Nora Gusardi, la directora de la biblioteca agasajada, descubre el mural pintado por Leo Serial sobre la calle Freyre. Después la banda empieza a sonar y todos bailan. Esta vez toca la presentación de la canción “Luces” del álbum itinerante. 

“Teniendo en cuenta la coyuntura y los tiempos hostiles que estamos viviendo, nos parece muy importante dar la batalla desde el compromiso social y cultural. Así nace el proyecto Territorio Peyote: articular el territorio con lo colectivo y lo comunitario.

Sopla apenas una brisa que viene del río y el sol empieza a caer de a poco. Desde el escenario, Eugenia lanza con el puño levantado “el pueblo unido” y un barrio feliz corea “jamás será vencido”.


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