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Sophia y la violencia femicida que intentan silenciar

  • 26/04/2026
  • Maria Cruz Ciarniello
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Sophía Civarelli fue asesinada por su pareja Valentín Alcida quien se quitó la vida luego de cometer el femicidio. Antes, quiso hacer pasar el crimen como un suicidio. Su familia y amigas repusieron la historia de Sophia, su vitalidad y sus sueños en un acto cargado de dolor. En este primer trimestre del año ya se cometieron 73 femicidios en todo el país según datos de Mumala. Los discursos de odio y la violencia patriarcal bajo un gobierno que desfinanció los organismos nacionales encargados de prevenir y diseñar políticas de género. El odio como discurso público, el negacionismo estatal y un proyecto de ley que busca castigar y disciplinar a quienes se animan a denunciar. La vitalidad feminista frente a la naturalización de la violencia.

Foto principal: Fer Der Meguerditchian

La Plaza 25 de Mayo se colmó con la imagen de una Sophia rodeada de flores. Durante varios minutos quedó en pausa. Suspendida, silenciosa, como si solo hubiera lugar para el dolor que carece de palabras, que no hace falta explicar, ni narrar, ni describir, porque se lleva en el cuerpo, en las lágrimas que se comparten, en la rabia que quema y en la memoria de nuestros abrazos. En esa historia que se reescribe cada vez que nos vuelven a matar.

El acto fue sostenido por su familia y amigas que contaron con el acompañamiento incondicional de la Asamblea Lesbotransfeminista de Rosario. Y a la convocatoria se sumaron estudiantes de todas las facultades, organizaciones sociales, gremiales, políticas, feministas y decenas de amigas y compañeras de Sophia Civarelli. Fueron sus primas, su mamá, su hermana y sus tres mejores amigas quienes repusieron su historia, quienes hicieron memoria para recordar que detrás de una cifra, de un mal titular noticioso o de una carátula judicial, lo que se invisibiliza es la trayectoria vital de una chica de 22 años con sus sueños y proyectos. El deseo frente a la violencia femicida, tal vez, el único grito posible para una plaza desolada.  “Ni una menos, vivas nos queremos”, se cantaba de a ratos cuando alguien tomaba impulso para quebrar tanto silencio. Es que así la recordaron: llena de luz y llena de vida.

Sophia cursaba el cuarto año de la carrera de Psicología en la UNR. Su cuerpo fue hallado, con un corte en el cuello, el viernes 17 de abril en el departamento donde vivía con su novio, su femicida, Valentín Alcida, quien luego de matarla y adulterar la escena, se tiró del balcón de la casa de una amiga a quien le contó una falsa versión del hecho. También dejó una carta para instalar la idea de que Sophia se había quitado la vida. Algunos titulares de noticias ya hablaban de un supuesto “doble suicidio” aunque todavía faltasen pericias claves para esclarecer el hecho.  Sus amigas nunca dudaron y denunciaron públicamente su femicidio. También contaron que Valentín la celaba, era posesivo y controlador. “La violencia también se construye desde el silencio de los implicados, la negligencia mediática, institucional, política y judicial” dijeron durante el acto.

Las cifras de los observatorios feministas revelan la sistematicidad de una violencia heteropatriarcal y estructural que, frente a la ausencia de políticas públicas de prevención y la intensificación de los discursos de odio, se profundiza. Solo en el primer trimestre de este año se contabilizaron en todo el país 73 femicidios, 9 en la provincia de Santa Fe según datos de la organización Mumalá.

En Argentina, bajo el gobierno de Milei, se desmantelaron organismos y áreas claves en materia de políticas de género. “Por primera vez en democracia, desde la creación en el año 1992 del Consejo Nacional de la Mujer, nos quedamos sin un organismo dentro del Estado nacional que regule e implemente las leyes internacionales y los convenios internacionales firmados por Argentina y las leyes nacionales” alertaba una delegada de ATE a nivel nacional cuando el gobierno anunció el cierre de la Subsecretaría de Protección contra la Violencia de Género, último bastión del Estado nacional para combatir la violencia de género, al que había quedado reducido el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad.

Al mismo tiempo, los discursos de odio hacia mujeres y disidencias se amplifican desde el propio Estado. “Estos discursos no son simples “opiniones”: construyen un clima donde la violencia se legitima, se justifica y se vuelve tolerable. Cuando se instala que las mujeres exageramos, que denunciamos falsamente o que el feminismo es el problema, se habilitan prácticas de control, posesión y violencia machista. Nombrarlo no es exagerar. Visibilizar los perfiles de los femicidas y conocer sus rostros tampoco. No son monstruos: son hijos sanos del patriarcado” señalan integrantes del Observatorio “Ahora que sí nos ven”. El perfil del agresor de Sophia no es un dato aislado, tampoco su femicidio. En sus redes sociales replicaba discursos odiantes, racistas, misóginos, violentos y de manera activa, reposteaba contenidos que denigraban a las mujeres y a las personas LGTBI+.

“El Estado y los discursos de odio son responsables”, “negar la figura de femicidio sostiene la violencia”, “el discurso de odio es el manual del femicida”, decían algunos de los muchos carteles artesanales que estaban en la plaza.¿Qué significa el negacionismo estatal?. ¿Qué decimos cuando se denuncia la responsabilidad política en los feminicidios perpetrados?

Cuando se instala que las mujeres exageramos, que denunciamos falsamente o que el feminismo es el problema, se habilitan prácticas de control, posesión y violencia machista. Nombrarlo no es exagerar. Visibilizar los perfiles de los femicidas y conocer sus rostros tampoco. No son monstruos: son hijos sanos del patriarcado

El Observatorio Lucía Perez analiza el impacto durante el 2025: “La cifra de 271 femicidios y transfemicidios no alcanza, sin embargo, a dar dimensión real de lo que significan estos crímenes en los que el Estado tiene una responsabilidad directa, que es justamente lo que nos advierte este año. La intervención sistémica y decidida, convertida en política de Estado, para negar la figura de femicidio es parte de esta realidad que deforma los datos y la información pública “hasta distorsionar esa verdad para amoldarla a su perspectiva”, tal cual no advierte Hanna Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo. El objetivo, nos alerta, Arendt, es que ya no podamos distinguir lo verdadero de lo falso”.

Así, el Observatorio pone la lupa en la responsabilidad que le compete a los tres poderes del Estado. En el 2025, el Ministerio de Seguridad, a través del Sistema Integral de Estadísticas Criminales, dio a conocer las cifras correspondientes al año 2024. “No figura ya el femicidio como delito” destaca el Observatorio. Tampoco hay datos oficiales, salvo el registro que da a conocer cada año la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de la Nación. En el registro del Ministerio de Seguridad la violencia de género sólo está representada en el apartado “delitos contra la integridad sexual”, categoría penal donde se contabilizan, entre otros, las violaciones. Sobre el Poder Judicial dicen: “jugó un rol decisivo en esta operación al negar la figura de femicidio en casos concretos-el crimen de la periodista Griselda Blanco es uno de los más dramáticos ejemplos-, y recaratulando otros en instancias de apelación”.

En cuanto al Poder legislativo, remarcan: “tiene en su agenda inmediata el tratamiento de leyes impulsadas por el Poder Ejecutivo, entre las más importante la que elimina del Código Penal la figura de femicidio, pero también la que criminaliza las “falsas denuncias”, aun cuando su incidencia es mínima en la realidad. No existen, por otro lado, ninguna iniciativa de la oposición para impulsar otro tipo de proyectos que aseguren las condiciones de contención y prevención de estas violencias”. Carolina Losada, senadora nacional de Juntos por el Cambio, presentó un proyecto de ley que busca penalizar las “falsas denuncias” en casos de violencia de género, abuso sexual o situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes. El proyecto modifica los artículos 245, 275 y 277 del Código Penal para agravar las penas en casos de falsas denuncias y falso testimonio, ya contemplados en ese texto. Pero su redacción actual establece condenas de 3 a 6 años de prisión cuando la supuesta falsedad esté vinculada a “delitos de violencia de género, violencia familiar contra menores de edad, o delitos contra la integridad sexual”. A su vez amplía la persecución penal a testigos, peritos e intérpretes, aumentando penas e imponiendo la inhabilitación absoluta por el doble del tiempo de la condena recibida para el caso de profesionales encontrados culpables.

El proyecto, que ya cuenta con dictamen favorable, refuerza el discurso punitivo y persecutorio al tiempo que silencia, disciplina y obstaculiza el acceso a la justicia de las víctimas. Son numerosas las voces que se manifiestan en contra de una reforma que instala la “sospecha” sobre el testimonio de mujeres e infancias. “Este proyecto busca silenciar a las víctimas de violencia sexual. No es duda, es complicidad. Vivimos tiempos donde se intenta instalar que «todo es falso» ante cualquier denuncia. Esta estrategia no es casual: busca sembrar el miedo para proteger a los agresores y dejar más solas a lxs niñes.  Los números desmienten el discurso: menos del 1% de las denuncias de abuso son falsas. El verdadero problema no es la mentira, sino un sistema judicial que no logra dar respuesta ni justicia a las víctimas. La violencia es estructural y negarla solo desprotege a quienes más lo necesitan. Defenderlas es una responsabilidad colectiva que empieza por creer, acompañar y proteger” explican desde la Asamblea Lesbotransferminista de Rosario.

El Área de Género y Sexualidades de la UNR también se expresó en un comunicado en el que sostienen que el discurso «de las falsas denuncias tiene efectos reales y dañinos»: desalienta a las víctimas a denunciar situaciones de abuso y violencia, refuerza estereotipos de género y deslegitima la palabra de las mujeres, persigue a los y las profesionales que acompañan situaciones de abuso y promueve reformas legislativas que obstaculizan el acceso a la justicia. En Rosario, son tres las psicólogas denunciadas por abogados de hombres acusados de abuso.

“Este proyecto busca silenciar a las víctimas de violencia sexual. No es duda, es complicidad. Vivimos tiempos donde se intenta instalar que «todo es falso» ante cualquier denuncia. Esta estrategia no es casual: busca sembrar el miedo para proteger a los agresores y dejar más solas a lxs niñes.  

“Al enfocarse únicamente en casos de ‘falsas denuncias’ que involucran violencia por razones de género, la reforma refuerza prejuicios históricos sobre las mujeres y suma una barrera adicional a las innumerables dificultades que enfrentan en el acceso a la justicia cuando deciden pedir ayuda”, apunta el documento elevado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género al Senado de la Nación. “Además, la amenaza penal para quienes planteen una denuncia o declaren en un juicio por delitos contra menores de edad que eventualmente no puedan ser probados por la Justicia aumenta la desprotección de niños, niñas y adolescentes”.

También el Observatorio de Violencia de Género de los Ministerios Públicos expresó su preocupación frente a la difusión de discursos que sostienen la existencia de una supuesta “masividad de falsas denuncias” en materia de violencias de género y delitos contra la integridad sexual. Las estadísticas lo desmienten: a nivel mundial, según ONU Mujeres las denuncias falsas en casos de violencia de género representan menos del 1%. En Argentina solo 1 de cada 4 mujeres denuncia violencia de género, y en casos de violencia sexual, la cifra desciende al 10%.

“Además, estas conductas ya se encuentran tipificadas y sancionadas en el Código Penal, lo que vuelve innecesario un agravamiento específico en este tipo de casos” señala el documento de ELA. Lo que plantean es contundente: “el principal desafío no es el uso abusivo del sistema penal, sino las dificultades estructurales para denunciar y acceder a la justicia: apenas el 18% de las víctimas de femicidio había denunciado previamente y menos del 5% contaba con medidas de protección vigentes según el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, en 2024. Estos datos evidencian que el problema central es la subdenuncia y las barreras de acceso, no la proliferación de denuncias falsas”.

La vida detrás de la cifra

Detrás de cada femicidio hay una historia. Lazos, comunidad, amistad, familia. En el acto, su mamá pidió que Sophia no sea un número más. De allí la necesidad de construir memoria feminista frente a la deshumanización y la política de la crueldad. De reponer el deseo vital de cada víctima para denunciar la dimensión social de la violencia machista y el impacto que en las familias generan las coberturas mediáticas revictimizantes. “¿Cuántos detalles de una vida quedan fuera de un titular? ¿Qué alcance tiene el daño cuando en las primeras horas de un femicidio la palabra que más resuena es suicidio?. ¿Qué deja al descubierto lo que se invisibiliza? ¿Qué señala aquello que no se nombra?. ¿Dónde se detuvo el lente naturalizador de las violencias que se ejercen sobre el cuerpo de las mujeres, tan preocupado en estos tiempos por la sanción de las “falsas denuncias” que por garantizar la justicia de quienes sufren violencia? Lo que Rita Segato llama “pedagogía de la crueldad” es el acto en que somos enseñados (muchas veces desde los medios de comunicación) a sostener una mirada insensible y despojadora del mundo y de los cuerpos”, escribió la periodista feminista Virginia Giacosa en la muy buena nota publicada en el diario El Ciudadano.

“Soy Natalia, la mamá de Sophia a quien su novio la mató sin piedad. Era la hermana mayor de 4 mujeres, super protectora y presente. Era una persona muy dulce y tenía una vida llena de proyectos. Solo quiero que todo el mundo sepa que Sophia amaba su vida, y que ella jamás se hubiese suicidado. Hoy levanto la voz por mi hija y por todas las víctimas de femicidio” dijo como pudo desde un escenario atravesado por el dolor. También mostró su disconformidad con el tratamiento mediático “al abrir una nota y ver la imagen de mi hija junto a la persona que le quitó la vida, ahí cuando ya se había confirmado desde un principio que se trataba de un femicidio. La cara de mi hija no es la que tiene que ser visible, es la cara del asesino que la trató como una cosa y no la dejó seguir viviendo”.

 “Venimos a levantar su memoria para que su recuerdo no se apague nunca” dijo su hermana entre llanto, y enfatizó su descontento con la cobertura mediática: “Quiero hacer un descargo público del mal manejo de algunos medios que por tener una primicia se olvidan del respeto y del dolor de la familia. A pocas horas de que todo esto saliera a la luz ya estaban con sus hipótesis y las fotos junto al asesino”. Sus primas le dieron luz a una Sophía compañera, amiga, hermana. “Sophi es carácter y ternura. Sophi es un te quiero, un cuídate y avísame cuando llegues. Mientras haya memoria, Sophi sigue siendo” y agregaron: “A ella le quitaron la voz, y eso es lo más doloroso. Necesitamos que esto no pase más. Ninguna familia debería pasar por este dolor. Vamos a seguir pidiendo justicia y a todos los que están escuchando les pedimos que no se queden en silencio. Hablen, acompañen, intervengan, porque el silencio también mata”.

 “Amabas la vida con intensidad y siempre estabas con proyectos, tu fuerza era inspiradora y sigue viva en todo lo que dejaste. Vamos a saber siempre que vos no te fuiste porque querías, sino porque te arrebataron la vida. Con una mezcla de amor y de impotencia vamos a guardar y contar tu historia” dijeron sus tres mejores amigas.  Sobre el final, la familia reclamó que se difunda el rostro del femicida.

Después, encendieron decenas de velas alrededor de la foto de Sophia. Y otra vez, el silencio respetuoso e insondable en la plaza de las Madres que es reparo, memoria, abrazo y nuestro espacio común para reclamar justicia.

***

En Rosario, si sos víctima de violencia de género podés comunicarte con el Teléfono Verde 0800 444 0420 todos los días del año durante las 24hs. Si no podés hablar, escribí al 341-578 1509. En caso de emergencias, llamá al 911. La UNR cuenta con espacios de consulta, atención y acompañamiento de situaciones de discriminación y/o violencias sexistas. Se pueden consultar sus horarios en: consultasviolenciadegenerounr@unr.edu.ar

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Maria Cruz Ciarniello

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